Evaluaciones recientes de los efectos del Salario Mínimo Interprofesional

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Por Juan Luis Jiménez y Ángel Martínez

El Salario Mínimo Interprofesional es la cuantía mínima que, según el Gobierno de un país, debe percibir cualquier trabajador por cuenta ajena como retribución a su desempeño laboral. Este se aplica en muchos países (aquí la situación del SMI en el contexto europeo) y en España ha aumentado un 48% en una década (de los 641,40 de 2011 a los 950 de 2021).

Aunque el SMI ha sido analizado en múltiples ocasiones en este blog (por Dolado, Jimeno, Jansen, Felgueroso, Ferri, entre otros), el presente post persigue aportar evidencias empíricas recientes para el debate técnico acerca de los efectos que las variaciones en el Salario Mínimo Interprofesional tienen sobre la economía. Sobre el debate político, por desgracia y dadas las vergonzosas evidencias recientes a raíz del informe del Banco de España, que no citamos por vergüenza ajena, dudamos que se genere discusión válida alguna.

¿Por qué hay que estudiar el SMI y sus efectos?

El salario mínimo es una intervención pública en el mercado laboral que genera efectos positivos y negativos. El efecto distributivo del salario mínimo no es un asunto que esté claro, a priori. Las empresas afectadas por el establecimiento o el alza en dicho salario mínimo pueden reaccionar al menos de cuatro maneras a esta nueva situación y cada una de ellas implica efectos distributivos muy diferentes.

Una primera opción para las empresas, y la que más protagonismo tiene en los debates académicos (y no académicos), es la reducción del empleo como respuesta al aumento de sus costes salariales. Esta es la que ofrece un peor resultado en términos redistributivos y, aunque mejore la desigualdad salarial, sus efectos sobre la desigualdad de renta podría ser, en el mejor de los casos, modestos.

La importancia de esta vía de ajuste depende, como varios trabajos ya han demostrado (ver debajo), del grado de poder de mercado que tengan las empresas (monopsonio). De este modo, si el grado de monopsonio en el mercado fuera elevado, los efectos del salario mínimo sobre el empleo serían menores e incluso positivos (Azar et al, 2019 y Ahlfeldt et al, 2019). En el caso de España, como veremos más adelante, se ha documentado que este canal tiene, al menos, una parte importante del peso del ajuste.

Las otras tres opciones son una reducción de los beneficios empresariales, un incremento en los precios o recortes salariales al resto de la plantilla (véase este trabajo acerca de esta última posibilidad). Las dos primeras son de un carácter redistributivo mucho más marcado, especialmente la primera, y ambas se han documentado en países tan diversos como Hungría, Israel, EEUU o Reino Unido y dependen tanto del poder de las empresas en el mercado laboral como de su poder en el mercado de productos en el que tengan su actividad, lo que determina su capacidad de trasladar sus nuevos costes a los consumidores. Pese a todo, al no estar los perceptores del salario mínimo perfectamente concentrados en la parte baja de la distribución de la renta, el efecto distributivo final es modesto, sobre todo en países como España con un desempleo tan elevado.

Efectos sobre el empleo

Como adelantamos, la literatura académica centra la principal crítica a los aumentos en el SMI en la variación negativa en el empleo que pueda causar. En esta línea, múltiples son los trabajos que aportan evidencia en este sentido, aunque hay una línea de la literatura que también muestra resultados neutros o mixtos. De los trabajos recientes destacamos los siguientes.

Kalenkoski (2016) realiza un repaso teórico y empírico a las políticas del salario mínimo, concluyendo que reduce las oportunidades de empleo para los jóvenes, generan desempleo y reducen los ingresos de por vida, al retrasar entrada en mercado laboral jóvenes. Los beneficios podrían venir de la situación en la que una empresa tenga poder en el mercado en cuestión de salarios, donde imponer un salario mínimo sí podría impulsar el empleo entre los jóvenes.

Por su parte Jiménez y Jiménez (2021), dada la evidencia empírica mixta encontrada, realizan un meta-análisis de 588 artículos que analizan cómo el SMI afecta al empleo, todos entre 1900 y 2020. Su principal resultado muestra que el SMI afecta negativamente al empleo, tanto en países desarrollados como en desarrollo.

Para el caso de EEUU, donde la introducción y cambios en el SMI ha sido diferentes por Estados, Neumark y Shirley (2021) realizan una revisión de los artículos que la han estudiado desde 1990. En sus conclusiones señalan que hay una clara preponderancia de los efectos negativos sobre el empleo en dicha literatura, sobre todo para los jóvenes y personas de menor formación.

Tres análisis de países concretos. De una parte, Kreiner et al (2020) estudian el mercado laboral de Dinamarca, donde al cumplir los 18 años el salario por hora debe aumentar a 15$ (aproximadamente). Los resultados de las estimaciones señalan una elasticidad de 0,8-1 que implica que aumenta salario al llegar a los 18 pero disminuye el empleo de los jóvenes de 18. Y, además, esta pérdida de empleo al cumplir los 18 se mantiene al menos dos años después.

El aumento del SMI en EEUU durante la Recesión de 2008 lo estudiaron Clemens y (2019), encontrando que disminuyó el empleo de baja cualificación en aquellos Estados que la aplicaron, redujo el crecimiento de la renta y la movilidad de los afectados. Finalmente, Bezooijen et al (2021) estudiaron un aumento del SMI que tuvo lugar en Países Bajos, centrándose en los jóvenes de 20-22 años. El estimador en diferencias que aplicaron muestra que no supuso reducción en el empleo ni en las horas trabajadas, aumentó más los ingresos a quienes más dependían del trabajo y no se produjo efecto sustitución en la mano de obra.

Otros efectos

Uno de los campos de estudio más prometedores dentro de los efectos del salario mínimo es su efecto en la propia estructura productiva de las economías en las que se aplica. En Dustmann et al, (2020) se estudia cómo el establecimiento del salario mínimo en Alemania produjo una relocalización de los trabajadores afectados entre empresas, transitando una parte de los trabajadores que percibían el SMI de empresas poco productivas hacia empresas con un mayor porcentaje de trabajadores universitarios y un mayor porcentaje de trabajadores a jornada completa, es decir, a empresas más productivas. Esto permite explicar por qué el mismo trabajo no encontró un efecto negativo en el empleo, pues los trabajadores no se quedaron en paro, sino que se movieron hacia empresas algo más alejadas geográficamente pero más productivas, generando ganancias de eficiencia agregadas.

El SMI puede tener otros efectos derivados. Algunos de ellos se centran en precios, sindicación o salud. Sobre lo primero, un aumento del 10% en el SMI se traslada a los precios de los bienes en supermercados, encareciéndose un 0,36% (Renkin et al (2021), con datos de EEUU). Wehby et al (2020), muestran con estimadores en diferencias para EEUU que el aumento salarial mejoró la salud de los niños entre 0 y 5 años, aunque no así en el resto. Clemens y Strains (2020) encuentran un efecto derivado del salario mínimo en EEUU: aumenta la sindicación. En concreto, por cada dolar de aumento en el salario mínimo, los trabajadores más jóvenes (de entre 16-40 años) se afilian un 5% más a un sindicato, principalmente en aquellos grupos de trabajadores no afectados por el salario mínimo.

El SMI en España: el informe del Banco de España

Hace unas semanas, el Banco de España (BdE) hizo público un informe que analizaba los efectos sobre el empleo del aumento en el salario mínimo en España, pero con una visión más amplia que la de los estudios llevados hasta la fecha. En primer lugar, realiza una estimación global de pérdida de empleo mediante una estrategia de diferencias en diferencias, estudiando las tendencias del empleo por tramos salariales afectados y no afectados por el aumento del SMI en 2019. Este análisis es robusto a diferentes especificaciones del grupo de control y tratamiento y, como principal conclusión, arroja un efecto negativo y muy significativo sobre el empleo, pero no dilucida qué canales actuaron en ese peor desempeño del empleo: ¿fue la destrucción del empleo previo o la menor creación de empleo con posterioridad a la medida?

Para saber el protagonismo que tuvieron ambos canales, el BdE estima modelos adicionales para estudiar la probabilidad de los trabajadores afectados de perder el empleo, de ver reducida su jornada o pasar al trabajo autónomo. El estudio encuentra un efecto significativo y positivo sobre la probabilidad de perder el empleo y ver reducida la jornada laboral, con un efecto especialmente grande entre jóvenes y mayores de cincuenta años.

Por último, también se analiza el efecto de la subida en la probabilidad de los desempleados que alguna vez cobraron el SMI de volver a encontrar empleo, encontrando de nuevo un efecto significativo, por lo que ambos canales, tanto la destrucción de empleo como la menor creación, fueron relevantes para explicar el efecto negativo del salario mínimo sobre el empleo.

Aunque el trabajo aborde más preguntas de las que ningún trabajo previo en España ha tratado de contestar en materia de salario mínimo, las limitaciones que tiene también merecen reseñarse. En primer lugar, grupos importantes de trabajadores como los dedicados a la agricultura y el servicio doméstico quedan excluidos de las regresiones por falta de una muestra representativa. Además, el trabajo no deja claro el efecto final de la subida del SMI sobre la masa salarial y tiene varias dificultades para identificar correctamente a los trabajadores afectados por el SMI por la naturaleza de las bases de datos que emplean.

Resumen: ¿quién mejora y quién empeora?

La respuesta final de a quién mejora y a quién empeora el salario mínimo depende enteramente de qué combinación de los diferentes canales de ajustes hagan las empresas afectadas por el SMI. Si principalmente reducen sus propios beneficios o incrementan sus precios, el resultado que cabría esperar es cierto grado de redistribución desde los hogares de rentas medias y altas hacia hogares de rentas medias-bajas, no habiendo perjudicados entre los perceptores del salario mínimo. Este sería, a priori, el mejor de los escenarios.

Sí, por el contrario, las condiciones del mercado laboral y de productos que enfrentan las empresas es tal que el principal mecanismo de ajuste es el empleo, estaríamos ante una redistribución entre rentas bajas, cuyo efecto distributivo final es más incierto y que generaría perdedores incluso entre los propios perceptores del SMI.

No obstante este debate, no olvidemos un factor muy relevante para España. Como expone Javier Jorrín, la pobreza salarial en este país no se debe al salario por hora sino a las horas de trabajo, dado que el 95% de los trabajadores más pobres tiene contrato a jornada parcial. El verdadero problema está en la temporalidad, donde España tiene tasas mayores para todos los sectores (léase a Lashera y Conde-Ruiz o esta imagen que resume el problema del mercado laboral español).

En definitiva: como cualquier política, el SMI tiene beneficios y pérdidas y valorar ambas es una obligación. Porque, recordemos, nada es gratis.

Hay 3 comentarios
  • Las reglas de circulación son estándar, igual que el concepto de carnet de conducir, pero en la praxis hay que tener en cuenta grados y matices (distintos tipos de carnet, distintos tipos de vehículos, o empresas). La idea es crear un SMIF (‘F’ de flexible) o por tramos, por ejemplo, en base a un rating basado en la cuenta de resultados o en la solvencia de cada empresa. Yo definiría tres tramos: A,B y C.

    En el C el SMIF sería más bajo, computándose a la capacidad retributiva en base al margen de beneficio real de la empresa.

    En B, el SMIF sería más moderado, aplicándose en base a la misma “fórmula”, siendo en este caso mayor la cuantía en proporción a un mayor beneficio.

    En A, el SMIF sería el más alto, al comprobar el saneamiento, y que todos los indicadores señalan la robustez de la empresa.

    Obviamente cada empresa, podría subir o bajar de división, vinculando la suerte del trabajador al devenir de la misma.

    Yo me baso en que la relación laboral originariamente debía de partir de la confianza. Un trabajador que responde, con una alta dedicación y productividad, se ha ganado la confianza y debe en justo derecho participar de un mayor grado de retribución salarial.

    Es una manera de vincular la calidad del trabajo con la salud de la empresa.

    Esto incentiva al trabajador en su puesto de trabajo (a crecer), e incentiva al empresario a bonificar al buen trabajador.

  • Muchas gracias por la entrada. Me resulta algo decepcionante que después de analizar tantos trabajos, no haya una conclusión clara sobre los efectos de un incremento del SMI. Supongo que ello se debe a la diferente estructura de las economías que se han analizado, los periodos de tiempo en los que se ha hecho o incluso, la cuantía del incremento (algo que no se menciona pero supongo que se ha tenido en cuenta en los trabajos empíricos). Ciñéndonos al caso de España ¿se ha reducido el empleo como consecuencia de las (altas) subidas del SMI o no? Si la respuesta es positiva, ¿cuánto?
    Por otra parte no puedo estar de acuerdo con la afirmación de Javier Jorrín. La temporalidad es en efecto un problema muy grave de nuestro sistema laboral, pero hay muchos trabajos a tiempo completo muy mal remunerados que impiden a quienes los sufren tener un proyecto de vida mínimamente aceptable. Es un poco sorprendente la afirmación de Jorrín que solo puede explicarse en función de qué entiende él (y Vds. que a avalan) por pobreza salarial.

  • Discúlpenme los autores pero no entiendo porque en el encabezado del post no se quiere citar por "vergüenza ajena" al Informe del Banco de España y posteriormente se le cita criticando especialmente sus limitaciones al alcance que, parecen obedecer, a la carencia de bases de datos o muestras representativas de grupos de trabajadores. ¿ A caso esos datos eran de fácil acceso y fueron ignorados? ¿ sus conclusiones son erróneas o inútiles?

    Gracias por el post

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