SMI y Reforma Laboral: ¿Cantidad o calidad?

El aumento del SMI y la preparación del terreno para una contrarreforma laboral están monopolizando nuestro panorama laboral local en este inicio de año. Ambos temas están generando toneladas de artículos de opinión que a su vez han suministrado un buena cantidad de combustible para las redes sociales.  Me quedo con dos textos, representativos de los dos lados del ring. El primero, tan corto como que es un simple comentario a un tuit, aunque con una buena carga de profundidad. El autor del tuit se quejaba amargamente que se hubiera tomado de nuevo la decisión de aumentar el salario mínimo sin una evaluación previa de los efectos que pudo tener el aumento del 2019. Copio el comentario para no privarles ni de una coma y sólo diré que su autor es académico y no es economista:Lo primero que pensé al leerlo es que se deberían generar dos series: una de empleo digno, y otra de empleo que no es mínimamente digno. Sería bastante útil, y facilitaría las cosas a la hora de fijar un salario mínimo óptimo.  Claro que debería incorporarse a las estadísticas oficiales, y publicarse al menos cada trimestre. ¿Pero, qué incluiríamos en este indicador de trabajo digno?  El término “empleo o  trabajo digno” es quizás el que más ha utilizado este gobierno. De hecho, ya en los primeros Consejos de Ministros, se aprobó el Plan director por un trabajo digno. Este Plan consta de un conjunto de 75 medidas para combatir los fraudes en la contratación temporal, en la contratación a tiempo parcial, las horas de trabajo impagadas, la economía irregular y los falsos autónomos o los falsos becarios. Medidas destinadas principalmente a supervisar y penalizar, destinando más recursos y reorganizado la inspección de trabajo  y de la Seguridad Social.  Según el gobierno, el éxito de este plan es evidente: cientos de miles de contratos temporales regularizados, ampliación de jornadas a tiempo parcial, otros tantos miles de falsos autónomos reconvertidos. El éxito de cruzada estaría a la base del buen comportamiento de la contratación indefinida, que, según la EPA, alcanzó su máximo histórico en el último trimestre de 2019 .

El segundo texto, más largo, es un artículo reciente de la Ministra de Empleo y Seguridad Social que encabezó la reforma laboral para celebrar su octavo aniversario. Nos explica primero cómo se originó y en qué consistió y, a continuación, se detiene largamente en alabar la reforma por sus éxitos “indiscutibles”:

El artículo de Fátima Báñez, explica que ya se habían convocado a los agentes sociales incluso antes de la investidura del Presidente. De hecho, yo iría más lejos. Desde que el Presidente Zapatero anunció que convocaba elecciones anticipadas en julio de 2011, ya se sabía lo iba a ocurrir, y los miembros del futuro gobierno iban dejando bien claro que lo primero que harían (parecía que  lo único) era una reforma laboral profunda. La reforma laboral se aprobó a la misma velocidad que el Plan Director. En nombre del credo de la flexiseguridad, se procedió a desregular. Se apostó así por incentivar la flexibilidad interna, que en el momento aún álgido de la crisis, frenaría la sangría de empleo. Y se apostó a su vez por un conjunto de medidas adicionales que deberían ayudar a crear más empleo en época expansiva. El éxito, les dejo que la Ministra se lo resuma directamente: “Ya no es necesario crecer por encima del 2,5%, como ocurría hasta entonces, para generar empleo nuevo… Esta profunda transformación es la que ha hecho posible que se hayan creado más de tres millones de empleos desde la recuperación y lograr acercarnos a los 20 millones de personas trabajando en España en 2020.

Además, según la ministra, “no  hay un crecimiento más social que ese. Y no hay crecimiento más inclusivo que el capaz de crear empleo en todas las provincias, sectores económicos y grupos de edad….” Además, tras ocho años de vigencia de la reforma laboral, podemos afirmar que, con 785.000 ocupados menos, hay más asalariados con contrato indefinido que nunca (12.448.000).

En definitiva, ya sea por el Plan Director de unos, o por la Reforma Laboral de otros, estamos batiendo el record de empleos indefinidos.  El problema, como ya explicamos en una entrada anterior, es que la contratación indefinida ya no es lo que era. Más de una tercera parte de los empleos con contrato indefinido no llegan a superar el año, y entre los que superan el primero, cerca de otra tercera parte, no supera el segundo año.

Claro está estas separaciones o destrucciones de emparejamientos entre empresas y trabajadores no son todas motivadas por despidos, también se produce una abundante movilidad voluntaria de los trabajadores hacia otras empresas.  Los despidos, y en especial, los improcedentes son, en cualquier caso, la causa principal de las rupturas.

No, la contratación indefinida no debería ser el indicador principal, y menos el único del trabajo digno, ni tampoco como éxito de la reforma laboral. Son muchas las medidas incluidas en el Plan Director que merecerían sus propios indicadores para este tipo de trabajo. No sólo las conversiones  y otras regularizaciones logradas con amenaza de sanciones.  De hecho, tampoco es éste el primer plan de regularización. Otro similar, aunque menos completo, se desarrolló durante el gobierno de Zapatero. En ese momento Nacho Conde y yo escribimos una entrada bastante crítica, subrayando el hecho de que la economía irregular, el abuso de los contratos temporales y el paro, son en realidad caras de unas mismas monedas. Resultarían más eficaces medidas que ataquen la raíz más profunda de unos problemas tan estructurales de nuestro mercado de trabajo que intentar resolverlo sólo con espadas de Damocles  y palos.  Quienes dirigen hoy el Ministerio de Trabajo, proceden en su práctica totalidad, del mundo jurídico-laboral, es lógico pues que tengan más fe en la inspección, en la fiscalización y en la ideología, en lugar de probar los beneficios de una buena evaluación. Espero, sin embargo, que no se encierren entre estos muros irremediablemente.

Como mostré en el Estudio sobre la Población Especialmente Vulnerable ante el Empleo, hace aún un par de años, había en España unas 4 millones de personas atrapadas en la trampa del desempleo y de la pobreza laboral, 1,5 y 2,5 millones, respectivamente. El umbral usado en este estudio para fijar la trampa de la pobreza laboral era, residir en un hogar en riesgo de pobreza, y no ser capaz de conseguir una renta laboral equivalente al salario mínimo anual.  Este fue un umbral arbitrario que se eligió por ser el SMI (en su momento) más estable que la mediana. Con el aumento del SMI, si se mantuviera este criterio este número de personas se ampliaría notablemente, hasta los 5-6 millones de personas, y podría ser un buen indicador que relacione dignidad en el empleo con riesgo de pobreza.

Por otra parte, y volviendo al Salario Mínimo y al empleo digno. A la hora de evaluar los efectos de la subida del 45% en 4 años, convendría recordar la teoría de las diferencias compensatorias, no sólo los posibles efectos monopsonistas (que no dudo que existan también) y sobre el efecto renta (qué también). Es de manual de los 90: el coste laboral incluye la remuneración del trabajo  y muchas más condiciones laborales que también son costosas para las empresas y sobre las que pueden compensar los aumentos salariales (formación, seguridad, higiene, promociones, estatus de asalariado con pago de cuotas a la seguridad social). No se queden sólo en lo cuantitativo, lo cualitativo también importa. En resumen, al menos en teoría, aumentos del salario mínimo pueden atentar a la dignidad del empleo que se pretende promover.

 

Hay 13 comentarios
  • Realmente puede ser complicado determinar lo que es un salario digno, pero la Comisión Europea tiende a considerar el 60% de la renta mediana (no media) disponible equivalente (def AROPE), ya que se considera el límite de riesgo de pobreza. En cualquier caso se trata de un término relativo que incluye otros ingresos además de los salariales, y no tiene necesariamente que corresponderse con un “mínimo” de calidad de vida.
    Un dato: aunque el número de ocupados con contrato indefinido a tiempo completo mostró su máximo, esta tendencia, incluso con mayor intensidad, viene observándose desde el 2T 2017 y por tanto previamente a los gobiernos socialistas. Aunque en cualquier caso, el número de ocupados se encuentra influenciado por otras variables como la evolución del PIB.
    Pienso que indudablemente sobre el mercado laboral subyacen problemas derivados del modelo económico, entre los que se incluyen la regulación laboral, pero también otros derivados del modelo productivo que nos inducen a competir en precio repercutiendo sobre la calidad del empleo, nivel salarial y precariedad laboral.

  • Si fuera ministro y leyera las sucesivas entradas sobre salario mínimo y empleo sacaría como conclusiones: 1. Existen razones teóricas importantes tanto a favor como en contra de la elevación del salario mínimo. 2. La importancia relativa de las mismas es una cuestión empírica. El problema es que no existe un estudio definitivo y Dolado, Jimeno, Floren y JFV tienen interpretaciones distintas de la evidencia, que van desde un cierto optimismo sobre la subida de Dolado hasta un escepticismo muy grande por parte de JFV, pasando por “en todo caso no va a tener mucho efecto” de Jimeno. 3. Una reforma laboral tendría efectos más importantes que la subida del salario min, pero ni izquierda ni derecha aciertan en su forma adecuada. Aquí hay más consenso en el blog en cosas como el contrato único. Además solo una reforma asesorada por economistas podría reducir algunos efectos negativos de la legislación del salario mínimo. Podrías matizarme alguno de los puntos? Muchas gracias por la entrada

  • Florentino, muchas gracias por su último párrafo. No tengo tiempo para comentar todo lo anterior al último párrafo. Cualquier economista serio –sea científico o ingeniero social– siempre ha pensado y analizado el costo total del trabajo –ese que determina, entre otras cosas, la calidad del puesto de un trabajador dependiente. Pero como usted bien sabe la gran mayoría de los economistas al servicio de los políticos prefieren centrarse en el salario por aquello del cuento del borracho –tan común en el análisis económico– o sea buscar la llave donde hay luz, no donde se perdió.

    No deja de causar risa que se pida a los empleadores salario digno o justo y al mismo tiempo se le impongan obligaciones legales “excesivas” que los políticos y sus economistas lacayos seguramente no cumplen con el personal que ellos contratan. Esto es muy común en todo el mundo, no solo en España. La hipocresía es algo común en política y gobierno.

  • No sé si la expresión “manual de los 90” tiene alguna intención peyorativa o no, pero no me gusta nada porque induce a pensar en algo antiguo, superado, cuando lo cierto es que el pensamiento económico relevante, repito, relevante, ha progresado muy poco, yo diría que nada, en lo que llevamos del siglo XXI. Otra cosa es la abundantísima producción de papers sobre temas menores, muy superior a la que en los años 40 exasperaba al mismísimo Schumpeter.
    El SMI puede justificarse por razones morales, está por ver si de corto o largo recorrido porque tiene los mismos efectos que cualquier regulación de precios. Y ahí termina, en mi opinión, la cuestión. Si regulamos unos precios, ¿por qué no otros? Y si regulamos los precios de muchos productos, ¿por qué no vamos directamente a un sistema de planificación centralizada? Que conste que no tengo nada claro que no sea el sistema que termine por imponerse en 40 o 50 años, como consecuencia lógica e inevitable de los espectaculares avances que parece que van a producirse en inteligencia artificial, computación cuántica, energía y biomedicina, que van a obligar a replantear inevitablemente el actual sistema de producción y distribución de bienes y servicios. Están bien los esfuerzos de Acemoglu y Restrepo y de su task-based framework para no asustar al personal, pero creo que las cosas irán por otro camino porque eso de la ventaja comparativa del trabajo humano sobre la máquina está por ver.

    • No tenía una intención peyorativa, todo lo contrario. Siento que se haya entendido así. Quería decir que en aquella época, no tan lejana, la teoría de las diferencias compensatorias aún estaba de moda, y se acudía a ella como posible explicación de por qué no observamos efectos negativos sobre el empleo.

  • Certeras y clarividentes preguntas,
    ”Si regulamos unos precios, ¿por qué no otros? ”Exacto. Si regulamos los precios de energía, etc.. porque no los salarios.¿Subirlos los salarios mínimos? Solo encuentro problemas si el objetivo es competir con productos chinos, congoleños, etc… O si queremos competir con nuestras mismas empresas y productos ….del siglo XIX.
    ”Y si regulamos los precios de muchos productos, ¿por qué no vamos directamente a un sistema de planificación centralizada?” Exacto. Y si creo que terminará por imponerse. Y creo que será antes de 40/50 años y por motivos distintos de la robótica o la inteligencia artificial. Sera por el objetivo de una distribución de la riqueza productiva y equitativa al mismo tiempo. La regulación de mercados o la hace el Estado ( no el actual en fase de retroceso y privatización, sino uno con el mando, dominio y control de todos) o la termina por hacer la empresa privada ( ya sucedía así antes del siglo 20).

    • Es chocante que, al hablar de empleo, siempre volvamos a lo mismo: los costes salariales. Nunca veo propuestas relacionadas con la productividad, ni con la estructura o el tamaño de las empresas. Lo que necesitamos no son empleos más baratos, sino mejores empresas, que creen empleos mejores. Mientras no se plantee esto en serio, creo que vale más expulsar a las empresas menos competitivas (que necesitan salarios ínfimos o no pagar impuestos) en beneficio de las demás.

  • A propósito de los comentarios de Tomás y Antonio, que suscribo, la gran cuestión es si conseguiremos liberarnos a tiempo de las ideas recibidas.

    En la sexta parte o epílogo de “Economics: An Introductory Analysis” Samuelson considera brevemente una economía socialista, en la que los bienes producidos, sus cantidades y sus precios son determinados por una autoridad central. Con una falta de prejuicios que debe agradecerse, demuestra su viabilidad, lo que no significa que la defienda.

    Aquí hay que hacer dos consideraciones.

    1) Samuelson escribe esto en plena época dorada del capitalismo. Nadie que sea medianamente objetivo puede negar que, en esa época, el capitalismo aportó mucho más bienestar para muchas más personas que ningún régimen socialista coetáneo. Pero las circunstancias cuturales y técnológicas de aquellos años no se parecen mucho a las actuales. Estas circunstancias parecen haber causado una progresiva devaluación del trabajo que, inquietantemente, se aprecia como estructural e irreversible.

    2) Hoy disponemos de medios para el análisis de gran cantidad de datos económicos en tiempo real de los que nunca llegaron a disponer los estados socialistas. Desconozco si alguien ha realizado un análisis serio de las posibilidades actuales de la computación para construir una agencia central de cantidades y precios. ¿No sería razonable pensar, cuando menos, en un sistema mixto en el que solo los bienes de primera necesidad fueran producidos y distribuidos de esta manera?

    • Sobre la cuestión solo una aclaración. Samuelson no solo la escribió durante la época dorada del capitalismo, sino durante la época dorada del socialismo en Europa, donde parecía que la URSS podía superar a EEUU en GDP (que Samuelson también estimaba). Solo eso hay que aclararlo y matizarlo.

  • Algunas aclaraciones más sobre Samuelson y el socialismo.
    ”Samuelson escribe esto en plena época dorada del capitalismo”. Error de conceptos. ¿Están en Capitalismo los países OCDE con el Estado produciendo el 50/60/70 % del PIB total? Entonces ¿que demonios es el socialismo?. Con menos del 50 % de la producción anual en manos privadas no se le debería, racionalmente, llamar capitalismo a una economía. Se las denomina ‘economías mixtas’ en muchos manuales de Economía Política. El capitalismo puro solo existió en el siglo 19.
    ‘’el capitalismo aportó mucho más bienestar para muchas más personas que ningún régimen socialista coetáneo’’ Error en datos. Creciendo notablemente más ( superior al 6 % Pib anual en la Urss y países del Este) que en Occidente y con un Indice de Gini dando una desigualdad bastante mejor (próximo al 0,2), ¿tenían peor bienestar los países socialistas? . La ciencia económica dice que se equivoca por completo con esa opinión. Otra cosa es que el nivel económico previo de eses países era inferior al de los países-top de Occidente. Es otra cosa muy distinta y no relevante para esta valoración.
    ”Desconozco si alguien ha realizado un análisis serio de las posibilidades actuales de la computación para construir una agencia central de cantidades y precios. ‘.
    Paul Cockshott y Maxi Nieto lo han hecho, entre otros.

  • Hola, Florentino.

    Creo que el índice de fracaso escolar está recibiendo una respuesta errónea por parte de las administraciones. Bajando el listón y maquillando los resultados. Se ha perdido la cultura del esfuerzo, la innovación y el emprendimiento. Es el sistema educativo el que fracasa. Y no ayudan los bandazos ideológicos según quien ocupe la Moncloa.

    El mercado laboral esta cambiando y se está volviendo cada vez más exigente, sobre todo en el ámbito tecnológico en todos los sectores. Por otro lado, hay parados de larga duración, que no tienen la capacidad o los ingresos suficientes para reciclarse y obtener un nivel óptimo de cara a una posible contratación, quedando rezagados
    .
    La elasticidad y tecnificación de la oferta laboral demanda no una reforma laboral sino algo más parecido a una “revolución”. La respuesta no está en subir el SMI. La dignidad no depende del sueldo sino de la formación personal y el valor o cualificación profesional del trabajador como valor estratégico para la empresa (un buen sueldo sería una consecuencia lógica). De lo contrario, seguiremos creciendo por encima de la media europea, convirtiéndonos en la “China” de Europa.

    (SIGO…)

  • (SIGO…)

    Una medida interesante podría ser la transformación del subsidio por desempleo por un concepto adaptado a planes de formación en nuevas tecnologías, yo lo llamaría subsidio de capacitación tecnológica dentro del marco de la denominada Formación Continua.

    Es decir que uno cobraría una cantidad suficiente para sobrevivir, pero a condición de asistir a una formación adaptada a su nivel capaz de incrementar sus posibilidades REALES de adaptarse al mercado laboral.

    Después de cumplir un tramo de formación certificado, sería incluido en una bolsa de trabajo según su sector y grado de especialización, o bien recibiría asesoramiento y facilidades para el emprendimiento y el autoempleo (formación de nuevas empresas para aumentar la oferta laboral).

    Pudiendo entrar y salir del sistema manteniendo siempre un alto grado de formación, dejando obsoleta la palabra “parado”.

    Un cordial saludo.

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