Por Lidia Cruces.
España es uno de los países de la Unión Europea con menor tasa de fertilidad. Desde hace décadas, el número medio de hijos por mujer se sitúa claramente por debajo del nivel de reemplazo, lo que implica un envejecimiento progresivo de la población y plantea retos importantes para el crecimiento económico, el mercado laboral y la sostenibilidad del Estado del bienestar.
Lo interesante es que esta baja fertilidad no refleja necesariamente las preferencias de las familias. La encuesta de fecundidad muestra de forma consistente que hombres y mujeres en España desearían tener más hijos de los que finalmente tienen. Existe, por tanto, una brecha clara entre fertilidad deseada y fertilidad realizada, como se aprecia en el Gráfico 1. Esta brecha es clave para entender por qué las políticas de apoyo a la familia —y en particular las políticas pronatalistas (que se resumen en este post)— ocupan un lugar central en el debate público.
Gráfico 1: Fertilidad deseada vs. realizada (mujeres 40–44 años)

En este contexto, una de las herramientas recurrentes de los gobiernos son las ayudas económicas directas a las familias. La pregunta parece sencilla: ¿dar dinero a las familias incentiva a tener más hijos? Sin embargo, como veremos, la respuesta depende crucialmente de qué entendemos por “tener más hijos”.
Lo que sabemos: efectos a corto plazo
España ofrece un experimento casi de manual para analizar esta cuestión: el llamado cheque bebé. En julio de 2007, el Gobierno anunció de forma inesperada una ayuda universal de 2.500 euros por cada hijo nacido a partir del 1 de julio de ese mismo año. Para hacerse una idea de su magnitud, esta cantidad equivalía a más de cuatro salarios mínimos mensuales en ese momento.
La evidencia empírica sobre los efectos a corto plazo del cheque bebé es clara. Estudios como González (2013) y González y Trommlerová (2023) muestran que la política aumentó los nacimientos en torno a un 6% en los meses posteriores a su introducción, tanto por una reducción de los abortos como por un aumento de las concepciones. La eliminación de la ayuda en 2010 confirmó estos patrones y, además, mostró que muchas familias adelantaron el momento del parto para beneficiarse de la ayuda.
Resultados similares se han documentado en otros países, como Canadá, Israel o Alemania, donde las ayudas económicas a la natalidad también han mostrado efectos positivos a corto plazo.
La pregunta incómoda: ¿más hijos o hijos antes?
Desde el punto de vista de la política pública, el efecto relevante no es únicamente cuántos nacimientos se producen justo después de introducir una ayuda. Lo que realmente importa es si estas políticas consiguen que las familias tengan más hijos a lo largo de su vida, y no simplemente que los tengan antes.
Esta distinción es fundamental. Un aumento de nacimientos hoy puede reflejar solo un cambio en el calendario de la maternidad (un efecto tempo), sin que cambie el número total de hijos que tendrán esas mujeres al final de su vida fértil (la llamada fertilidad completada). En ese caso, el impacto demográfico de la política sería limitado y transitorio.
Responder a esta pregunta con datos es extremadamente difícil. Identificar efectos de largo plazo requeriría seguir a las mismas mujeres durante toda su vida fértil y aislar el impacto de la política de otros cambios económicos o institucionales. Por ello, la evidencia empírica directa sobre la fertilidad completada es escasa y apunta a efectos reducidos (Parent y Wang, 2007; Kim, 2014).
Una aproximación distinta: el modelo
En un trabajo reciente que realizo junto con Francisco Javier Rodríguez-Román abordamos esta cuestión desde una perspectiva complementaria. En lugar de intentar identificar directamente efectos causales de largo plazo con datos, utilizamos un modelo macroeconómico diseñado para reproducir el comportamiento de las familias españolas en 2007.
La lógica del modelo es sencilla. Las mujeres toman decisiones de fertilidad y trabajo a lo largo de su vida, enfrentándose a costes económicos y laborales que varían con la edad, el número de hijos y su situación en el mercado de trabajo. En España, estas decisiones están además condicionadas por un mercado laboral dual, en el que muchas mujeres jóvenes encadenan contratos temporales, con salarios más bajos y trayectorias profesionales más inestables.
El modelo se calibra para replicar los efectos observados del cheque bebé en el corto plazo —el aumento de nacimientos y la ligera reducción del empleo materno tras el parto— y, a partir de ahí, se utiliza para simular qué ocurre cuando una cohorte de mujeres recibe este incentivo desde el inicio de su vida reproductiva y es seguida hasta el final del ciclo vital.
Resultados principales
El primer resultado es claro: una vez calibrado, el modelo reproduce un aumento de los nacimientos de alrededor del 6% inmediatamente después de la introducción del cheque bebé, en línea con la evidencia empírica existente. Sin embargo, este efecto inicial se va diluyendo con el paso del tiempo. Cuando seguimos la evolución de la tasa de fertilidad año a año tras la implementación de la política, el impacto converge gradualmente hacia un aumento mucho más modesto, de en torno al 3%. Este patrón —un fuerte efecto inicial seguido de una convergencia a un efecto persistente menor— se observa claramente en el Gráfico 2.
Gráfico 2: Cambio En La Tasa De Fertilidad Tras La Introducción Del Cheque Bebé.
En otras palabras, el impacto a largo plazo es solo la mitad del impacto observado a corto plazo. Esto ocurre porque las mujeres reaccionan de forma distinta según su edad cuando se introduce la política. Las mujeres jóvenes tienen más margen para reorganizar el calendario de nacimientos, mientras que las mujeres de mayor edad están más limitadas biológicamente y concentran su respuesta en los años inmediatamente posteriores a la introducción de la ayuda.
Conclusión
Las transferencias monetarias pueden ser efectivas para aumentar los nacimientos en el corto plazo, pero tienen un alcance limitado para revertir de forma sostenida la baja fertilidad. Esto no significa que carezcan de valor: las ayudas económicas pueden aliviar restricciones financieras en momentos clave.
Sin embargo, la evidencia sugiere que estas políticas, por sí solas, no generan cambios persistentes. En el caso español, el cheque bebé no tuvo efectos duraderos sobre el bienestar infantil a medio plazo, como la salud o el rendimiento académico, aunque sí mejoró algunos indicadores de salud al nacer cuando la ayuda se recibió antes del embarazo (véase este post, este post y González y Trommlerová, 2022).
En conjunto, la experiencia del cheque bebé sugiere que cerrar la brecha entre hijos deseados y realizados requiere ir más allá de las transferencias monetarias y abordar factores estructurales como la inestabilidad laboral, la conciliación entre trabajo y familia y los elevados costes de la maternidad en las primeras etapas de la carrera laboral.
Nota: El análisis presentado en este post se basa en un trabajo conjunto con F. Javier Rodríguez-Román titulado Financial Incentives to Fertility: From Short to Long Run, que puede consultarse aquí.