España, uno de los países responsables de la insuficiente innovación disruptiva en la UE

Por Alonso Rodríguez Navarro (Universidad Politécnica de Madrid)

Esta entrada viene al caso de consideraciones erróneas sobre la investigación en España en informes que en otros aspectos son acertados. Por ejemplo, deducir que las universidades privadas compiten mejor que las públicas en investigación, ignorar los graves defectos de la investigación española o suponer que esta se podría mejorar importando investigadores. Errores que tienen especial trascendencia en el contexto de la debilidad de la UE en innovaciones disruptivas y de la nueva política industrial de la UE.

Desde mediados del siglo pasado se acepta que el crecimiento económico en los países desarrollados depende de la innovación, la ciencia y la tecnología tanto como del capital y el trabajo. Por ello, medir la investigación que soporta la innovación resulta crucial para desarrollar una acertada política científica. Se atribuye a Peter Drucker—considerado el padre de la administración moderna—el aforismo: “no se puede administrar lo que no se sabe medir”.

Hay dos tipos de innovaciones: incrementales y disruptivas; las primeras explotan ideas existentes y las segundas implican conocimientos nuevos. Las innovaciones incrementales dominan en prácticamente todo lo que nos rodea y son factor de competitividad de las industrias. No todas, pero bastantes de las innovaciones incrementales se originan en la investigación. Pero esta investigación a veces no se analiza bien, ya que el uso del número de citas, bien establecido para otros casos, no se puede aplicar en este, porque, mayoritariamente, esta investigación o no se cita o se cita muy poco.

Sin perjuicio de lo anterior, sin innovaciones disruptivas, el fracaso de empresas y países está garantizado, y como estas innovaciones dependen del progreso en la frontera del conocimiento, aunque hay mucho factores implicados, la innovación disruptiva necesita una investigación disruptiva. Por eso, como advertía Peter Drucker, hay que medirla. La investigación disruptiva se puede evaluar por el número de citas, pero frecuentemente se cometen errores, porque, frecuentemente, con tantos árboles en el bosque el que se busca queda oculto. En los libros de texto se explica que la ciencia cambia permanentemente, que la mayor parte de este cambio es pequeño y que solo una minúscula fracción de ese cambio es disruptivo. Pero, en relación con la innovación disruptiva, esa es la fracción que hay que medir, sin dejarse engañar por la fracción mayoritaria. Aunque en entradas anteriores (aquí y aquí) ya me he me referido a este problema, merece la pena insistir con otro enfoque dada su crucial importancia para la política industrial europea.

Como cabe esperar, la investigación disruptiva es muy infrecuente, y se puede situar en el 0.01% de las publicaciones más citadas en el conjunto de la investigación científica y tecnológica. Un análisis por su interés industrial se puede hacer con las publicaciones domésticas en cinco áreas tecnológicas importantes: semiconductores, células solares, baterías de litio, grafeno y materiales compuestos—las razones para el uso de los trabajos domésticos se explica aquí y aquí—.

La Tabla 1 resume los resultados de las publicaciones en el descrito 0.01% superior y en los percentiles inmediatos del 0.1% y 1.0% para EEUU, China y la UE. Con más detalle, en la Figura 1 se consideran nueve percentiles, de 0,1% a 10%, y se utiliza una representación doble logarítmica, porque la función que relaciona los dos parámetros representados es una ley de potencias. La figura incluye una representación específica para grafeno, porque pone mejor de manifiesto los problemas de la investigación en la UE. En estas figuras, la eficiencia de los sistemas de investigación se puede medir por la pendiente de las rectas, que es función del exponente de las leyes de potencia.

Lo que se deduce de la Tabla 1 y la Figura 1 es que EEUU publica mucho menos que China pero es mucho más eficiente, lo que le da una ventaja competitiva en el nivel disruptivo. Con respecto a la UE, lo que se deduce es que la investigación no es un único sistema complejo, como ocurre en los países, sino que aparecen dos sistemas (dos rectas): uno con muchas menos publicaciones pero mucho más eficiente—pendiente más baja—y otro mucho mayor pero menos eficiente. En el sistema pequeño, con eficiencia parecida al de EEUU, tiene una representación muy alta considerando su tamaño, y participan unas élites científicas que destacan en Alemania, pero que también existen en Francia, Italia, España y más escasamente en otros países. El sistema de menor eficiencia, parecida a la de China, corresponde a la producción mayoritaria de la UE, con participación destacada de Francia, Italia y España.

Para mostrar la situación de España se puede hacer una comparación con el Reino Unido, que tiene un nivel científico similar al de los Países Bajos, pero un tamaño más parecido al de España. La Figura 2 es equivalente a la Figura 1 pero solo para España y Reino Unido. Aunque esta figura no tiene un número de publicaciones suficientes para un ajuste robusto (los percentiles con menos de 10 publicaciones es mejor no considerarlos), lo que se deduce es que el Reino Unido tiene unas 15 veces más peso que España en el percentil 0.01% superior. En otras palabras, con la eficiencia actual, España tendría que multiplicar por 15 su inversión en investigación para tener el éxito del Reino Unido.

Una alternativa metodológica completamente diferente para hacer la comparación de la Figura 2 es utilizar los datos de publicaciones por percentil recogidos en el Leiden Ranking (1%, 5%, 10% y 50%) para calcular el percentil 0.01. El método es solo una aproximación al nivel disruptivo ya que el conteo de citas en el Leiden Ranking se hace en un periodo demasiado próximo a la publicación, lo que subvalora las publicaciones disruptivas. Si consideramos las 40 universidades más productivas (la Figura 3 es una representación acumulativa), el Reino Unido es nueve veces más productivo, lo que, como he dicho, subvalora la diferencia en el nivel disruptivo. Llama la atención que solo la primera universidad, la de Oxford, aporte más que todas las universidades españolas.

Para averiguar qué instituciones son líderes en España hay que aumentar la muestra al 5% más citado, donde ya hay 79 publicaciones (Figura 2). En este nivel, la institución más productiva es el CSIC (11 publicaciones), seguido del Barcelona Institute of Science and Technology (BIST, 8 publicaciones) y el Instituto Madrileño de Estudios Avanzados (IMDEA, 6 publicaciones). A continuación hay 30 instituciones, casi todas universidades, la Universidad Autónoma de Madrid con seis publicaciones y la Universidad del País Vaso con cuatro publicaciones. En el resto, la mayor parte con una publicación, hay 22 universidades. Todo ello con un sistema complejo de colaboraciones, cuyo estudio queda al margen de esta entrada.

Entre las 24 universidades encontradas no hay ninguna privada. Hay que ampliar la búsqueda a otros años para encontrar una publicación de 2020 sobre plantas fotovoltaicas del CUNEF-Ingenium en colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha. En el nivel disruptivo, el éxito —muy escaso en universidades— de las universidades privadas frente a las públicas es probablemente menos de uno a 100.

Atendiendo a las Figuras 2 y 3, la idea de mejorar la investigación en España incorporando investigadores extranjeros no es acertada. Los investigadores tienen éxito en las instituciones con éxito. Incorporar un investigador con éxito a una universidad española sería como importar a un gran ciclista, darle una bicicleta de hierro y piñón fijo y esperar que gane la Vuelta a Francia.

A la pregunta de si la solución al problema es crear instituciones autonómicas como BIST o IMDEA, la contestación también es negativa, si ello conlleva el abandono de las universidades. Muy diferente es crear instituciones autonómicas en apoyo de la innovación incremental en las empresas. Estas instituciones son primordiales, el Instituto de Tecnología Cerámica es un buen ejemplo.

Pero en investigación disruptiva el éxito tiene una frecuencia extremadamente y, junto a la eficiencia, el tamaño cuenta, por eso, hay que organizarla a nivel nacional y de la UE. La Tabla 2 compara las publicaciones del BIST y el IMDEA con tres universidades europeas con investigación prestigiosa; es improbable —quizás imposible— que una institución autonómica en España pueda alcanzar la dimensión de estas universidades.

Por ello, transferir las universidades a las comunidades autónomas fue un error. España no puede tener 17 universidades como las de la Tabla 2, y el resultado es que ninguna, ni de lejos, alcanza ese nivel. Además, cada año, las universidades españolas son menos competitivas (Figura 12 aquí) y la Comunidad de Madrid, donde las universidades públicas se están desmantelando, podría ser el extremo de una situación generalizada (Tabla 1 aquí). Lamentablemente, estos problemas también pueden darse en otros países de la UE.

El éxito de una nueva política industrial en la UE depende de muchos factores, especialmente en el caso de la innovación disruptiva. Pero hay algo muy claro: no se puede innovar en la frontera del conocimiento si no se tiene éxito en la investigación en la frontera del conocimiento.

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