
El reciente anuncio de regularización de inmigrantes ha reactivado el debate sobre los efectos económicos de la inmigración. La materia estrella ha sido, como es habitual, su impacto fiscal y laboral, dimensiones ampliamente analizados en este blog (aquí o aquí). A este respecto, resulta relevante el post de Monras y Vázquez Grenno, donde sintetizan su investigación sobre la regularización de 2004 (aquí), aportando evidencia para enmarcar la discusión actual.
Sin embargo, en medio del debate sobre sus impactos, hay un elemento que suele pasar casi inadvertido en la discusión: el timing de la medida no es casualidad. La regularización se anuncia en una fase de expansión económica, con una tasa de paro baja y donde la preocupación por el desempleo es menor. Esto es clave, porque la interacción entre inmigración y ciclo económico es fundamental para entender no solo el comportamiento de los propios flujos migratorios, sino también sus efectos sobre el mercado laboral.
Los flujos migratorios son procíclicos
Es casi obvio, pero vale la pena documentarlo: cuando la economía va bien, llegan más inmigrantes. Cuando entra en recesión, se reducen drásticamente. Los trabajadores nacidos en el extranjero responden al ciclo económico exactamente como cualquier trabajador o emprendedor: van donde hay oportunidades.
La Figura 1 muestra la evolución de las entradas y salidas de España de personas nacidas en el extranjero desde 1998 a 2025. Dos cosas destacan. Primero, el carácter procíclico de los flujos: las entradas presentan una clara correlación negativa con la tasa de paro; mientras que las salidas, aunque menos sensibles al ciclo, también responden a cambios en el mercado laboral (Özgüzel 2021; Gálvez-Iniesta 2024). Segundo, las magnitudes. En el pico del boom migratorio (2007), entraron en España en torno a 1,2 millones de personas nacidas en el extranjero. Esta cifra se ha vuelta a alcanzar no una, sino en los últimos tres años consecutivos, desde 2021.
Figura 1: Flujos de entrada procedentes del extranjero y salidas con destino al extranjero de personas nacidas en el extranjero.

Las brechas de empleo se amplifican en recesiones
Existe abundante evidencia de que los inmigrantes enfrentan desventajas sistemáticas en el mercado laboral español (Izquierdo et al, 2009). Pero aquí viene lo importante: esas brechas no son constantes. De hecho, se amplifican enormemente en recesiones (Carrasco y García-Pérez, 2014; Gálvez-Iniesta, 2022).
La Figura 2 muestra la evolución de las tasas de paro de inmigrantes y nativos, además de la diferencia entre ambas (brecha, en rojo). En los años previos a la Gran Recesión (2000-2006), la brecha era de apenas 3 puntos porcentuales. Pero durante la Gran Recesión las tasas de paro aumentaron de manera desproporcional. Entre 2008 y 2014, la tasa de paro inmigrante promedio alcanzó el 30% y el 18% para los nativos. Como resultado, la brecha se multiplicó por 4 , llegando a 12 puntos porcentuales.
Figura 2. Tasa de paro de inmigrantes y nativos

¿Es el efecto de la inmigración simétrico en el ciclo?
Los efectos de la inmigración sobre el mercado de trabajo han sido ampliamente estudiados. (aquí un post reciente). Pero, ¿Qué sabemos del ciclo? En particular, ¿es el efecto de la inmigración simétrico en expansiones y recesiones? ¿Cuán importante es carácter procíclico de los flujos migratorios para las dinámicas del mercado de trabajo?
La evidencia para Estados Unidos es extensa e identifica un mecanismo clave: la mayor movilidad de los inmigrantes actúa como amortiguador durante las recesiones (Cadena y Kovak, 2016). ¿Cómo funciona? En una recesión, el empleo local es escaso. Pero los trabajadores inmigrantes, al ser más móviles, se desplazan hacia otras regiones con mejores condiciones económicas o incluso salen del país. Este movimiento reduce la competencia por los pocos empleos disponibles, facilitando el reequilibrio del mercado laboral. Es lo que los economistas llaman 'engrasar las ruedas' (grease the wheels).
El caso de España: ¿qué habría pasado en la Gran Recesión sin el boom migratorio previo?
En un paper publicado en European Economic Review (The role of immigration in a deep recession), investigué exactamente este mecanismo en España. La pregunta es simple pero relevante: ¿hubiera sido el desempleo aún mayor durante la Gran Recesión sin ese boom migratorio previo?
Primero documenté dos hechos clave: la Gran Recesión impactó mucho más duramente a los inmigrantes que a los nativos, con una probabilidad de perder empleo sustancialmente mayor (como muestra la Figura 3); además, muchos decidieron marcharse del país.
Figura 3 Transiciones del empleo en España, nativos e inmigrantes

Panel (a) Probabilidad encontrar trabajo Panel (b) Probabilidad perder trabajo
A partir de estos hechos, construyo un modelo de búsqueda y emparejamiento donde tanto la creación de puestos de trabajo (vacantes) como las decisiones de emigrar son endógenas. Un ingrediente fundamental es que las vacantes son persistentes: no se ajustan de manera inmediata durante recesiones (los empresarios no cierran todos los puestos de trabajo instantáneamente cuando empieza una recesión).
El resultado del contrafactual (Figura 4, panel b) es revelador. Si no hubiera habido boom migratorio previo a la crisis, la tasa de paro nativa habría sido 1,8 puntos porcentuales mayor durante la recesión. Eso equivale a unos 156.000 trabajadores adicionales en el paro.
Figura 4. El efecto de la inmigración sobre el desempeño laboral nativo

Panel (a) Probabilidad encontrar trabajo Panel (B) Tasa de paro
¿Por qué ocurre esto? El mecanismo clave es la emigración de retorno. Cuando algunos inmigrantes se marchan, la competencia por los empleos baja. Con menos personas buscando trabajo, la probabilidad de encontrar empleo no cae tanto (Figura 4, panel a), lo que se traduce en una menor subida de la tasa de paro de los nativos. Es el efecto amortiguador en acción. Pero, y aquí está el punto crucial, este efecto es cíclico. Solo importa en recesiones. En fases de expansión, cuando hay abundancia de trabajos, se diluye. Sin embargo, en fases recesivas juega un papel fundamental.
¿Y ahora qué?
La inmigración no afecta al mercado laboral de manera uniforme. Su impacto varía significativamente según el momento del ciclo económico. En expansiones, la llegada de trabajadores puede contribuir al crecimiento sin generar tensiones importantes en el mercado laboral. En cambio, en recesiones, la movilidad de los inmigrantes actúa como un mecanismo amortiguador, aliviando presiones sobre el desempleo.
Una regularización en expansión, como la actual, minimiza riesgos potenciales sobre el desempleo nativo. Hay otros efectos, como fiscales y de largo plazo, que son los relevantes para evaluar la medida y serán objeto de estudio.
La lección más amplia es clara: los flujos migratorios no son un factor estático. Su comportamiento cambia y tiene efectos diferenciales según el ciclo. Comprender esta dinámica es esencial para diseñar políticas migratorias más eficaces y calibradas al contexto económico.