Algunos efectos económicos de la inmigración en España: datos versus relato

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Por Raquel Carrasco

Image by Céline Martin from Pixabay

Como es sabido, España ha experimentado un notable incremento en sus flujos migratorios en las últimas dos décadas y media. Mientras que en 1998 la población extranjera censada era de aproximadamente 600 000 personas (equivalente al 1,5 % de la población total), en 2022 superó los 5,5 millones (11,7 %). Este fenómeno ha suscitado un extenso debate público, con opiniones divergentes respecto a su impacto en diversos ámbitos, tales como el empleo, los salarios, la delincuencia, la vivienda, o las finanzas públicas. No obstante, un examen exhaustivo de los datos desmiente muchos mitos y revela la realidad subyacente de la inmigración en España. En esta entrada, se presenta una revisión de algunos efectos de la ola inmigratoria de la década de los 2000, de acuerdo con la evidencia empírica disponible. Y es que buena parte del debate hoy parece olvidar importantes piezas de evidencia que son bien conocidas desde hace años para España. La entrada de hoy complementa en parte las muy recientes al respecto de Jordi Paniagua (aquí y aquí).

Inserción laboral y diferencias salariales y en el empleo respecto a los trabajadores nativos

Los inmigrantes en España enfrentan una serie de barreras en su integración al mercado laboral. Los datos de la Encuesta de Estructura Salarial (EES) del 2002 revelaban que el salario bruto anual y el salario por hora de los inmigrantes extracomunitarios son considerablemente inferiores a los de los trabajadores españoles, con una diferencia aproximada del 30%. Sin embargo, es importante señalar que las características sociodemográficas y laborales de ambos grupos son distintas, lo que influye significativamente en esta brecha salarial.

En primer lugar, se observa que los inmigrantes tienden a ser más jóvenes, poseer una menor cantidad de años de educación formal y, en muchos casos, ocupan puestos de trabajo a tiempo parcial o con contratos temporales. Además, su presencia en puestos de trabajo cualificados y en el sector público es mucho menor que la de los nativos, concentrándose en sectores como la construcción y en pequeñas y medianas empresas. Estas diferencias estructurales deben ser consideradas al evaluar el diferencial salarial, ya que la comparación de trabajadores con características similares puede conducir a conclusiones erróneas.

Por lo tanto, para obtener conclusiones útiles desde el punto de vista de la política económica, es imprescindible comparar a inmigrantes y nativos que compartan características demográficas y ocupen puestos de trabajo similares. Un análisis más detallado, como el realizado por Carrasco, Ortega y Jimeno (2008), ajusta estas diferencias en las características de ambos grupos y proporciona una visión más clara del fenómeno. Una vez controladas estas variables y consideradas las diferencias en la composición de ambos grupos, los resultados sugieren que aproximadamente el 94 % de la brecha salarial entre inmigrantes y nativos puede explicarse por las características promedio de cada grupo, tales como edad, nivel educativo, tipo de contrato y sector de empleo. Es decir, nada distinto a lo que cabría esperar como factores económicos.

En lo que respecta al ámbito laboral, y de acuerdo con los datos recabados tanto del Censo como de la Encuesta de Población Activa (EPA), durante el primer año de residencia en España se evidencia una significativa brecha en materia de empleo entre inmigrantes y nativos, la cual alcanza 15 puntos porcentuales (pp) para el caso de los hombres y 4 pp para el de las mujeres (véase Amuedo-Dorantes y De la Rica, 2007; Fernández y Ortega, 2008). Sin embargo, esta brecha tiende a disminuir a medida que los inmigrantes permanecen más tiempo en España y adquieren experiencia en el mercado laboral local. Algunos grupos, como las mujeres latinoamericanas, no solo cierran esta brecha, sino que, en muchos casos, cinco años después de su llegada, sus tasas de empleo superan a las de mujeres nativas con características similares. La rápida inserción laboral de las mujeres latinoamericanas puede estar relacionada con la creciente demanda de mano de obra en sectores como los servicios domésticos y los cuidados, donde suelen concentrarse, lo que facilita su entrada en el mercado laboral, aunque a menudo en empleos poco cualificados y con escasa protección social.

Otro aspecto relevante a considerar se refiere a la calidad del empleo que ocupan los inmigrantes. Amuedo-Dorantes y De la Rica (2007) estudiaron la clasificación de las ocupaciones en España, agrupando los empleos según su salario medio, y analizaron el grado de movilidad ocupacional de los inmigrantes en relación con los nativos conforme aumentaba la duración de su estancia en el país. Los resultados del análisis indican una segregación ocupacional clara entre inmigrantes extracomunitarios y nativos, especialmente en los primeros años tras la llegada de los inmigrantes. En particular, los inmigrantes extracomunitarios tienden a concentrarse en ocupaciones de baja cualificación y menor remuneración, tales como la construcción, los servicios domésticos y el trabajo agrícola. Sin embargo, el estudio también muestra que, con el paso del tiempo, los inmigrantes de Europa del Este y América Latina experimentan una mejora en su posición laboral, ascendiendo a empleos mejor remunerados y de mayor cualificación. Este progreso no se observa de la misma manera entre los inmigrantes africanos, quienes tienden a permanecer en ocupaciones de baja cualificación durante periodos prolongados.

Diversos estudios han subrayado que la segregación ocupacional inicial entre inmigrantes y nativos se debe en gran parte a la falta de reconocimiento de las cualificaciones obtenidas en los países de origen, barreras lingüísticas y la discriminación laboral, como han señalado Amuedo et al. (2011), de la Rica y Ortega (2012), así como Dustmann y Fabbri (2003) y Nollenberger y Rodríguez-Planas (2016). Además, se ha comprobado que la red social y las conexiones laborales desempeñan un papel crucial en la mejora de la inserción laboral de los inmigrantes, ya que aquellos que disponen de redes de apoyo suelen experimentar una movilidad ascendente más rápida (Dustmann y Fabbri, 2003; Nollenberger y Rodriguez-Planas, 2016).

En conclusión, la brecha de empleo entre inmigrantes y nativos en España es significativa durante el primer año de estancia, pero tiende a disminuir con el tiempo, especialmente para grupos como las mujeres latinoamericanas, quienes logran superar a sus contrapartes nativas en tasas de empleo tras cinco años. No obstante, persisten desafíos en términos de calidad del empleo y segregación ocupacional, especialmente para los inmigrantes extracomunitarios, quienes con frecuencia se hallan en ocupaciones poco cualificadas y de baja remuneración.

Impacto en el empleo y los salarios de los trabajadores nativos

Uno de los mayores temores de la población nativa es que la inmigración reduzca las oportunidades de empleo o ejerza presión a la baja sobre los salarios. Sin embargo, la evidencia empírica disponible no respalda estas preocupaciones. Carrasco, Ortega y Jimeno (2008), al utilizar datos del Registro de Permisos de Trabajo y del Censo, hallaron que las oportunidades laborales de los trabajadores nativos no se ven afectadas de forma significativa por la inmigración. Sus estimaciones toman en consideración los posibles sesgos de selección de los inmigrantes, lo cual es crucial para estimar un impacto causal de la inmigración. Estos resultados muestran una congruencia con la mayoría de los hallazgos en la literatura científica, especialmente en el contexto europeo. Otras investigaciones más recientes, como la de Monrás (2023), que utilizó datos del Censo de 2001 y 2011, muestran que la inmigración no afecta significativamente las tasas de empleo de los nativos. De hecho, algunos jóvenes españoles con menor cualificación han optado por trasladarse menos a grandes ciudades como Madrid y Barcelona en respuesta a la competencia con inmigrantes en ciertos sectores laborales.

Un análisis más amplio llevado a cabo por Algan et al. (2010) en diversos países europeos confirmó que, en términos generales, la inmigración no ejerce efectos desfavorables sobre el empleo de la población nativa, y que, en algunas circunstancias, puede incluso tener un impacto positivo en la economía local. Estos hallazgos se ven reforzados por la investigación de Peri (2016), que concluyó que la inmigración puede mejorar la productividad general del trabajo y que su efecto sobre el salario de los trabajadores nativos es, en gran medida, neutral. Respecto al impacto de la inmigración sobre los salarios, de nuevo, Carrasco, Ortega y Jimeno (2008) obtuvieron resultados similares. De acuerdo con diversas fuentes de datos, no se detectaron elasticidades significativas, lo que sugiere que la inmigración tampoco repercute significativamente en los salarios de los trabajadores nativos. Sin embargo, es importante considerar que estos resultados deben ser interpretados con precaución, dado que los datos utilizados se refieren exclusivamente a inmigrantes legales en empresas con más de 10 trabajadores.

En conclusión, la evidencia empírica disponible sugiere que la inmigración no tiene efectos negativos significativos sobre las oportunidades de empleo ni sobre los salarios de los trabajadores nativos en España. Una evidencia similar se ha obtenido también para gran parte de los países europeos. A pesar de algunos matices en la literatura que indican variaciones según el sector y el tipo de inmigrante, el consenso general es que la inmigración puede coexistir con un mercado laboral saludable, aportando beneficios a la economía local. No obstante, es importante continuar investigando los efectos a largo plazo.

Impacto sobre el mercado de la vivienda

Coincidiendo con la ola de inmigración, España experimentó un marcado incremento en los precios de la vivienda y la construcción. Según lo documentado por González y Ortega (2013), durante el período comprendido entre 1998 y 2008, los precios de la vivienda en España registraron un aumento del 175 %. En su estudio, González y Ortega (2013) se centraron en analizar el impacto de la inmigración en este fenómeno. Su investigación reveló que la inmigración ejerció una influencia significativa en el aumento de los precios de la vivienda y en la actividad constructora en España. Las estimaciones realizadas por los autores indican que, durante el período comprendido entre los años 2000 y 2010, la inmigración fue el principal factor que provocó un incremento anual de aproximadamente el 2 % en los precios de la vivienda, así como un aumento de entre el 1,2 % y el 1,5 % en la cantidad de unidades de vivienda. En conjunto, la inmigración fue responsable de aproximadamente una cuarta parte del aumento de los precios y de cerca de la mitad de la actividad constructora durante la década.

Algunos mecanismos de ajuste

Si bien no hay evidencia de que la inmigración ha ocasionado un impacto negativo en términos de empleo y salarios para los trabajadores nativos, es pertinente examinar cómo se ha producido este ajuste en el mercado laboral. Para ello, se identifican dos mecanismos clave:

  • Especialización en diferentes tareas: Los trabajadores nativos e inmigrantes tienden a especializarse en actividades distintas dentro del mismo sector. Mientras que los nativos ocupan puestos que requieren mayor interacción y comunicación, los inmigrantes tienden a desempeñar tareas más manuales.
  • Por otra parte, se ha podido producir un cambio en la tecnología de producción, en la que las empresas han ajustado sus procesos productivos para adaptarse a la mayor oferta de mano de obra inmigrante, apostando por modelos más intensivos en trabajo y menos en capital.

En conclusión, los efectos de la inmigración en España que repasamos en esta entrada han sido, en general, positivos o neutros. No se ha evidenciado un impacto significativo en el empleo o en los salarios de los nativos. Sin embargo, la integración sigue siendo un desafío y una gestión adecuada de los flujos migratorios es crucial para maximizar los beneficios de la inmigración y minimizar sus posibles problemas sociales. No obstante, las dinámicas migratorias han experimentado cambios en los últimos años, y las recientes oleadas de inmigrantes se enfrentan a un contexto socioeconómico distinto, caracterizado por los cambios observados en la salida de la crisis financiera de 2008-2013, la lenta recuperación del mercado laboral y no mucho después los efectos de la pandemia de 2020. En este sentido, se hace evidente la necesidad de una mayor cantidad de estudios empíricos que analicen el impacto económico de la inmigración reciente, evaluando si los patrones de integración laboral, contribución fiscal y efectos sobre los salarios y el empleo han experimentado cambios en comparación con los hallazgos previos. Una mayor investigación en este ámbito permitiría comprender mejor los desafíos y oportunidades que plantea la inmigración en el contexto actual y ayudaría a diseñar políticas más efectivas para su gestión.

Hay 1 comentarios
  • Este "similares" en el tercer párrafo, ¿puede ser una errata?

    > a que la comparación de trabajadores con características similares puede conducir a conclusiones erróneas

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