Cuatro cosas que no se cuentan sobre la despoblación rural

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De Fernando Collantes y Vicente Pinilla

Es agradable sentir que existe un debate público en torno a tu tema de investigación. Nuestros primeros trabajos sobre la despoblación rural (aquí y aquí), publicados aproximadamente entre 1995 y 2005, se beneficiaron del eco mediático de la despoblación rural en nuestras regiones, Aragón y Cantabria, y del éxito de la serie de televisión Un país en la mochila de José Antonio Labordeta. Pero esos ecos fueron apagándose y terminaron por casi desaparecer en medio del comprensible tsunami mediático provocado por la posterior crisis económica, durante la cual publicamos nuestro libro de síntesis sobre la despoblación de la España rural a lo largo del siglo XX (aquí). Hoy, en cambio, publicamos la versión en castellano de este libro (aquí), con datos actualizados hasta el presente, en un momento vibrante: la chispa creada por el periodista Sergio del Molino con su expresión “la España vacía” se ha propagado incansablemente por los más diversos canales de comunicación y ha activado una llamativa movilización social contra la despoblación (aquí y aquí), con la consiguiente respuesta por parte de los partidos políticos en sus programas electorales.

Otra cosa diferente es si el debate público está transcurriendo por el camino adecuado. Nos gustaría compartir con los lectores de Nada es Gratis cuatro puntos en los que la investigación disponible se distancia de los argumentos que con frecuencia oímos en el debate público.

(1) Los medios nos ofrecen una imagen muy pesimista de la demografía rural. Esto es conveniente para vender la historia, pero difícil de sostener con las cifras en la mano. Hubo una época de despoblación rural verdaderamente acelerada, allá por los años sesenta del siglo pasado, pero esta época ha pasado ya. Muchos espacios rurales han pasado a ganar población de nuevo y, en realidad, la España rural tomada en su conjunto tiene hoy más población que hace un cuarto de siglo. Es cierto que estos datos no deben malinterpretarse en clave triunfalista: tras la crisis económica, la España rural ha perdido en gran medida a los inmigrantes extranjeros como fuente de revitalización demográfica y continúa habiendo muchos pueblos (sobre todo en las comarcas más alejadas de ciudades de cierto tamaño) gravemente afectados por el envejecimiento y la despoblación. Pero es precisamente esa diversidad de experiencias y trayectorias lo que está quedando fuera del foco mediático. Las buenas noticias, que en este tema de la despoblación rural también las hay, sencillamente no son noticia.

(2) Una y otra vez recibimos el mensaje de que los problemas del medio rural son los problemas de los agricultores y ganaderos. Los propios políticos, en su respuesta a las movilizaciones sociales, han aludido frecuentemente a soluciones agropecuarias para el problema de la despoblación rural. El ministro de Agricultura en funciones, Luis Planas, fue la voz del gobierno en su respuesta a la multitudinaria manifestación de Madrid del pasado 31 de marzo. Y, cuando quiso plantear tres medidas concretas que el gobierno ya estaba llevando a cabo para hacer frente al problema, dos de ellas fueron la expansión de la agricultura de regadío y el fomento del relevo generacional dentro del sector agrario (aquí). El principal partido de la oposición, por su parte, contraatacó argumentando que la mejor garantía frente a la despoblación rural era negociar unos términos favorables para España dentro de la Política Agraria Común, como de hecho había ocurrido durante su última etapa en el gobierno (aquí).

Sin embargo, el desarrollo rural depende en gran medida de que las economías locales sean capaces de diversificarse hacia sectores diferentes del agrario. Por todas partes, tanto en España como en Europa, encontramos la misma pauta a lo largo del último par de siglos: las economías rurales que prevalecen, las que logran evitar la despoblación (o, cuando menos, mitigarla), son las que han sido capaces de ir más allá de la agricultura. Puede haber muchas formas de hacer esto. Los protagonistas pueden ser los empresarios locales o anónimos grupos empresariales llegados de otros lugares. La inversión puede canalizarse hacia industrias como la industria alimentaria o la industria de maquinaria eléctrica, o hacia el turismo y la construcción de segundas residencias. El resultado puede ser bonito, como una densa red de pymes involucradas en la transformación y comercialización de los productos agrarios locales, o feo, como una multinacional manufacturera plantada en medio de la nada. Pero lo que está claro es que la clave para evitar la despoblación no está en el sector agrario, sino más allá del mismo.

(3) A juzgar por lo que nos cuentan los medios, vivimos en un país desastroso que no podría contrastar más viva y amargamente con sus vecinos europeos. Raro es el reportaje que no aporta el testimonio de alguien explicando que en otros países europeos se han puesto en práctica medidas frente a la despoblación rural y que estas medidas han tenido éxito.

Pero, en realidad, ningún país europeo ha puesto en práctica políticas rurales capaces de frenar sustancialmente el vendaval de la despoblación cuando este ha azotado de veras. Por todas partes, y España no es una excepción, las tendencias demográficas del medio rural son resultado sobre todo de “fuerzas de mercado”. Muchas veces ha podido y puede haber políticas desfavorables para la población rural, pero estas políticas no explican las grandes tendencias. Como mucho, sirven para reforzarlas. Si la expresión “España vacía” nos parece algo imprecisa (al fin y al cabo, hay miles de conciudadanos viviendo en ella), la expresión “España vaciada” nos parece particularmente desafortunada porque transmite una imagen distorsionada, exageradamente politizada, de las causas de la despoblación. La inmensa mayoría de experiencias europeas de repoblación rural presentadas por los medios no se derivan de unas políticas supuestamente innovadoras, imaginativas y eficaces, ni mucho menos de la tan cacareada “voluntad política” a la que con tanta frecuencia hacen referencia quienes argumentan que el problema es que nuestro medio rural ha sido abandonado a su suerte por parte de una olvidadiza e insolidaria sociedad urbano-céntrica. No: la mayor parte de esas experiencias de renacimiento rural (en Escocia, en Francia, en Escandinavia) surgen de fuerzas de mercado, ya sea en el mercado laboral, en el mercado residencial o en ambos.

(4) Los medios con frecuencia nos transmiten la imagen de lo que el geógrafo Andrés Rodríguez-Pose llama “lugares que no importan” (aquí), con su corolario de que es necesario empezar a hacer algo al respecto ya. Pero nosotros, como Rodríguez-Pose, pensamos que el problema no ha sido tanto la falta de políticas como la falta de calidad en el diseño e implantación de dichas políticas. La Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural, basada en un planteamiento en nuestra opinión más prometedor que la mayor parte de los improvisados arbitrios que han venido proponiéndose en los últimos tiempos, ha sido objeto de una lamentable falta de aplicación. Nuestras Comunidades Autónomas, por su parte, han utilizado una y otra vez los fondos europeos de desarrollo rural para redoblar las subvenciones percibidas por los agricultores, lo cual es válido para Bruselas pero manifiestamente erróneo si el objetivo es fomentar un desarrollo genuino (sectorialmente diversificado) de la economía rural. Tampoco hemos sido capaces de aprovechar la oportunidad que planteó la incorporación de LEADER a la Política Agraria Común para fomentar un modo de gobernanza basado en las iniciativas y proyectos de las poblaciones locales, que remplace así a la dudosamente eficaz ingeniería social desde arriba. El gran reto que tenemos por delante no es pegar el puñetazo en la mesa para que todo cambie de una vez por todas, sino conseguir que los instrumentos legales con que ya contamos funcionen mejor de lo que lo han hecho hasta ahora.

Fernando Collantes es profesor titular de historia económica en la Universidad de Zaragoza e investigador asociado al CEDDAR (Centro de Estudios sobre Despoblación y Desarrollo de Áreas Rurales). Vicente Pinilla es catedrático de historia económica en la Universidad de Zaragoza y director del CEDDAR. Acaban de publicar el libro ¿Lugares que no importan? La despoblación de la España rural desde 1900 hasta el presente (Prensas Universitarias de Zaragoza, 2019).

Hay 68 comentarios
  • Hola, soy economista, no he estudiado en Harvard sino en Harvardcete, (UCLM, campus de Albacete) que para este caso casi mejor, en trabajado como Agente de Desarrollo Local, y Técnico de servicios de empleo en zonas rurales casi toda mi trayectoria profesional, excepto en la época más dura de la crisis que marche al exilio en Valencia.
    Krugman es el economista actual más conocido a nivel popular, pero sin embargo parece que nadie ha leído sus trabajos académicos. La despoblación tiene que ver con el crecimiento de las economías de escalas externas y el consiguiente aumento de la concentración en las grandes ciudades (más de 500.000 habitantes), las autovías y los trenes de alta velocidad, como demuestra Krugman, aumentan la concentración.
    Me cabrea el termino España vaciada inventado por los urbanitas que vienes a explicarme mi mundo, que explican cualquier cosa en base a lo que alguien pensó que Marx pensaría sobre situaciones que no existían en el siglo XIX.
    La gente en los pueblos cada vez vive mejor, pero cada vez son menos, a principios de los ochenta podías vivir con 10 hectáreas de secano en un pueblo de Cuenca, ahora necesitas quizás 200, fundamentalmente por dos razones, el tractor mínimamente eficiente podría tener 40 o 60 cv entonces, ahora 160 o 180, , y el aumento del nivel de vida, para ganar lo que un camarero o un albañil ahora necesitas cultivas muchas tierras, un tractor que cuesta lo que un Ferrari, seguir los cambios en la legislación Europea como un Aboga

    • Muchas gracias por tu comentario, Juan Julián. La visión que nosotros damos en el libro va en la línea de lo que tú apuntas. La historia del crecimiento económico español ha gravitado mucho en torno a esas economías externas que comentas, y de hecho en el libro echamos mano de la versión más simple del modelo de Krugman. Después de haber analizado con calma muchas de las políticas a las que con frecuencia se culpa de la despoblación, desde la construcción de pantanos hasta la privatización de montes comunales, nuestra conclusión es que los casos en los que la despoblación se explica directa y principalmente por estos factores son pocos. El problema práctico, que pensamos que la Ley para el Desarrollo Sostenible del Medio Rural al menos sí plantea bien, es cómo pueden las políticas públicas contribuir a generar esas economías externas en el ámbito rural (o favorecer la llegada a los espacios rurales de los estímulos derivados de aquellos distritos donde se originan tales economías externas). Al fin y al cabo, ya sabes que los modelos de nueva geografía económica pronto comenzaron a extender el planteamiento inicial de Krugman para modelizar situaciones en las que la zona “perdedora” logra fortalecerse…

  • Por simple curiosidad.
    ¿Porque es malo que la población en España y en otras partes del mundo se esté concentrando en ciudades y abandonando pueblos?

    • Por ninguna razón. Las quejas sobre despoblación se deben a apegos sentimentales y pérdida de relevancia económica de sectores tradicionales. Quienes quieran vivir en pueblos que encuentren soluciones por iniciativa propia.

      Esos pueblos estarán desiertos en invierno y a rebozar en verano, y lo opuesto en los pueblos de Pirineos. Igual que uno se pone abrigo en invierno y bikini en verano pero no las dos cosas cada día del año.

      • Equilibrio territorial. Te suena la palabreja?
        Pues mira, si España tuviera un adecuado equilibrio territorial, hoy el problema de Catalunya no existiria

        • Bueno el déficit fiscal fue la chispa que encendió el proceso catalán, gracias a las imágenes de autopistas vacías.

          En Valencia hay turismo, puerto, buen clima, por qué hay que conseguir que la gente vuelva a pongamos Rubielos de Mora? España es un país muy montañoso, seco, y sin recursos minerales. La agricultura y ganadería modernas pasan por granjas. Las ciudades dominan al interior en turismo.

    • Gracias por tu curiosidad, planteada de manera tan neutral. No puedo evitar pensar ahora en la situación que tanto Vicente como yo vivimos hace años cuando, en respectivas pruebas de habilitación, recibimos críticas bastante fuertes por parte de algunos miembros del tribunal por estar dedicando tanto esfuerzo a estudiar un “falso problema”. Te recomiendo que leas el artículo de Rodríguez-Pose que citamos, que parte de cómo uno de nuestros colegas de historia económica, Timothy Leunig, trató de explicar a la gente de Liverpool que el tiempo de su ciudad había pasado y que, si acaso, lo que las políticas públicas tenían que hacer era facilitar que la gente de lugares como Liverpool emigrara a Londres y al sudeste. Rodríguez-Pose se plantea después: ¿a quién puede sorprenderle entonces que los “lugares que no importan” estén convirtiéndose en feudos de un populismo que, al menos, no les da por perdidos a nivel retórico? Nosotros no llegamos tan lejos en nuestro análisis, pero sí pensamos que la cohesión territorial es un valor importante. A partir de cierto nivel de desarrollo, se vuelve valioso disponer de una gama amplia de estilos de vida disponibles. Los estudios de opinión muestran que, en caso de tener un margen de elección real, muchas personas eligirían vivir en el medio rural. No está de más contar con algunas políticas que permitan mejorar ese margen de elección. ¡No solo de eficiencia se nutre el progreso!

    • No soy economista ni entiendo mucho de este tema, pero se me ocurren varias razones. Por una parte, cuando una zona se despuebla, poco a poco se va quedando estancada económicamente porque emigran los jóvenes y se quedan los ancianos. Además, al haber tan poca población esa zona puede verse más olvidada por los poderes públicos, a la vez que muchos servicios privados van abandonando la zona por falta de rentabilidad (hay pueblos del interior donde ya no hay farmacia ni centro de salud). Además, es una pena que una comarca que podría ser habitable acabe estando “desaprovechada”. Por otra parte, las zonas urbanas con grandes densidades de población, tienen cada vez más problemas de tráfico, contaminación, delincuencia, y son más caras a causa de los gastos de vivienda y transporte entre otras cosas. Es un tema complicado del que supongo que se podría hablar muchísimo. Aunque yo, que soy de un pueblo de Extremadura, tiendo a creer que quizá tengan peor calidad de vida las zonas urbanas superpobladas de las llamadas zonas vacías.

      • Interesantísimo artículo e interesantes comentarios. Me permito salir un poco de la discusión estrictamente académica para comentar con humor (no exento de cierta verdad) que una de las razones por las que mucha gente emigra a la gran ciudad es por encontrar más oportunidades de… aparearse… Nadie lo confiesa, pero no deja ser una necesidad que es capaz de motivar decisiones tan trascendentales como la de emigrar…

    • No, no es mala en si misma la concentración y, efectivamente, a eso tiende históricamente la población: a concentrarse en las ciudadades (P. Krugman, dixt). No por azar y casualidad, a la riqueza (más exactamente el capital productivo, el capital de las empresas) le sucede el mismo capricho y fenómeno de la concentración. Si, aquí son los monopolios y oligopolios in crescendo imparable los que concentran la riqueza.Y sucede por el mismo motivo que al de la concentración en las ciudades: por las economías de escala (en costes e ingresos) que se generan. El problema no es la concentración, el problema es que sucede y que se hace con los perjudicados por ella: pueblos y empresas medianas y pequeñas. Que sucede con sus habitantes y su empleo. Los cuales PIERDEN su riqueza en la concentración. Hasta hoy, y sin señales de cambio alguno ni de partidos que quieran hacerlo, los tales afectados por la concentración lo llevan crudo. Mucho.

    • Sobre si es algo malo o no, es tan relativo que da para una tesis.
      Por ejemplo, preguntas relacionadas con el éxodo a grandes ciudades podrían ser:
      ¿Qué tiene de malo vivir en una megalópolis de 20 millones de habitantes? ¿Qué tiene de malo que se puedan perder aspectos culturales (trabajos, técnicas, folclore, conocimientos que se suponen ya no son “útiles”)? ¿Qué tiene de malo que tengamos menos contacto con la naturaleza?
      Muchas de estas preguntas solamente podrán ser respondidas con el tiempo. Pero todo depende de hacia dónde queramos caminar como sociedad.

    • Hola buenas, quería aportar mi grano de arena en este debate comentando que el problema radica en la desigualdad derivada del planteamiento territorial. El problema no es tanto que se “despueblen” estos espacios, sino que la gente no tenga las mismas posibilidades de estabilidad económica y social que quien vive en centros urbanos. Muchos apunta a la falta de infraestructuras y servicios que permita el fomento económico y social.
      De ahí que la idea de una “España vacía” pueda llevarnos a comprender el problema de una manera sesgada.
      Sin embargo también hay otros factores culturales que se deben tener en cuenta, como la pérdida de identidades locales, historia, etc.; aunque no hay que perder de vista que estos planteamientos a veces siguen la lógica divisoria de lo que se considera “rural” en oposición a lo “urbano” o incluso “moderno”. En ese sentido se debería dar más voz a la gente que vive en estos lugares e intentar, como comentan Collantes y Pinilla, observar esa “diversidad de experiencias y trayectorias que han quedado fuera del foco mediático”.

      Agradezco el debate tan interesante que se ha creado en esta página. Actualmente estoy desarrollando una investigación de máster sobre este tema y es muy positivo que exista tanto diálogo y gente preparada de la que tomar apuntes.
      Muchas gracias a los autores también, es una gran noticia que hayan reeditado su libro Peaceful Surrender ya que el anterior es difícil (y caro) de conseguir.

      Habla un antropólogo, un saludo!

      • “el problema radica en la desigualdad derivada del planteamiento territorial” … o el arte de usar las palabras para no decir nada.

        ¿Qué problema?
        ¿Qué desigualdad?
        ¿Qué planteamiento?

        • Gracias Jose Pablo por responder. Te invito a que mires el trabajo de algunos geógrafos como Jose María Delgado o María Mercedes Molina, entre otros, que de lejos tienen más conocimiento y lo explican en detalle.
          Mirando tus otros comentarios creo que tu argumento gira en torno a que el hecho de que la gente pueda elegir irse de los pueblos no es un problema. Estoy de acuerdo hasta cierto punto y entiendo tu crítica. De alguna forma hay una especie de miedo a que los pueblos se abandonen, una especie de conservacionismo urbanita ¿Queremos que la gente no se vaya de los pueblos para que no desaparezca un modo de vida que no nos concierne? Puede ser.

          Ahora bien, eso no quita que, como tú también has dicho, la gente que vive en determinadas poblaciones piense que pueda ser “insoportable vivir allí comparado con la ciudad” (aunque esto no tiene por qué ser lo que piense la mayoría de gente).
          Indudablemente es un problema de desigualdad, no tiene sentido que una persona por vivir en un pueblo no tenga el mismo acceso al servicio sanitario que otra que viva en un centro urbano. Y aún así, este es un razonamiento entre otros muchos que se pueden hacer de manera constructiva, aunque siempre sea más complejo. Lo que está claro es que hay que dejar de hablar en tercera persona e ir a estos lugares para entender cómo vive la gente la pérdida de población en los pueblos. Entender cuáles son sus expectativas, sus necesidades y por supuesto, sus propias soluciones.

          • Por supuesto que “tiene sentido que una persona por vivir en un pueblo no tenga el mismo acceso al servicio sanitario … “. Precisamente porque tiene sentido sucede. Es simplemente mucho más caro dar “servicio sanitario” (o cualquier otro) a alguien en un pueblo. De hecho la pregunta es exactamente la contraría:

            ¿Por qué razón la gente que vive en las ciudades debe “subvencionar a la fuerza” (no voluntariamente) a quien vive en los pueblos?. Porque eso es de lo que hablamos cuando hablamos de “proveer servicios iguales” o de “fondos de la PAC” o del “acceso a internet”…

            No se me ocurre ninguna. La razón de que habitar los pueblos es “diversidad” y debe ser preservada”, no se sostiene:

            * Es razón tipo “zoo”: como “los de los pueblos son exóticos” tiene sentido “obligar” a los de la ciudad a pagar una “entrada” para que lo “exótico” no se pierda y pueda ser visitado

            * También son “diversos” los emigrantes a la ciudad, y los hijos de emigrantes a la ciudad, y las madres solteras con hijos con actividades por las tardes y los niños que tocan el piano … por definición todos somos “diversos”. ¿subvencionamos a todos? .. ¿o solo a los que decida el CNSA (“Comite Nacional de Subvenciones Adecuadas”)?

            Si vivir en un pueblo es peor, entonces ¿para que subvencionar a alguien para hacer algo peor para él?.

            Si vivir en un pueblo es mejor, entonces es ya suficiente recompensa hacerlo y a quien habría que subvencionar es al pobre que se ve obligado a emigrar a la ciudad

            • Porque la gente que vive en los pueblos son ciudadanos españoles igual que el resto y pagan impuestos para recibir sus servicios.

              Obviamente los servicios recibidos en zonas rurales nunca podrán ser como en las ciudades, pero una cosa es que sean peores y otra cosa es que sean lamentables o inexistentes hasta el punto de “obligarte” a irte a vivir a la ciudad.

              Entonces la pregunta podría plantearse al revés, ¿por qué tendrían los habitantes de las zonas rurales que subvencionar a los de las ciudades?

              • Entonces como yo soy español y pago mis impuestos, si decido irme a vivir en la punta del Mulhacen o a Perejil el Estado tiene que construir un hospital y una escuela en esos sitios para “darme los servicios que merezco como español contribuyente”.

                El BOE no es una varita mágica aunque el pensamiento mítico (o sea “pre-lógico”) de nuestros días así parezca creerlo.

                Los habitantes de las ciudades pagan más impuestos per cápita que los rurales (porque ganan más) y gastan menos en servicios per cápita (por las famosas economías de escala). Haga usted las matemáticas y verá quien subvenciona a quien. Tal vez piense usted que habría que subvencionarles aún más de lo que hacemos. Yo no entiendo por qué.

            • Gracias por tu aportación, José Pablo. Lo que con gracia llamas CNSA es sin embargo algo que de facto debe existir, salvo que uno crea que el único criterio de evaluación del desempeño socioeconómico es la eficiencia. Eso sí: es clave que esas decisiones surjan de una deliberación democrática, más que de la opinión “autorizada” de “expertos”. En España, todo apunta a que la ciudadanía sí considera un problema la despoblación rural. Si de todos modos esto no es suficiente, te recomiendo el artículo de Rodríguez-Pose que citamos en el post, que precisamente parte de los problemas prácticos que plantean argumentos como los que has planteado en una era de ascenso del populismo.

              • Fernando, gracias por su respuesta. Los argumentos de que algo tiene sentido porque “todo apunta a que lo defiende una mayoría de ciudadanos” son más de carácter demoscópico que científico.

                Y las posiciones que “defienden una mayoría de ciudadanos” son de carácter normativo. Poco que decir a eso. Cada uno tiene su norma. Pero desde el punto de vista positivo (que es lo que deben aportar los expertos):

                a) Estamos de acuerdo en que las políticas rurales son ineficientes.

                b) la “opinión de la mayoría” (si es que existe) se basa en una ignorancia de los costes asociados a esa política digna del mejor Bastiat

                c)la “opinión de la mayoría” se basa en una sobrevaloración manifiesta de la capacidad del Estado y sus expertos para conseguir los objetivos (normativos) establecidos a través de políticas concretas (el triunfo de la esperanza sobre la experiencia). Lo más probable es que sean ineficaces y solo generen una “clientela” que luego “obligue” políticamente a perpetuarlas (como usted señala en su nueva entrada que ha sucedido con la PAC o con las políticas de desarrollo industrial de la Bahía de Cadiz o los fondos Miner o …)

                La contribución “científica” no es insistir en argumentos manifiestamente normativos, si no en ilustrar los costes de b) y las posibilidades de éxito de c) antes de que el Soberano tome una decisión sobre “subvenciones”. El argumento “proteger el medio rural es positivo porque la mayoría piensa que es positivo” tiene mucho de tautológico.

      • Muchas gracias a ti, Juan. Ya sabemos dónde encontrarnos si en algún momento necesitas nuestra ayuda. Buena suerte con tu investigación.

  • Algo tan complejo requiere de muchas disciplinas para su análisis. Desde el punto de vista de la historia de la educación en nuestro país sí se puede hablar de un “vaciamiento”, de una voluntad política de empujar a la población rural hacia la urbe articulada a través de las escuelas rurales. Por un lado sirvieron para transmitir y consolidar un mensaje extraordinariamente negativo hacia los pueblos y sus habitantes, que contrastó con el ensalzamiento institucional que lo rural vivió hasta los 50. Por otro lado se denostó a la propia escuela rural por su supuesta inferioridad educativa respecto de la urbana. Los efectos de ambas cuestiones, perfectamente visibles aún hoy día en forma de prejuicios contrarios a la realidad objetiva, representan un impedimento a resolver a la hora de atraer nuevos habitantes o de promover el regreso de los emigrados.

    Las razones por las que el desarrollo se concentró tanto en unos lugares y no en otros y de tan diversas maneras en nuestro país es harina de otro costal, pero tampoco afirmaría taxativamente que los criterios fueron ajenos a lo político y a la voluntad política.

    • Tienes razón, Pablo, gracias por tu comentario. Nosotros en el libro estudiamos el tema educativo y cultural que comentas. No cabe duda de que, durante el desarrollismo, triunfaron unas imágenes culturales, en parte modeladas por la política, claramente sesgadas en contra de lo rural, y que esto reforzó el efecto de las causas puramente materiales de la despoblación. Otra cosa es si, incluso con un entorno cultural y político diferente, habría sido fácil garantizar el acceso de los adolescentes de no pocas comarcas a la educación secundaria en sus propios pueblos o si, por el contrario, una cierta “concentración escolar” era difícil de evitar dada la estructura de poblamiento con que España se plantó en la década de 1960.

      • Gracias por tu respuesta. De acuerdo en cada punto. Afortunadamente el acceso a la educación en España ha avanzado considerablemente en consonancia con el desarrollo y aplicación de la Constitución.

        Desafortunadamente este desarrollo nunca ha sido acompañado de una reparación del prestigio arrebatado a la educación rural. Difícilmente volverán los emigrados ni aparecerán nuevas familias si con ello creen poner en riesgo la educación y el futuro de sus hijos. En el imaginario colectivo, tanto urbano como rural, persisten los prejuicios transmitidos en el pasado, pese a que la realidad objetiva (PISA y otros en nuestros días) siga situando a la educación rural en igualdad respecto a la urbana en términos absolutos, y por encima en términos relativos.

        El éxodo se entiende mejor cuando se añade al relato lo acontecido en las aulas de entonces. Desde lo educativo se contribuyó decisivamente a la destrucción y desde lo educativo se deberá hoy por tanto contribuir para la recuperación.

  • Acá en América Latina sucede lo mismo, con la desvalorización de la producción primaria, el cambio climático, la escasez de agua de riego, elevados impuestos a la tierra y producción/exportación, las políticas económicas de los gobiernos de turno, planes de asistencia social, bla, bla, bla. Empiezan las migraciones internas, se llenan los suburbios de las ciudades (que cada vez son más grandes) y los adultos mayores se quedan en la zona rural, subsistiendo con lo poco que hacen, el amor por la tierra se va perdiendo de apoco. La vida rural es más hermosa y sana.-

  • Decir que la población de la España en su conjunto ha aumentado en los últimos 25 años no es cierto, o no lo es si incluimos en ella a la parte de la provincia de Guadalajara adyacente a Madrid. La provincia de Guadalajara ha aumentado en 25 años en 100.000 personas su población, más de un 60%, pero ello es debido a que se ha convertido en una ciudad satélite de Madrid con la mejora de las comunicaciones.

  • Desconozco en qué experiencias se basa el autor del post emana un desconocimiento cosmopolita sobre los pueblos bastante grande.

    El punto 1, en primer lugar la despoblación continua produciéndose, como lleva produciéndose desde los años 50, no al mismo ritmo, porque un pueblo que tenía de aquellas 6000 habitantes hoy tiene 2000 y una media de edad de 50 años, en números absolutos no son tantos, si sacamos porcentajes la cosa sigue igual. Yo mismo estudié en ese pueblo en los 80, éramos 90 alumnos, se quedaron 15.

    El punto 2, por fin algo que tiene sentido, la economía del rural debe de ampliarse a distintos sectores a través de incentivos fiscales.

    El punto 3, en vez de ver “los medios”, o un documental de Netflix, váyase a vivir un año a un pueblo, asi, tal vez podrá cambiar su punto de vista centrista y capitalino.

    El punto 4, otra patinada, se incentivó la creación de grandes cabañas y fincas, para ser competitivos, sino las cuentas no salen y los alimentos.ecologicos que pueden permitir una superficie inferior, es cosa de hace 10 años.

    Por favor, infórmese, porque desde luego, nada es gratis, hasta el conocimiento.

    Un saludo

    • Antes de los años 50. A partir de 1920 ya se empezó a perder población.
      Los pueblos agrícolas de España en esa época, estaban superpoblados, y eso es muy importante. Hoy la agricultura en Aragon no ocupa a más del 5 % de la mano de obra
      Veamos, el fenómeno es inevitable, y solo los pueblos con resiliencia demográfica, tienen posibilidades de revertir la tendencia.
      Los que luchamos contra la despoblacion del mundo rural, lo sabemos perfectamente, pero no queremos tirar la toalla.
      No luchamos contra un imposible, queremos mejorar día a día la calidad de vida de nuestros vecinos para equilibrarnos con el medio urbano y lograr resultados a largo plazo.
      Ahora bien, el mundo urbano tiene una deuda con el mundo rural, a quien ha estado expoliando, su gente, sus ahorros y sus recursos naturales.

    • Carrabouxo: Te animamos a que leas nuestro libro. Igual no hemos sabido expresarnos bien en este post. Por supuesto que la despoblación continúa, pero ojo con perder de vista los espacios rurales que vienen recuperando población y las enseñanzas que encierran.

      • Creo que, en efecto, no os habéis expresado muy bien porque, yo al menos, tras leer,

        “Hubo una época de despoblación rural verdaderamente acelerada, allá por los años sesenta del siglo pasado, pero esta época ha pasado ya. Muchos espacios rurales han pasado a ganar población de nuevo y, en realidad, la España rural tomada en su conjunto tiene hoy más población que hace un cuarto de siglo”

        deduzco que la despoblación se ha detenido, al menos en la mayor parte del territorio.

        • Theo: Gracias. Deduces casi bien, creo. Lo que pasa es que la recuperación demográfica viene liderada por unas pocas comarcas, mientras que muchas otras tienen resultados peores. Es decir , es al mismo tiempo cierto que la despoblación no es tan masiva ni rápida como era, y que sin embargo no se ha detenido en una parte considerable del medio rural.

  • Nos olvidamos de la “población vinculada” que es la que mantiene con sus impuestos muchos pueblos. Estoy de acuerdo en renovarse, el mundo rural no puede vivir solo de agricultura y ganaderia.
    Granja de cerdos dos puestos de trabajo y huida de la población vinculada. Bar restaurante tres puestos de trabajo y centro de reunión de esta población. Elijan

    • No es cuestión elegir una u otra, las dos opciones son buenas. La granja de cerdos crea empleos directos desde que se pone el primer ladrillo, y La Administración cobra tasas por todo al ingeniero que la diseña, al constructor, al que fabrica los piensos, a los camioneros que los transportan, los veterinarios, el matadero, la industria de la carne, y al consumidor que sabe de donde proviene su alimento cuando va a un restaurante que no sea chino, a comer.
      El restaurante también hace falta para que todos los que he citado anteriormente vayan a cenar de vez en cuando.

  • Hola, el artículo me ha encantado, sinceramente. Como vecina de un pueblo de menos de 40 habitantes confirmo que se vive muy bien aquí, solo que ni ayudas LEADER para ayuntamientos, que somos todos, ni FITE están planteadas para ayudar a nadie mientras fijen plazos imposibles de cumplir por autónomos que tienen su negocio en los pueblos, ahora están “dando” las ayudas del 2017, así que en los pueblos tenemos iniciativa pero los milagros, en Lourdes.

  • Muy interesante que estas cosas se renueven, y lleguen a la economía. Porque sí se dice, pero no sé leen, que es distinto. Los sociólogos Mario Gaviria y Artemio Baigorri lo escribían en los años 70, 80 y 90 del siglo XX.

  • Muchos de los análisis sobre despoblamiento rural en España están sesgados porque no consideran la verdadera distribución espacial de la población al utilizar como referencia densidades de población por unidades administrativas que ocultan la verdadera realidad. El caso de España es MUY diferente al del resto de Europa. España está vacía https://www.citymetric.com/fabric/nine-things-we-learned-population-density-map-europe-3775
    La mayor parte del territorio es irrecuperable demográficamente porque no existe una cohesión del territorio a nivel microespacial. Circunscribir los problemas a las diferencias entre Extremadura y Cataluña es un grave error cuando hay, por ejemplo, pueblos en Guadalajara que van a morir en diez años cuando se encuentran a apenas 100km de la Puerta del Sol por autopista. Mientras, en otros puntos de la provincia a solo 50 km de distancia y por la misma carretera, se crean centros logísticos y nuevas urbanizaciones de lujo.
    Tenemos que indagar en las causas de que en la Península Ibérica solo la mitad norte de Portugal y, quizás, la parte costera de Cataluña tengan una distribución demográfica con parámetros europeos.

    • Fede: Muchas gracias por tu aportación. Tienes toda la razón en que los indicadores que utilicemos afectan a la argumentación. En efecto, España tiene una estructura de poblamiento extremadamente dispersa y fragmentada, que hizo prácticamente inviable la continuidad de cientos de pequeños pueblos y todavía hoy complica mucho las cosas en numerosas comarcas. Ahora bien, ya antes de la urbanización y la despoblación, nuestras densidades de población rurales eran mucho más bajas que la media europea. A efectos prácticos, el tema es si puede frenarse la despoblación de las comarcas rurales y mi opinión, que quizá compartas, es clave centrarse en cabeceras comarcales y pueblos de cierto tamaño y confiar en que, como ya ha ocurrido en muchas de las zonas que han recuperado población en el último cuarto de siglo, esto termine teniendo cierto rebote positivo sobre los pueblos pequeños y accesibles de las comarcas.

  • Buenas a todos, es un magnífico post, pero en mi opinión creo que la respuesta de como deben de rehacer sus tejidos económicos no se encuentran ni en el BOE ni en los planes de la Unión Europea.

    A mi juicio existen muchos prejuicios, la mayoría de ellos se debe a las carencias existentes en los tejidos logísticos y las redes de abastecimiento de suministros esenciales. Dicho lo cual, ese hándicap puede ser salvable con energías renovables (aprovechando la cumbre del clima no vendría mal), en cuanto a las comunicaciones, se demuestra que la España Rural tiene carencias debido en gran medida a que los gigantes de las telecomunicaciones no ven incentivos económicos a medio plazo, lo cual les genera un círculo vicioso para entrar en sectores tecnológicos o que requieran de un ancho de banda superior… Raro será ver a un youtuber o gamer profesional que sea de una población inferior a 500 habitantes.

    Lo que diga Paul Krugman, me trae sin cuidado, ya que también dijo que el iPhone nos haría salir de la crisis (se encuentra en su post del Wall Street Journal, y lo escribió hace más de 5 años).

    Creo que las economías rurales deben de salir de su zona de confort, e ir dejando de lado agricultura y turismo rural como principal apuesta. Debe de re inventarse apoyándose en estos sectores con nuevos productos y servicios, pero que la demanda sea procedente de espacios urbanos, con lo cual pueden hacer que el capital humano que se requiera pueda trasladarse al medio rural.

    • Muchas gracias, Fran. Creo que tienes razón, y que en cierta forma la historia que nosotros analizamos en el libro así lo demuestra, cuando señalas la importancia de la demanda urbana (y, añadiría yo, también de los capitales e iniciativas empresariales urbanas) en el desarrollo rural. Quizá sí tenga una opinión algo diferente al respecto de que esta demanda e iniciativas urbanas puedan alcanzar fácilmente (“sin BOE”) una parte considerable de nuestro medio rural que se encuentra demasiado lejos de ciudades de cierto tamaño, factor que en nuestro libro identificamos como clave de por qué su despoblación ha sido más extrema que la de otros espacios rurales. Pero, sí, rompamos una lanza en favor de un desarrollo rural integrado en sistemas urbanos más amplios.

  • Advierto la manía de “encontrar maneras de que los pueblos sean de nuevo productivos”. Este es el enfoque equivocado.

    El formidable aumento de la productividad en la obtención de alimentos, ocurrido en el siglo XX, hace que, en efecto, trabajar en el campo ya no sea necesario, salvo en zonas muy concretas, por su alta productividad. Pero es que algo similar, salvando ciertas distancias, ha ocurrido con la industria.

    Las sociedades avanzadas, llegadas a este punto, deberían haber dado el siguiente paso racional, que es desarrollar un sector de servicios moderado (sin ‘bullshit jobs’, o sea, creando ahí solo los puestos de trabajo verdaderamente necesarios) y dedicar a un ocio enriquecedor todo el tiempo sobrante.

    Una buena parte del sector servicios implica solo manejar información, o sea, se trata de actividad que se puede ejercer desde cualquier parte.

    El ocio también se puede cultivar en cualquier parte, y, para muchas personas, preferiblemente en lugares tranquilos y fáciles, como un pueblo pequeño.

    Si fuéramos racionales, el regreso masivo a los pueblos sería el principal fenómeno social de nuestra época.

    • De donde se sigue, puesto que no lo es, que no somos racionales.

      Yo siempre que alguien quiere obligar a los demás (sea estilo “Eighteenth Amendment” o sea a la Thaler) a ser “racionales” me pongo a temblar.

      La gente se va de los pueblos porque es insoportable vivir allí comparado con la ciudad. Y más si tienes entre 16 y, pongamos, 30 años que respirar primaveras y perseguir atardeceres no es, precisamente, lo que te pone.

      Y no se acaba de entender que ganan personas que habitan las ciudades “empujando” a los demás a vivir en el pueblo: las familias que en la gran inmigración de los 50-60s se quedaron en el pueblo siguen en su mayor parte, dos generaciones después, con un modelo de vida “de subsistencia” (económica e intelectual) muy similar al que tenían sus abuelos. Los descendientes de los que emigraron a las ciudades conforman las élites políticas, económicas y académicas. Sin duda hay un efecto relevante de “autoselección”, pero con todo y con eso.

      Si lo que preocupa es “ayudar a las personas a desarrollar su potencial”, facilitarles el quedarse en el pueblo es, con diferencia, lo peor que se les puede hacer.

      Efectivamente la despoblación rural es mucho más una solución que un problema.

      • Si a los economistas les importase el “bienestar” (que no el “desarrollo”), deberían preocuparse no de “desarrollar” a las personas, sino de que cada una pudiera elegir lo que más le gustara: el estrés y el bullicio de la ciudad, o la tranquilidad y falta de carestía del campo.

        Está usted equivocado: muchísima gente elegiría lo segundo, como prueba el fenómeno de la abundante huida a pueblos dormitorio satélites de las grandes ciudades (o sea un sucedáneo de la vida rural) registrado en las últimas décadas.

        Mi comentario anterior no sugería obligar a nadie a irse al campo si prefiere estar en la ciudad; declaraba que no hay ninguna necesidad material de obligar a las personas a ejercer en la ciudad ‘bullshit jobs’, ni tampoco ‘non-bullshit jobs’ del sector servicios que se pueden ejercer desde cualquier parte gracias a las telecomunicaciones.

        Como tantos otros, este tema nos remite al principal hecho social de nuestro tiempo, que no es otro que el pseudo-trabajo (y el pseudo-PIB asociado).

        • Los economistas, les importe lo que les importe, son incapaces de hacer que las personas puedan “elegir lo que les gustara”. “Gustar” es razón insuficiente para ganarse el derecho a “elegir” por la razón, sencilla, de que los “gustos” coinciden con una frecuencia que no pueden satisfacer las “disponibilidades”.

          Para “BS jobs” los del minero tosiendo silicosis, los del pastor no poeta paseando soledades, los del gallego que caminaba a segar a Castilla con la sombra tórrida de las gavillas por único placer, los del porquero sin Agamenón, los de las miserias circulares de la trilla en las eras … y tantos otros que conformaban la realidad rural afortunadamente abandonada.

          Lo “rural” solo tiene sentido para los parásitos que viven de machear narrativas de votantes urbanos que buscan sentirse bien, con dinero confiscado a otros. Cualquier narrativa es buena para transferir fondos.

          Y la huida a los, nada rurales, pueblos dormitorio se debe a lo que las prohibiciones de construir y los tipos de interés negativos (a lo que se dedican los parásitos cuando no están asignando fondos a las narrativas) han logrado hacer con el precio de algunos activos. No a ningún afán de pasar días repetidos cuidando cabras montaraces.

        • Es decir, que la historia de Europa desde la Baja Edad Media es, literalmente, una historia de crecimiento urbano y usted está convencido de que lo que en realidad quiere la gente es irse al campo, pero que no le dejan. ¿Es así?

          • No conozco a toda “la gente”, pero sí, conozco a muchos que se irían a un pueblo, si pudieran.

            No queremos reconocer que la revolución técnica de los siglos XIX y XX divide en dos la historia de la humanidad. Antes de esa revolución, la vida humana se desarrollaba bajo el signo de la escasez. Actualmente, recurrir a la escasez para explicar fenómenos sociales es como querer dar razón de los cientos de personas que practican la carrera deportiva en las ciudades arguyendo que huyen de leones.

            Si la tendencia a vivir en megalópolis no solo no ha disminuido en el mundo desarrollado, sino que incluso parece haber aumentado en los últimos años, no puede ser debido a causas económicas, en el sentido tradicional del término (economía = ciencia de la escasez), sino a otras razones.

            Dichas razones se resumen en dos: (1) el paradigma social vigente determina que todo el que carece de un capital debe ganarse la vida a través de un salario, (2) la mayoría de las oportunidades de obtener un salario se encuentran en la ciudad.

            Pero ninguna de estas dos premisas tiene nada que ver con la escasez. Si superásemos (1) repartiendo de otra manera el capital o entregando una renta universal A CAMBIO DE NO HACER NADA a todos los que ahora obtienen salarios en la ciudad por trabajos fútiles, muchos no solo se verían libres de trabajos que les desagradan, sino que podrían irse a vivir a lugares que les gustasen más. Habríamos aumentado el bienestar general sin aumentar la escasez.

            • Me parece perfecto, a mí me encantaría recibir una renta y vivir dedicado a mis hobbies, pero para ello necesitaríamos un nuevo contrato social, algo que excede con mucho el debate planteado en este artículo.

              • Estamos de acuerdo, pero es que, en el análisis de los hechos sociales, o se adopta una perspectiva amplia o no se ve nada (que merezca la pena).

                Gracias por leerme y, sobre todo, gracias por entenderme.

            • El Estado no puede “entregar” nada porque no produce nada. Lo que puede hacer es confiscar parte de su producción a los que producen y entregársela a los que NO HACEN NADA. Lo que es más que dudoso es que eso no tenga ningún efecto sobre la “escasez”.

              En cualquier caso, eso es ya lo que hace el Estado. La “renta universal 1.0” la paga en “servicios” (educación, sanidad, carreteras, …) y entregándosela a los que NO HACEN NADA y tienen más de 65 años.

              Esa “renta universal 1.0”:

              – Ya es más alta per cápita para los habitantes de los pueblos que para los de la ciudad
              – Ya consume cerca del 50% de todos los bienes y servicios que producen los ciudadanos

              Y aún no sirve para parar el abandono rural.

              Entiendo que usted plantea una “renta universal 2.0” adicional a la 1.0 existente. Para tener el efecto que usted pretende debe ser a) substancial en cantidad y b) estar aún más “volcada” hacia lo rural que la 1.0

              Extraer, pongamos, un 25% adicional a los que producen para dársela a los que NO HACEN NADA y “asignarla” a donde resulta menos productiva (lo rural) ¿de verdad piensa que no tendrá efecto sobre la escasez?. “Insistir en el error” y “wishful thinking” son conceptos que se vienen a la cabeza.

              • Jose Pablo:

                Con todos los respetos, creo que no ha entendido el concepto de RBU.

                La RBU es una asignación plana, para todos lo mismo. No está “volcada” hacia lo rural, pues se entrega a cada ciudadano sin condiciones y sin presuponer si va a vivir en la ciudad o en el campo.

                Dejando de lado gustos personales, no es que el vaciamiento del mundo rural sea un problema en sí mismo, sino que en las ciudades impera la carestía, por motivos obvios. Con una RBU muy modesta, una persona que no tenga grandes ambiciones podría optar por vivir sin trabajar a condición de hacerlo en un pueblo.

                La RBU no es más que el reconocimiento político de que la humanidad dejó atrás la escasez, de modo que la manutención deja de estar ligada necesariamente al trabajo.

                Lógicamente, dado que una cierta cantidad de trabajo sigue siendo necesaria, la RBU no se puede establecer en cualquier cuantía que se nos ocurra, sino en una lo bastante baja para que un suficiente número de personas siga teniendo interés en trabajar (para ganar más dinero y poder gozar de un nivel mayor de consumo). Claro está que los incentivos son todavía fundamentales, hasta el día en que el 100% de la producción esté mecanizada.

                Agradezco al moderador que siga publicando nuestros comentarios, pese a que hemos excedido la cuota establecida.

              • Jaime, precisamente mi argumento es que, no estando la RBU volcada en lo rural, no aporta nada a esta entrada. Es, desde el cariño, un argumento en la línea de “como el Pisuerga pasa por Valladolid, esta es mi política fiscal favorita”. La “RBU 1.0” sí está volcada en lo rural y no ha conseguido nada.

                Entiendo perfectamente la RBU (“Give People Money” de Annie Lowrey es mi lectura actual, hasta ahora defraudante). Una RBU+impuesto al consumo en la línea que proponen Mankiw y Cochrane es, con mucha diferencia, mi política fiscal favorita (aquí solo Javier Ferri se atreve a defenderla tímidamente).

                Agradecer al moderador la paciencia con nosotros que alcanza ya dimensiones épicas.

              • ‘’El Estado no puede “entregar” nada porque no produce nada.’’

                Este tipo de ideas, sobre conceptos básicos, descubre el valor del liberalismo: POCO e INVALIDO CONOCIMIENTO ECONOMICO ¿Qué es lo que no entiende de que, además de la producción privada (producida por X nº de socios en empresas mercantiles y que surge solo de modo mayoritario a partir el siglo XIX), también ha existido una producción individual (esclavismo y feudalismo hasta el siglo XVIII y restos hoy de ella en la producción de autónomos, etc …)?- Y de que hoy existe también una producción social, pública y común (desde el siglo XX principalmente aunque iniciada antes. En sectores por supuesto productivos-es decir, necesarios a día de hoy para la generación de riqueza- tales como educación, sanidad, justicia, seguridad, defensa, etc…). En otras palabras, el liberalismo es un conocimiento estancado, paralizado y empantanado…. en el siglo XIX. Todo ello dicho con la mayor cortesía, desde luego.

      • José Pablo: Gracias por tu aportación. Tienes mucha razón cuando señalas que la despoblación rural ha tenido mucho de solución a determinados problemas. Nosotros en el libro también señalamos, por ejemplo, su efecto positivo sobre la desigualdad dentro de las sociedades rurales “tradicionales”. Otra cosa es, trayendo el debate al presente, que, como plantean algunos trabajos de sociólogos, puede haber gente (de un perfil ya muy distinto al que tú señalas en tu post) que potencialmente estaría interesada en residir en el medio rural y, sin embargo, no se dan las condiciones para que se lancen a ello.

        • Fernando, muchas gracias por su respuesta.

          El considerar la despoblación un problema es, además, una posición manifiestamente antropocéntrica. Se trata, en realidad, de una “repoblación” y es positiva para el 99.99% de las especies del planeta. Para casi todas menos una; con la mala suerte de que esa “una” es la única que escribe artículos y decide subvenciones.

          https://www.economist.com/asia/2019/07/11/in-japan-fewer-people-means-more-animals

          El argumento de que “hay que adoptar políticas rurales “subvencionadoras” porque hay “gente potencialmente interesada en ello y no se dan las condiciones” es insustancial. También hay gente “potencialmente interesada” en pasar los inviernos en Miami (seguramente más que en irse al campo) y no por eso deberíamos subvencionar esos traslados (¿o opina usted que si?). También hay gente “potencialmente interesada” en conducir Ferraris ¿lo subvencionamos?.

          Conviene también recordar que “madurar” es “aprender a distinguir entre lo que nos gusta y lo que nos gustaría que nos gustase”. Gran parte del “potencial interés” en irse al campo es “inmaduro”. Entiendo que a los que al segundo año estén hartos de nieve (como el argentino en Canadá) y echen de menos las conferencias, el restaurante hindú, el cine, los cafés con cristaleras al invierno, el transporte urbano de madrugada, la posibilidad de ligar con un desconocido, etc… y vuelvan a la ciudad tendrán, al menos, que devolver las subvenciones ¿no?

  • Sólo quería comentar, que desde el punto de vista histórico los fenómenos de concentración urbana han sido frecuentes desde hace miles de años… Y muchas veces venían seguidos de épocas de “ruralización”. Aunque pensemos que nuestro sistema actual parece eterno, no hay que olvidar estos vaivenes históricos. Y en ese sentido, no es un fenómeno nuevo, aunque ahora tenemos nuevas herramientas para afrontarlo.

  • Buenos días,
    El artículo está bien. Coincido con gran parte de lo comentado, con otra no tanto, al igual que con algunas respuestas y comentarios en este post.

    Desde mi punto de vista el artículo peca de una visión fundamentalmente económica o economicista y, aunque muy importante, excluye o minusvalora otros aspectos (geográficos, culturales, medioambientales, etc) que también tienen una gran importancia.

    Desde mi punto de vista el término “la España vacía” así como ” la España vaciada” son términos aceptables. Sobre todo de denuncia de una situación cuánto menos preocupante, y hay que tomarla como lo que son, términos de denuncia. El primero denuncia la situación de regiones como la serranía de Cuenca, áreas de Teruel, Soria, Zamora, Palencia, parte de éstas conocida como la Laponia española. Del segundo término yo interpreto una denuncia a los motivos de la despoblación, pues “vaciada” implica que alguien/algo ha actuado para que ocurra.

    Y efectivamente así ha sido. Pues durante muchos años los servicios que se han tenido en el medio rural no han sido ni mucho menos similares al medio urbano. ¿Cuántas familias se han tenido que desplazar de su pueblo a otro más grande por haber cerrado el colegio? (Por ejemplo). ¿Y respecto a los centros de salud? ¿Y qué hay de la desaparición de líneas de ferrocarril tras la implantación del AVE?¿Y las comunicaciones públicas por carretera? ¿Son rápidas, son asequibles? ¿Y si hablamos de cuántos pueblos han desaparecido tras la constru

  • ¿Y si hablamos de cuántos pueblos han desaparecido tras la construcción de autovías, carreteras de circunvalación, etc, que evitan el tráfico y las paradas de muchos viajeros con lo que conlleva eso para la economía?.

    Así podríamos seguir un buen rato. Por lo que el término la “España vaciada” yo lo considero válido desde el punto de vista de denuncia.

    Mientras que la España vacía conlleva un mensaje de alerta desde el punto de vista demográfico. Y no hay más que ver las pirámides de población de estos territorios.

    Desde luego que la despoblación afecta a muchos más aspectos de lo que la gente piensa. El medioambiente, aunque parezca paradójico, se resiente. Los paisajes rurales. La cultura se resiente. La cultura rural, con tanta sabiduría heredada se pierde.

    Y, siguiendo los argumentos de la escuela sociológica de Chicago de estudios comparativos sociedad urbana/rural, podemos afirmar, por lo general, la sociedad urbana es mucho más consumista, con menos contacto con el medioambiente y por tanto con menos concienciación. Etc etc.

    Podríamos seguir ahondando en muchos temas que afectan al medio rural, pero como siempre va a primar el punto de vista económico (hasta ahora como bien decís con subvenciones y demás políticas de la PAC), estamos condenados a que la dando sangría poblacional continúe. Eso sí, maquillando los datos con los procesos de suburbanización y rururbanización que no es otra cosa que trasladar la ciudad al medio rural. Otro cantar. Salud. Un eógrafo.

    • Y si la vida rural es tan sana, querido geógrafo, ¿qué hace usted viviendo en la ciudad? ¿No será que cuando hablamos de menos consumismo en realidad nos referimos a falta de recursos? Porque la vida moderna (lea usted a Edward Glaeser) tiene menos impacto medioambiental con las sinergias y economías de escala que se generan en las aglomeraciones urbanas que en los dispersos medios rurales. Salvo que desde la ciudad queramos que los del campo sean héroes y vivan con lo puesto para mantener ese estilo de vida rural que tanto alaban quienes nunca lo conocieron.

      • Querido Ataúlfo,

        En ningún momento he afirmado que la vida en el campo es más sana.

        Tampoco he comentado nada de mi caso personal no pretendo entrar en un debate sobre ello pues lo primero es respetar que cada uno viva donde le parezca más conveniente y/o pueda.

        Respecto a tu pregunta “¿No será que cuando hablamos de menos consumismo en realidad nos referimos a falta de recursos?” Me atrevo a afirmar que, en general, la vida en la ciudad conlleva más gastos y más consumos. Efectivamente tiene que ver con la oferta de servicios, pero también, con horarios, distancias/movilidad/transporte/ tiempo y, en general, con el modo de vida urbano en todos sus aspectos. Es un hecho objetivo (aunque seguro que hay excepciones como no podía ser de otra forma).

        El último aspecto que comentas sobre que la vida moderna tiene menos impacto medioambiental con las sinergias (…). En fin, creo que va en contra de todos los datos objetivos de todos los organismos internacionales que analizan el impacto ambiental de carácter antrópico, ya sea urbano o rural. Aunque efectivamente, con una buena ordenación del territorio, creo que esas sinergias sí que podrían ser efectivas.

        Por último, no deseo que en el medio rural vistan con lo puesto, todo lo contrario. Me gustaría que tuviesen los servicios necesarios para que la vida en el medio rural sea óptima, pues es un sector geoestratégico. O si no, ¿cómo explicamos que hasta hace poco el 60% del PIB de la UE iba destinado a la PAC? (Hoy 39%)

    • Lucas: Muchas gracias por tu perspectiva desde la geografía. Estamos de acuerdo en que las infraestructuras, en un sentido amplio, son indispensables para que la vida rural (o la urbana, si eso es a lo que vamos) pueda tener dignidad y viabilidad. Tan solo queríamos llamar la atención sobre el peligro de centrar todas las reivindicaciones ahí, porque por desgracia en España ya tenemos décadas de experiencia en materia de volcar inversiones públicas en infraestructuras (no me refiero al medio rural) mientras descuidamos las políticas para el fomento de una atmósfera propicia para el desarrollo empresarial. En otras palabras, queremos desplazar un poco el debate desde la inversión pública directa hacia las políticas públicas para fomentar la inversión privada en el medio rural, que desde nuestra lectura de la historia de la despoblación, nos parece muy importante.

  • Me ha parecido muy interesante el artículo. Como residente en un pequeño pueblo de Navarra (y cuando digo pequeño quiero decir de unos 30 habitantes en verano), me identifico con muchas de las cosas que se describen en él.

    Sobre todo es doloroso cuando alguien habla de ayudas y sólo son para agricultores y ganaderos, que es lo habitual. Nosotros tenemos una pequeña empresa tecnológica, lo cual creo que tiene su mérito teniendo en cuenta que apenas llegan 3 Mb por ADSL y vivimos a 15 minutos del centro de Pamplona (pero a un siglo de distancia en cuanto a calidad de acceso a Internet).

    • Las redes de telecomunicaciones son tan necesarias como las rutas terrestres, sin embargo se deja que la mano invisible del mercado deje a gran parte del territorio sin banda ancha.

    • Pues la solución es sencilla: llévese su empresa tecnológica a Pamplona.

      ¿cual es la razón por la que otros ciudadanos deberían renunciar a parte de su capacidad de consumo (las “subvenciones” no llueven del cielo, se dotan con dinero “recaudado a la fuerza” de otros ciudadanos) para que usted no tenga que mover 15 minutos su residencia?

    • Muchas gracias por tu testimonio, Fernando. Cuánta falta hace que se visibilicen casos como el tuyo y dejemos de identificar el medio rural con su sector agrario. En mi opinión, este y no otro es hoy día el principal “prejuicio capitalino” contra el que tenemos que luchar.

  • Estoy pensando en una España con una mejora tecnológica que permita un teletrabajo efectivo, un cambio en la mentalidad empresarial desde el presentismo a los objetivos y la implantación de la alta velocidad real en todo el territorio. En este escenario, muchas familias se plantearían salir de unas ciudades polucionadas y buscar otros lugares para mejorar su calidad de vida. Diversos estudios demuestran que las ciudades verdes o azules incrementan la felicidad de sus habitantes.

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