¿Dónde está realmente la inversión extranjera? El “efecto sede” y lo que oculta sobre el crecimiento regional

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Por Adolfo Maza y María Hierro

Cuando hablamos de inversión extranjera directa (IED, o FDI por sus siglas en inglés), pensamos -y no nos falta razón- en empresas que se instalan en un territorio, levantan plantas productivas, contratan trabajadores y generan actividad económica local. Esa es la dimensión económicamente relevante de la FDI. El problema no está en esta intuición, sino en cómo se mide: las estadísticas de FDI no siempre reflejan dónde tiene lugar esa actividad real, sino dónde se localiza la sede administrativa o financiera de la empresa. Este matiz contable, aparentemente menor, puede distorsionar de forma sustancial nuestra comprensión de qué regiones reciben efectivamente inversión extranjera y, en última instancia, de cómo esta se traduce en crecimiento económico.

En un país como España, donde las diferencias regionales son profundas y persistentes, este problema adquiere, en nuestra opinión, una dimensión especialmente relevante. Si los datos oficiales asignan la mayor parte de la FDI a una sola región por motivos puramente administrativos, cualquier análisis sobre sus efectos en la desigualdad territorial y la convergencia regional, o simplemente acerca de políticas de atracción de inversión, puede quedar sesgado desde el principio. En un trabajo reciente analizamos precisamente este fenómeno, conocido como headquarters effect o “efecto sede”, y estudiamos cómo cambia la relación entre FDI y crecimiento regional cuando se corrige ese sesgo. El resultado es claro: si no depuramos/filtramos adecuadamente los datos, corremos el riesgo de extraer conclusiones erróneas tanto sobre qué regiones atraen inversión como sobre el papel real de la FDI como motor de crecimiento.

La distorsión estadística del domicilio social

La primera evidencia del problema aparece al observar los datos oficiales de FDI a escala regional en España. De acuerdo con los datos proporcionados por DataInvex, la Comunidad de Madrid concentra, entre 2003 y 2020, más del 65% de toda la inversión extranjera. Cataluña aparece en segundo lugar, con un 17%, mientras que el resto de regiones quedan relegadas a cifras muy pequeñas, en algunos casos casi marginales. Si uno se quedara únicamente con esta imagen, concluiría que la FDI en España es un fenómeno casi exclusivo de la Comunidad de Madrid, con Cataluña como único acompañante relevante y el resto del país prácticamente fuera del mapa. Sin embargo, esta lectura resulta engañosa.

El motivo es bien conocido y, circunstancia que queremos subrayar, va más allá del caso español. Los datos oficiales tienden a confundir el lugar donde se registra la inversión con aquel donde se desarrolla la actividad productiva asociada a la FDI, dando lugar a un efecto sede característico de las regiones capital y de los principales centros administrativos y financieros. Madrid, en su condición de capital y principal centro administrativo del país, concentra por ello una parte sustancial de la inversión registrada, sin que ello implique negar, en ningún momento, su papel como actor económico principal.

Así, para comprobar si esta concentración refleja realmente la actividad económica ligada a la FDI, nuestra aproximación (a diferencia de la empleada en otro trabajo previo) fue deliberadamente sencilla: recurrir a otras estadísticas que no dependen del domicilio social, tales como el empleo generado por proyectos de FDI y los activos fijos asociados a esa inversión. Estas series, publicadas anualmente por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo en sus Boletines de Inversiones Exteriores, ofrecen, sin duda, una imagen más precisa de dónde se ubican físicamente los proyectos. En concreto, lo que hicimos fue redistribuir la FDI total del país entre las distintas regiones según su peso relativo en el empleo y en los activos fijos generados por inversión extranjera, utilizando la media simple de ambos porcentajes.

Cuando empleamos la serie alternativa de FDI, que denominamos “libre de efecto sede”, la imagen cambia de forma notable: la FDI aparece ahora mucho más repartida entre las regiones. Como puede verse en la siguiente tabla, Madrid pasa de concentrar el 65,9% al 27,7% de la FDI nacional. Cataluña sube del 16,7% al 25,8%, situándose prácticamente al mismo nivel que Madrid. Regiones como Andalucía, la Comunidad Valenciana, Galicia o Castilla y León multiplican por tres, cuatro o cinco su participación. Así, la volatilidad de la serie, aproximada por el coeficiente de variación en la tabla, se reduce notablemente. En definitiva, la corrección del efecto sede no elimina la concentración de la FDI, pero sí altera de forma sustancial su intensidad y su composición territorial, ofreciendo una imagen mucho más diversa de su distribución regional.

Nota: CV: Coeficiente de Variación. Fuente: Maza and Hierro (2025)

Evidencia empírica del vínculo entre FDI y crecimiento

Una vez corregidos los datos, la parte central del trabajo analiza cómo influye la FDI en el crecimiento económico. Se trata de uno de los temas más estudiados en la literatura económica, que documenta de manera consistente un impacto positivo de la inversión extranjera directa sobre el PIB y el crecimiento económico de los países receptores, especialmente a través de la acumulación de capital y de los spillovers tecnológicos (ver la referencia seminal de Borensztein et al., 1998). A escala subnacional, sin embargo, la evidencia es mucho más escasa (con algunas contribuciones recientes destacadas, como Krisztin y Piribauer, 2023, para las regiones europeas), y es precisamente en este nivel de análisis donde abordar el efecto sede puede resultar clave.

Con este objetivo, estimamos un modelo empírico de crecimiento económico para las regiones españolas, en el que la inversión extranjera directa es una de las variables explicativas de interés. El modelo se amplía, además, con términos de interacción y con variables de control habituales en la literatura, como el capital humano, la inversión regional, la apertura comercial y el tamaño del sector público. Además, permitimos explícitamente (algunas razones se esgrimen en el texto del trabajo) que el impacto de la FDI sobre el crecimiento sea heterogéneo entre regiones. Por este motivo, estimamos un panel heterogéneo empleando los estimadores Augmented Mean Group (AMG) y Common Correlated Effects Mean Group (CCEMG), ampliamente utilizados en la literatura de paneles con dependencia transversal. Estos métodos permiten obtener coeficientes específicos por región y controlar por factores comunes no observados. Para una descripción de los estimadores AMG y CCEMG, véanse Eberhardt y Teal (2010) y Pesaran (2006), respectivamente.

En otras palabras, dejamos que los datos hablen región por región, sin imponer una relación uniforme para todo el país. Los resultados obtenidos, no obstante, se muestran robustos tanto a las características del panel (heterogéneo frente a homogéneo) como a distintas formas de corregir el efecto sede, así como a modificaciones en la frecuencia de los datos (por ejemplo, convirtiendo series anuales en bianuales para disponer de muestras suficientemente largas y preservar las propiedades de los estimadores); para un detalle completo, remitimos al lector al artículo.

El contraste entre utilizar los datos oficiales y los datos corregidos es notable. Con el reparto oficial de la FDI, la inversión extranjera no resulta estadísticamente significativa en ninguna de las especificaciones principales. Dicho de forma sencilla: si uno se queda con las cifras tal y como se publican, la conclusión sería que la inversión extranjera no tiene un efecto apreciable sobre el crecimiento regional. Sin embargo, esta ausencia de relación no refleja la realidad económica, sino un problema de medición. Cuando corregimos el efecto sede y reasignamos la FDI a las regiones donde realmente se despliega la actividad, la inversión extranjera pasa a mostrar un efecto positivo y significativo sobre el crecimiento. Además, este impacto no es uniforme: el efecto marginal de la FDI es mayor cuando la dotación de capital humano es más reducida y disminuye a medida que esta aumenta, un patrón coherente con la idea de que la inversión extranjera puede desempeñar un papel especialmente relevante en contextos con capacidades locales más limitadas.

Además, al examinar los resultados por regiones se observa un patrón más nítido, que ayuda a interpretar mejor el efecto de la FDI en el territorio. Las regiones que más se benefician de la llegada de capital extranjero son aquellas con un nivel relevante de actividad productiva, pero sin grandes sedes corporativas y con cierta orientación industrial o exportadora. Entre ellas destacan, a modo de ejemplo, la Comunidad Valenciana, Galicia, Castilla-La Mancha, Cantabria, Asturias, Aragón o Andalucía. Las regiones más ricas del país, como Madrid, Cataluña, Navarra y el País Vasco, no figuran en esta lista. Aunque las razones por las que estas regiones no muestran impactos positivos comparables son tentativas y se discuten brevemente en el artículo, este patrón es coherente con el resultado general de que la contribución marginal de la FDI es mayor cuando la dotación de capital humano es más reducida. En conjunto, estos elementos apuntan a que la inversión extranjera puede actuar como mecanismo de convergencia regional, reforzando el crecimiento en territorios que parten de condiciones iniciales menos favorables. Esta conclusión, no obstante, debe interpretarse con cautela y explorarse con mayor profundidad en trabajos futuros.

Por qué medir bien la FDI importa para la política económica

Más allá de los resultados econométricos, el propio ejercicio de medición y corrección del efecto sede tiene implicaciones de política económica especialmente relevantes. En primer lugar, permite una evaluación territorial más objetiva de la inversión extranjera: si los datos oficiales se interpretan literalmente, parece que solo Madrid y Cataluña reciben FDI, cuando la actividad real asociada a esta inversión está mucho más distribuida. En segundo lugar, afecta al diseño de las políticas de atracción de inversión, que pueden estar basándose en diagnósticos sesgados. Una región que “parece” recibir poca FDI puede, en realidad, estar captando mucha más de la que reflejan las estadísticas oficiales. En tercer lugar, subraya la necesidad de disponer de estadísticas regionales más precisas que incorporen la localización efectiva de los proyectos de inversión extranjera. Esto mejoraría no solo la investigación académica, sino también la calidad de la toma de decisiones públicas. En cuarto lugar, resulta especialmente relevante para las políticas de cohesión y la asignación de fondos europeos, ya que el papel de la FDI en la convergencia regional puede estar sistemáticamente infravalorado. Finalmente, al corregir estos sesgos de medición, también emerge una implicación macroeconómica clara: la FDI aparece como un motor de crecimiento más potente de lo que sugieren los datos oficiales.

La conclusión principal del trabajo es sencilla. Para entender el papel de la inversión extranjera directa en el crecimiento regional es imprescindible ir más allá de los registros administrativos. El efecto sede distorsiona la imagen y puede conducir a conclusiones equivocadas. Como ha subrayado repetidas veces Esther Duflo, Premio Nobel de Economía, las conclusiones en economía dependen de forma crucial de cómo medimos los fenómenos que queremos estudiar. Cuando se corrige este sesgo, la FDI aparece como un fenómeno más distribuido territorialmente, con un impacto más robusto sobre el crecimiento económico, lo que refuerza la necesidad de diseñar políticas regionales basadas en datos que reflejen mejor la realidad económica.

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Hay 2 comentarios
  • Una duda, mas allá del Impuesto de Sociedades que Navarra y País Vasco si recaudan para si mismas y no sería comparable con las demás (aunque el efecto sede allí si pagan el IS allí no sería tan diferente sobre el libre de efecto).

    ¿El FDI “libre de efecto sede" no debería incluir también las tasas municipales, ICIO, IAE, IBI, etc.?

    • Muchas gracias por el interés. Espero haber entendido la cuestión. En el análisis de este paper recién publicado utilizamos los datos de IED de DataInvex, que parece claro que tienden a asignar la inversión a la sede social de la empresa receptora. Por eso aparece el efecto sede: la IED se registra mayoritariamente en Madrid aunque la actividad real y los activos estén en otras regiones. País Vasco y Navarra están incluidas en la muestra, pero eso no cambia el argumento porque el efecto sede es un problema estadístico, no fiscal (me viene a la memoria otro paper publicado en Regional Studies sobre los efectos de la inmigración en los salarios en los que tuvimos que excluir regiones forales, pero no se aplica aqui). Además, los impuestos municipales (IAE, IBI, ICIO…) no generan sesgo, ya que se pagan donde está la actividad física, no donde está la sede. Precisamente con esa idea en mente es por lo que contrastamos los datos oficiales (que llamamos raw data, en el sentido de que no está procesada o filtrada) con el empleo asociado a IED y con los activos fijos ligados a IED, que muestran una distribución territorial mucho más equilibrada y confirman la existencia del ese efecto sede.
      Un saludo

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