Las escuelas de pensamiento económico

La existencia en una ciencia de diversas escuelas que no se ponen de acuerdo supone un toque de atención, puesto que puede significar que no hay datos suficientes para confirmar cuál está en lo correcto. En el mejor de los casos hay un cuerpo de conocimientos comunes más allá de los cuales las distintas escuelas extrapolan de distinta manera para opinar sobre las partes que el estado de la cuestión no alcanza a iluminar. La mayoría de las escuelas económicas son así: unas hacen hincapié en las instituciones, otras en la política monetaria o en la fiscal, otras en el crecimiento, la desigualdad y así sucesivamente. Las razones por las que un economista se adscribe a una escuela o a una línea de investigación son irrelevantes para la ciencia económica. Puede hacerlo porque crea que le dará instrumentos para llevar a cabo unos objetivos que considera deseables, porque crea tener una ventaja relativa en el avance de esa línea de investigación o por haberse encontrado un maestro que le ha señalado un camino. Al final, solo importará lo que pueda demostrar.

Algunas escuelas tienen claramente una componente ideológica. Es decir, prefieren un tipo de sociedad a otro. No debería ser problema si, de nuevo, separan lo que está probado de lo que no lo está. Posiblemente sorprenda al lector saber que economistas célebres y de notoria adscripción ideológica son, en sus artículos publicados, poco reconocibles como representantes de su ideología. Normalmente definen los rasgos más marcados de su escuela en libros o artículos en prensa, fuera de la revisión por pares. En cambio, sí tendremos un problema cuando la ideología oscurece la actividad científica y un número grande de economistas de una escuela presentan una visión sesgada de los hechos para justificar las conclusiones que favorecen su propia ideología. Esto ocurre, por ejemplo, cuando un marxista señala como prueba de la pauperización del proletariado cualquier descenso de los salarios y desestima con justificaciones ad hoc sus aumentos. También será un problema si la escuela económica se dedica a exponer su opinión sobre lo que debe ser. Por ejemplo, si un economista de la escuela austriaca defiende que los impuestos deben ser mínimos porque son un robo estará exponiendo una postura moral, si acaso, pero no estará haciendo ciencia. La ciencia económica debería tener como objeto el decir, modelo en mano, qué consecuencias hay de tener tal o cual impuesto y, con ello, ayudará a que la sociedad, según su organización política y, ahora sí, según sus preferencias morales, tome sus decisiones.

Hoy en día las definiciones de lo que constituye una escuela son demasiado difusas. ¿Qué es un economista marxista? Si alguien, inspirado por Marx, estudia las desigualdades económicas, ¿es marxista incluso si ni sus métodos ni sus conclusiones tienen que ver con los análisis de Marx en El Capital? No abriré una discusión semántica, simplemente señalaré lo dicho anteriormente: si sus estudios sobre la desigualdad satisfacen los criterios científicos, se incorporarán al acervo de la ciencia económica. Si no, no. Empeñarse, sin embargo, en defender el análisis en El Capital de Marx como manera de entender el funcionamiento de una economía capitalista sí será un acto acientífico. Después de siglo y medio de su publicación sabemos que ese análisis era no solo incompleto, sino también inconsistente.

De igual manera, si un economista encuentra inspiración en von Mises, uno de los padres de la escuela austriaca, para sus investigaciones, no hay nada que objetar mientras siga el método científico. Pero si insiste en usar la praxeología como supuesta alternativa al método científico, estará cayendo en una maraña de pensamiento similar a la metafísica, donde al final se acaban justificando las intuiciones con retórica y sin ciencia. Cualquier fuente de inspiración puede ser generadora de hipótesis, pero solo el método científico podrá validarlas.

Las actitudes no científicas no están solo en los extremos. Tomemos por ejemplo a Milton Friedman. Recibió el premio Nobel por sus influyentes artículos en los que estudiaba la política monetaria —la inflación y su control— y la manera en que afecta al comportamiento económico de los individuos y empresas. Por otra parte, sus opiniones sobre la capacidad de autorregulación de los mercados y sobre la libertad económica, de reconocida influencia austriaca, son de sobra conocidas, pero no se exponen en artículos científicos. Todo esto lo recuerda y pone de relieve Paul Krugman en un famoso artículo publicado en el New York Times (y reproducido en español aquí por El País), lo que no deja de ser paradójico, puesto que al propio Krugman le ocurre lo mismo. Recibió el premio Nobel por sus estudios sobre el comercio internacional y sus modelos de localización de la actividad económica. Sus artículos de opinión le confieren su rasgo más conocido para el gran público, artículos que llevan las recomendaciones keynesianas más allá de lo que es dado deducir de la investigación reciente, como le recuerdan y le reprochan sus colegas (por ejemplo, aquí). Por supuesto, Friedman y Krugman tienen derecho a sus opiniones, pero no deberían confundir al público pretendiendo que tienen más base científica de la que en realidad tienen. Y si en algún momento no tienen base científica y son solo intuiciones o extrapolaciones de lo que sabemos, no pasa nada, se dice así y ya está, que todos reconocemos que a veces hay que tomar decisiones con muy poca información.

Después de todo lo anterior, debo decir que no sé a qué escuela se adscriben la mayoría de mis colegas. Sospecho que a ninguna. Desde fuera se acusa a los economistas académicos que publican en las mejores revistas de ser mainstream u ortodoxos que, al parecer, es algo así como “neoclásico”, “neoliberal” o “cientista”, dependiendo de si la crítica la hace alguien que directamente no sabe qué ha hecho la ciencia económica en los últimos 50 años (aquí), un marxista o cercano al marxismo (aquí) o un austriaco (aquí), respectivamente. Desde dentro, siempre propongo a quien no me cree que venga a cualquiera de los seminarios que organiza mi departamento y trate de deducir la ideología del ponente o de los que hacen comentarios o preguntas. Yo no puedo. En cambio, suele ser muy fácil deducir la ideología de la mayoría de economistas que se definen heterodoxos.

Después de todo esto, el lector que no está al tanto de la investigación económica y que en algún momento quiere saber a quién hacer caso, ¿qué puede hacer? No puede estudiar toda la Economía, pero sí puede buscar los indicios y evidencias de buenas y malas prácticas. No son distintas de las que hay en cualquier otra ciencia. En Nada es Gratis hemos hablado de ellas. Lo hace, por ejemplo, Juan Francisco, en sus recomendaciones (o no) de lectura (la última, aquí), o yo mismo en mi entrada sobre el negacionismo económico (aquí). Pero nunca está de más recordar las preguntas clave: ¿dónde están los avances de esa escuela? ¿Cuándo han corregido un error? ¿Cuándo han descartado una hipótesis por encontrar otra mejor? (En este punto, a veces, me han querido vender discrepancias y discusiones como avances). ¿Dónde publican, en una gran variedad de revistas académicas o en libros, artículos de periódico, blogs o, como mucho, sus propias revistas? (En este otro punto, me han querido vender publicaciones que no tienen que ver con los postulados de la escuela). ¿A quién convencen, a una generalidad de economistas o a sus seguidores? ¿Qué datos necesitan para invalidar alguna de sus hipótesis? ¿Acuden a los congresos generales de economía? ¿Se presentan como los únicos que conocen la verdad y todos los demás están en el error? ¿Achacan su escasa presencia académica a una conspiración? ¿Presumen de tener una alternativa al método científico? No hace falta saber Economía para responder a estas preguntas, con prestar un poco de atención uno puede hacerse una idea de dónde hay investigación bien hecha y dónde una agenda ideológica, por muy buenas intenciones que tenga. Tampoco hace falta que falle en todas las preguntas; si no hay enmienda, con hacer una cosa mal basta.

Hay 57 comentarios
  • Gracias José Luis, una entrada muy interesante como siempre. Aunque al leerla me surge de repente la duda: ¿a qué escuela pertenezco yo? ¿Hay que “apuntarse” a una? ¿La “ortodoxia” en métodos cuenta como una “escuela”?

    • Gracias a ti, por tus generosas palabras.

      Como digo en la entrada, no sé a qué escuela pertenece casi nadie de mis colegas. Tú incluida.

      A la segunda pregunta, tal vez no haya quedado claro en la entrada. No, no hay que apuntarse ni adscribirse a ninguna.

      Sobre la tercera pregunta, adscribirse al método científico no es una escuela. Es lo que entiendo por ortodoxia. También he dicho que las fronteras de las escuelas (las tradicionalmente reconocidas y las que pueda haber) son difusas. Si queremos considerar una línea de investigación muy marcada en su objeto de estudio o sus métodos como una escuela, por mí, adelante. Lo encuentro superfluo, pero no voy a defender esta postura a capa y espada.

      • Buenas noches Jose Luis:
        ¿no sabria decirme entonces a que escuela pertenece Robert Lucas en su labor academica?¿y Paul Romer? ¿Acaso a la de Chicago (en sentido amplio) los dos ya que ambos estudiaron alli?.
        Creo que saco la conclusion de su post que lo que de verdad importa es la division entre economistas buenos y malos, que efectivamente importa, pero eso no creo que sea el mismo tema.

        • Mejor pregúntales a ellos. No sé si les gusta definirse de una escuela o no, aunque es difícil conciliar los trabajos y opiniones de Romer con lo que se suele entender como escuela de Chicago.

  • Gracies por el texto, pero me gsutaría hacer un puntualización
    Para entender porque hay escuelas creo que se debería de tener presente diferencia entre teorías descriptivas y teorías normativas. En el primero caso se persigue una descripción de cómo es cierta característica del mundo de la forma más esmerada posible, y donde le método científico es ineludible. En el segundo caso se quiere argumentar como debería ser el mundo, entrando en el ámbito de las teorías de la justicia i la ética. Es en este segundo caso donde las escuelas son más potentes porque aportan argumentos vinculados a la filosofía política, al desarrollo histórico de ciertas instituciones, etc. por otra parte, si se tilda neoliberales o neoclásicos a ciertos economista no es por el hecho de utilizar el método científico, si no que muchas veces asumen (falacia moralista) que algo es bueno y justo porque se da de tal manera.

    • Como he dicho en la entrada, no tengo inconveniente con que una escuela tenga una ideología sobre cómo debe ser el mundo siempre y cuando así se diga y apoye sus ideas en una realidad estudiada científicamente. Uno puede querer, por ejemplo, una sociedad con más responsabilidad individual y menos solidaridad social, pero no puede inventarse las rentabilidades de los planes de pensiones privados.

      No creo que sea cierto que todas las escuelas se diferencian por el aspecto normativo. Por ejemplo, todo el mundo quiere reducir el desempleo (elección normativa), pero hay escuelas con distintos diagnósticos descriptivos sobre por qué se produce. No todas son científicas, claro.

      • Enhorabuena por la entrada, bien estructurada, clara y sustanciosa.

        Quería precisamente indagara en eso último. Incluso en el análisis positivo, mi sensación (como economista en proceso) es que diferentes escuelas (o gente que no se adscribe a ninguna) emplean diferentes modelos -aparentemente, igualmente válidos- para analizar un mismo hecho. Esto provoca que sus narrativas sobre lo que está ocurriendo, difieran, lo que ya deja a la gente algo loca… Como decía Rodrik, hay algunos economistas que analizan el mundo con 1 único modelo… pero es que parece difícil acertar con el modelo…

        Luego están, por supuesto, las “escuelas” que para analizar lo que está pasando no les hace falta servirse de ningún modelo… pero esos juegan en otra liga.

        En cuanto al análisis normativo, es cierto que las propuestas están basadas, meramente, en una concepción del mundo que se quiere alcanzar y que difícilmente pueden ser analizadas de manera “económica” (subamos los impuestos porque es mejor tener una sociedad más igualitaria). Sobre esto, me he encontrado a algunos interlocutores que simplemente no aceptan que la economía no quiera meterse en esos “fregaos”, que esté para otra cosa. “Equidistante”, diríamos en terminología de la España de 2019.

        Para acabar estas reflexiones en alto. Creo que ningún economista que solo quiera “describir” debería decir la frase “Debemos hacer X…” si no la acompaña de “en caso de que queramos Y”.

        Saludos y perdón por la informalidad.

        • De acuerdo con lo explicar claramente “hagamos X si queremos Y”, sin ocultar ese Y. También hay que decir claramente, y esa es la parte científica, hay que mostrar que, efectivamente, haciendo X tienes Y. Esa parte falla demasiadas veces por falta de rigor y por tener ideologías encariñadas con medios X que, a pesar de haberse mostrado inoperantes para obtener Y, se siguen proponiendo.

      • Reducir el desempleo es un objetivo siempre presente. No obstante los recursos son escasos por lo que el objetivo de reducir el desempleo debe compararse con otros objetivos de política económica.

        Creo que podemos estar de acuerdo en que si tuviéramos que aunar todos los objetivos de política económica en uno solo, éste sería aumentar el bienestar social. Sin embargo, para valorar el bienestar social es inevitable realizar juicios de valor (hasta donde llega mi entendimiento).

        Por tanto, para decidir que políticas económicas son deseables es imprescindible realizar juicios de valor, y ahí entran las escuelas de pensamiento de una manera evidente.

        Por otra parte, en macroeconomía no pueden realizarse pruebas controladas aleatorizadas por lo que a pesar de que los datos tienen gran valor, también están sujetos a un componente importante de interpretación dada la imposibilidad de repetir experimentos aleatorizados. Si bien podemos tener indicios más o menos robustos de ciertas relaciones, siempre hay espacio para la intuición en mi humilde opinión.

        Mi más sincera admiración por responder tantos comentarios.

        Un cordial saludo.

        • Creo que nos estamos repitiendo sobre los juicios de valor. No creo haber dicho nada distinto de lo que señalas. Claro que hacen falta para cualquier política. No solo en las económicas. A ver si explico mejor mi postura:

          -Alguien propone el medio A para el fin X.
          -Alguien propone el medio B para el fin X.
          -Alguien propone el medio C para el fin Y.

          Un ejemplo del papel de la ciencia económica será decir:

          -Miren, hemos investigado el tema y resulta que, efectivamente, el medio A nos lleva a X y el medio C nos lleva a Y, pero resulta que el medio B no nos lleva a X ni a Y, sino a Z, que nadie quiere.

          Es decir, el papel de la Economía ha sido reducir la discusión a: usar A para X o C para Y. A partir de ahí, cada uno preferirá X o Y y la sociedad decidirá políticamente si X o Y (o una mezcla de ambos), pero usando A o C, nada de B.

          En Macroeconomía, como en otras cosas, hay cierto mucho que no sabemos. ¿Qué hacer en ese caso? ¿Usar la intuición de quién? Usemos prudentemente lo poco que sabemos y estemos dispuestos a cambiar de política si alguna no sale bien.

          Gracias por tus palabras finales.

  • Gracias por la respuesta y disculpa las varias erratas del texto anterior.
    Simplemente quería apuntar, y creo que no me explicado bien, que muchas pospuestas y políticas económicas, aunque estén basadas en evidenciadas empíricas, conllevan ciertas concepciones de cómo debe ser el mundo; y estas concepciones, en no pocas ocasiones, se esconden detrás de la explicación técnica.

    • Eso pasa, ciertamente. Creo que dejo claro que mi opinión es que se diferencien claramente ambas cosas, que se expongan claros cuáles son los fines (todos) y cuáles las evidencias de que los medios propuestos conducen a ellos.

  • José Luis, gracias por su post. La historia reciente (post-1930) de las ideas económicas está marcada por la teoría neoclásica y la teoría keynesiana como formas alternativas de análisis positivo (lo que no necesariamente significa análisis científico) con extensiones en sus correspondientes análisis normativos (indispensables para la ingeniería social). Ambas teorías parecen complementarias pero son abstracciones basadas en conceptos distintos con algunas etiquetas iguales (la demanda neoclásica por tomates nada tiene que ver con la demanda keynesiana por consumo).

    A partir de 1970, las dos teorías se han ido profundizando pero mostrando sus limitaciones. La teoría neoclásica se ha beneficiado de esas profundizaciones y el reconocimiento de sus limitaciones ha permitido aperturas en sus supuestos básicos. La teoría keynesiana, sin embargo, poco se ha beneficiado y sus limitaciones han probado ser graves. Aunque algunos siguen cuestionando sus supuestos básicos, hasta ahora solo han desenterrado ideas viejas del Valle de los Caídos.

    El problema principal de ambas teorías es que muchos quieren evaluarlas por su valor para la ingeniería social y para el análisis “periodístico”. Error grave porque la teoría (aunque estuviera “autenticada” por evidencia fiable y relevante) jamás será suficiente para la ingeniería social y menos para la labor “periodística”.

    • Cómo pasar de una teoría económica a hacer propuestas detalladas de política económica es algo muy complicado. Cuando las cosas estaban tan mal, con un par pases de brocha gorda podía mejorarse mucho la vida de un país (sea democracia, dictadura de izquierdas o de derechas). En tiempos más complicados, hace falta afinar mucho más. Creo que esta entrada que escribí hace un tiempo ilustra bien la integración de la teoría, la experimentación y la vida real:

      https://nadaesgratis.es/jose-luis-ferreira/teoria-experimentos-y-politica-el-caso-de-las-subastas-del-espectro-electromagnetico

      • José Luis, su post me plantea dos preguntas (a) por qué es un error evaluar el análisis científico de la conducta humana a partir de las urgencias que motivan a periodistas e ingenieros sociales, y (b) por qué es necesario replantearse cómo avanzar el análisis científico de la conducta humana.

        Sobre (a), recordemos que los científicos son “expertos” en explicar algo que ha estado sucediendo por largo tiempo y puede suponerse que podría seguir sucediendo por siempre —más precisamente, descubrir y explicar regularidades en la naturaleza, incluyendo la humanidad. La explicación de un suceso reciente (trabajo de periodista-columnista y otros) o de uno lejano (trabajo de historiador) requiere producir evidencia fiable y relevante sobre sus circunstancias que sea suficiente para determinar causas posibles y probables (en casos judiciales, “beyond reasonable doubt”). Aunque los investigadores no-científicos pueden beneficiarse del conocimiento científico, la formación y la experiencia científica raramente es útil.

        Las predicciones para un momento o período preciso y las soluciones a problemas específicos (trabajos de ingeniero social) requieren precisar escenarios relevantes y alternativos, y esto a su vez conocimientos y argumentaciones ajenas al análisis científico. Si algún conocimiento científico fuera relevante difícilmente sería ignorado, pero en este trabajo es donde las diferencias entre miembros de una profesión más influyen en las decisiones de sus clientes.

      • Sobre (b), recordemos el aporte importante de la teoría neoclásica al análisis científico de la conducta humana. La insistencia en la racionalidad como base principal de la teoría ha tenido gran trascedencia porque ha ido forzando su reconocimiento por otras ciencias de la conducta humana.

        Lo anterior ha llevado a promover la idea de la unificación del análisis científico de la conducta humana. Herbert Gintis planteó esa idea en un artículo (ver http://www.umass.edu/preferen/gintis/Unity-BBS%20Print%20Version.pdf ) y luego la desarrolló en dos libros (The Bounds of Reason, 2009, Individuality and Entanglement, 2016). El problema de Gintis (economista) en su relación con científicos de otras disciplinas es que “empieza” por la racionalidad.

        Otras propuestas de unificación parten de lo que se llama Dual Inheritance Theory o BioCultural Evolution. Estas propuestas “minimizan” el papel de la racionalidad porque enfatizan “las causas últimas” (en el sentido de Niko Tinbergen) que deben buscarse en nuestro legado biológico y cultural. Esta posición está resumida en http://eprints.lse.ac.uk/100335/.

        Un ejemplo reciente (todavía no publicado) de esos intentos y de mucho interés para los economistas es “On the Economic Origins of Restrictions on Women’s Sexuality” que se puede baja del sitio de Anke Becker ( https://sites.google.com/site/ankebeckerecon/ ).

  • Muy buenas José Luis, me gustaría comentar algunos puntos de tu artículo. Me parece que el desdén por el método científico no es algo que caracterice a muchas de las escuelas de pensamiento económico que mencionas, a excepción quizás de la escuela austriaca. A mi parecer, un marxista que viendo la situación actual de la economía (deuda pública muy alta, sistema público de pensiones insostenible, necesidad de reducir el gasto público, aumento de la precariedad etc) y las consecuencias que puede tener en las clases trabajadoras, sumada a la incapacidad que las instituciones parecen tener para solucionar estos problemas, decida plantear avanzar hacia un sistema distinto al del mercado, puede ser alguien radical, pero no alguien que no se base en el método científico. Lo mismo ocurre en el lado contrario con alguién que viendo esa situación se plantea que tras la globalización, las intenciones redistributivas del Estado, no son más que un lastre para la productividad y la competitividad. En conclusión, a mi parecer lo que diferencia a los distintos economistas no es principalmente si se basan en el método científico en muchas de las ocasiones, sino sus intereses económicos y políticos, porque por mucho que te bases en la realidad para hacer tus análisis, las soluciones que propones para solucionar los distintos problemas nunca beneficiarán a todos de la misma manera, debido a los conflictos de intereses que existen.

    • Querer hacer una sociedad mejor está bien. Usar un diagnóstico y unas políticas equivocadas, que no resuelven las cosas como quieres es la parte acientífica.

      La ciencia económica debe ayudar a que el debate político se restrinja a las políticas económicas que han probado su eficacia en la dirección que sea y eliminar las basadas en falsedades. Desde luego que hay diferencias sobre qué tipo de sociedad queremos, pero también hay muchísimo vendedor de humo (lo sepa o no el propio vendedor). Querer una sociedad mejor no hace que tus medidas lo consigan. En la historia tenemos innumerables ejemplos de ello.

  • “Si un economista de la escuela austriaca defiende que los impuestos deben ser mínimos porque son un robo estará exponiendo una postura moral”, ¿esto es científico o una apreciación sobre la que se basa un argumento posterior?
    ¿Violar la integridad del vecino, matarle, o robarle, es solo una postura moral?, o tal vez deduzco de la lectura que, si se hace científicamente, no hay límites para robar al vecino, o extraerle sus rentas, (dicho de forma científica).
    Parece que “quien se presenta como el único que conoce la verdad y todos los demás {escuelas de pensamiento} están en el error”, se da por hecho que quien se adscribe de alguna manera a una determinada escuela se circunscribe únicamente a aquellos dictados que se juzgan (esta vez sin ciencia) como los propios de esa escuela, así la crítica se sostiene en una posición que pretende ser irrebatible para rebatir al resto,
    – los que no tenemos escuela juzgamos con objetividad a los que se adscriben a alguna de ellas; ellos se definen, nosotros navegamos en la indefinición y por lo tanto somos irrebatibles, nada definimos, nada nos pueden atacar.
    Así es fácil la exposición, eso sí, con base científica parece adverar, y sobre todo como dejando entrever, que dado que se carece de agenda ideológica, a todas las escuelas se las puede rebatir, esto también debe ser científico..
    En esto sí estamos de acuerdo, su exposición lo demuestra científicamente “Las actitudes no científicas no están solo en los extremos..”

    • Lo siento, pero me parece que usted no ha entendido nada.
      Matar no es una postura moral. Calificar una muerte de buena o mala, sí.

      Se pregunta usted si deduce bien de la lectura de mi entrada que robar científicamente a alguien implica que robar no tiene límites. La respuesta es que está diciendo un sinsentido. Desde luego, no se deduce de mi entrada. ¿Qué es robar científicamente?

      El resto de su comentario está lleno de atribuciones de intención y otras insinuaciones sin sustento en las que no entraré. Si quiere comentar o debatir le ruego use algo de rigor en la redacción de sus ideas.

      • Agradezco su respuesta, reconozco no contar con que fuese publicada; yo también siento que usted no haya entendido nada de mi comentario, irónico por otra parte.
        Que los impuestos son un robo puede constituir una postura moral, según usted, pero es una descripción de un hecho: sustraer a alguien algo en contra de su voluntad; de ahí mi ironía, y mi comparación con el asesinato, por cuanto aun siendo otra violación, claro que de mayor grado, a parte de su calificación moral, o que incluso en determinadas circunstancias alguien pudiera considerarlo moralmente necesario (por ejemplo en la pena de muerte) supone un hecho contra el que objetivamente conviene protegerse.
        Si no es capaz de demostrar científicamente que quitarle a alguien el producto de su trabajo por la fuerza no es un robo, hace retórica, no ciencia.
        A eso me refiero irónicamente en cuanto al método científico, tilda de no científicas determinados planteamientos de las escuelas, por ejemplo la praxeología, pero lo hace sin aportar ninguna base científica.
        Y con el mayor respeto se lo digo, usted, o no ha entendido nada sobre la praxeología, o sus aproximaciones a ella lo han sido de forma superficial y por lo tanto con absoluta falta de rigor, si algo caracteriza a este método son sus extensos planteamientos y su construcción a partir de principios intelectuales incluidos en la categoría de la acción humana, por medio de deducciones lógicas para interpretar la realidad.
        No hay más espacio
        Gracias.

        • No sé si está usando la definición de robo según el código civil o penal o alguna definición de diccionario que recoja el uso o los usos de los hablantes a la hora de usar ese sustantivo. Para la gran mayoría de las acepciones de robo, la mayoría de los impuestos en las sociedades democráticas y liberales no lo son. Si uno hace una definición ad hoc para que encaje en su retórica estará haciendo eso. No hay tal cosa como la demostración científica de que a es un robo o no. Lo que hay es ver si encaja en una definición o no.

          He redactado mi entrada intentando ser claro. Un comentario irónico es difícil de entender si no tiene una construcción clara, donde tras la ironía se deje ver un argumento bien construido. Por favor, otra vez intente que sea así para que le podamos entender. Si no, es retórica que no sabemos a dónde va.

          Sobre la praxeología, y para calmar su prurito sobre lo que pueda saber o no de ella, tal vez le interese esto que escribí en otro lugar:

          http://todoloqueseaverdad.blogspot.com/2016/11/los-malos-axiomas-de-los-austriacos.html

  • Para saber qué es una cosa y qué la otra, para conocer dónde sitúas la frontera: ¿ podrías poner un ejemplo de concepto económico sí validado como científico ?
    Entiendo que tiene que ser un concepto falsable.

  • Estimado profesor

    Estoy de acuerdo en el fondo del artículo. Sin embargo,me gustaría preguntarle algo desde la perspectiva de un recién conocedor de la escuela austriaca y su enfoque “praxeológico” que critica usted.

    Hay un libro de un exponente de esta escuela, premio nobel de Economía (que no es un premio nobel en realidad sino de un banco en memoria del sueco) que no cita usted en el artículo que se llamaba Friedrich August von Hayek, alumno de un economista al que usted reconoce, Mises. El libro se llama The Fatal Conceit, desconozco si lo ha leído, pero viene a complementar la teoría del problema epistemológico de la intervención en la economía de cualquier autoridad central de Mises.
    Mi duda es si conoce esta teoría de imposibilidad epistemológica y, si es así, qué opina sobre utilizarla como crítica a esos contrastes de hipótesis dado que la observación posible en otras materias que cita como son la Medicina o la Física no es posible en la sociedad. En definitiva, rechazar la posibilidad teórica de observar la sociedad, estimar y contrastar y, lamentablemente, poder tomar las medidas adecuadas. Por ello la importancia que se le da a la moral, el deber ser, la costumbre…

    Gracias y un saludo

    • No he leído el libro, pero conozco bastante las ideas con las que Hayek escribió sobre el socialismo (entendido como planificación central). Sobre esto, Hayek tuvo intuiciones muy buenas y explicaciones de por qué la URSS fracasaría suficientemente bien ordenadas como, a pesar de no estar formalizadas, fueran de gran interés. De hecho, gran parte de esas ideas se han ido formalizando.

      Toda la literatura sobre diseño de mecanismos y el estudio en ellos de la información necesaria para que funcionen y de los incentivos para revelar o no la información veraz (Hurwicz y compañía) ha corroborado esas ideas. Hayek era más filósofo que economista y su como economista, sus ideas carecían del rigor necesario, lo que hizo que nunca fuera contratado como tal en el Departamento de Economía de la Universidad de Chicago.

      • Estimado profesor

        En primer lugar, agradezco su respuesta dado que me encuentro en una posición de literatura abarcada muy escasa y me encuentro en mi adolescencia académica por lo que una conversación con usted me ayudará mucho, lo digo sinceramente.

        En segundo lugar, estoy de acuerdo en destacar a Hayek en el campo de la filosofía, sin embargo siento una minusvaloración suya como economista que tiene su base en dos argumentos. Su rigor científico y su no entrada en la Escuela de Chicago.

        El escaso rigor científico me parece más que debatible, en mi opinión, y reitero que es opinión, en base a la bibliografía que expone en sus obras. Desarrollo mi argumento. Hayek tiene varias etapas en su vida académica siendo la primera de ellas la economía. Posteriormente abarca diversos campos como puede ser la filosofía, la historia, el derecho incluso la teoría de sistemas… El libro que antes le he comentado fue su último libro. Lo escribió a los 80 años de edad. Este libro podria considerarse una crítica general de la arrogancia del científico básicamente… No me malinterprete en el sentido de que le estoy llamando arrogante para nada pero el título del libro es el más adecuado.
        En este libro por cierto alaba la Teoría de Juegos en un apéndice. Valora muy positivamente la asignatura de la usted es coordinador en la Universidad.
        Quiero decir con todo esto que Hayek sí ha tenido rigor científico, también como economista, quizás no entró en Chicago por que no quiso.

        • No he minusvalorado a Hayek como economista. En una época en la que la Economía estaba dotándose de rigor, su estilo empezaba a ser de otra época. He reconocido que, aún así, pudo decir cosas interesantes. Pasa lo mismo con muchos otros, como Keynes y Marx, también generadores de escuela. Debemos dejar de hacer exégesis e interpretaciones del tipo “qué dijo en realidad el maestro”, “qué quiso decir” o “qué diría en tal situación”. No van a ninguna parte.

      • Creia que Hayek no fue contratado por Chicago por temas personales, relacionados con el conservadurismo de la epoca y esa universidad

          • Aquí algo de información al respecto

            http://www.economicthought.net/blog/2012/04/hayek-at-chicago/

            Sí, parece que le echaron para atrás por no ser “suficientemente científico”. Tiene cierta gracia. Porque luego, esos mismos guardianes del cientificismo sí contratan por ejemplo a Coase, después de un episodio digno de 12 hombres sin piedad, en el que relata Stigler que Ronald les convenció prácticamente uno a uno en una cena en casa de Aaron Director.

            Dicho esto, detecto cierto tono de condescendencia con Hayek, que creo que no merece. Estoy radicalmente en desacuerdo sobre el tratamiento que dieron a Hayek en Chicago.. The use of knowledge in society, que se publicó en la AER, denota un nivel de análisis y profundidad que le podría valer por si solo la entrada a cualquier departamento de economía del mundo, por lo menos en la época en que se escribió. Y vamos, que Stigler y Friedman, que mezclaron con gusto y disfrute la ciencia con la ideología (sí, sí, el articulo de krugman sobre separar al Friedman científico del ideólogo está muy bien, pero el propio Friedman no creo que tuviera muy clara la frontera entre una cosa y otra. Vamos a ser claros. Sabes qué respuesta le van a dar a todo antes de analizarlo. Más mercado. Y básicamente punto), se pongan dignos…

  • Ciertamente la existencia de “escuelas” es un “toque de atención” que pone, quizás, a la economía más cerca de la sicología (su Caliban) que de las matemáticas (su Ariel).

    Pero, además, “hacer ciencia” no es un objetivo final. El objetivo es ser capaz de “predecir” y “manipular”. Y ahí es donde la economía (el mainstream y todas las “escuelas”) resultan bastante desilusionantes. La realidad es que no sabemos qué sucede con el desempleo si aumentamos el salario mínimo, que los banqueros centrales tienen probada capacidad para crear problemas (1929, 2001-4, ahora?) y que no le vemos ninguna utilidad “práctica” (para predecir y manipular) a conceptos tan exotéricos como la NAIRU (cuyo principal uso es, seguramente, reivindicar a Yogi Berra).

    Y, tal vez, sobrevaloramos la Ciencia. Después de todo, primero inventamos la máquina de vapor y después la termodinámica y aprendimos a volar antes de usar a Euler en aerodinámica. Avanzamos sobre todo a través del “tinkering”, probando y fallando o no. La idea de que una “inteligencia central científica” es la que cambia el mundo con una visión top-down no es solo probablemente equivocada si no, además, peligrosa.

    La economía no tiene un esquema “decente” de “tinkering” y sus incentivos son malos (tienes “éxito” si tus colegas dicen que lo haces bien, no porque lo que propones funcione en la práctica). Con esos mimbres y su (poca) capacidad de predecir; su influencia en las políticas monetaria y fiscal es, seguramente, muy peligrosa.

    • Debo, por lo menos, matizar alguna de las afirmaciones que vierte en su comentario.

      Dice que hacer ciencia no es el objetivo, sino predecir y manipular. Justamente hacer ciencia es crear modelos explicativos que permitan predecir y manipular. A veces esta predicción no es la que quisieran unos (p.e., la Economía no predice crisis ni valores en la bolsa, pero sí el caos económico de Venezuela) o la manipulación no se entiende bien (p.e., la Astrofísica no puede manipular una estrella para ver si sus modelos son correctos, pero sí puede manipular -manejar- distintos tipos de estrellas observados en distintas circunstancias).

      Tal vez no sepamos qué sucede en general con un aumento del salario mínimo, pero sí sabemos qué sucede en casos particulares y qué cosas observar para tener una idea de los efectos de una subida concreta (o no tenerla, si las cosas no quedan claras).

      Los incentivos son muy variados. El decir lo que quieren oír los colegas no es de los más fuertes. Un recién doctorado está deseando mostrar que sus mayores están equivocados y las revistas académicas están deseando ser las primeras en mostrar qué nueva teoría explica mejor la realidad económica.

      • Estamos de acuerdo, entonces, en que lo relevante en una “ciencia” no es la elegancia de sus planteamientos, su coherencia interna o la “economía” de sus premisas, si no su capacidad predictiva y manipuladora.

        Supongo que también estaremos de acuerdo en que la capacidad predictiva y manipuladora de la física, por poner un ejemplo, es muy superior (y esencialmente diferente) a la de la economía. En esa situación llamar “ciencia” a ambas disciplinas es, como mínimo, confuso. Y puede llevar al error, muy peligroso creo, de pensar que los economistas pueden “guiar” la economía real hacia un determinado objetivo normativo como la física puede llevar una nave espacial a aterrizar en Europa y perforar su hielo.

        En los incentivos no me refiero a “decir lo que quieren oir” si no al hecho de que el “contraste” de las teorías no sea si funcionan o no en la realidad; si no la opinión de mis “peers”, que pueden estar desando lo que sea, pero no son “la realidad”. Incluso pensar que la “realidad económica” es algo que podemos medir y conocer, primer paso necesario para evaluar si una teoría explica algo es más que dudoso. Desde luego no como hemos aprendido a medir la “realidad física”. De nuevo una polisemia que puede llevar a errores peligrosos.

        Yo prefiero subir en un avión en el que se han volado los hermanos Wright y funcionó, que en un diseño que salió publicado en las mejores revistas y que fue alabado por todos los especialistas en la materia que no se habían subido en él

        • Sin coherencia interna no hay capacidad predictiva. Ninguna ciencia tiene la capacidad predictiva de la Física, eso no las hace menos ciencia. Desde luego, no debemos renunciar a seguir haciendo ciencia porque el objeto de estudio sea más complicado. Solo hay confusión si uno no sabe lo que está diciendo cuando habla de hacer ciencia. Evitemos esas confusiones y esas polisemias aclarando de qué hablamos, en este caso, de usar el método científico y acumular conocimientos con ello. Serán más o menos, y más o menos precisos, pero es lo mejor que podemos hacer y es lo que nos permite distinguir lo mucho o poco que sabemos de lo que nos imaginamos.

      • Un par de ejemplos sobre la dificultad de medir la “realidad económica” que plantea, sobre realidades muy básicas objeto de frecuentes debates económicos.

        http://davidsplinter.com/AutenSplinter-Tax_Data_and_Inequality.pdf tomado del blog de Mankiw sobre la distribución de rentas “real” (o no, o vete a ver)

        https://www.economist.com/finance-and-economics/2018/03/31/the-average-american-is-much-better-off-now-than-four-decades-ago?frsc=dg%7Ce sobre la evolución del income de los trabajadores que usted mencionaba (o no, o vete a ver)

        • Me parece que en este blog no es necesario insistir en la dificultad de medir las variables económicas relevantes. El cuidado constante que tienen nuestros colaboradores explicar cada medida es encomiable. Pero gracias por recordarlo.

  • Buenas Noches:

    Entonces ¿no seria capaz de reconocer a que escuela pertenece Robert Lucas en su trabajo academico?¿ y De Paul Romer? Quiza los dos son de la misma escuela (CHicago en sentido amplio, dado que ambos estudiaron en esa universidad.

  • No es verdad. Sencillamente no es verdad que la economía que se enseña en las universidades se la pueda catalogar de científica.

    Yo he leído “los 10 Principios Básicos de Economía” con el que comienza el libro de de macroeconomía de Paul Krugman y solo uno de ellos tiene algo de científico.

    En su articulo dice:

    …”Desde dentro, siempre propongo a quien no me cree que venga a cualquiera de los seminarios que organiza mi departamento y trate de deducir la ideología del ponente o de los que hacen comentarios o preguntas. Yo no puedo. En cambio, suele ser muy fácil deducir la ideología de la mayoría de economistas que se definen heterodoxos.”…

    Efectivamente, la ideología del ponente es indistinguible de cualquier otra porque todos en su departamento hablan. y piensan…… exactamente igual. En su departamento han eliminado a todos aquellos que piensan diferente y está orgulloso de ello.

    Ese es el problema. Para los pocos que aun quedamos y pensamos diferente de ustedes… ese es nuestro problema.

    ( En economía 2+2=? y esa es la razón por la que ustedes no van a publicar esto)

    • Está usted haciendo afirmaciones gratuitas. No sé qué experiencia tiene con la enseñanza de la Economía, pero estoy dispuesto a aceptar que haya mucha falta de ciencia en según y dónde. Ese es otro tema. El de la entrada es acerca de cómo entender las escuelas de pensamiento económico.

      Los 10 principios con que comienza Krugman su libro son eso, principios. No son axiomas ni modelos. Con ellos intenta ofrecer un panorama de qué cosas se van a estudiar. Alguno de los principios son casi perogrulladas (hay que elegir) que conviene recordar porque a veces se olvidan. Otros anticipan lo que luego se desarrolla formalmente (si no en ese libro, sí en la ciencia económica), como la marginalidad. Otros son definiciones importantes, como el coste de oportunidad. Otros son resúmenes de proposiciones que se siguen de los modelos teóricos y que encuentran validez empírica, como las referidas al comercio y al papel del estado. En fin, que no sé que esperaba en ese enunciado de principios ni por qué quiere basar en su opinión sobre ellos la discusión sobre si la economía puede ser estudiada como ciencia y si alguien lo hace.

      Otra afirmación gratuita y claramente falsa es la que se refiere a que todos los economistas de mi departamento piensan igual. En fin. No hay mucho más que responder a quien dice cosas porque sí, sin ningún fundamento.

  • Debido a la cantidad de comentarios que está suscitando esta entrada, seguiré las reglas de moderación del blog y limitaré a tres comentarios por persona. Normalmente es suficiente, ya que a partir de ahí las intervenciones suelen ser repetitivas. Disculpen las molestias, pero ganará la agilidad con que se encadenan los demás comentarios.

  • Quizá el problema mayor que tiene la Economía, con respecto a otras ciencias sociales, es el claro interés que tiene todo el mundo en manipularla. En mi opinión, es mucho mayor la intoxicación y la cantidad de vendedores de humo que hay alrededor que la verdadera disciplina en sí. Esto no es demérito de la Economía, sino un castigo que tiene que soportar.
    Yo soy ingeniero y trabajo en un campo específico, y cuando veo artículos periodísticos sobre el tema y a “expertos” opinando, me llevo las manos a la cabeza…
    Por otro lado, sigo teniendo serias dudas sobre la cientificidad de la Economía. No tengo claro que se pueda hablar de método científico, en tanto en cuanto los seres humanos que son su objeto cambian. ¿En verdad se puede hacer una predicción económica con certeza admisible? Digo con el mismo nivel de certeza con el que un astrofísico calcula una órbita o un químico una combustión.

    • Sí, se pueden hacer predicciones.
      No, no tendrán la precisión de la física. En muchos casos sí tendrán la certeza (pon un precio máximo muy alto en un bien y tendrás escasez y mercado negro con gran certeza).

      Poner la etiqueta de “ciencia” o no a una disciplina es, a menudo, un problema semántico. Yo solo insisto en defender que se use el método científico y en considerar los conocimientos adquiridos con su aplicación. Si alguien reserva el término ciencia para implicar, además, precisión y universalidad, eso ni quita ni pone a lo que trato en la entrada.

      • Sí, pero son tan pocas y tan “malas” que no sé si les puede dar ese nombre.
        Más que como una ciencia, veo una analogía grande con la pintura y los diferentes estilos que se han ido sucediendo a lo largo de la Historia. Casi como un arte, quizá.
        Pero es una discusión semántica, tiene razón.
        Muchas gracias por el artículo y por los comentarios!

        • La del ejemplo no es tan mala y hay muchas como esa. Entre las que hay es, por lo menos, suficientes para haber evitado muchísimo sufrimiento en la historia de la humanidad, incluso contando solo la historia desde que eran sabidas. No me parece poco. Luego hay otras predicciones menos dramáticas, pero que ayudarían al día a día, a cómo organizar un poco mejor la universidad, a hacer las asignaciones de donantes de órganos a pacientes, a aminorar la dualidad del mercado de trabajo,…

      • ¿Cuál es la razón, entonces, de que no podamos obtener esa misma precisión en la economía? ¿Es porque se tiene como objeto de estudio, en parte, el comportamiento humano y este, de momento, nos resulta tremendamente difícil de predecir?

        En caso de que se produzcan grandes avances en neurociencia ¿podríamos, poco a poco, ir puliendo la precisión de nuestras predicciones? Entiendo que la behavioural economics va, poco a poco, intentando meterse en esa vía y que, por ello, la economía va avanzando como ciencia.

        ¿Qué más factores son lo que provocan esa falta de precisión que tanto daño hace a la consideración de la economía como ciencia, si la cuestión de su objeto de estudio no es la principal?

        En todo caso, entiendo que la gente no considere una disciplina como ciencia si es incapaz de predecir correctamente. También en derecho aplicamos el método científico para la verificación de hipótesis (la normativa de protección del consumidor es más garantista en España que en Italia; las constituciones rígidas provocan más crisis constitucionales…) y, sin embargo, difícilmente considera alguien que la investigación jurídica es científica…

        Gracias y saludos.

        • No sé qué pasará en el futuro. No es solo que el comportamiento humano sea difícil de prever. Si solo fuera eso cabría la posibilidad de predecir el comportamiento agregado aunque no se pueda predecir el individual. El problema es la cantidad de variables que intervienen y que se muestran relevantes en distintas momentos, muchas de las cuales quedan fuera del ámbito de la economía y muchas de las cuales son imprevisibles.

          Reitero que la Economía sí hace previsiones certeras, aunque imprecisas.

          Reitero también que el llamar o no ciencia al conocimiento acumulado cuando se usa el método científico es un debate semántico en el que no quiero entrar. Lo que yo defiendo es que la Economía debe acumular conocimiento usando ese método y que rechazarlo lleva a hacer mala Economía. Dilucidar entonces quién hace buena y mala Economía según este criterio es el debate que me interesa.

  • Buenas profesor,

    entiendo lo que dice sobre que uno no debería enrocarse en una escuela o ideología para tratar de justificar un pensamiento sin poder demostarlo de manera empírica o rechazando los resultados de estudios de una corriente opuesta, simplemente por ser del signo contrario.
    Ahora bien, ¿cree que un economista debería posicionarse idiológicamente primero e intentar avanzar en ese campo? o, por el contrario, dejar atrás esa tendencia e indagar y obtener resultados independientemente de cómo pueda afectar a sus ideales, por el bien de nuestra ciencia.
    ¿Tendría mayor mérito ese camino al obtener evidencias por el bien del avance en el campo de estudio?

    • No seré yo quien le diga a nadie qué le debe motivar y con qué objetivo debe enfocar su trabajo. Si un economista tiene una idea de unos fines (ideológicos, normativos) que quisiera ver conseguidos, que estudie los mecanismos que llevan a ellos. No hay problema. Si otro prefiere conocer a fondo un sector particular de la economía, también adelante.

      La Física distingue la física teórica, la experimental y la ingeniería. En Economía está todo más mezclado. Tal vez eso nos confunda a veces.

  • Jose Luis, lo primero, te animo a que publiques un segundo libro. Argumentas magníficamente los post, se esté de acuerdo o no con ellos. Lo único que te diría de la magnífica entrada es que creo que eres demasiado optimista sobre la capacidad humana de rectificar una teoría al ser presentada la evidencia contraria. Tanto en el caso de las escuelas como de los economistas individuales. Humanamente, cuesta hacer un Hicks yreconocer, después de 30 años de investigación en un tema que la nueva evidencia deja nuestras teorías como obsoletas. Y en economía, echa dos tazas más, porque, a diferencia de determinadas áreas de la física, incluso la evidencia a favor o en contra de algo es discutible. Yo puedo “querer” mucho mi propia teoría sobre la gravedad, pero un par de eclipses demuestran a las claras que Einstein esta en lo correcto y mi teoría no vale para nada. Pero qué clase de evidencia lleva por ejemplo a descartar o validar la modelización DSGE en macro? cuando menos es una evidencia o falta de ella mucho más discutible. Eres también demasiado generoso con la capacidad de los grandes economistas de separar “su trabajo científico” de sus opiniones. Muchos parecen tener clara la teoría de que “hay que separar una cosa y otra”. Pero en la práctica te llega Prescott a España y zás! se lanza a recomendar políticas que no tienes muy claro si se deducen de su trabajo o son opiniones. Y él es ambiguo al respecto. Te pondría muchos ejemplos más.

    • Gracias por los ánimos y por pensar que pueda escribir algo relevante en un segundo libro. La verdad es que sí tengo un segundo libro a punto de salir, pero es uno de texto sobre teoría de juegos para las ciencias sociales y la filosofía. Ya daré la lata en twiter y en mi blog cuando salga.

      No ha sido mi intención ser optimista ni generoso. Simplemente expongo la necesidad de que se estudie científicamente la realidad económica. Incluso si uno es pesimista acerca de que se pueda avanzar mucho, la alternativa siempre es peor. Tan simple como eso. Como corolario animo a quien me lea que demande el método científico a los economistas antes de leerlos o hacerles caso.

      Lo mismo digo con la necesidad de separar conocimiento de opinión. No será fácil, porque gran parte del conocimiento es más bien sobre tendencias y causalidades entremezcladas. Defender un proposición para la que el conocimiento ofrece una probabilidad del 63%, por decir algo, ¿es ciencia u opinión? Pero hay que intentar esa distinción en la medida de lo posible. Juzguemos también si cada economista particular lo hace o no. Aunque pocos lo hagan como debieran, debe seguir demandándose.

      • cuando me refiero a optimista me refiero en concreto a que sugieres al menos implícitamente que existe un buen numero de economistas que pasarían exitosamente el test de preguntas que planteas. Déjame que dude, sobre todo en esa parte de “ante la evidencia, revisan sus teorías”. Creo sin embargo que tienes toda la razón en argumentar que la revisión de pares es la mejor manera que conocemos (sin ser por supuesto perfecta, tiene sin duda cierta path dependence) de intentar que la cosa mejores, y en el tono general de la entrada. Gracias por la respuesta, y quedo en espera del nuevo libro y los que sigan! Por cierto, en el obituario de Aaron Director se refieren también el fichaje de Coase por Chicago que mencionaba en el comentario más arriba, por si a alguien el interesa. https://www.nytimes.com/2004/09/16/us/aaron-director-economist-dies-at-102.html

        • En los seminarios y congresos, sí que lo suelen pasar. Por lo demás, la ciencia avanza no porque cada economista cambie de opinión con los datos, sino que lo vaya haciendo el estado de la cuestión. Ocurrirá porque alguno sí cambie su posición, porque los que mantienen las viejas son menos tenidos en cuenta, porque las nuevas generaciones las aceptan,…

  • “En cambio, suele ser muy fácil deducir la ideología de la mayoría de economistas que se definen heterodoxos.”.
    Gran verdad para coronar una excelente entrada. Enhorabuena.

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