Nosotros, los Europeos: Sobre Coaliciones y Consistencias Ante un Socio Incierto

por Carles Mañó-Cabello (KU Leuven)

We the People of  Europe, nos hallamos ante una encrucijada histórica. Dos terremotos geopolíticos han dinamitado en pocos meses las alianzas que dábamos por sentadas con nuestro hasta ahora principal aliado al otro lado del Atlántico.

El primer terremoto es una guerra económica: una política arancelaria que no replicaba los aranceles impuestos por terceros países, sino que, en su amenaza inicial, derivaba del déficit comercial (de bienes) de Estados Unidos (EE. UU.) con cada socio, o dependiendo de la afinidad política. Estos son empleados como arma de coerción, diseñados para forzar concesiones impropias de una relación entre aliados. El segundo seísmo es la profunda brecha en la estrategia común ante la guerra en el este de Europa, unida a la sombra de un posible incumplimiento del tratado transatlántico. Recientemente, la ruptura del derecho internacional con el secuestro de un dictador en territorio venezolano, y la amenaza de quedarse con Groenlandia sin descartar el uso de la fuerza, han intensificado aún más este segundo temblor.

Ambos elementos convergen en una misma consecuencia: la confianza, uno de los activos más valiosos en geopolítica, se ha hecho añicos. Ahora, el “jugador” europeo debe mover ficha en un tablero que se rige por nuevas reglas, le guste o no.

Estamos siendo testigos del inicio del fin de un orden económico global surgido en Bretton Woods por las naciones vencedoras tras la Segunda Guerra Mundial. Ante este giro notable en el potencial devenir histórico, cabe reflexionar sobre ciertas cuestiones. La respuesta que demos ante la nueva política arancelaria de EE. UU., marcadas por tendencias autárquicas, y con potenciales cambios constantes, no debería depender en la “suerte” que cada Estado miembro de la Unión Europea (UE) tenga con respecto a la respuesta que dé su gobierno para paliar los efectos en las respectivas economías nacionales, sino materializarse en una acción conjunta y coordinada a escala europea. Este fue uno de los temas de debate en los primeros días tras el anuncio kafkiano de los nuevos aranceles en el “día de la liberación[1] (liberation day). Se trata de una oportunidad de hacer más Europa, consolidar una mejor unión, más fuerte y resiliente ante devenires que amenazan nuestras economías, y seguir trabajando hacia una integración más profunda. Cabe recordar que hemos avanzado en cuestiones de la “Unión” como respuesta a grandes retos. Cada desafío ha sido una oportunidad para mejorar este proyecto en el viejo continente, aunque sin estar ausente de complejas derivadas sociales, como ocurrió con la respuesta a la Gran Recesión -el denominado “austericidio”, considerado hoy por todos los analistas y miembros del espectro político democrático, como errático y contraproducente.

Las respuestas deberían resonar a aquellas adoptadas ante el gran shock de 2020 (COVID). Deberíamos tener en cuenta que, si la distorsión económica desestabiliza fuertemente a los trabajadores europeos, podríamos vernos abocados a giros políticos donde se acojan posturas extremistas motivadas por el descontento social. Por ello, como europeos, debemos dar una respuesta adecuada para proteger a nuestros ciudadanos, tanto productores como consumidores. Esto no significa recurrir a respuestas proteccionistas que repliquen lo iniciado por los estadounidenses, como bien ha hecho la UE en el reciente acuerdo. Debemos escuchar a quienes se dedican a investigar sobre estas cuestiones y hacer uso de la magnífica capacidad intelectual de nuestros expertos, ya se encuentren en universidades europeas, en Norteamérica o en el resto del mundo. Si los estadounidenses se pegan un tiro en el pie, los europeos no deberían autolesionarse e imitar la misma política arancelaria. Por ejemplo, poner aranceles a los servicios estadounidenses - como abogaba la vicepresidenta europea Teresa Ribera-, donde la UE tiene un déficit respecto de EE. UU. de 109 mil millones de euros (109 billions en inglés), sería una política poco sofisticada, y haría más daño a los europeos, ya que no contamos con alternativas creadas en los Estados miembros. Los recientes análisis sobre el acuerdo comercial, donde EEUU impondrá un arancel del 15%, muestran algunas reacciones con líneas argumentales poco sofisticadas intelectualmente al pedir que los europeos se autoinflijan un daño y encarezcan todo el conjunto de bienes importados del país norteamericano y repliquen con la misma tasa.[2]

La utilización de aranceles como política industrial en tierras del Tío Sam para intentar incrementar el empleo en el sector manufacturero, denota un profundo desconocimiento de cómo funciona la economía mundial y la creación de valor añadido en el siglo XXI. Sin embargo, la utilización de aranceles muestra que la administración estadounidense sí entiende bien las dinámicas de la economía política -political economy en inglés, diferente a la política económica-, donde el partido republicano ha sabido capitalizar el descontento de los trabajadores del Cinturón de Óxido -el Rust Belt, el tradicional polo industrial que forman varios Estados del medio Oeste- y otras partes del país.

A diferencia de la administración anterior, que impulsó incentivos específicos para fomentar la inversión y la modernización en sectores de alto valor añadido y de clave importancia -como microprocesadores y energías renovables-, la administración actual se centra en medidas punitivas y una visión de la economía mundial como un juego de suma cero. Esto resalta la diferencia entre estimular el crecimiento a largo plazo y fomentar una autonomía estratégica, por un lado, y proteger empleos manufactureros mediante políticas restrictivas por otro lado, aunque estas últimas dañen el potencial crecimiento de la economía, y en consecuencia, la oportunidad de poder disfrutar de un mayor pastel por parte de todos sus ciudadanos.

No obstante, una respuesta europea específicamente dirigida a aquellos productos originarios de estados con un fuerte respaldo al movimiento MAGA (Make America Great Again), podría constituir un mecanismo de presión política, similar al uso histórico de sanciones económicas, orientado a incentivar dinámicas de presión interna.

Los economistas suelen estudiar el impacto que tienen diferentes tipos de políticas en el bienestar de los ciudadanos -empresas, hogares y demás actores implicados. Deberíamos recordar que a veces, en la “felicidad” (utilidad) de los consumidores, no entra únicamente comprar los productos más baratos, sino también una especie de “orgullo nacional”. En consecuencia, pueden estar dispuestos a comprar productos de origen nacional a un mayor precio, y “castigar” así los productos de un tercer país -véase la respuesta canadiense-, ofreciéndoles esta estrategia una sensación de mayor felicidad, aunque hayan tenido que pagar más por sus productos, y dejándoles así con una menor capacidad adquisitiva.

Sobre Consistencia Temporal en Coaliciones

Dado este panorama, ¿se puede confiar en un socio errático, que da bandadas en sus decisiones, llenando de incertidumbre el escenario político, y no es consistente en determinados anuncios de política? Todo este desconcierto arancelario y amenazas geopolíticas, incrementa la incertidumbre en todos los ámbitos en la toma de decisión. Muchos analistas llamaron al “Día de la Liberación” un posible “Lehman Brother” autoinfligido, aunque parece lejos de derivar en un impacto comparable. Sin embargo, parece la primera grieta del orden geopolítico mundial.

Además, la posible inconsistencia con los socios de la OTAN, hace ahora de EE. UU. un socio poco fiable. Cabe remarcar, sin embargo, que los europeos han disfrutado del llamado dividendo de la paz (peace dividend) después de la Segunda Guerra Mundial y ha disfrutado de la provisión de un bien público por el que no tenían incentivos a invertir lo suficiente en épocas de paz.

Para analizar estos acontecimientos, es interesante recurrir a las herramientas de la teoría de juegos para poder reflexionar sobre la estabilidad y consistencia de las coaliciones a lo largo del tiempo. Hasta ahora, creíamos que nuestras alianzas con los socios norteamericanos eran resistentes a cualquier acontecimiento, esto es, se mantendrían firmes en el tiempo. Sin embargo, algo empezó a cambiar en 2016 con el cambio político en la administración estadounidense. Una de las primeras desviaciones de EE. UU. fue la retirada del Acuerdo de París, un pacto al que ellos mismos habían contribuido en su formulación y respaldo en 2015, para luego volver a adherirse bajo la administración Biden, y luego volver a cambiar de parecer y salirse del acuerdo con la llegada de Trump 2.0.

Esta inestabilidad a nivel individual se puede comparar con el comportamiento de un fumador inconsistente que, tras comprometerse a dejar el hábito, logra abstenerse durante un tiempo, pero luego recae y retoma el cigarrillo. Cada una de las recaídas compromete su credibilidad, y con el tiempo, quienes lo rodean dejan de confiar en su compromiso, sabiendo que es incapaz de mantener una estrategia constante.

Ahora, cuando consideramos esta dinámica en una situación con varios decisores -una coalición-, la falta de consistencia temporal mina la confianza entre todos los jugadores, dificultando la formación de potenciales nuevos acuerdos duraderos y efectivos. Para ilustrar este segundo concepto de manera coloquial, y sus implicaciones en una coalición, imagínese que forma parte de un equipo de baloncesto. Si un jugador, al ser incluido en el quinteto, actúa en detrimento del equipo de forma intencionada -por ejemplo, cometiendo errores recurrentes que perjudican al conjunto o incluso realizando canastas en su contra-, y habiendo prometido en el pasado que no lo volvería a hacer, pero sigue realizando los mismos errores perjudicando al equipo de forma intencionada, rápidamente perderán la confianza en él, y el equipo dejará de contar con su participación en futuras alineaciones. De forma similar, en una coalición, la inconstancia en el compromiso erosionará la confianza entre los socios, dificultando la formación de alianzas duraderas y efectivas. Aunque dicho agente afirme que actuará de manera fiable en un futuro, los demás no confiarán en él, ya que ha perdido toda credibilidad. Se produce así una discrepancia entre lo que este agente declara que hará y lo que los demás consideran que realmente hará.

Estas ideas han dado pie al acrónimo satírico en la propia prensa estadounidense que ironiza sobre su inconsistencia temporal analizado en este artículo, TACO (Trump always chickens out) -ver aquí-. Sin embargo, parece que TACO está decidiendo en tiempo real volar por los aires alianzas históricas, y en el ámbito de la geopolítica, parece que no se está acobardando (he is not chickening out), y decide actuar en contra de la legalidad internacional.

Estas dinámicas pueden desencadenar consecuencias indeseadas, al permitir que otros actores, como China, aprovechen el vacío dejado por el hasta ahora jugador dominante en geopolítico mundial, para posicionarse como nuevo protagonista dominante, o bien, acabar en una configuración de escenario multipolar. Por consiguiente, en ausencia de garantías de consistencia política por parte de EE. UU., sus hasta el momento socios, pueden verse incentivados a estrechar vínculos cada vez mayores con potencias emergentes o incluso rivales sistemáticos en lo político, por haber perdido la confianza en su hasta el momento socio estadounidense -siempre y cuando no se encuentre en el hemisferio occidental y se vean amenazados por una invasión estadounidense-. Es decir, los movimientos erráticos y frecuentemente cambiantes, pueden ser contraproducentes para el propio EE.UU.

En el presente escenario, se incrementará la dificultad para llegar a acuerdos trascendentales con los estadounidenses que exigen una confianza mutua. Ciertamente, la credibilidad es el activo más valioso que un miembro de una coalición puede perder. Resulta preocupante ver cómo en pocos meses, se puede destrozar la reputación de socio fiable creada durante ochenta años.

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Liberation_Day_tariffs

[2] Ignatenko, A., Lashkaripour, A., Macedoni, L., Simonovska, I., 2025. Making america great again? The economic impacts of liberation day tariffs. J. Int. Econ. 157, 104138. http://dx.doi.org/10.1016/j.jinteco.2025.104138

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

ugg baratas outlet | moncler outlet baratas