Cuándo funciona la planificación

Estamos viviendo una situación excepcional en muchos sentidos. En el económico, además de la reducción de la actividad económica, primero al mínimo con solo servicios esenciales y luego con desescalada, hemos experimentado con la planificación: las órdenes de qué actividad es permisible en qué momento, el requisamiento de material, la adopción de precios máximos y, sobre todo, la reorganización del sector sanitario. Esto ha dado lugar a un cierto debate sobre el papel del Estado en la economía y, en particular, se han desempolvado argumentos sobre la superioridad de la planificación frente al mercado. Un ejemplo muy comentado en su momento fue la capacidad de las autoridades chinas para construir el hospital Huoshenshan, en Wuhan, en diez días o, en nuestro país, la capacidad de convertir en hospital las instalaciones de IFEMA, en Madrid, en 48 horas.

El argumento general de que la planificación es mejor porque ha sido necesaria para enfrentar la crisis sanitaria no tiene sentido. Sería como decir que el confinamiento es un mejor estilo de vida por la misma razón. Y eso sin llegar a decir que la planificación ha sido solo parcial (en las áreas sanitarias) o negativa (tal actividad queda prohibida), sin entrar en otras áreas, como la alimentación, que ha abastecido a la sociedad sin que el sector estuviera sujeto a planificación central. Las extrapolaciones a partir de casos particulares, como los de los hospitales construidos deberían ir acompañadas de argumentos que mostraran que la extrapolación a otras actividades está bien fundamentada.

Que un argumento para defender una postura no sea bueno no quiere decir que esa postura sea inadecuada, sino que, de serlo, su justificación vendría por otros argumentos mejor construidos. En esta entrada intentaré mostrar las circunstancias en las que la planificación económica puede tener sentido.

Ocurre un accidente y se llama al servicio de urgencias. Desde la centralita se envía una ambulancia, la que pueda llegar más rápidamente. No se establece ninguna subasta entre las ambulancias para ver cuál de ellas acude y a qué precio, no hay ningún mercado en el que dilucidar a qué ambulancia se le contrata ese servicio. No hace falta.

En contra de lo que muchas veces pueda parecer, la Economía no va de precios (no principalmente) sino de cantidades: qué cantidades de qué bienes y servicios producir, con qué cantidad de recursos, con qué tecnología y qué cantidades de cada bien y servicio irán a cada ciudadano. Los precios de mercado son solo una manera de orientar estas decisiones. Cuando ya sabemos qué cantidad es la óptima que producir con una determinada tecnología o que consumir por parte de una ciudadana, no hace falta más. La pregunta relevante es ¿cuándo lo sabemos?

En el ejemplo de la ambulancia lo óptimo es enviar de la manera más rápida una ambulancia, no dos ni ninguna sino exactamente una. Los euros que se puedan ahorrar por traer una ambulancia más barata que está un poco más lejos no compensarán por los minutos de más que tardaría.

Hay otras circunstancias en las que sabemos qué hacer. En situaciones de guerra total, como en la Segunda Guerra Mundial, lo prioritario es el aprovisionamiento del ejército con soldados, armas y material de guerra entre otras cosas. El resto de la economía puede estar en mínimos. Si los generales son competentes, sabrán lo que necesitan y el país se pondrá a producirlo, sabrán también qué problemas técnicos sería bueno resolver y orientarán la investigación para resolverlos. Así se desarrolló el radar, por ejemplo. Los problemas de la planificación surgen cuando hay que tomar nuevas decisiones. Veamos algunos casos.

1. En mi encuentro con ingenieros y físicos, muchos parecen entender la producción como un problema casi exclusivamente tecnológico. En un nivel, el que se refiere estrictamente a la producción, esto es ciertamente así, pero en un sentido más amplio deben incluirse las decisiones de qué producir y con qué tecnología. El qué producir es una decisión de riesgo. ¿Estaremos produciendo mucho o poco? ¿Alguien querrá lo que producimos? ¿Lo querrán al precio que queremos vender? La decisión de elección de la tecnología puede parecer exclusivamente ingenieril, pero no es así. Muy a menudo compiten varias tecnologías para producir un bien o servicio y con la complicación de que esas posibilidades tecnológicas pueden cambiar en el futuro, así que hay que tomar otra vez decisiones de riesgo. A veces el conocimiento científico y técnico está disponible, pero su aplicación a la fabricación de bienes de consumo deja mucho que desear. Los conocimientos de física y de la tecnología del motor de combustión interna eran perfectamente conocidos por los ingenieros de la República Democrática Alemana, pero esa economía fue incapaz de desarrollar una industria automovilística mínimamente comparable a la de la República Federal Alemana. Si añadimos los problemas de buscar proveedores, clientes, respaldo legal, decidir cómo crecer, cómo invertir, repartir beneficios, etc., encontramos todavía más dimensiones económicas, no ingenieriles, de la producción

2. Un país inicia su revolución socialista, el gobierno se apropia de los medios de producción. Nada se les oculta del proceso de fabricación, en el gobierno hay personal que conoce perfectamente cómo se desarrolla la producción y que saben quienes son los proveedores y clientes, pero fracasan. Ha faltado todo lo que se señalaba en el punto anterior. No saber estas cosas es lo que me hace pensar que muchos de mis contertulios científicos sean a menudo proclives a la planificación. No ven el problema económico de la producción, solo el limitado de la transformación de inputs en outputs.

3. En tiempos modernos, con parte de la humanidad desnutrida o, directamente, que se muere de hambre y con los recursos materiales para evitar esa situación, uno puede muy bien también caer en la tentación de pensar que no hay problema de producción agrícola o que su solución sería muy fácil. Y ciertamente lo sería, pero solo a corto plazo. Casi cualquier persona que pudiera tomar las riendas de la producción agrícola del mundo podría repartir lo producido para eliminar el hambre, porque ahora se produce lo suficiente. Sin embargo, sin un plan viable de qué hacer al día siguiente, el problema volverá a surgir y con mayor intensidad (vean la historia agrícola de la URSS y de la China de Mao). El problema, claro está, es mantener la producción y para ello hay que mantener el incentivo para que los millones de agricultores, obreros, inversores y propietarios sigan tomando las decisiones de producir eficientemente y eso no se soluciona solamente con tecnología, a pesar de ser absolutamente necesaria. Y lo que debe acompañar a la tecnología no es ideología, precisamente, sino buena economía.

Cosas parecidas se pueden decir sobre las nacionalizaciones. Funcionan durante un tiempo, pero en cuanto no sea fácil saber por parte de una autoridad central qué es lo que hay que hacer comenzarán los problemas, de manera que un mecanismo más descentralizado de decisión, que respete las preferencias de los individuos, las necesidades de cada empresa y permita aprovechar el conocimiento de cada uno de los agentes económicos será más deseable.

Tenemos en la economía moderna un ejemplo reciente. Hasta los años 1990s las empresas de telecomunicaciones eran públicas o monopolios fuertemente regulados. Mientras el Estado conocía la tecnología y sus posibilidades podía regular el monopolio obligándole a dar un tipo de servicio a un precio para el ciudadano que permitiera a la empresa recuperar la inversión y tener un beneficio razonable. El problema surge en cuanto se complican las cosas. Si la empresa consigue una mejora tecnológica que le permita tener menos costes, la regulación que garantiza el beneficio normal será una rémora. ¿Para qué reducir costes si va a ganar lo mismo?

Los economistas vieron eso y propusieron abrir el sector a la competencia (aquí, p.e.). La pérdida de eficiencia por duplicar algunas inversiones se vería más que compensada por los incentivos a reducir costes. En pocos años se universalizaron tecnologías que apenas se usaban (fax, llamadas a tres, buzón de voz, terminales extra, etc.) y pocos años después se produjo la explosión en las telecomunicaciones que nos ha traído los teléfonos inteligentes.

Hay dos sectores en los que el consumidor elige poco, como son la educación básica y la salud. El elegir poco es en relación a otros sectores y en relación a la cantidad de características del bien que están ya decididas. No se eligen los contenidos de las matemáticas, ni de la literatura. En la mayoría de las enfermedades hay uno o dos protocolos de tratamiento y no hay más donde elegir. En estos casos no es de extrañar que la planificación pueda funcionar, aunque es cierto que funciona todavía mejor si compite con proveedores privados. También la Renault nacionalizada en Francia era mejor empresa al competir con otras empresas automovilísticas privadas que la que producía el modelo Trabant en la República Democrática Alemana.

Hay 33 comentarios
  • Muy bueno, sin duda.
    Una cuestión: ¿tiene alguna referencia para profundizar sobre lo que comenta en el último párrafo?

    “Hay dos sectores en los que el consumidor elige poco, como son la educación básica y la salud. El elegir poco es en relación a otros sectores y en relación a la cantidad de características del bien que están ya decididas. No se eligen los contenidos de las matemáticas, ni de la literatura. En la mayoría de las enfermedades hay uno o dos protocolos de tratamiento y no hay más donde elegir. En estos casos no es de extrañar que la planificación pueda funcionar, aunque es cierto que funciona todavía mejor si compite con proveedores privados”.

    A primera vista sí creo que existe multitud de oferta curricular, metodología, horario, etc. en educación y que, desde luego, tiene mucha influencia en el resultado final. Como mucho existiría poco margen en educacíom muy muy básica.
    Y en sanidad igual. Una misma patología tiene infinidad de tratamientos posibles, con muy desiguales resultados.
    No sé si tiene algo que ver la asimetría de información…

    Gracias y saludos.

    • No es que no haya variedad en lo que toca a diferentes materias que se puedan estudiar, sino que el contenido de cada una está bastante bien definido. Por supuesto, cuando digo esto, debe entenderse relativamente a otros tipos de bienes y servicios. Claro que hay distintas metodologías docentes y que hay mucho contendido susceptible de variar. Por eso, a pesar de que las economías planificadas consigan funcionar relativamente bien en la educación, lo podrían hacer mejor permitiendo cierta competencia. En sanidad podríamos decir cosas parecidas.

  • José Luis, gracias por su post. Han pasado 60 años de mi primera clase de Economía donde aprendí a distinguir entre un problema técnico y un problema económico y 26 años de mi experiencia en China –cuando Deng Xiaoping permitió la ayuda de extranjeros para resolver problemas económicos (la primera ola de reformas fue interrumpida por la tragedia de Tiananmen Square). De mi juventud recuerdo a Oskar Lange y su socialismo de mercado (ver https://en.wikipedia.org/wiki/Oskar_R._Lange ) y de mi estadía en China la irrelevancia de ese socialismo para entender a los países comunistas.

    Pocos se acuerdan de Lange y su socialismo, pero muchos insisten en recurrir a la “planificación” comunista. El cuento de esta “planificación” no se puede entender desde la lógica de la asignación eficiente de recursos. El cuento es puramente político: aprovechamiento de los recursos por quienes tienen “control total” del poder coercitivo legítimo del estado-nación. Lange lo entendió cuando regresó a Polonia, otros lo entendimos cuando trabajamos en un país comunista (pero también gracias a John Montias que intentó y falló en comparar sistemas económicos a partir de las organizaciones jerárquicas no de los mercados). Hoy, en España y varios países, el problema central es político, es decir, la lucha por el poder entre quienes buscan “el control total” disfrazados de corderos y las demás facciones que solo buscan “disfrutar” del poder sin joder mucho al pueblo aunque luego lo traicionen.

    • La idea de Oskar Lange de guiarse por las acumulaciones de inventario y las colas para adecuar la planificación a las relaciones de oferta/demanda nunca ha acabado de sostenerse. Estas cosas siempre las han visto los planificadores, pero siempre ha faltado el incentivo para responder adecuadamente. La propuesta sigue sin resolver el problema, que no es solo no caer en totalitarismos, sino generar esos incentivos.

  • “WALMART, ¿CABALLO DE TROYA SOCIALISTA?” (Le Monde Diplomatique, marzo 2020)

    “Cuando llegue la revolución… esta empresa (Walmart) no deberá considerarse un vestigio del viejo mundo, sino una anticipación del que se tendrá que construir.”
    “…Ludwing von Mises se preguntaba: cuando una comunidad supera el tamaño de la célula familiar primitiva, ¿los dispositivos de planificación socialista son capaces de determinar qué producir, en qué cantidad y cuándo? Swegún Mises, no.”
    “Qué pensar entonces de un sistema al que la teoría augura un fracaso, pero que funciona a las mil maravillas? Es más o menos lo que es Walmart: una de las demostraciones más sorprendentes de que la planificación, cuya imposibilidad Mises trató de demostrar, puede ser notablemente eficiente.”
    “Hoy es la mayor empresa del mundo. Walmart ha ostentado desde su creación una tasa media de crecimiento anual del 8%. Primer empleador privado del planeta, su peso económico equivale al de Suecia o Suiza.”
    “Las divisiones, tiendas, camiones y proveedores no compiten entre sí: todo está coordinado. Así, el gigante estadounidense presenta un modelo de economía planificada cuya escala rivaliza con la de la URSS en plena Guerra Fría: en 1970, el producto interior bruto (PIB) soviético rondaba los 800.000 millones de dólares actuales… frente a los 485.000 millones de Walmart en 2017.”
    “… (en 1975) alquila un ordenador IBM 370/135 para coordinar el control de las existencias, convirtiéndose en el primer distribuidor en inte

  • “… (en 1975) alquila un ordenador IBM 370/135 para coordinar el control de las existencias, convirtiéndose en el primer distribuidor en interconectar sus inventarios de manera electrónica.”
    “En Walmart, todos los participantes de la cadena logística tiene obligación de implantar tecnologías de intercambios de información que permiten una circulación de datos en tiempo real. Así, todo el mundo puede efectuar rápidamente los ajustes necesarios.”
    “…el grupo cierra alianzas a largo plazo, con la mayoría de sus proveedores que suponen volúmenes importantes. El resultado es un nivel de transparencia y planificación que reduce los gastos de marketing, inventario, logística y transporte para el conjunto de los actores.”
    “Actualmente, su gigantesca base de datos Retail Link, conectada por satélite, pone las previsiones de demanda a disposición de los proveedores y ofrece a todos los actores un acceso a datos en tiempo real sobre las ventas, recopiladas por las cajas registradoras.”
    “…gracias al progreso tecnológico, lo que se da en Walmart es una planificación económica a gran escala, por más que Mises la considerara imposible.”

    • La planificación dentro de una empresa es de una naturaleza completamente distinta a la planificación de la economía, aunque hay elementos técnicos comunes. Faltan el tratamiento de los incentivos para aportar información veraz y para usarla de manera eficiente.

      • Gracias por su respuesta. No soy un experto, pero hay “empresas-mundo” con una economía igual o mayor a la de muchos países, algunos no precisamente pobres y atrasados. Si en esas “corporaciones-estado” funciona porque no “faltan el tratamiento de los incentivos para aportar información veraz y para usarla de manera eficiente”, no veo por qué no plantearse la planificación en una sociedad. Saludos.

        • La variable relevante no es el tamaño, sino el incentivo, el medio en que se desenvuelve quien ha de tomar decisiones. Si no se entiende esto, no se entiende nada.

  • En mi opinión en este momento son más necesarias las entradas técnicas que las ideológicas como ésta. Estaría bien saber a qué encuentro con físicos e ingenieros idiotas que no entienden que las tecnologías compiten entre ellas se refiere el autor: en mi experiencia (soy ingeniero) todos lo entienden perfectamente. Proponer, como en el penúltimo párrafo, que la liberalización de las empresas europeas de telecomunicaciones causó la “explosión” de las telecomunicaciones olvida (entre muchísimas otras cosas) que las telecomunicaciones no existirían sin la inversión estatal en tecnología e infraestructuras (el link no funciona de este párrafo). Otra entrada de este blog sobre el mismo asunto bastante más sutil:

    https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/muerte-en-corea-o-funciona-la-politica-industrial

    • -Las entradas más técnicas son abrumadoramente mayoritarias en este blog, incluyendo especialmente estas últimas semanas.
      -Esta entrada no es ideológica, aunque sí tiene un planteamiento más general sobre qué reflexiones hacerse a cuenta de las nuevas maneras de hacer las cosas.
      -Eres libre de creer que no hace falta hablar de ello. En ninguna parte está escrito que todas las entradas de este blog respondan al criterio de oportunidad que todos los lectores puedan tener. Si alguna a alguien no le parece de interés, basta no leerla.
      -Yo creo que sí es de interés (puedo equivocarme). Entre otras cosas, porque el tipo de argumentos que trato en la entrada se oyen y leen estos días en distintos medios.
      -Por competencia entre tecnologías no me refería a la existencia de distintas tecnologías, y su competencia para resolver problemas técnicos, sino a la competencia económica. Sé que hay muchos ingenieros que saben esto último, pero la experiencia de colaboración entre ingenieros y economistas (p.e., la que llevo observando desde hace muchos años en los másteres de mi universidad) me llevan a pensar que faltan cosas por saber.
      -¿Dónde está olvidada la importancia de la investigación básica y pública? No es un tema que haya tocado en la entrada. Que la tecnología deba mucho a ella no quita el hecho de que su aplicación es algo que va mucho más allá de su conocimiento, como ha sido el caso y como he intentado mostrar con otros ejemplos.
      -También recomiendo la entrada de Jesús Fernández-Villaverde, pero entiéndase que política industrial y planificación económica son cosas distintas.

  • José Luis, algunos comentaristas confunden la planificación con la gestión de organizaciones jerárquicas (el error grave de John Montias). Dado el espacio disponible, la forma simple de evitar esa confusión es hablar de planificación de las inversiones, es decir, al planificador le interesa imponer su criterio sobre las actividades en que se debe invertir (abrir nuevas empresas). Esta distinción recuerda la controversia histórica sobre la separación de la propiedad y el control de las sociedades anónimas que, entre otras cosas, origina el problema de la gobernanza planteado por Oliver Williamson y recogida en la teoría de los incentivos (ver https://www.researchgate.net/publication/334509402_Separation_of_Ownership_and_Control_in_Corporate_Governance ).

    La planificación comunista supone la centralización de las decisiones sobre inversión y la planificación indicativa la concesión de incentivos para inversiones privadas en determinadas actividades. Pero una vez hechas las inversiones, las empresas deben ser gestionadas. Lo mismo pasa con todas las empresas que cambian de dueño. De muchos ejemplos que podría dar, recuerdo uno simple relacionado con tres hermanos, primos míos, que heredaron la estancia de su padre en la Patagonia. La empresa era enorme e incluía miles de ovejas y vacunos. En principio, uno de los hermanos se encargó de la gestión, pero pronto los dos hermanos decidieron vender sus partes por desacuerdos con el gestor. La gobernanza requiere incentivos claros p

  • La sanidad y la educación no creo que estén bien planificadas, aunque evidentemente lo están mejor que controlar toda la economía. Compiten con centros privados, pero con unas regulaciones que obligan a los privados a competir exactamente como dicta el sector público (ambos sectores están reguladísimos, se puede ver como otra forma de planificar). Clayton Christensen de Harvard, propone un modelo alternativo de sanidad, que no expondré por espacio, (el interesado que la busque) pero que siendo una buena alternativa, no es legal con la regulación actual, y da la sensacion de que como los centros privados hacen lo mismo que los públicos (obligados), es que no hay alternativa, como pareces sugerir. Sí las hay pero para que surjan hay que eliminar mucha regulación, y en ese caso, no dirías que el consumidor elige poco. En educación igual, hay montones de formas distintas de educar, y montones de currículos distintos, pero solo uno está permitido, y parece que hay poco que elegir pero no es cierto. Esto por no hablar de las ineficiencias de que las agencias públicas no piensan en términos marginales sino totales, con todas las consecuencias que seguro conoces. Por eso creo que incluso a esos dos sectores les va mal la planificación. Solo la encuentro buena en ocasiones excepcionales, como guerra, o esta del covid, cuando todos debemos remar todos a una. Saludos.

    • Creo que en todo momento he hablado de funcionamiento relativo. Es un hecho que tanto la enseñanza como la sanidad públicas funcionan mejor que otros sectores públicos tanto en los países con sistemas económicos de mercado como en los comunistas habidos. De igual manera he dicho que justamente en estos dos sectores hay relativamente más protocolos establecidos de cómo servir la demanda que en otros.

      Que haya maneras todavía mejores, estamos en ello. Que esas maneras sean completamente privadas o completamente públicas es más que dudoso. O, por lo menos, no tenemos indicios de ello hasta la fecha.

      • Y no tendremos esos indicios hasta que se permita que aparezcan. En Corea del Sur el 94% de los hospitales son privados, y en Holanda es obligatorio tener seguro medico, pero la provisión no es pública. La holandesa ha sido llamada la mejor sanidad de Europa, mejor que la española por más que nos guste mentirnos a nosotros mismos. De todas formas incluso en estos dos países la regulación es férrea, y no tendremos indicios de cómo se pueden hacer las cosas de otra forma hasta que se permita.

        • Es un error pensar que no tenemos indicios de cómo funcionaría algo porque ese algo no ha ocurrido nunca al 100%. Tenemos numerosos casos históricos para ir sacando consecuencias. Desde una sanidad privada casi completamente (y sin seguros obligatorios) en todas las sociedades hace menos de un siglo hasta hoy ha habido muchas experiencias y hemos ido viendo qué cosas mejoran y qué cosas no (y ambas cosas dependiendo de cómo se evalúe políticamente la solidaridad o la responsabilidad). Escribí hace cinco años un resumen del estado de la cuestión en las experiencias mundiales según un estudio publicado en el Journal of Economic Literature:

          https://mappingignorance.org/2014/12/22/role-government-financing-health-care-1/
          https://mappingignorance.org/2015/01/19/role-government-financing-health-care-2/

          • Ahí hablas de la financiación y agrupamiento de los consumidores de los servicios de salud. Yo hablo del servicio en sí, ya que en el artículo decías al final que hay poco donde escoger. He citado a Clayton Christiansen, de Harvard nada menos, que plantea otro modelo de servicio. No hablo de la financiación, que ya dije que no veo mal que la pague el sector público, pero otra cosa es su provisión, y sobre todo cómo es el servicio, que no tiene que ver con cómo se financia sino más bien con la regulación de cómo debe ser el servicio. Ese cómo, es donde tú dices que hay poco donde elegir, y yo digo que no es verdad, no quiero resumir un libro entero en un comentario, pero te sugiero que leas el libro de Christiansen de innovación disruptiva y cambiarás de idea. No la idea de que el actual sistema es el mejor, que a lo mejor lo seguirás pensando, si no la idea de que no hay más opciones. Insisto, no en su financiación, sino en cómo se realiza el servicio en sí.

            • El estudio habla de todo, también de las distintas combinaciones de financiación y provisión pública o privada. El estudio es más completo, yo solo hago un resumen de partes seleccionadas. Las propuestas novedosas se podrán estudiar, cómo no, pero habrá que convencer y habrá que mostrar resultados positivos en programas piloto. Es lo que se lleva haciendo durante varias décadas en unos cuantos países.

  • Como ingeniero, es cierto que la producción propiamente dicha es un problema tecnológico, y se ha avanzado hasta tal punto que la producción cada vez es una parte menor de la creación de valor. La limitación es la demanda de los consumidores, y de aquí el incremento de la importancia del marketing y de las marcas, es decir, de influir en las preferencias de los consumidores.
    Las métricas que utilizamos premian estas prácticas, pero la capacidad de crear necesidades o de conseguir que el consumidor elija por factores distintos a los técnicos no creo que sea positiva en absoluto. Esto es hacernos trampas al solitario

    • No va por ahí la cosa. Hablo de las decisiones empresariales de qué producir y con qué tecnología, a qué precio, para satisfacer qué posibles demandas. Hay que hacer previsiones de futuro y ello incentiva el recabar la mejor y mayor información posible y luego usarla de la manera más adecuada para responder a las preguntas anteriores. Esos incentivos fallan demasiado a menudo en las economías planificadas, con las consecuencias sabidas.

      No se trata de hacer trampas desde la economía, sino de entender las cosas y hacer un buen diagnóstico. Solo el ingenieril dejaría incompleto el análisis. Hay quien quiere ver en esto ínfulas de no sé qué por parte de los economistas. No hay nada de eso. Ocurre también cuando desde la economía hacemos propuestas políticas. Conviene tener al lado a un jurista para ver cómo respetar la legalidad y los derechos.

      • En ningún momento pretendía negar el problema de la inversión, aunque creo que en una economía planificada o parcialmente planificada hay forma de crear incentivos para que esta se dirija correctamente.
        Simplemente pretendía argumentar que hay una parte de las decisiones no ingenieriles en la producción que puede ser útil para la empresa, pero que a nivel de sociedad está realmente destruyendo valor y reduciendo la eficacia del sistema.

  • La pobre mano invisible solo funciona bajo condiciones muy concretas. Ante todo, se necesita el estado para elaborar la ley y hacerla cumplir. ¡Casi nada! También, para proveer de lo que requiere visión de largo plazo (infraestructuras, educación), corregir externalidades (explotación de bienes comunes) y prevenir situaciones en las que las asimetrías de la información son demasiado grandes y tienen consecuencias demasiado graves (sanidad).

    Por si fuera poco, la mano invisible tampoco sirve en situaciones de emergencia (guerras, epidemias y catástrofes naturales), que solo se pueden afrontar con una visión global. ¿Y si la emergencia es de origen puramente económico (1929, 2008)? ¡Ah, pues tampoco! Los agentes tienden a sobrerreacionar (son demasiado pesimistas en los malos momentos y demasiado optimistas en los buenos), y el estado debe actuar como contrapeso.

    Suscitar este tema es reproducir la famosa escena de “La vida de Brian”: ¿qué ha hecho Roma por nosotros?

    Sin embargo, es estúpido no dar libertad a la mano invisible para actuar dentro de los límites en los que su desenvolvimiento puede ser beneficioso para la sociedad. Esto lo han comprendido muy bien países como China(desde Deng Xiaoping) y Vietnam.

    La mano invisible es un poco como ese niño que, siempre bajo la atenta mirada de los padres, corretea por los diez metros cuadrados del parque de arena y, absorto en su juego, imagina estar conquistando galaxias.

      • Pues bienvenida sea la distensión.

        Quisiera hacer una observación y es que, aunque la epidemia, hecho coyuntural que todos deseamos que termine pronto, nos ha arrojado de bruces a la evidencia de que no solo en ciertos ámbitos, sino también en ciertos momentos, se necesita una mayor planificación desde un “centro”, existe un hecho empírico y no coyuntural que apunta claramente en la dirección de una mayor necesidad de planificación central.

        Me refiero al descenso observado en las últimas décadas en las rentas del trabajo asalariado. Un descenso “absolutamente inesperado” a la luz del incesante progreso tecnológico. Todo hace pensar que, en el futuro, el estado deberá intervenir con intensidad creciente para asegurar a los individuos un nivel de vida razonable, ya sea mediante una renta universal o forzando una redistribución del capital.

        ¿Para cuándo un análisis en NeG sobre este interesante tema?

        • La historia está llena de episodios en los que “nos hemos dado de bruces” con problemas que han necesitado intervenciones con tomas de decisión centralizadas y planificadas, desde las guerras y pandemias hasta catástrofes naturales, pasando por los sistemas de salud y educación universales y el diseño de instituciones internacionales.

  • Creo que la entrada es una de las mejores de todos los tiempos en nada es gratis. Bien escrita, directa al grano, y muy interesante. Divulgación de la buena. Leyéndola no puedo sino reconocer la gran influencia de Hayek en cómo piensan en estos temas los economistas. Simplemente por completar con un tema afín, hace unos años leí aquí precisamente una entrada interesantísima sobre un tema que da para mucho debate. La planificación industrial. ¿Qué opinas de la conclusión entrecomillada?

    “Mi lectura de la evidencia es que, si uno tiene un cuerpo de políticos y funcionarios muy motivados por un sentido nacionalista (tener un enemigo comunista al otro lado de la frontera que te va a invadir y fusilar si no te modernizas y logras legitimidad con tus ciudadanos ayuda un porrón a esta motivación), relativamente honestos, con ideas claras y que entienden que la política industrial tiene que aprovechar las ventajas de la economía mundial globalizada (como Posco exportando como posesos a Japón y EE.UU. por aquello de que Corea era un aliado en la guerra fría), y sin grupos de presión internos particularmente poderosos (bancos, sindicatos, etc.) que te hagan distraerte y extraer rentas, esto puede funcionar”.

    https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/muerte-en-corea-o-funciona-la-politica-industrial

    • Creo que se compadece con lo que digo en la entrada. Uno puede mantener la motivación hasta cierto punto con ardores patrióticos o revolucionarios, pero con el tiempo esta motivación se degrada.

  • Creo que en este blog se ha hablado muchas veces de quien pierde las llaves de noche y las busca junto a la farola porque hay luz, aunque no cayeron ahí.

    En la provisión de bienes públicos, con la dificultad de revelación de las preferencias y las disposiciones a pagar, creo que se da algo parecido. Al menos algunas veces los bienes y servicios provistos son los más cómodos o preferidos para el funcionariado o clase política (caen como si dijéramos más cerca de sus farolas).

    He vivido en un servicio de salud la inclusión de prestaciones en atención primaria que:
    pacientes querían que hiciera la atención especializada;
    profesionales en algunos casos querían hacer y en otros decían, en la intimidad pero convencidamente, reconocían que si lleva 4 o 5 años de residencia a tiempo completo poder empezar a hacer esa función, mal se hará como algo ocasional.
    Puestos “de confianza” (clase política) que impone estos extras que nadie ha pedido, para competir en servicios prestados con la atención especializada.
    Cómo digo, de esto he sido testigo.
    En bibliotecas, la función de aparcar y/o entretener a las criaturas, me la han contado.
    Y me pregunto cuántos más casos habrá, en que la Administración acaba ofreciendo y cobrando lo que alguien desde dentro quiere y no lo que quiere la ciudadanía.

  • Coincido con MrRami. Apasionante entrada. Puede contarnos más el autor sobre esas observaciones tan finas sobre el papel de los físicos e ingenieros en el debate planificación vs mercado? Leo en los comentarios que estas observaciones tan esclarecedoras han sido realizadas en los master de su facultad. Entiendo que, siendo éste un blog dedicado a la divulgación científica, esta aportación metodológica a un asunto tan peliagudo serán del máximo interés. También agradecería muchísimo alguna referencia, link, etc. sobre este asunto de el papel de los físicos e ingenieros en el debate planificación vs mercado. Creo que es una línea de investigación extremadamente innovadora que merece ser explicada con más detalle. Enhorabuena.

    • Montpelerinist:

      Le agradezco su comentario. Me viene bien para tratar el tema de la comprensión lectora y la susceptibilidad de algunos comentaristas.

      Por ejemplo, si yo digo que en mis encuentros son físicos e ingenieros he encontrado a muchos que no comprenden bien la dimensión económica de la producción eso no se desdice con el hecho de que un comentarista esté rodeado de físicos e ingenieros que sí lo comprenden. Me congratularía si esa fuera la tónica general.

      Ítem más, el que yo resalte esto no es ninguna afrenta ni a físicos ni a ingenieros, como no lo sería decir que los economistas no comprenden todas las complejidades técnicas de la producción y como tampoco lo sería decir que ni economistas ni ingenieros conocen todas las complejidades legales.

      Obviamente, no voy a darme nombres. Los ejemplos que he puesto en la entrada son ilustrativos de los aspectos técnicos y económicos de la producción. Le puedo poner uno más (sí, de mis encuentros con ingenieros en el máster): cuando se plantaba la desregulación del sistema eléctrico, muchos ingenieros defendían el modelo anterior porque sus programas eran muy eficientes a la hora de minimizar el coste de producción. Tras una lectura comprensiva de la entrada debe quedar claro que esto no es suficiente.

      Por si le interesa, terminaré diciendo que en mi experiencia (la mía, la suya tal vez sea completamente distinta) es que los ingenieros que han pasado por el máster han encontrado muy interesante lo que han aprendido de economía y los economistas han apreciado enormemente la interacción con los ingenieros. Ninguno se ha puesto ha hacer comentarios irónicos sobre lo que una parte le puede aporta a la otra.

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