Uso de la tierra y expansión de las ciudades

Por Marc Teignier Baqué

Desde los primeros años de la Revolución Industrial, la población migró masivamente de las zonas rurales hacia las ciudades. Este fenómeno generalizado de urbanización fue acompañado por la reasignación de trabajadores desde el sector agrícola hacia los sectores manufacturero y de servicios, un proceso conocido como cambio estructural. ¿Cómo crecen las ciudades cuando ocurre este cambio estructural? Nuestro artículo «Structural Change, Land Use and Urban Expansion», coautorado junto con Nicolas Coeurdacier y Florian Oswald, que acaba de publicarse en la prestigiosa revista Review of Economic Studies examina la relación entre dos de los principales cambios económicos en los últimos siglos—la transición fuera de la agricultura y el auge de la urbanización (temas ya discutidos en anteriores posts de este blog, aquí, aquí o aquí.

Desde mediados del XIX hasta la actualidad

En primer lugar, documentamos nuevos hechos estilizados sobre el uso del suelo y la expansión urbana en Francia desde mediados del siglo XIX. Utilizando mapas históricos y datos satelitales para el período más reciente, podemos demostrar el descenso histórico de la densidad de las ciudades francesas: la población de las principales ciudades se ha multiplicado casi por 4, mientras que su superficie ha aumentado por un factor de 30. La densidad urbana media, por tanto, se ha reducido por un factor sustancial de alrededor de 8. Más en concreto, entre 1870 y 1950, la densidad media se redujo en torno a un factor de 3, y volvió a disminuir en torno a un factor de 2,5 hasta 1975, siendo los treinta años posteriores a la Segunda Guerra Mundial un período caracterizado en Francia por un cambio estructural más rápido y un éxodo rural intenso (Mendras, 1970; Bairoch, 1989; Toutain, 1993). A la vez que se observa la desaceleración del cambio estructural en las décadas más recientes, la densidad urbana media apenas ha disminuido desde entonces (Figura 1).

Figura 1: La ciudad de Reims (capital del champán) en 1866 y en 2015.

Utilizando nuevos datos transversales sobre valores locales de la tierra agrícola, mostramos también que, en tiempos recientes, las ciudades rodeadas de tierras agrícolas más caras son más densas, confirmando que el coste de oportunidad de construir en la periferia urbana es relevante para la expansión urbana (Figura 2).

Figura 2: Precio por hectárea de la tierra cultivable.

Elementos de la teoría

Nuestro artículo muestra que el descenso persistente de la densidad, a pesar del proceso de urbanización, se puede explicar mediante teorías convencionales del cambio estructural con preferencias no homotéticas, ampliadas para considerar un uso endógeno del suelo, por el que la tierra puede destinarse a la agricultura o a la vivienda urbana. En nuestro modelo multi-sectorial de equilibrio general con uso endógeno del suelo y múltiples ciudades/regiones que difieren en sus productividades, el precio de la tierra agrícola en la periferia urbana determina el coste de oportunidad de la expansión de las ciudades. En el modelo, la oferta de tierra es fija y su uso es rival: la tierra se utiliza o bien para la agricultura o bien para la vivienda. Siguiendo el modelo monocéntrico tradicional (Alonso et al., 1964; Muth, 1969; Mills, 1967), el uso urbano del suelo (las ciudades) surge endógenamente alrededor de centros urbanos dados debido a los costes de desplazamiento de los trabajadores: el suelo urbano está más densamente poblado que el rural y la periferia urbana corresponde al trayecto más largo realizado por un trabajador que produce bienes urbanos. Debido a las fricciones en los desplazamientos, los trabajadores urbanos también reciben un salario más alto que los rurales. Por último, el precio de alquiler de la tierra en la periferia de cada ciudad debe igualarse entre los usos potenciales, siendo la productividad marginal de la tierra en el sector rural la que determina el coste de oportunidad de seguir expandiendo el suelo urbano.

Consecuentemente, cuando la productividad agrícola es baja, los bienes agrícolas y la tierra cultivable son caros. Los elevados valores de la tierra agrícola hacen que las ciudades sean inicialmente pequeñas en superficie y muy densas, ya que los hogares no pueden permitirse viviendas grandes. A medida que aumenta la productividad, los trabajadores se desplazan de las zonas rurales a las ciudades, liberando tierra agrícola. Con la caída del valor de la tierra en la periferia urbana en relación con la renta, los hogares, ahora más ricos, comienzan a poder comprar viviendas más grandes y las ciudades se expanden rápidamente en superficie. Junto con la reasignación de trabajadores entre sectores, se produce una reasignación del uso del suelo, desde usos agrícolas hacia usos urbanos. Documentamos que, en Francia, desde 1840, alrededor del 15 % del territorio se ha convertido desde usos agrícolas hacia otros usos.

Contribuciones más importantes

Nuestra teoría puede explicar al mismo tiempo la reasignación de factores fuera de la agricultura y la caída de la densidad urbana media, proporcionando un nuevo mecanismo para explicar la expansión urbana y la suburbanización. Esto complementa la visión tradicional de la economía urbana según la cual las ciudades se han expandido principalmente gracias a las mejoras en las tecnologías de desplazamiento, que han permitido a los hogares vivir más lejos de su lugar de trabajo (véanse las referencias en Glaeser y Kahn, 2004; Heblich et al., 2020; Redding, 2021).

Nuestro marco teórico también ofrece nuevas predicciones sobre la evolución histórica de los valores del suelo, en línea con la evidencia de Piketty y Zucman (2014). El valor de la tierra agrícola como proporción de la renta, inicialmente elevado debido a las necesidades de subsistencia, disminuye con el tiempo a medida que avanza el cambio estructural, mientras que el valor del suelo urbano aumenta de forma significativa. Además, pese al aumento de la demanda de vivienda, la rápida expansión de las ciudades en el margen extensivo inducida por el cambio estructural limita inicialmente el incremento de las rentas del suelo urbano y de los precios de la vivienda. Cuando la reasignación de trabajadores y de tierra fuera de la agricultura se ralentiza, el valor del suelo debe ajustarse para evitar una mayor expansión de las ciudades ante el aumento de la renta de los trabajadores y de la demanda de vivienda. Los valores del suelo comienzan entonces a aumentar a un ritmo más rápido. Nuestra teoría predice así valores del suelo y de la vivienda relativamente planos durante décadas antes de dispararse, una predicción que se asemeja mucho a los datos de Francia y de la mayoría de las economías avanzadas, como ilustran Knoll et al. (2017).

La tercera contribución de nuestro artículo es evaluar la capacidad cuantitativa del modelo de equilibrio espacial para reproducir la reasignación del uso del suelo y de los valores del suelo en Francia desde 1840. Utilizando datos de diversas fuentes históricas, medimos los factores de producción sectoriales y las productividades desde 1840 y calibramos el modelo para ajustarlo al proceso de cambio estructural en Francia. Los datos espaciales históricos sobre valores de la tierra agrícola y población urbana disciplinan la distribución espacial de la productividad urbana y rural entre regiones y ciudades. Como mostramos en artículo, nuestro marco explica la mayor parte del descenso de la densidad urbana media, así como la reasignación del valor del suelo desde el ámbito rural al urbano, y alrededor de la mitad del aumento de los precios de la vivienda. Al mismo tiempo, encontramos que regiones con valores más altos de la tierra agrícola en la periferia urbana, tienen ciudades relativamente más densas, y que la elasticidad de la densidad urbana con respecto al precio de la tierra agrícola estimada en los datos transversales es coherente con su contraparte en el modelo.

Por último, cuando cuantificamos la importancia de nuestro mecanismo, encontramos que sin cambio estructural no es posible reproducir el descenso de la densidad urbana observada en los datos, lo que subraya el papel clave de las mejoras en la productividad agrícola para la expansión urbana. En segundo lugar, cuando se combina con el cambio estructural, el efecto de los desplazamientos más rápidos se amplifica y es también cuantitativamente crucial para explicar la caída de la densidad: sin desplazamientos más rápidos, la caída de densidad predicha por el modelo a lo largo del período sería de alrededor del 30 % de nuestro escenario base y quedaría por debajo de los datos. En conclusión, nuestras predicciones cuantitativas sugieren que ambos canales —el cambio estructural y el de la velocidad de los desplazamientos— son necesarios para dar cuenta del descenso observado de la densidad urbana.

Implicaciones para la actualidad

Nuestro trabajo puede utilizarse para estudiar las implicaciones agregadas de las políticas que regulan el uso del suelo y la planificación urbana. Es probable que dichas políticas desempeñen un papel en la explicación de la evolución de los precios de la vivienda en los últimos años, algo que nuestro marco actual no puede replicar plenamente. En la medida en que las políticas de uso del suelo reduzcan el crecimiento de las ciudades en el margen extensivo, generan una mayor demanda de las unidades de vivienda disponibles y un aumento más rápido de sus precios. La estructura de equilibrio general de nuestro modelo espacial cuantitativo es especialmente adecuada para llevar a cabo este tipo de contrafactuales de política.

De manera más amplia, nuestro marco puede utilizarse para reconsiderar una variedad de preguntas normativas en presencia de externalidades. Aunque nuestro enfoque es positivo, la densidad urbana está en el centro de las externalidades de aglomeración y congestión sobre la productividad. Dependiendo del contexto, la densidad de población o la expansión urbana también son fuentes de contaminación y de externalidades ambientales. Al aportar nuevas perspectivas sobre los determinantes de la expansión urbana y la densidad urbana a lo largo del tiempo y el espacio, nuestro enfoque podría arrojar nueva luz sobre el diseño de políticas para abordar dichas externalidades.

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