El elefante en la habitación

Juan J Dolado

Hace unas semanas vi el episodio “Tiempos Modernos” de la nueva temporada de Salvados (la Sexta) presentada ahora por Gonzo. En el mismo, Gonzo recogía a la Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, por la mañana de la puerta del Ministerio y la llevaba en su coche a varias localidades de sur de Madrid donde abundan precariedad y paro. La ministra, muy empática en todo momento, se enfrentó a las quejas y miserias de jóvenes y no tan jóvenes hasta bien entrada la noche en que el presentador la devolvió a su lugar de trabajo. Como era previsible para una mujer muy inteligente y bien curtida sindicalista, Díaz reconoció los graves problemas que asolan a nuestro mercado laboral y aportó algunas soluciones en marcha que podrían ser prometedoras.

Trabajadores de varias clases

Me sorprendió, sin embargo, que en ningún momento se abordó el origen del problema de la dualidad laboral. Es el elefante en la habitación que todos los políticos ignoran. Digo políticos y no todo el mundo porque algunos de nosotros hemos hablado hasta la saciedad sobre el cáncer de nuestro modelo dual (véase p.ej. otro programa de Salvados en 2012 donde tuve la suerte de participar). Un país donde machaconamente un 90% (o más) de los contratos laborales que se firman son temporales (CT), las tasas anuales de de conversión de CT a contratos indefinidos (CI) no suben del 10%, se reduce drásticamente la duración de los CT (en promedio duran 49 días) y la tasa de temporalidad casi nunca de baja del 25%, no puede seguir así, con pandemia y sin pandemia. El hecho de que este tema nunca se aborde seriamente en las sucesivas reformas laborales implica que obviamente alguien sale beneficiado del statu quo.

Probablemente, los empresarios piensen que la diferencia en la protección al empleo (días de salario por año trabajado) entre CI y CT sea demasiado alta, incluso tras la reforma de 2012 (de 45/24 días vs 8 días a 33/20 días vs. 12 días). Detrás de ello están los llamados costes red tape por el hecho (incertidumbre judicial) de que los CI puedan ser apelados frente a la magistratura laboral mientras que la finalización de un CT ( pero no su rescisión, que está sujeta a las mismas normas que los CI) rara vez es objeto de apelación. Otra posibilidad es que la cultura de la temporalidad lleve instalada entre nuestra clase empresarial per secula seculorum: reduce sus costes laborales y el resto de efectos nocivos (alto desempleo, baja productividad y formación, escasa fertilidad y gran precariedad) les trae al pairo. Debe ser que, como no soy empresario, desconozco alguna razón mas profunda que justifique sus prácticas habituales.

Por su parte, los sindicatos saben que su supervivencia depende de los intereses de los trabajadores con CI, que son los que se afilian y votan en las elecciones sindicales, y por tanto actúan en consecuencia. Todo ello, pese a sus declaraciones públicas en contra de la precariedad, donde parece que el “problema” no va con ellos. Tampoco con el Ministerio que parece seguir apostando por el control del fraude contractual con una plantilla de cerca de 2100 Inspectores y Subinspectores de Trabajo para monitorizar cerca de 20 millones de contratos en un año normal. De ilusión también se vive.

Dando caza al elefante

¿Debemos rendirnos y aceptar la situación actual? Personalmente (soy baturro) creo que hay que seguir dando la monserga, por supuesto desde nuestra investigación que desde luego no es sagrada pero si más seria que las charlas de café. En un artículo que saldrá publicado el próximo febrero en Quantitative Economics (conjunto con Etienne Lalé y Nawid Siassi) nos planteamos analizar el tránsito de un modelo de contratación con discontinuidad en las indemnizaciones por despido a uno sin discontinuidad con un contrato unificado, y cuáles son sus efectos en estado estacionario y, sobre todo, durante la fase de transición de uno a otro.

En nuestro modelo hay trabajadores jóvenes/adultos ( 25-55) y mayores ( 55-64). Tras dos años de antigüedad en el mercado laboral, se enfrentan a costes de despido más elevados (el modelo está calibrado a la economía española de 2005-07, cuando la tasa de paro era del 9% y el gap típico en indemnizaciones era de 45-8 días). Los trabajadores son adversos al riesgo y pueden ahorrar para suavizar el consumo en períodos de paro, además de tener derecho a indemnizaciones y prestaciones por desempleo sufragadas con cotizaciones, y para transitar hacia la jubiliación en el caso de los mayores, cuyas tasas de reempleo son menores. También acumulan capital humano en el puesto de trabajo, tienen diferente productividad de entrada, y negocian (a la Nash) sus salarios (parcialmente rígidos) con las empresas.

El modelo reproduce muy bien las principales magnitudes (stocks y flujos) del mercado de trabajo pre-Gran Recesión (Tabla 1), mientras que el resultado fundamental se muestra en la Figura 1. La tasa de destrucción de empleo se dispara al 10% a los 2 años de un contrato pese a que ya antes aumenta bastante, dada la expectativa empresarial de pagar indemnizaciones más elevadas en el futuro. Además reducen la formación de los trabajadores. Estos últimos anticipan que sus empleos están en peligro y reducen sus salarios en los 2 primeros años pero no todo lo necesario por la existencia de rigideces.

Tabla 1: Variables laborales en estado estacionario (modelo y datos 2005-2007)

Figura 1: Tasa de destrucción de empleos

El siguiente paso es obtener el perfil de un contrato unificado que maximice el bienestar de los nuevos trabajadores en el mercado laboral. Mostramos que dicho contrato tiene un período de prueba de 5 meses con una indemnización posterior de 20 días. En la Figura 2 se muestra el perfil de las indemnizaciones en 2005-2007 (línea continua) y con el nuevo contrato (línea rayada).

Figura 2: Perfil de indemnizaciones con la antigüedad

En el artículo se muestra que, durante la transición al contrato unificado, todas las variables relevantes experimentan un cambio favorable. Por lo que respecta al nivel de bienestar (medido en unidades de consumo equivalente), éste aumenta en un 1.93% para los Y, al tiempo que se reduce en un 0.79% para los mayores, especialmente entre aquellos con menores salarios cuyo despido es más barato. La ganancia neta de bienestar es positiva pues la proporción en la población activa de trabajadores jóvenes/adultos es mucho más alta que la de mayores. Las ganancias de bienestar y los restantes efectos en el estado estacionario se pueden observar en la Tabla 2.

Tabla 2: Efectos de introducir un contrato unificado

En resumen, hay ganadores y perdedores, pero las ganancias de bienestar de los primeros son más que suficientes para compensar las pérdidas de los segundos. El modelo también racionaliza la existencia de protección al empleo, ya que los trabajadores mayores con extensa antigüedad laboral se enfrentan a menores oportunidades de reempleo al ser despedidos. Si estas se doblaran, el perfil óptimo de indemnizaciones sería de 12 días y, si se redujeran a la mitad, de 32 días.

Para que un modelo sea manejable se requiere simplificar algunas cuestiones que pueden ser relevantes. Por ejemplo, las ventajas comparativas de la economía española en determinados sectores intensivos en CT (la Florida del sur de Europa y el turismo) implica que debe subsistir este tipo de contratación. Una propuesta sensata sería incorporar los contratos eventuales y de obra y servicio (2.2 m., un 56% de los CT en 2020 Q3) a la categoría de CI (16.1m. en la actualidad). Con una indemnización optima de 20 días (que coincide con la actual para despidos económicos), el cálculo de la indemnización necesaria para que sea neutral en costes es muy sencilla: (16.1+2.22) x= 16.1 20+2.22 12, que implica x=19 días. Los empresarios abonarían esta cantidad a la finalización de dichos CT y lo mismo cuando rescindan un CI por causas procedentes. Los 33 días por despido improcedente permanecerían inalterados. De esta manera, sólo habría tres tipos de contratos: indefinidos, de sustitución y formativos. Con esta reclasificación, la tasa de temporalidad pasaría del 24.2% al 10.4% y el elefante abandonaría la habitación.

Hay 19 comentarios
  • “Otra posibilidad es que la cultura de la temporalidad lleve instalada entre nuestra clase empresarial per secula seculorum: reduce sus costes laborales y el resto de efectos nocivos (alto desempleo, baja productividad y formación, escasa fertilidad y gran precariedad) les trae al pairo. Debe ser que, como no soy empresario, desconozco alguna razón mas profunda que justifique sus prácticas habituales”

    El autor se sorprende de que los empresarios, al optimizar en su toma de decisiones (entre otras, minimizar sus costes), no tengan en cuenta -“les trae al pairo”- efectos agregados (alto desempleo, baja productividad) o directamente efectos de primer orden irrelevantes para ellos (escasa fertilidad). Lo achaca al hecho de no ser empresario; pero en verdad deberia tenerlo muy claro por ser economista.

  • Buenas tardes

    Mi pregunta inicial es ¿Por que a Y. Diaz le debería importar este paper? Es decir, ¿respondes a las preocupaciones que tiene en su cabeza? Yo estoy casi seguro que no. Estoy casi seguro que la cuestión del poder político y económico es su cabeza.

    Primero, las buenas políticas económicas pueden generar malas políticas y malos equilibrios políticos (https://economics.mit.edu/files/10403 (Acemoglu y Johnson, 2012)). Estoy seguro que Yolanda Díaz tienen la creencia que el poder del trabajo ha sido mermado durante los últimos años (reformas laborales, paro, etc…) , que esto seguiría mermando el poder del trabajo y que reforzaría al capital, que ve como su enemigo político.

    Además tiene razones para pensar que el declive de poder del trabajo genera muchos de los males (desde el mainstream para USA (https://scholar.harvard.edu/files/stansbury/files/2020.5.20_stansbury_summers_the_declining_worker_power_hypothesis.pdf , infinitos trabajos de ecomonistas heterodoxos, referentes de los asesores de T. Diaz)

    Responde este paper a alguna de esas cuestiones, no?

    La segunda cuestión que la abordo en el siguiente comentario por falta espacio, disculpa

  • Segunda cuestión, el proceso de negociación recoge las preocupaciones de Yolanda Diaz en este campo? yo diría que tampoco. Una preocupación clara, es que menores costes de despidos dan más poder al empresario sobre la actividad del trabajador. Esto se puede pensar desde los modelos de contrato de trabajo incompleto, donde el esfuerzo no es plenamente observable (Bowles 1985 o Shapiro y Stiglitz, 1985). Siendo “e” el esfuerzo real dl trabajadores, este “e” se puede situar en un rango, que va desde un nivel mínimo para que la empresa sobreviva, hasta un máximo, al partir del cual, el trabajador obtendría una mayor utilidad dejando el trabajo. La reforma supone aumentar el nivel máximo para los contratos indifenidos. Esto significa una capacidad de exigir mayores horas extra, mayor presión laboral, y conseguir un mismo nivel de esfuerzo pagando un menor salario.

    Un negociación a la Nash como planteas, recoge estos supuestos que seguro rondan por la cabeza de Y. Diaz. No

    Entonces, por que Y. Diaz debería interesarse por los resultados de este paper, cuando no abordan muchas de las inquietudes de la ministra y pueden ser decisivos para el resultado real de la reforma

    Un saludo

  • Creo que la cuestión fundamental es el tipo de empleo que genera nuestra economía y que esto vino determinado en gran medida por la obligada decisión estratégica de entrar en la CEE allá por los años 70.
    Si, como es el caso, apenas se genera empleo industrial o en sectores de rendimientos crecientes y la gran mayoría de los trabajos está sujeta a fuerte estacionalidad nos encontramos con que la temporalidad actual es en buena medida estructural y no tiene mucho sentido acusar a nadie que no forme parte del sistema de Partidos y Organizaciones subordinadas y clientelares de ellos.

    Para agravar la situación nuestro sistema bancario –que se convirtió rápidamente en un sistema de rendimientos crecientes –vía fortísimas comisiones por transacción– se ha convertido en manos del BCE en un monumental destructor de empleo de cierta calidad al tiempo que se oligopoliza de tal modo que ya recuerda la situación de la URSS.

    En fin que temas de fondo hay y no pocos.
    Saludos.

  • Estimado Carlos: muchas gracias por su comentario.

    Sinceramente no es mi intención que a la Ministra le preocupe el post o no. A los gobiernos de un signo les tumba la corrupción y a los de otro los problemas económicos originados por las disfunciones de nuestro mercado laboral cada vez que hay una crisis global. El mundo cambia y generalmente para mejor: el avance de la ciencia y el conocimiento puede con todas las dificultades . Intento ser constructivo, no destructivo, y no anclarme en ideas obsoletas (trabajo frente a capital). El tiempo pondrá a cada uno en su sitio y que conste que comparto sus preocupaciones. Por ello trato de abordarlas de un manera mínimamente seria pero sin dogmatismos.

    • Muchas gracias por su respuesta.

      Siempre es un placer poder tener un intercambio con alguien que es un referente académico y al cual admiro.

      Sobre tu respuesta, me parece claro que había un pesar en el post por los oídos sordos de los políticos a las recomendaciones realizadas para solucionar los problemas del dualismo laboral y como Díaz ignoró el tema. Creo que la voluntad de influir políticamente está presente y para eso hay que convencer al poder político.

      Más sorprendente es pensar que que el conflicto entre capital y trabajo es algo obsoleto. La bibliografía que enlacé anteriormente es una muestra clara de que no. Y desde luego no es una opinión consensuada en los economistas de “elite”, entendiendo economista de elite como los que publican en las revistas de alto impacto. Otra cosa es un reduccionismo a solo ese conflcito.

      Un saludo

  • Estimado Peter: muchas gracias por su comentario.

    Como dice el refrán, lo barato sale caro o en inglés pay peanuts and you´ll get monkeys. La evidencia de casi cuatro décadas nos dice que la dualidad de nuestro mercado laboral es una anomalía que nos condena a ser los campeones del paro y la baja productividad. No se abordan reformas porque la temporalidad nos saca de las recesiones….para volver a caer en ellas. Los propios empresarios se quejan que las cotizaciones son elevadas. ¿ Cómo no lo van a ser si nos gastamos 1.9% del PIB en políticas pasivas (bastante más ahora) en tiempos normales ? Lo que se ahorran con una mano acaban pagándolo con la otra imponiendo una externalidad negativa a otras empresas que no abusan de la precariedad y a los jóvenes y otros colectivos condenados a no tener un plan de vida.

  • Estimado Manu: muchas gracias por su comentario,

    Lo comparto en alguna medida pero no que sea un fenómeno estructural. Nuestra situación geográfica nos hace tener ventaja comparativa en sectores estacionales como el turismo y la restauración pero lo mismo ocurre en otros países del sur de Europa que no tienen ni de lejos nuestra tasa de temporalidad.

    No fué la entrada en la CEE (¿ cuál sería su contrafactual?) sino la apuesta por sectores muy dañados por las crisis energéticas durante el franquismo. La reforma de la contratación temporal en 1984 pudo tener sentido pero seguro que no lo tiene cuatro décadas después. Vamos de burbuja en burbuja y el ajuste durante la pandemia actual no deja de recordarnoslo. El mundo cambia, nosotros no.

    • No se trata de criticar contrafactualmente la entrada en la CEE, pues lo cierto es que en 1985 parecía una medida correcta y, además, creo que se puede demostrar que en las primeras décadas fue beneficiosa para España.

      El problema es empecinarse en no admitir, a partir de un cierto momento, que la UE y el euro han fracasado.

      Ashoka Mody lo explica aquí muy bien. Y es un economista de Princeton, o sea, ortodoxo a más no poder.

      https://www.youtube.com/watch?v=P0FUYh4Ycts

      • Estimado Jaime de B: Le repito lo que respondí antes a otro comentarita: ¿ donde estaría España ahora de no haber entrado en la zona euro? ¿ De veras cree que nuestros problemas laborales proceden de formar parte de ese club?

        • Estimado Juan José:

          Usted es economista. La respuesta a su primera pregunta es obvia: mire el crecimiento de la renta per capita de España antes y después del euro.

          En cuanto a la segunda pregunta: no, no creo que TODOS nuestros problemas laborales provengan de pertenecer al euro. Pero lo cierto es que el euro no ayuda, por los motivos que expone Mody.

          El euro es un engendro cuyo fracaso, hoy, reconocen abiertamente todos los analistas independientes. Solo es defendido por los políticos y por los economistas cuya carrera se ha desarrollado al abrigo de los estados y de los bancos centrales, o sea, de sectores que tienen intereses de parte en el mantenimiento del aparato creado por el euro.

          • Supongo que entonces también será un engendro el dólar en los EEUU. En cualquier caso, el éxito o fracaso de la zona euro no es el tema que quería abordar en esta entrada. Lo dejo para otros que saben más que yo sobre esta cuestión. Lo que si que sé es que hasta la Gran Recesión el PIB p.c. en España creció bastante mas que antes de entrar en la euro zona

            https://www.macrotrends.net/countries/ESP/spain/gdp-per-capita

            • Juan José:

              No es coherente valorar la etapa del euro solo por los años anteriores a la Gran Recesión, pues en ellos el PIB per capita español creció gracias a una burbuja que después (como toda burbuja) se desinfla. La etapa previa y la posterior a la Gran Recesión no son más que distintas caras de una misma moneda.

              • La etapa en la que mas creció la economía española fue tras el plan de estabilización durante el franquismo. Es un efecto típico de convergencia en el crecimiento : cuanto menor es el PIB p.c. (y se liberiza algo la economía) más se crece. Cuando el PIB p.c. es elevado los rendimientos decrecientes hacen que se crezca menos. Para una panorámica histórica del crecimiento en España ver esta entrada del historiador Leandro Prados de la Escosura

                https://nadaesgratis.es/admin/el-crecimiento-economico-espanol-a-largo-plazo-que-muestra-la-contabilidad-nacional-historica.

                En cualquier caso, repito una vez más, la cuestión clave es cuanto hubiera crecido la economía española si no hubiera entrado en la zona euro, con un mercado exterior mucho mas reducido y haciendo uso de las devaluaciones de la peseta que tanto bien nos hizo en el pasado.

  • El párrafo del pairo y el desconocimiento, ¿quiere decir que no tiene un modelo adecuado del comportamiento de los productores o lo interpreto mal?
    Si es el caso, ¿es la única parte inadecuada de su modelo?

    Los empresarios, ¿se tienen que justificar?

    Hay sufragio pasivo para que cualquiera pueda concurrir a la política y libertad de empresa para lo mismo en la comercialización. Y libertad de voto (entre las opciones disponibles) y de compra (entre las idem).
    ¿Por qué no crear empresas nuevas para que sí conozca usted sus razones? Hay tres partidos fundados este milenio y dos fundados en esta década con representación en el Congreso. Quizá nuevas empresas puedan tener similar éxito.

  • Estimado Daocida: muchas gracias por tu comentario.

    Efectivamente el comportamiento de muchas (pero no todas) de nuestras empresas puede ser óptimo desde el punto de vista individual pero no internaliza los efectos indeseables de la precariedad sobre la sociedad. Es el problema típico del mercado y las externalidades (poca formación, baja productividad, baja fertilidad, problemas para el sistema de pensiones, etc.). Para internalizar esas consideraciones está el sistema impositivo/trasferencias y las regulaciones. El dialogo social está muy bien pero las prácticas indeseables de nuestro empresariado continuan. Y es cierto que existen nuevas y viejas empresas (especiamente las exportadoras) que no actuan así. Es por eso que, con una misma regulación laboral a escala nacional, existen CC.AA. y sectores donde las cosas funcionan mejor que en otras.

  • Dejamos que el capital campe y luego nos llevamos las manos a la cabeza.
    Existe el tipo de matrimonio simulado (lo que en la pelis llaman de conveniencia). Al amor institucionalizado le ponen trabas, pero un extranjero con pasta o préstamo puede abrir un bar, panadería o lo que sea. Por comparar.
    Tenemos lo que hemos legislado y si nos someten a externalidades más aún.
    Otra cosa es que la fertilidad sea baja y no se pueda solventar, si es que es un problema, con inmigración. No sé si hay poca gente en el mundo, pero si no me equivoco es cuando más hay. Y si hay un problema ambiental, dudo que más gente sea solución.
    Y que la estabilidad laboral aumente la fertilidad está por ver: en Japón no parece.

  • Estimado Daocida: Le recuerdo que la tasa de temporalidad en Japón es bastante elevada y que este país tiene un grave problema en llas políticas de conciliación (ocupa el puesto 17 en el ranking de 18 países que elabora la OCDE)

    Por otra parte no entiendo su crítica de dejar que el capital campe a sus anchas. Si algo he dejado claro en esta entrada es que nuestra clase empresarial es manifiestamente mejorable y que su respuesta corresponde a los incentivos perversos de regulaciones anquilosadas que, sin duda, favorecen a algunos pero perjudican a muchos. No hay mas ciego que el que no quiere ver.

  • Sí sí, la crítica era a la sociedad.
    Sociedades. No al artículo.
    Se habla de que hay más libertad de movimiento de capitales que de personas / factor trabajo.
    Y mi cabeza lo ha llevado una vuelta más allá.
    Pero eso de los incentivos me convence más. Tampoco creo que los empresarios sean perversos (no más que la media): seguro que es la forma que encuentran de “ganar dinero”. Y seguro que no solo es lo legal, que habrá inercias, formas de pensar. Veremos.

    Ah lo de Japón no sabía. La idea que tenía es solo que tenían una estabilidad/permanencia y fidelidad notables.

    Gracias y saludos

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