Tras un accidente laboral, ¿por qué las mujeres están más tiempo de baja que los hombres?

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Por Sara Pinillos-Franco, Alfonso Moral y Ángel L. Martín-Román

Se nos pueden ocurrir muchas razones para responder a la pregunta del título. De hecho, sin ir más lejos y siendo este un blog de economía, podemos pensar en los incentivos que pueden tener las mujeres (y los hombres) para, tras sufrir un accidente de trabajo, extender la baja más allá de lo “clínicamente” necesario (o no). En este blog ya se ha hablado de políticas que tratan de abordar la incidencia de las bajas laborales en España (aquí y aquí), así como de los efectos de las temperaturas extremas. Pero si nos centramos en el margen intensivo de las bajas laborales (duración) en lugar del extensivo (incidencia), se observa que, en general, las trabajadoras están más tiempo de baja que los trabajadores (véase Figura 1). Concretamente, desde el año 2013 la brecha entre sexos empieza a agrandarse y es estadísticamente significativa desde 2015.

En este post os resumimos los hallazgos de un artículo recientemente publicado en Economics & Human Biology que trata de dar respuesta a esta pregunta.

Figura 1. Duración media de la baja por sexo y año.

Fuente: Martín-Román, Moral & Pinillos-Franco (2026) Nota: intervalos de confianza del 95%.

 

En primer lugar, es necesario saber si el sexo de un trabajador realmente importa a la hora de explicar la duración de una baja laboral. De manera sencilla, con un modelo MCO donde la duración de la baja sería la variable a explicar y el sexo (variable varón), la variable explicativa, se puede apreciar que el coeficiente es estadísticamente significativo y mantiene su relevancia a medida que se añaden más variables al modelo (véase Figura 2). Además, para asegurar que el efecto observado se debe al sexo del trabajador y no a otros factores no controlados, se realizan dos test placebo en los que se asigna de manera aleatoria el sexo a los trabajadores: a un 50% se les asigna ser mujer y al otro 50% ser hombre; y otro escenario en el que la asignación es del 70% de hombres y del 30% de mujeres, de acuerdo con las cifras de incidencia normalmente observadas en las bajas por accidente de trabajo (ver aquí). Los resultados muestran que el sexo sí es relevante.

Figura 2. Coeficientes e Intervalos de Confianza de la variable sexo.  (MCO y test placebo).

Fuente: Martín-Román, Moral & Pinillos-Franco (2026)

 

Existen tres tipos de factores que pueden explicar la mayor duración de la baja en mujeres: biológicos, conductuales e institucionales. Biológicamente, hombres y mujeres presentan diferencias anatómicas, hormonales y de enfermedades que influyen en la recuperación. Conductualmente, las mujeres suelen ser más cautelosas, buscar más atención médica y seguir con más rigor los tratamientos. Finalmente, factores institucionales y sociales como la doble carga trabajo-hogar, los roles de cuidado, la protección laboral y la normativa de ausencia, también contribuyen a prolongar la baja. Esto no implica que las mujeres “aprovechen” la incapacidad temporal; de hecho, en un estudio similar se muestra que los hombres extienden más la baja sin justificación médica, especialmente cuando se encuentran en los deciles más altos de la distribución salarial.

 Pero ¿qué nos dicen los datos? ¿Qué factores están realmente detrás de esta brecha?

Para responder a esta pregunta, el artículo hace una propuesta metodológica combinando dos técnicas econométricas comunes en el marco de la literatura económica. Por un lado, se utiliza una estimación de fronteras estocásticas que permite discernir qué parte de la duración de las bajas laborales de hombres y mujeres se explica por cuestiones fisiológicas, y qué otra es atribuible al comportamiento del trabajador accidentado (como en este estudio). Por otro lado, se aplica una descomposición tipo Oaxaca-Blinder para detectar qué parte de la diferencia de duración entre mujeres y hombres es explicable por esos factores biológicos y qué parte se asocia a decisiones del individuo. Adicionalmente, y en cada parte, se analiza la importancia del efecto composición y el papel que juegan las diferencias de género, tanto en el proceso de recuperación de una misma lesión como desde el punto de vista conductual.

La tabla 1 presenta las cifras de la descomposición de la diferencia de medias en la duración de las bajas laborales de mujeres y hombres. Los resultados de la columna 1 muestran que la brecha de género en la duración de las bajas por accidente laboral es pequeña en promedio, pero esconde dos mecanismos opuestos que tienen claras implicaciones para el diseño de políticas. Por un lado, las mujeres presentan tiempos de recuperación más largos, incluso ante lesiones similares. Este componente, predominantemente biológico, supone más de dos días adicionales de baja y responde a diferencias fisiológicas, perfiles de lesiones y comorbilidades que la literatura médica ya documenta. En concreto, las columnas 2 y 4 indican que las mujeres se recuperan peor ante una misma lesión (efecto género y grupo de referencia), mientras que la columna 3 hace referencia a que, en media, las lesiones que sufren las mujeres son más largas (efecto composición).  Ignorar este componente puede llevar a infravalorar las necesidades reales de recuperación de las trabajadoras y, en consecuencia, a generar incentivos poco realistas para médicos y mutuas.

Tabla 1. Descomposición de la diferencia en duración entre las bajas laborales de hombres y mujeres.

Nota: la “duración estándar” se refiere a la duración mínima que un trabajador debería tener si solo se tienen en cuenta características fisiológicas y médicas y se ha calculado con el análisis de frontera estocástica. La eficiencia se mide a través de la diferencia entre la duración real y la duración estándar. Fuente: Martín-Román, Moral & Pinillos-Franco (2026)

Por otro lado, detectamos que los hombres tienden a prolongar más sus bajas por motivos no estrictamente médicos: entre uno y dos días adicionales, según la especificación. Este patrón de “comportamiento oportunista” se observa especialmente en lesiones de difícil diagnóstico o en aquellos casos en los que el margen discrecional del trabajador es mayor. De esta manera, la columna 5 muestra que las mujeres sufren lesiones más susceptibles de comportamiento oportunista (efecto composición). Por su parte, la columna 6 refleja mayor comportamiento oportunista de los varones ante lesiones similares (efecto género) La evidencia apunta, por tanto, a que las políticas de control y seguimiento deberían afinarse para segmentar por tipo de lesión y no solo por características sociodemográficas.

Estos resultados se corroboran con el análisis de robustez presentado en la figura 3. El objetivo es descartar posibles efectos temporales o de sector, repitiendo la descomposición en los años en los que la diferencia de duraciones es estadísticamente significativa y en el sector con mayor peso en la economía española (el sector servicios).

Figura 3. Robustez: Descomposición de la diferencia en la duración de las bajas laborales de hombres y mujeres (Sector Servicios y periodo 2015-19).

Fuente: Martín-Román, Moral & Pinillos-Franco (2026)

 ¿Qué implicaciones se derivan de esta doble naturaleza de la brecha?

Primero, una revisión de las guías clínicas podría incorporar mejor las diferencias biológicas en los procesos de recuperación. La estandarización actual, basada con frecuencia en promedios agregados, puede estar generando expectativas artificialmente homogéneas entre hombres y mujeres, con consecuencias en términos de equidad y eficiencia.

Segundo, las mutuas y los servicios públicos deberían reforzar los protocolos de supervisión allí donde la probabilidad de uso no justificado es mayor. Nuestros resultados sugieren que los mecanismos de supervisión no deben ser universales, sino dirigidos: centrarse en lesiones con mayor riesgo de prolongación oportunista permite reducir costes sin penalizar recuperaciones médicamente necesarias.

Finalmente, la estimación monetaria de estos componentes, alrededor de 130 millones de euros por la mayor recuperación femenina y 215 millones por las prolongaciones masculinas, proporciona una referencia útil para calibrar políticas tanto preventivas como de gestión del absentismo. Una intervención eficaz deberá, necesariamente, abordar de manera diferenciada la biología y los incentivos.

Hay 1 comentarios
  • Las brechas solo gozan de relevancia social cuando perjudican a las mujeres. Si perjudican a los hombres no pasan del ámbito académico, como este blog (gracias por ello), e incluso ahí suelen ser matizadas y temerosas.

    Las conclusiones de los estudios, cuando resultan desfavorables para las mujeres, suelen ser tajantes, y a menudo proponen medidas "correctoras". Cuando afectan a los hombres son tibias y ensayan explicaciones colaterales o biológicas, inimaginables en el caso opuesto.

    En algún momento habrá que hacer un estudio que analice el enorme daño que la ideología llamada "woke" ha hecho a la auténtica causa de la igualdad, desde aproximadamente 2010 hasta hoy. Y cómo ha conseguido finalmente, tras una década y media de martilleo, poner en contra a gran parte de la sociedad, provocando el efecto contrario al que proclama pretender: muchos están, hoy, menos a favor de la igualdad que hace veinte años.

    Muchos huyen hoy como de la peste en cuanto oyen una consigna igualitaria o en favor de un grupo marginado. Han perdido la necesaria sensibilidad, se ha hecho refractarios.

    La cobardía, la falta de simetría pública al denunciar la desigualdad, está pasando factura.

    Ojalá esto se revierta en algún momento. Y ojalá, en otro momento, cuando un estudio detecte una situación objetivamente desfavorable para los hombres, se propongan medidas correctoras y no solo explicaciones bienintencionadas y "blancas".

    Ojalá. Pero ese momento no será hoy. Quizás será... mañana.

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