Tendencias en Google Trends sobre la salud mental de la población

Por Judit Vall, Ricard Grèbol y Aidan Parker

Hace unos días Ainoa Aparicio nos explicaba (aquí) las ventajas de utilizar Google Trends para tener una idea de los efectos potenciales de la actual crisis sanitaria sobre diversos aspectos sociales, como los divorcios o los embarazos, entre otros.

En la entrada de hoy, vamos a centrarnos en el caso particular de la salud mental. Tanto el miedo a contagiarse con el virus (o de que se contagie algún familiar) como el confinamiento estricto al que la mayoría de la población está expuesta, y las consecuencias económicas y laborales negativas que está soportando parte de la población pueden derivar en algunos trastornos de la salud mental. La semana pasada publicamos, junto con Dirk Foremny y Pilar Sorribas, una entrada (que se puede consultar aquí) en la que explicábamos los resultados de una encuesta que medía los efectos de la COVID-19 sobre la disposición a financiar la sanidad pública por parte de la población, así como sobre algunos aspectos de la salud mental percibidos por las personas que los experimentaban.

Para completar el cuadro, queremos ver cómo evolucionan en España las búsquedas en internet de los siguientes temas relacionados con la salud mental de la población: ansiedad, ataque de pánico, cambios de humor, enfado e insomnio. Para ello, hemos recogido datos de Google Trends por comunidades autónomas y con periodicidad semanal entre el 26 de enero y el 18 de abril de los años 2018, 2019 y 2020. Por tanto, comparamos la información de siete semanas antes de la declaración del estado de alarma (del 26 de enero al 14 de marzo) y cinco semanas después (del 15 de marzo al 18 de abril), y exactamente las mismas semanas para los dos años anteriores, 2018 y 2019, que utilizaremos para controlar cualquier efecto estacional que tenga impacto a nivel semanal. Como parámetro de medida, utilizamos la media semanal a fin de evitar los problemas relacionados con la fluctuación de los datos diarios y la influencia de los fines de semana.

Antes que nada, en la figura 1 podemos ver las búsquedas de la palabra coronavirus en las distintas comunidades autónomas (excepto Ceuta y Melilla). Aunque en primero de economía te enseñan a no poner valores de 17 regiones diferentes en un mismo gráfico, creemos que en este caso tiene sentido, ya que se ve con claridad que la evolución es bastante parecida en todas las comunidades autónomas y que el valor máximo se alcanza en los días anteriores al decreto del estado de alarma (que en España entró en vigor el 14 de marzo). A partir de ese momento, se reduce la intensidad de la búsqueda, con algunos picos adicionales alrededor del 22 de marzo y del 5 de abril coincidiendo con los respectivos anuncios de prolongación del estado de alarma.

Figura 1. Búsquedas del término coronavirus en las comunidades autónomas.

Si queremos calibrar la intensidad de búsqueda de las variables que pueden darnos una idea de cómo se siente la gente que está confinada en casa, las figuras 2, 3, 4 y 5 muestran los coeficientes (puntos en rojo) y los intervalos de confianza del 95 %, que son el resultado de estimar modelos event study con los que comparamos la intensidad de búsqueda de cada uno de los conceptos seleccionados durante las cuatro semanas anteriores al estado de alarma y las cinco semanas posteriores a él. Además, los valores que se muestran en el gráfico deben ser interpretados como la diferencia porcentual en la intensidad de búsqueda de 2020 respecto a la misma semana del 2018 y del 2019 (y respecto a las primeras tres semanas de nuestra muestra, que son las omitidas). Consideramos como semana de la introducción del estado de alarma la del 15-21 de marzo.

En la figura 2, se observa que el aumento de las búsquedas en Google sobre temas relacionados con la ansiedad es del 34 % durante la segunda semana tras la declaración del estado de alarma. Durante la tercera y cuarta semanas, el efecto continúa siendo de aumento aunque no significativo y menor en magnitud y, en cambio, vuelve a aumentar al 34 % durante la quinta semana de confinamiento.

Figura 2. Búsqueda de temas relacionados con el término ansiedad.

Las búsquedas de información en Google sobre los ataques de pánico, que representan una consecuencia mucho más extrema sobre la salud mental de la población, siguen un patrón similar a las búsquedas de ansiedad. Durante la segunda semana tras la declaración del estado de alarma, la intensidad de búsqueda relacionada con los ataques de pánico aumenta en más del 51% (figura 3). En la tercera y cuarte semana no se observa ningún aumento significativo y, de nuevo, vemos un aumento del 111 % durante la quinta semana desde la entrada en vigor del confinamiento.

Figura 3. Búsqueda de temas relacionados con el término ataques de pánico.

En la figura 4 se ven los resultados para las búsquedas relacionadas con el insomnio. Lo que observamos en el gráfico es que durante la semana que se declara el confinamiento cae, ocasionalmente, la preocupación por el insomnio; pero se produce un claro aumento pasado el tiempo y, así, en la cuarta y quinta semanas tras la declaración del estado de alarma se llega a un porcentaje del 37-39 %.

Tal como vemos, para la mayoría de las variables mostradas hasta este momento no se percibe un efecto inmediato durante la primera semana tras el anuncio de las medidas extraordinarias (introduction week en las figuras), sino que el deterioro en estas dimensiones de salud mental es relativamente progresivo durante las cinco semanas que llevamos de confinamiento.

Figura 4. Búsquedas relacionadas con la palabra insomnio.

Por último, comprobamos que el efecto de mayor magnitud y con un impacto más inmediato se produce en las variables que capturan distorsiones menos extremas de la salud mental de la población. Por ejemplo, en la figura 5 se observa que el aumento de la búsqueda de cambios de humor va desde el 160 % hasta el 250 % durante las cinco semanas siguientes a la declaración del estado de alarma. De la misma manera, la intensidad de búsqueda de temas relacionados con el enfado aumenta entre el 20 % y el 80 % de manera sostenida a partir de la tercera semana (no mostramos la figura).

Figura 5. Búsqueda de temas relacionados con cambios de humor.

Antes de concluir, queremos destacar dos elementos importantes: primero, en los gráficos mostrados tomamos como referencia las tres semanas anteriores a las presentadas en el event study. De todas maneras, con estos datos resulta imposible identificar si los efectos encontrados se deben al anuncio del estado de alarma en sí (la población puede sentirse inquieta y asustada por el mero hecho de declararse el estado de alarma), al estrés derivado del confinamiento, a la presión de haber perdido (o poder perder) el trabajo, al miedo a contagiarse o a cualquier otro elemento de los que ha generado esta situación inusitada. Por otra parte, tampoco podemos separar el impacto de la duración del confinamiento del producido por los cambios continuos en las expectativas sobre su duración (ocasionados por los respectivos anuncios de prolongación). Cabe destacar, asimismo, que los datos de Google Trends no se pueden interpretar como pruebas directas del impacto sobre la salud mental de la población, ya que, obviamente, se refieren a búsquedas de información en internet. No obstante, pensamos que sí son indicativos del efecto potencial sobre la salud mental de la población, cuya realidad se hará evidente una vez que se reduzca la intensidad de la emergencia sanitaria actual.

Hay 6 comentarios
  • Judit, no me ha quedado claro qué busca con su análisis. La pandemia en curso es un fenómeno extraordinario y seguramente más del 90% de la población mundial ha escuchado sobre ella. Podemos suponer que más del 50% ha buscado algún tipo de información y se ha preocupado por el daño que podría causarle (sentimiento de miedo) y por los cambios a futuro que podría causar (sentimiento de ansiedad). Dicho de otra manera, lo normal es que personas sin trastornos previos de ansiedad y miedo se hayan preocupado por la amenaza de daños presentes y cambios futuros sin que esa preocupación implique la conveniencia de visitar un psicólogo. Todo adulto ha experimentado situaciones en que la ansiedad y/o el miedo aumentan sin que por eso luego se les diagnostique un trastorno. Por fuerte que haya sido la preocupación de algunos –motivación para buscar información– no hay argumento para especular que esas personas no hayan sido capaces de reaccionar racionalmente. Que las reacciones de muchos puedan haber sido equivocadas no debe sorprendernos por el alto grado de incertidumbre.

    Gobernantes y burócratas han tenido grados de ansiedad y miedo mucho mayor que los afectados por sus decisiones. Grados asociados a la preocupación personal de cada uno de ellos, no a una supuesta preocupación social. Y, por cierto, no sorprende que se hayan equivocado en muchas decisiones.

    • Gracias por el comentario. La intención de la entrada no es más que mostrar el interés/preocupación de la población que genera la aparición de la pandemia. Más allá de esta entrada, existe evidencia en la literatura que utiliza datos de otros periodos de confinamiento (por ejemplo, durante el SARS) que muestra que estos efectos perjudiciales sobre la salud mental son relativamente persistentes en el tiempo.

      • Si tuviera efectos persistentes, entonces intentaría analizar la demanda por servicios de psicólogos (no creo que la experiencia de SARS sirva porque en los años que pasé en China y HK no recuerdo que jamás alguien me mencionara psicólogos profesionales y por lo que conozco de SK, Taiwan y Japón me extrañaría mucho que la psicología fuera una profesión de alta demanda).

        En el extremo opuesto, la demanda por servicios de psicólogos es fuerte en Argentina (aunque concentrada en el área litoral de Buenos Aires, desde Rosario a La Plata) y en menor medida aquí en Santiago de Chile.

        • Buenos días,
          Claramente lo mejor es poder medir la demanda de servicios psicólogicos pero este tipo de datos tardan más en ponerse a disposición de los investigadores. Por esta razón, decidimos mirar las tendencias de google trends ahora a corto plazo mientras no podemos disponer de datos de utilización de servicios psicológicos.

  • Hola Judit,

    muy buen artículo. Me ha parecido muy interesante. Quería saber exactamente cómo medís las diferencias. Lo hacéis a través de un modelo con datos panel asumiendo efectos fijos o por el contrario es una diferencia de medias donde la “baseline”sería la misma semana pero de años anteriores (como comentáis para controlar efectos estacionarios).

    Es por eso que también quería preguntarte si podemos esperar que comunidades con ciudades más grandes puedan experimentar mayores diferencias, quizás por el ritmo de vida habitual u otros factores que puedan agravar la “salud mental” de sus ciudadanos debido a estos cambios (confinamiento, estado de alarma, empleo, etc.)

    Merci.

    • Hola, gracias por tu comentario. Los gráficos muestran los coeficientes de un modelo “event study” donde comparamos cada una de las semanas de 2020 que se muestran en el gráfico con las tres semanas anteriores a la “4 weeks before” y, a la vez, con la misma diferencia respecto a los años 2019 y 2018 (esto último para controlar por efectos estacionales).
      Respecto al segundo comentario, estoy totalmente de acuerdo contigo; seguramente se puedan observar diferencias entre comunidades con ciudades grandes ya que sabemos, por ejemplo, que el nivel de contagio ha sido mayor (en general) en las ciudades y esto puede tener un efecto negativo mayor sobre la salud mental de las personas. Al mismo tiempo, en general, las condiciones de vida en las ciudades pueden resultar en una mayor dificultad a la hora de asumir un confinamiento (pisos más pequeños, sin salidas exteriores, etc…).

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