Miserias académicas

De Juan J. Dolado (dolado.blogspot.com)

Hace un poco más de un año que volví a la universidad española tras un lustro fuera de ella. Me marché a finales de 2013 porque las miserias que arrasaban nuestro sistema universitario durante la recesión animaban a abandonar la nave a cualquier afortunado que contara con una buena oferta laboral del extranjero. No eran el recorte de sueldos (común a todos los empleados públicos) lo que nos empujaba a marcharnos 1. Los detonantes de la diáspora eran la desesperación por la prohibición de contratar (con la infame regla del 10%: un alta por cada 10 bajas), el absoluto desprecio a la investigación por parte de la Secretaría de Estado a que fueron destinados estos menesteres y el inmovilismo contumaz de asociaciones académicas como la ANEP, ANECA y CRUE.

Aunque generalmente uno no vuelve por motivos profesionales, siempre existen diversas motivaciones personales detrás de la decisión de retornar a casa. Y en muchas ocasiones lo hace uno con la ilusión renovada, debido a cambios políticos, el fin de los recortes, la admiración a los colegas que han aguantado la travesía por el desierto, la posibilidad de contratar a gente joven muy prometedora que tome el relevo de aquellos que vamos envejeciendo, las nuevas hornadas de estudiantes, etc. Poco dura, sin embargo, la alegría en casa del pobre (o de un colchonero). Esta entrada está destinada a poner algunos ejemplos concretos de lo que le espera en el camino a alguien con buena fe.

En primer lugar, quiero presentar un caso reciente que me concierne directamente. Cuando me marché al European University Institute (EUI) en Florencia, era co- investigador principal (IP) de un programa de investigación del Plan Nacional junto a uno de mis colegas en UC3M. Pues bien, pese a ser el EUI una institución de la Comisión Europea que mantiene los derechos académicos de sus profesores en sus países de origen (al ser los contratos de duración determinada), me fue retirada la figura de IP por parte de la Secretaria de Estado de Investigación y D&I, sin ningún tipo de información previa. A la vuelta, necesitaba ser IP para poder integrarme en la solicitud de renovación de una Ayuda María de Maeztu (MdM) por parte de mi Dpto. Para acelerar los trámites, otro colega que estaba de sabático me propuso sustituirle como IP en su proyecto mientras estaba fuera, petición que fue denegada. Ante la urgencia de presentar la solicitud de la MdM (en España siempre hay un plazo cortísimo entre la convocatoria de estos proyectos y su fecha límite), pedí entonces reincorporarme al proyecto original con ayuda de los servicios jurídicos de UC3M. Ante la falta de noticias, se me incluyó en el equipo aspirante a la ayuda. Dicho proyecto, fue desestimado porque uno de sus miembros no era IP. Poco tiempo después llegó una comunicación oficial del nuevo Ministerio de Ciencia no permitiendo la vuelta al proyecto original por lo que ahora me encuentro en un limbo. En fin, supongo que todo este proceso habría hecho las delicias del gran Franz Kafka.

El segundo caso tiene que ver con contratos laborales en la universidad española, en este caso en relación a los jóvenes. El Dpto. de Economía de una conocida universidad pública madrileña fue al mercado de doctores en Economía (job market) a finales de 2018, contactando con un recién doctorado de mi universidad que había hecho la tesis con un investigador muy conocido. Le ofrecen un contrato de profesor visitante (lo que en argot se conoce como tenure track) a partir de Setiembre 2019. En este caso, todavía más grave que el anterior, el interfecto firma el contrato y, unos días antes de incorporarse a su nuevo Dpto, recibe un correo comunicándole que el Rectorado ha decidido no llevar a cabo la contratación al tratarse de un contrato temporal (como no puede ser de otra forma un contrato de prueba). Es obvio que el estudiante hubiera ganado una demanda judicial contra dicha universidad por goleada. Ahora bien, como la competencia funciona, otra muy buena universidad fuera de Madrid se enteró de lo sucedido y le contrató ipso facto, permitiendo que los responsables de este desaguisado se fueran de rositas. Tanto la Asociación Española de Economía como la European Economic Association deberían ser informadas de estas prácticas irregulares, impidiendo que las instituciones culpables puedan contratar a través del job market.

Por último, queda el caso de las torpezas de la institución llamada Aneca en la acreditación del profesorado, tema que ya ha saltado a los medios en varias ocasiones dando lugar al término “anecado” (perjudicado por Aneca). Hasta hace poco yo solo había seguido estos escándalos por la prensa, pero recientemente me ha tocado de cerca a través de un joven investigador, a quien conozco bien. Esta persona solicitó ser acreditado para la posición de Ayudante Doctor o AD (una de las más precarias en la escala universitaria) en la universidad en la que trabaja, tras 4 años tras doctorarse en una excelente universidad británica. Con un artículo (sin coautores) en una muy buena revista de campo y otras 2 enviadas a buenas revistas, la acreditación le ha sido denegada por no cumplir el requisito de tener al menos 2 publicaciones– sin que importe el número de coautores o que las revistas sean conocidas (en la lista de la Aneca caben incluso los predatory journals). ¿Por qué este criterio tan absurdo para acceder a una plaza de AD donde se debe juzgar el potencial de un investigador joven? Simplemente porque las reglas se aplican a todos las áreas científicas por igual, sin distinción de campos, y resulta que en las ciencias básicas y médicas es normal publicar muy rápido artículos cortos con un gran número de coautores (la clínica o el laboratorio), mientras que en las Ciencias Sociales este no es el caso. Alguien con buena fe pensaría que quizás este fallo pudiera ser compensado por un cierto grado de discrecionalidad por parte de los miembros de los comités. Después de todo, uno que confía que, al tratarse de buenos investigadores, sabrán dilucidar las cuestiones específicas de cada caso. No debería haberme sorprendido pero el caso es que he consultado la composición del comité para la acreditación de AD en Ciencias Sociales y la verdad es que no conozco absolutamente a nadie, pese a llevar muchos años en esta profesión. Aunque no siempre ha sido fácil, he localizado el CV de alguno de los miembros de dicha comisión y francamente dejan mucho que desear. La explicación es meridiana. La Aneca tiene pocos medios y no remunera bien a sus evaluadores, a quien por cierto recluta por cooptación, no por sorteo. Por ello hay selección adversa: solo aquellos investigadores poco destacados que tienen algo que medrar en estas acreditaciones están interesados en participar en los comités, mientras que, para los buenos profesionales, el coste de oportunidad es demasiado elevado. ¿Quién sale perdiendo con todo esto? Obviamente el sistema universitario español que continúa en su denostado empeño de perder talento a toda costa. La solución a este despropósito es sencilla: un sorteo en los profesores con al menos 4 sexenios potenciales de investigación, y al que le toque, le ha tocado.

Nota

[1] https://nadaesgratis.es/bagues/por-que-se-van#_ftn1

Hay 10 comentarios
  • ” Simplemente porque las reglas se aplican a todos las áreas científicas por igual, sin distinción de campos,”

    Esta afirmación NO es cierta.
    Sí hay distinción de campos en la ANECA para las diferentes acreditaciones.

  • Gracias por tu comentario.

    Los mejores Dptos. de Economía en España se han auto impuesto NO contratar a sus propios doctores ( a no ser que hayan obtenido un plaza estable de profesor en otra universidad/institución equivalente o mejor que la de origen). La mayoría de los otros Dptos. SOLO contrata a sus propios doctores. Obviamente, el lugar en los rankings de calidad que obtienen tanto unas como otras esta muy correlacionado con sus estrategias de contratación.

  • Juanjo, qué buena entrada. Muchas gracias por la generosidad de compartirla.

    Casualidades de la vida, esta misma mañana he recibido notificación de la ANECA desestimando el recurso de revisión que interpuse frente a la denegación de la Acreditación a Catedrática de Universidad.

    La denegación obedece a la falta de docencia “en los últimos años”.
    Lo mejor es que esa falta de docencia no obedece a desidia, ni a que haya estado, por ejemplo, de botellón. Aunque para el caso sería lo mismo para la ANECA. La falta de docencia obedece a que estoy en servicios especiales, y a que durante tres cursos académicos no tuve docencia al estar de baja de maternidad. Ah, y también tuve la temeridad de irme al IUE un tiempo. Cómo se me ocurre.

    Es la segunda vez que me lo deniegan. Mi calificación investigadora es siempre excelente. Me tiran por la docencia, en concreto por las “horas” de docencia en los últimos años. (Y eso que llevo dando clase desde 1998, que se dice pronto).

    En mi caso da igual en la práctica, porque básicamente no existen plazas de CU en mi especialidad.

    Pero es llamativo, y revelador del tipo de profesional que se quiere: alguien que no se haya movido del sitio.

    En tu caso, Juanjo, has cometido la alta traición de irte, sin ir más lejos al IUE. Cuando claramente deberías no haberte movido ni de edificio.

    Como diría Rosalía, malamente…

    En fin, gracias por el post.

  • Tienes razón, y diría que el fondo del asunto los economistas tenéis mucho que decir. Por un lado, existe un obvio problema de financiación (profesores asociados que no llegan a 1000 euros, qué broma es esta?) En este sentido, Antonio Cabrales ha propuesto más de una vez alternativas interesantes. Por otro, y en aras a no limitar la competencia sin motivo debería desaparecer ese engendro llamado ANECA y (esto es más polémico) las universidades deberían ser libres de contratar a quien quieran para lo que quieran, acompañándolo todo de un sistema de rankings e información transparente para los alumnos al respecto. Alguien debería también explicar el valor de las inversiones en investigación para un país, cosa que no esta clara dado que precisamente somos únicos en recortar esto lo primero cuando viene la crisis. y sí, también un poco de mea culpa. Como ejemplo, El sueldo bruto anual de un profesor de enseñanza no reglada de matemáticas para una universidad de calidad investigadora de Madrid me consta por observación directa de cuadro de retenciones de que llega a mas de 90000 euros año en los últimos 3 ejercicios. Esa persona podría ser por ejemplo lecturer en la universidad. Pero no hay dinero para traer el talento al respecto. Ni en todo caso control suficiente de la calidad docente. Para cuando nos sentaremos todos a hablar en serio?

    https://nadaesgratis.es/cabrales/prestamos-universitarios-contingentes-a-la-renta-diseno-y-aplicacion-a-espana

  • Más miserias:
    1. Un título de doctorado extranjero (obtenido en una universidad de prestigio) que, por acuerdo de la universidad no se califica, es interpretado en España como “apto”, lo cual penaliza con hasta 4 puntos menos, según la plaza.
    2. Adecuación de la tesis al área de conocimiento (para un departamento de economía aplicada): Cuenta 0 puntos si tu título es “Doctor en Economía”, mientras que cuenta 2 puntos si el programa de doctorado tiene algún apellido como por ejemplo: “Desarrollo integral e innovación de destinos turísticos” o “Aplicaciones a las finanzas y seguros, a la economía sectorial, al medio ambiente y a las infraestructuras”. Sin importar en ningún caso el tema o contenido de la tesis en ningún caso.
    3. Dividir un mismo paper en varias partes, para enviar a distintos congresos en los que se obtiene publicación del abstract con ISBN, para que cuenten más puntos en el CV.

  • Sí, muchas miserias en los puestos de investigación en universidades públicas. Para peor, cuanto menor la asignación relativa de fondos para cubrir bien los puestos disponibles en una universidad pública, mayores miserias. Y cuanto menor la competencia por puestos de investigación en universidades privadas, mayores miserias.

    Lo anterior no sorprende: el análisis económico del problema es claro. Hace tiempo que en países donde la investigación “académica” se concentra en universidades públicas, la demanda por el ingreso y otros beneficios asignados a esos puestos (o si se prefiere, la oferta para trabajar en esos puestos al sueldo y beneficios vigentes) es excesiva al costo vigente (costo = “publicaciones” + miserias) y los jefes reaccionan aumentando el costo. Ya pasó la época dorada de la investigación “académica” y hoy está “encorsetada” en puestos que poco difieren de puestos burocráticos. Sí, los políticos dirán que están 150% en favor de esa investigación, pero de cada euro adicional de gasto público, esa investigación recibirá el 0,00001%, y para peor de cada euro adicional del gasto asignado a esa investigación, con mucha suerte no más del 50% se dedicará a aumentar el número de puestos y mejorar beneficios de puestos existentes.

    Por otro lado, no sorprende que los titulares de los puestos existentes hayan buscado todo tipo de fuentes adicionales de ingresos y beneficios y de paliativos a las miserias. Por cierto, los resultados de esta búsqueda son muy desiguales.

  • Vaya por delante que respeto y admiro al Prof. Dolado y su trabajo. Sin embargo, aunque coincido en sus dos primeras críticas, me extraña mucho la que hace a la ANECA en el caso particular al que se refiere. Un solo artículo publicado (aunque sea Q1 en JCR) no es suficiente para una acreditación de Ayudante Doctor a nivel nacional (ni en ninguna agencia de acreditación autonómica). Los criterios de valoración (públicos) para las acreditaciones en esta figura exigen (además de algunas publicaciones), haber participado en proyectos y convenios (no necesariamente como IP), haber contribuido a congresos y una mínima experiencia docente (aproximadamente 12 ECTS). También se valora la experiencia profesional y otros méritos (premios, idiomas, etc.). Yo creo que – independientemente de la composición de las comisiones y de las posibilidades de mejora – en este caso en concreto la ANECA acertó.

  • Muchas gracias a tod@s por los comentarios.

    Acepto la crítica de Scchummi aunque si que es cierto que el criterio de medir los CVs por kilos de papel estraza en vez de envoltorios de seda proviene de disciplinas donde se publica mucho y con multitud de coautores.

  • Gracias Jesús por tu comentario.

    Todos los criterios que apuntas los cumple de sobra el candidato en cuestión (docencia, presentación de artículos en los mejores congresos internacionales, etc). No cumple el criterio de número de publicaciones, como no los cumple la mayoría de candidatos a acreditarse como Ayudante Doctor en un plazo de 4 años desde su doctorado, a no ser que publiquen en revistas de medio pelo. En Economía publicar en una buena revista (con tasas de rechazo del 90-95%) puede llevar mas de 4 años y si un joven lo consigue (que los hay) no creo que se acredite para dicha posición, pues se trata de un figura arcaica que solo usan los departamentos de universidades poco prestigiosas. Con ese logro, los buenos Dptos. nacionales ya lo habrían captado o, si no, se habría marchado al extranjero donde no cuenta el “peso” del CV sino su calidad y potencial.

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