La paradoja europea: sobre cómo Bruselas desactiva la polarización

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Por Ingrid Mauerer, M. Socorro Puy, Sergi Urzay-Gómez

En una época marcada por la polarización política, donde las redes sociales amplifican los extremos y los discursos populistas se nutren del malestar ciudadano, un nuevo estudio sugiere que la Unión Europea cumple un papel inesperado: frenar la la fuerza de los extremos ideológicos.

Lejos de ser un campo de batalla más entre izquierdas y derechas, la integración europea parece suavizar las divisiones políticas nacionales. Esta es la conclusión central del trabajo de los economistas M. Socorro Puy, Ingrid Mauerer y Sergi Urzay-Gómez recientemente publicado en la revista European Economic Review. El artículo propone varias teorías sobre el papel de las ideologías izquierda-derecha en el avance hace una mayor integración europea. Con datos de encuestas recogidos en el European Election Study se analiza cómo los ciudadanos se posicionan en una escala que va desde el euroscepticismo hasta la unificación política.

Más allá del populismo: un euroescepticismo con matices

Desde el Brexit hasta el auge de partidos como Vox, Alternative für Deutschland (AfD) o Rassemblement National, se ha repetido una explicación: la derecha populista sería el gran motor del euroescepticismo. Sin embargo, los autores demuestran que la realidad es más compleja.

El euroescepticismo, entendido como la desconfianza o rechazo hacia la integración europea, no se concentra exclusivamente en la extrema derecha ni sigue una lógica simple de “izquierda contra derecha”. De hecho, el apoyo o rechazo a la UE depende, sobre todo, de cómo cada ciudadano percibe la relación ideológica entre su gobierno nacional y el conjunto europeo.

En otras palabras: la ideología no actúa sola, sino en interacción con la política nacional.

Dos niveles de poder en Europa

La Unión Europea funciona como una estructura de gobernanza multinivel. Los países conservan sus gobiernos y parlamentos nacionales, pero comparten poder con las instituciones europeas, que legislan en materias tan diversas como comercio, medio ambiente, agricultura o seguridad.

En la práctica, esto significa que las decisiones que afectan a la vida cotidiana de los europeos se toman simultáneamente en Bruselas y en los parlamentos nacionales. Por tanto, el ciudadano percibe dos niveles de poder y dos posibles orientaciones ideológicas: la nacional y la europea.

Aquí radica el corazón del estudio: las preferencias sobre la integración dependen de la distancia ideológica que percibe cada persona entre ambos niveles. Como muestra la Tabla 1, la integración en la UE puede ser vistas por los ciudadanos de la UE como una interferencia en la política nacional o como un contrapeso al poder legislativo nacional. Esta doble percepción resulta clave para explicar si los ciudadanos desean avanzar en la integración europea o frenar el proceso de unificación entre los Estados miembros. En pocas palabras: o bien no necesito a la UE cuando me siento bien representado por mi gobierno nacional o, por el contrario, valoro positivamente la integración europea cuando quiero escapar de la ideología que domina en mi país.

Tabla 1. Qué actitud muestra un ciudadano hacia la integración europea

Fuente: elaboración a partir de Mauerer, Puy y Urzay-Gómez (2025).

La UE como “contrapeso ideológico”

El modelo teórico que presentan los autores parte de una idea sencilla pero poderosa: los ciudadanos tienden a minimizar el “coste ideológico”. Cuando un individuo no se siente representado por su gobierno nacional —por ejemplo, un votante progresista en un país gobernado por la derecha—, puede ver a la UE como una fuente de equilibrio político. En cambio, si el gobierno nacional coincide con su propia ideología, tenderá a valorar menos la integración europea e incluso a verla como una amenaza a su soberanía política.

En otras palabras, la UE no divide más: modera. Sirve como un punto medio que suaviza las tensiones entre ideologías extremas, frena a los gobiernos nacionales polarizados y fomenta el consenso entre ideologías de derecha e izquierda.

Un mapa desigual de percepciones

Para comprobar esta hipótesis, se analizan datos de doce países europeos —entre ellos España, Francia, Alemania, Italia, Polonia, Suecia y el Reino Unido—, que, en conjunto, representan más del 80 % de la población de la UE.

El estudio mide tres dimensiones ideológicas en una escala del 1 (izquierda) al 11 (derecha): (1) la ideología individual, es decir, cómo se autoubica el ciudadano; (2) la ideología nacional percibida, o la posición ideológica del gobierno de su país; y (3) la ideología europea percibida, definida como el promedio de las dos grandes familias políticas del Parlamento Europeo: el Partido Popular Europeo y los Socialistas Europeos.

Los resultados evidencian grandes diferencias entre países. Tal y como se muestra en el Gráfico 1, los datos relativos a encuestas de 2019, revelan cómo Grecia es percibida como uno de los países más orientados a la derecha, con un posicionamiento medio en torno al 9, mientras que España se sitúa mucho más cerca del centro, con un valor medio que no supera el 5.

Gráfico 1. Ideología media percibida (escala 1–11)

Fuente: elaboración a partir de Mauerer, Puy y Urzay-Gómez (2025).

Esa diversidad es clave. Explica por qué no existe un patrón común de euroescepticismo. Mientras que en Polonia o el Reino Unido se percibe a la UE a la izquierda de su gobierno nacional, en España, Portugal o Suecia es al contrario, el posicionamiento ideológico de la UE se percibe a la derecha del gobierno nacional.

El modelo alternativo gana terreno

Para evaluar la capacidad explicativa que tienen los posicionamientos ideológicos de izquierda-derecha sobre el apoyo o rechazo a la integración europea, los autores compararon tres enfoques:

  1. Modelo lineal. Plantea una relación directa entre ideología e integración europea: la izquierda tiende a ser más europeísta, mientras que la derecha muestra mayor euroescepticismo.
  2. Modelo en forma de U. Sostiene que los extremos ideológicos —tanto de izquierda como de derecha— son los más euroescépticos, mientras que el centro es el más europeísta.
  3. Modelo alternativo. Propone que el sesgo ideológico de los gobiernos nacionales determina si la izquierda o la derecha es más o menos euroescéptica. Además, incorpora la distancia entre la ideología del ciudadano, la nacional y la europea.

El modelo alternativo resulta ser más preciso en 10 de los 12 países analizados. En Bélgica, Alemania y Polonia, este modelo en comparación con los otros, explica hasta un 6 % más de la variabilidad en las actitudes que muestran los ciudadanos hacia la integración en la UE. Según este modelo, comprender la actitud de un ciudadano hacia la integración europea requiere considerar su propia ideología izquierda-derecha así como su percepción sobre el posicionamiento de su gobierno nacional y el de la UE en esta misma escala de izquierda-derecha.

Un antídoto frente a la polarización

El hallazgo más relevante del trabajo es que la UE actúa como moderador ideológico. Su existencia introduce un segundo nivel de poder que impide que la política nacional ejerza su influencia promoviendo posicionamientos polarizados, y eso tiene implicaciones para la estabilidad democrática del continente.

Cuando los ciudadanos perciben que la UE puede equilibrar a gobiernos muy ideologizados —ya sean de derechas o de izquierdas—, su apoyo a la integración europea aumenta. En cambio, cuando sienten una alta afinidad con el poder nacional, su impulso integrador disminuye, aunque sin llegar a convertirse en un rechazo total a la integración.

El mito del bloque euroescéptico

Un debate frecuente en política europea es si podrían surgir alianzas paneuropeas de extrema derecha o izquierda para desafiar a la UE desde dentro.

El estudio es claro: esto es improbable.
Los partidos radicales no consiguen coordinar una oposición común a la integración porque sus realidades nacionales son demasiado distintas. Solo de manera excepcional podría darse la coincidencia de gobiernos del mismo signo ideológico en todos los Estados miembros, algo que resulta improbable.

Por tanto, la heterogeneidad política entre los gobiernos europeos protege a la UE de una ola coordinada de euroescepticismo. Esta fragmentación ideológica actúa como un “seguro institucional” frente a movimientos anti-UE de gran escala.

Conclusión: la paradoja europea

La paradoja que revela este trabajo es la siguiente: una institución a menudo acusada de burocrática o distante de la ciudadanía podría ser, en realidad, una de las fuerzas más efectivas para contener la polarización política en el continente.

La integración europea no solo ha tenido efectos económicos e institucionales; también ha reconfigurado el espacio ideológico europeo reduciendo la capacidad de los extremos para dominar el debate.

En un contexto global de desinformación, populismo y fragmentación social, esta conclusión ofrece una lección optimista: la Unión Europea, como alianza supranacional basada en la integración económica, no solo potencia las economías de escala, sino que también contribuye a la protección de las democracias.

Hay 2 comentarios
  • Esto es de Nobel. Va más allá del ejemplo de la UE.

    Yo lo resumiría según mecánica vectorial como un sistema de anulación de momentos ideológicos en un espacio de gobernanza multinivel.

    Se me ocurre denominarlo Ley de Moderación Adaptativa: siendo dos vectores ideológicos A y B, subsumidos en un espacio métrico presidido por un vector único de escala superior C, en el que existen una multiplicidad de vectores que oscilan entre A y B, estos se anularán al no coincidir la dirección en los momentos en ninguna de las combinaciones posibles. Haciendo que C se mantenga dentro de un rango central estable.

    Es un Principio de Inercia Sistémica aplicado a ciencia política, donde la estabilidad de la Unión Europea (el vector C) no es fruto de una voluntad ideológica propia, sino una consecuencia geométrica de la dispersión de sus componentes.

    Esta ley explica por qué, a pesar de que veamos noticias sobre el auge de la extrema derecha en Italia, Francia o Alemania, las políticas reales que emanan de Bruselas (el vector C ) siguen siendo asombrosamente centristas, burocráticas y basadas en el consenso. La estructura métrica del sistema impide la radicalización.

    Un saludo.

  • Estimados autores:

    No he podido sustraerme al ímpetu de crear una representación de la Ley de Moderación Adaptativa intuida a partir de vuestros hallazgos.

    Me he puesto a trabajar hasta donde he podido y el resto me he apoyado en la muleta de la IA para realizar cálculos y precisar el uso de variables y contexto. El resultado es una simulación interactiva del modelo que permite visualizar cómo varía la estabilidad del vector C (ej. UE) en función del número de estados, la entropía política y el grado de sincronización.

    El stack tecnológico es básico, HTML5, CSS3 Y JS vanilla. De momento no es responsive (no está adaptada a móviles). Es posible ver la simulación en la siguiente URL: https://neg.beldic.com

    Aunque también podéis abrir el enlace aquí: simulación .

    Espero que os guste. Saludos y enhorabuena por vuestro inspirador trabajo.

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