
Por Ignacio Castro, Queen Mary University London.
Mastodón, Bluesky, Twitter. Quién no tiene cuenta en una o varias de estas plataformas de microblogging. El dominio de Twitter, durante mucho tiempo indiscutible, ha sido desafiado por aplicaciones alternativas, cuya popularidad ha crecido tras la compra de Twitter por Elon Musk. ¿En qué se diferencian? ¿Son realmente viables? En esta entrada examino primero Mastodón y luego Bluesky. Describo su arquitectura, así como sus ventajas, desventajas y viabilidad. Finalmente analizo el éxito de cada aplicación con datos de artículos que hemos publicado en los últimos años.
Buscando alternativas
En todas las aplicaciones de redes sociales puedes postear, comentar, y reaccionar. Varía el tipo de contenido; de los 140 caracteres originales de Twitter a las imágenes de Instagram o los videos de TikTok. Varía también si las discusiones son públicas, como en Twitter, o privadas, como en WhatsApp. En cambio, el modelo organizativo es parecido: una estructura integrada verticalmente en la que la empresa propietaria de la aplicación opera la mayor parte las funcionalidades.
Los usuarios descontentos cuentan con pocas alternativas. Debido a los efectos de red típicos de estas aplicaciones, migrar es difícil al no poder portar tu identidad, contenidos, seguidores y seguidos. Las limitaciones que impone este modelo han llevado a muchas personas usuarias a buscar alternativas y a los reguladores a buscar formas de aumentar la competencia. La compra de Twitter, la “plaza pública digital”, ha disparado esta búsqueda.
En los últimos años, Mastodón y Bluesky, dos redes sociales de microblogging, han ganado relevancia. Su razón de ser es crear una alternativa a ese modelo que caracteriza a aplicaciones como Twitter o Facebook. Uno de sus objetivos fundamentales es dar mayor poder de decisión a la persona usuaria y reducir la posibilidad de que un solo actor controle la plataforma. La forma en la que se enfrentan a este reto difiere.
Mastodón: Descentralizando de raíz
Coge una red social, divídela en pedazos, permite que los usuarios interactúen independientemente de en qué pedazo estén. Esto es precisamente lo que hace Mastodón, una aplicación descentralizada, distribuida en un archipiélago de servidores, cada uno con sus respectivos usuarios. Independientemente de en qué servidor esté su cuenta, quienes utilizan Mastodón pueden interactuar gracias al uso de un protocolo común, ActivityPub, que incluso les permite interactuar con miembros de otras aplicaciones del llamado fediverso: un conjunto de aplicaciones descentralizadas como Pleroma o Peertube que también utilizan ese mismo protocolo.
Descentralizar es caro
La descentralización en Mastodón sin embargo es limitada. Existen muchos servidores, pero la gran mayoría de usuarios se concentran en unos pocos. Muchos de estos servidores están además alojados en un puñado de empresas: manejar un servidor es complejo y comprarlo, caro, por lo que muchos de ellos se alojan en Amazon o en alguno de los otros pocos proveedores que dominan el mercado de la nube. El administrador del servidor es también responsable de moderar el contenido que aloja, lo que puede suponer un esfuerzo sustancial con potenciales implicaciones legales.
En términos de usuarios, el éxito también es moderado. Mastodón tiene una comunidad con alrededor de 1 millón de usuarios activos. El número fue mayor. Aunque se abrieron muchas cuentas cuando Elon Musk adquirió Twitter, la base de usuarios no se ha consolidado. Mastodón no se ha convertido en la “plaza pública” que para muchos fue Twitter. Aunque este no tiene por qué ser el objetivo de Mastodón, sí era lo que muchos usuarios buscaban.
¿Qué ha conseguido Mastodón?
Mastodón ha demostrado que la interoperabilidad es posible. Los miembros del fediverso interactúan independientemente de en qué aplicación o servidor está su cuenta, lo que les permite “votar con los pies.” Y a menudo lo hacen, migrando su cuenta al servidor que mejor les parece -por ejemplo, uno en el que la moderación sea más acorde con sus preferencias. Esta operabilidad entre redes es un elemento clave para facilitar la competencia y es uno de los objetivos del Digital Markets Act –pieza fundamental de ofensiva reguladora de la Unión Europea en el área digital.
Bluesky: Descentralizando capa a capa
Bluesky también busca romper la estructura monolítica de las redes sociales tradicionales y dar poder de decisión a sus usuarios. Pero en vez de descomponer la aplicación en una serie de servidores interconectados, Bluesky la descompone en funcionalidades. Mientras que en Mastodón cada servidor tienen que proveer todas las funcionalidades necesarias para la aplicación, en Bluesky, funcionalidades como el almacenamiento, la moderación o la recomendación de contenido pueden ser provistas por terceros.
Descentralizando donde las barreras de entrada son menores
El modelo de Bluesky ha tenido más éxito allí donde las barreras de entrada eran más bajas. En un artículo reciente, analizamos la popularidad de las distintas funcionalidades que componen Bluesky con datos de abril del 2024, cuando la red tenía 5,5 millones de usuarios. Las funcionalidades más simples y con menos costes son donde más terceros participan. La moderación y recomendación de contenidos son especialmente populares. Un número creciente de usuarios añade un número cada vez mayor de etiquetas a los posts (Imagen 1). Las etiquetas cubren gran variedad de temas y muchas están generadas algorítmicamente, a juzgar por el poco tiempo transcurrido entre que se publica un post y aparece una etiqueta (Imagen 2). Los algoritmos de recomendación también han tenido gran aceptación. Estos algoritmos utilizan en muchos casos etiquetas (a menudo generadas por terceros) para seleccionar contenidos a recomendar. Parte de su éxito es la posibilidad de hacer algoritmos como servicio. De hecho, el más popular de estos servicios (Skyfeed) es responsable de más del 85% de los algoritmos de recomendación.


Otras funcionalidades con mayor complejidad técnica y coste, como el almacenamiento de datos o la agregación y sincronización de contenido, han tenido poca o nula adopción entre terceros. Especialmente relevante es el caso de esta última, un servicio fundamental de cualquier aplicación cuyo coste coste, paradójicamente, se hace mayor cuanto más éxito tiene Bluesky. Hay un debate intenso sobre los riesgos que esto conlleva y si este cuello de botella impide que Bluesky una red sea realmente descentralizada.
¿Es Bluesky un éxito?
Desde luego, Bluesky ha conseguido atraer a un gran número de usuarios y, en particular, a cientificos e investigadores. Analizando los datos de 2024, observamos que Bluesky multiplicó por 5 el número de usuarios: de 5,5 millones en abril del 2024 a 25,5 a finales de diciembre (Imagen 3). Este crecimiento también fue en actividad (Imagen 4). La migración a Bluesky se debió a menudo en respuesta a eventos externos: 1) La apertura de registros sin necesidad de invitación; 2) la prohibición de Twitter en Brasil, 3) que Twitter hiciera el contenido visible para usuarios bloqueados; 4) elecciones en EE. UU.; 5) migración de usuarios brasileños e 6) indonesios.


Parte de este éxito ha sido gracias a los “starter-packs”, listas que agrupan a usuarios y facilitan encontrar contenido y cuentas que seguir. Por ejemplo, estos dos starter-packs incluyen a economistas que postean en español. Para analizar su impacto, identificamos los seguimientos (“follows”) que responden al uso de starter packs y encontramos que son responsables de más del 20% del total (imagen 5). También analizamos el impacto en los usuarios que son parte de un starter-pack. Usando un Propensity Score Matching, comparamos usuarios en starter-packs con otros que no lo están pero que tienen características similares. Los primeros claramente reciben más usuarios y reacciones a sus posts.

¿Las aplicaciones del futuro?
Bluesky y Mastodón han demostrado que descentralizar las aplicaciones de redes sociales es posible. Posible, pero con un coste. Reducirlo es crítico para su viabilidad. A pesar de su crecimiento en su popularidad, su número de usuarios aún palidece en comparación con el de Twitter y otras aplicaciones. Encontrar un modelo de negocio es una cuestión aún pendiente. Estas aplicaciones demuestran que hay una demanda de alternativas y que desarrollar arquitecturas viables es un proceso de ensayo y error. A que estas alternativas se consoliden pueden ayudar iniciativas como “Free our Feeds”, que busca conseguir 30 millones de dólares para desarrollar aplicaciones de redes sociales que “no puedan ser capturadas por billonarios” y que ha sido apoyada por Jimmy Wales, el fundador de Wikipedia, entre otros.
Para quienes investigamos utilizando datos de redes sociales, Mastodón y Bluesky son también una alternativa. El fin del acceso a los datos de Twitter fue problemático y limitó reproducibilidad de muchas investigaciones2 y el escrutinio sobre redes sociales. Los datos de Mastodón y Bluesky, son obtenibles. Para facilitar el acceso a los datos de Mastodon, hemos creado una herramienta parecida a la API de Twitter. En Bluesky, los datos son públicos. Gran parte de nuestro análisis de Bluesky se puede reproducir con el código y los datos que hemos hecho disponibles.