Tiempos de pandemia…y de informes

 

Ya hemos apuntado en varias ocasiones que dos cosas positivas que ha traído la crisis de la Covid-19 son un fuerte repunte del interés por el análisis económico de sus consecuencias y una mayor demanda desde las Administraciones Públicas de informes, notas, publicaciones etc., que ayuden a orientar mejor la toma de decisiones políticas. Se han constituido multitud de foros para la elaboración de informes y comités de asesoramiento a varios niveles. Sus señorías parlamentarias van a necesitar otra vida para poder leer toda la documentación remitida a las distintas comisiones (de Economía, de Reconstrucción Social y Económica, etc.). Y algunos de mis colegas tendrían que inventar días de más de 24 horas para poder atender todas las peticiones que reciben, si no fuera porque ahora cuentan con la ventaja de no necesitar el don de la ubicuidad para estar en varias reuniones al mismo tiempo. (Cuidado: la multitarea reduce la productividad).

En mi dilatada y procelosa vida profesional he participado en algunos foros y comités de ese tipo, tanto en el ámbito nacional como en el internacional. Así pues, tengo alguna experiencia en estas tareas y conozco bien la repercusión que acaban teniendo los informes de “comités independientes” en la formulación de las políticas económicas. En general, suelen ser recibidos con bastantes cautelas, que muchas veces se plasman en acusaciones a sus autores de tecnocracia con agenda política oculta. En consecuencia, la influencia inmediata sobre las políticas públicas es limitada. A más largo plazo, algunas de las ideas de esos informes acaban calando, como la lluvia fina, y su impacto es algo mayor.

Recuerdo que alguien decía que un tecnócrata es un político que sabe de algo. Y sin negar que todos tenemos nuestros sesgos a la hora de analizar, evaluar y recomendar políticas públicas (pero siendo consciente de que unos hacen más esfuerzos que otros por controlarlos), estos informes deberían mirarse con otra perspectiva. Todavía estamos en un país en el que “tecnocracia” es un término que se utiliza sobre todo para referirse con desprecio al conocimiento basado en la investigación y en los datos y donde eres un “librepensador” si estás en contra de la intervención del Estado en la Economía y un “intelectual comprometido socialmente” si tus conclusiones apoyan las posiciones del progresismo oficial.

Puede que ahora me venza el optimismo, pero tengo la sensación de que esta vez todos estos esfuerzos pueden resultar mas útiles. Por una parte, hay una mayor consciencia de la gravedad de la situación y la opinión pública no entendería que diversas contribuciones desde fuera del ámbito político fueran ninguneadas. Por otra parte, esa misma consciencia está llevando a que muchos de estos comités independientes, grupos de trabajo, etc., sean mucho más interdisciplinares, transversales, colaborativos y constituidos con la voluntad de alcanzar un consenso útil. Algunos de ellos, además, tienen un “grado extra” de independencia al estar organizados por fundaciones o instituciones sin ánimo de lucro (ni económico ni político). Todo ello hace que el papel a jugar por los “ilustrados benévolos o bienintencionados”, como los llama Victor Pérez-Díaz (aquí), pueda ser más importante que nunca.

Un ejemplo loable a este respecto es la iniciativa coordinada por FEDEA que ha organizado alrededor de una decena de grupos de trabajo sobre los temas económicos que deberían ocupar la agenda política en los próximos meses. Algunos colaboradores regulares de NeG hemos formado parte de estos grupos; en mi caso de dos,  uno sobre estabilidad macroeconómica y presupuestaria como miembro y en otro sobre mercado de trabajo como coordinador. Puedo declarar que el espíritu que ha guiado los trabajos de ambos grupos ha sido siempre tratar de aglutinar las sensibilidades de los distintos sectores y los diferentes puntos de vista de sus miembros tratando de llegar a conclusiones útiles y a propuestas equilibradas. Al final se trataba de recordar cuestiones ineludibles tales como las necesidades de abordar un programa a medio y largo plazo de consolidación de las cuentas públicas, de evitar la destrucción innecesaria de tejido productivo (histéresis, en la jerga económica) pero sin crear empresas “zombis”, de reforzar políticas activas de empleo e incentivar la contratación sin malgastar recursos, o de resolver problemas estructurales sin crear más incertidumbre. Podemos discutir sobre cuáles son los instrumentos más eficaces para alcanzar estos objetivos y así lo hemos hecho intensa y extensamente en el seno de esos grupos de trabajo, llegando incluso a un cierto consenso. Lo que no podemos hacer es quedarnos al margen y olvidar dónde estamos.

Hay 3 comentarios
  • La premisa de considerar la perspectiva de todos los sectores es fundamental para lograr consensos, inmanente a un sistema democrático, sin perder de vista que el contrato social español (la Constitución) es un Estado social de derecho.
    En cuanto a la agenda de estudio,una visión holística siempre es ilustrativa, pero vale la pena centrarse en objetivos estratégicos en sectores claves o priorozados para ser más efectivos ante la emergencia. Una propuesta globalizante o total es útil, sin embargo puede llevar a una dispersión de esfuerzos en el corto plazo.

  • Hola Juan Francisco, encuentro como base del optimismo, la certidumbre de que las conclusiones finales de dichos informes aporten soluciones útiles a los problemas planteados.

    Parece que al fin se haga caso al técnico al abordar problemas técnicos, al margen de ideologías y tesis partidistas.

    Ese dar crédito a los especialistas parece una política heredada de la pandemia. Antes eran los especialistas en el ámbito de la salud, y ahora le toca el turno a los economistas.

    No obstante, y esta no deja de ser una opinión personal, persiste una duda razonable, sobre si no se esta facilitando de forma indirecta una coartada al político, de cara a posibles fracasos, al diluir la responsabilidad de las decisiones tomadas señalando a los especialistas. O de felicitar al político, de cara al éxito de las medidas, enfatizando el acierto y terminando de rentabilizar políticamente los resultados.

    Yo a lo Maquiavelo, si fuera político seguiría esa estrategia, como vía de supervivencia política, ante lo que se avecina, reforzando mi imagen y sin perdida en el juego, que siempre recaería en los profesionales citados en los estudios.

  • “Al final se trataba de recordar cuestiones ineludibles tales como las necesidades de abordar un programa a medio y largo plazo de consolidación de las cuentas públicas, de evitar la destrucción innecesaria de tejido productivo (histéresis, en la jerga económica) pero sin crear empresas “zombis”, de reforzar políticas activas de empleo e incentivar la contratación sin malgastar recursos, o de resolver problemas estructurales sin crear más incertidumbre. Podemos discutir sobre cuáles son los instrumentos más eficaces para alcanzar estos objetivos…”

    Ni un átomo que añadir. Ojalá se dejen de lado las ideologías y se vaya de frente a por esas metas.

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