Por David Boto-García, Oriol Anguera-Torrell y Marta Escalonilla
Taylor Swift es un fenómeno social. En 2023 y tras más de cuatro años sin hacer una gira, regresó a los escenarios con su Eras Tour por Estados Unidos, una gira de 62 conciertos multitudinarios celebrados en 23 ciudades diferentes durante cinco meses. Seguidamente, continuó su gira por Latinoamérica, Asia, Australia y Europa, convirtiendo su Eras Tour en la gira de conciertos más taquillera de todos los tiempos, con una facturación que se estima en dos mil millones de dólares según el New York Times.
Llegados a este punto, el lector puede estar preguntándose: ¿qué pinta Taylor Swift en un blog de economía? Según la Reserva Federal de St. Louis, el fenómeno de la artista estadounidense ha trascendido lo estrictamente musical, consolidándola como una fuerza macroeconómica global en lo que algunos ya tildan de “Swiftonomics”. Su comunidad de fans, los swifties, moviliza un gasto excepcional y un impacto directo en cada ciudad que visita, especialmente en el sector de la hostelería y el transporte. Es habitual encontrar artículos en la CNN, la revista Forbes, o la BBC hablando de su impacto económico. Según la US Travel Association, se estima que cada asistente a uno de sus conciertos se gastó en torno a 1.300 dólares en el viaje, hotel, comida y merchandising. Según Bloomberg Economics, la gira habría aportado más de 4.000 millones de euros al PIB de Estados Unidos durante el 2023.
La idea de que grandes eventos culturales y deportivos suponen un importante shock económico positivo para las ciudades anfitrionas, particularmente para la hostelería, no es nueva. Se ha documentado que acontecimientos como la Super Bowl, el Oktoberfest o carreras automovilísticas impulsan la demanda turística y elevan los ingresos de hoteles y restaurantes. Sin embargo, existe menos evidencia empírica sobre el impacto de los conciertos de artistas individuales, especialmente de aquellos capaces de movilizar a decenas de miles de personas en cuestión de días. El fenómeno Taylor Swift ofrece en este sentido un contexto interesante a estudiar: una gira gigantesca, desplegada de forma escalonada por distintas ciudades, con un efecto de expectación sin precedentes y una base de fans dispuesta a viajar largas distancias para asistir a los conciertos.
Nuestro trabajo
En un artículo reciente, analizamos el impacto de ‘The Eras Tour’ en la industria hotelera estadounidense. Para ello, usamos datos diarios de precios, habitaciones vendidas, tasa de ocupación, ingresos por habitaciones vendidas, e ingresos por habitación disponible para un total de 30 áreas metropolitanas entre enero de 2022 y diciembre de 2023. De ellas, veinte albergaron al menos dos conciertos de la gira en días consecutivos (y, en muchos casos, llegaron a celebrarse tres actuaciones seguidas) y las otras diez áreas sirven como grupo de control. Las áreas seleccionadas como grupo de control son aquellas que cuentan con estadios de fútbol con capacidad para albergar un evento de esta naturaleza, siendo, por tanto, zonas con una infraestructura comparable. Recogemos datos para el total de hoteles y también distinguiendo por categoría (‘economy’, ‘midscale’, ‘upper midscale’, ‘upscale’, ‘upper upscale’ y ‘luxury’), lo que nos permite evaluar efectos heterogéneos según la calidad del hotel.
Utilizamos una estrategia de diferencia en diferencias que compara el cambio en las diferentes métricas mencionadas durante los días de concierto en las ciudades tratadas con respecto al cambio observado en las ciudades de control, que sirven como aproximación del contrafactual. Debido a que se trata de un tratamiento no absorbente (el tratamiento aquí es transitorio) y escalonado (los conciertos tienen lugar en diferentes fechas), utilizamos el estimador recientemente propuesto por de Chaisemartin and D’Haultfoeuille (2025). En el análisis, controlamos por la celebración de otros conciertos de artistas de renombre como Ed Sheeran, Beyoncé, o Bruce Springsteen, entre otros, durante el periodo muestral, que tienen lugar tanto en áreas metropolitanas tratadas como de control, y que también suponen un shock a la demanda hotelera.
Resultados
La Figura 1 muestra un gráfico de eventos donde se muestran los efectos para cada una de las cinco variables. El “1” se refiere a la noche anterior al primer concierto (primer día de tratamiento), el “2” a la noche del día del primer concierto y así sucesivamente.
Nuestras estimaciones señalan que, durante los días de concierto, el número de habitaciones vendidas aumenta en torno al 14%, los precios suben en torno al 27% y los ingresos por habitación vendida crecen en torno al 45%. El efecto sobre los precios es cuantitativamente mayor que el efecto sobre la cantidad. Esto se explica en parte por la rigidez de la oferta hotelera a corto plazo: los hoteles no pueden ampliar su capacidad de un día para otro, por lo que ante un shock de demanda de esta naturaleza el incremento en precios es tanto mayor cuanto más cerca se ubique el hotel de su máxima capacidad. Dicho de otro modo, los incrementos de precio son menores en ciudades cuya oferta hotelera opere, en condiciones normales, con más exceso de capacidad.
El impacto, además, está muy concentrado en el tiempo. Los efectos comienzan la noche anterior al primer concierto, alcanzan su punto máximo durante los días del evento y desaparecen prácticamente al cabo de uno o dos días. Esto sugiere que los beneficios son intensos pero efímeros, ligados estrictamente al momento en que la artista actúa en la ciudad. También observamos que los efectos son algo mayores cuando los conciertos se celebran en fin de semana, lo que refleja la interacción entre el turismo musical y el ocio de corta estancia.
Cuando comparamos los efectos de los conciertos de Taylor Swift con los de otros artistas consagrados, observamos claramente que el shock que experimentan los precios de los hoteles durante los conciertos de Taylor Swift supera ampliamente los registrados para otros artistas de primer nivel. Para la tasa de ocupación, sin embargo, aunque el efecto parece ser mayor para Taylor Swift, las diferencias no son estadísticamente significativas. Esto se ilustra en las Figuras 2 y 3.
Figura 1. Efectos de los conciertos de Taylor Swift sobre cada variable dependiente.
Figura 2. Comparativa de los efectos de los conciertos de Taylor Swift frente a otros artistas en los precios (tarifa media diaria).
Figura 3. Comparativa de los efectos de los conciertos de Taylor Swift frente a otros artistas en la ocupación.
Otro resultado interesante es que los efectos no son uniformes según la tipología de hotel. La Tabla 1 resume el incremento porcentual estimado en las noches vendidas, los precios y los ingresos de las seis tipologías de hotel. Como se puede observar, las ganancias se concentran en los establecimientos de categorías más altas. Los hoteles de lujo y los de gama alta experimentan los mayores aumentos tanto en ocupación como en precios, mientras que los hoteles económicos muestran incrementos más modestos, aunque también significativos. En conjunto, el ingreso total de los hoteles de lujo crece más del doble que el de los de gama baja.
Este patrón puede explicarse por la menor elastidad-precio de la demanda de los clientes de los hoteles de mayor categoría: están menos dispuestos a renunciar a su viaje ante subidas de precios, lo que permite a estos establecimientos repercutir el aumento de la demanda en tarifas más altas. Otra explicación se encuentra en las diferencias de exceso de capacidad, y, por tanto, en la tasa “natural” de ocupación con la que operan los hoteles. Según estimaciones realizadas también en este estudio, las categorías más altas presentan tasas naturales de ocupación más bajas, lo que les concede más margen para absorber el shock de demanda.
Conclusiones
Las implicaciones de estos resultados son diversas. Para los gestores hoteleros, se subraya la importancia de planificar la capacidad y la política de precios en función de la posibilidad de acoger grandes eventos. Mantener cierto margen de capacidad podría resultar rentable en destinos que reciben periódicamente grandes conciertos o festivales, ya que permite aprovechar al máximo estos picos de demanda. Para los responsables de promoción turística, los resultados muestran que atraer giras de artistas de este calibre puede tener un impacto económico real y medible. La colaboración entre promotores culturales, administraciones locales y asociaciones hoteleras puede ser una herramienta eficaz para maximizar los beneficios de estos eventos.
Más allá del sector hotelero, el fenómeno tiene implicaciones más amplias. Un aumento tan fuerte de la actividad turística en pocos días genera externalidades positivas en otros sectores: transporte, restauración, comercio o empleo temporal. En definitiva, cuando Taylor Swift llega a una ciudad, no solo llena los estadios: también activa una cadena de efectos económicos que se extienden por todo el tejido urbano. Su gira demuestra que las fronteras entre cultura y economía son cada vez más difusas y que los grandes iconos del entretenimiento pueden convertirse, al menos durante unos días, en auténticos motores de desarrollo local.




