Un experimento para averiguar las preferencias sobre partidas de gasto público

Este año tenemos por primera vez en bastante tiempo un presupuesto no prorrogado. Y, nos guste o no ese presupuesto, el hecho de tenerlo tiene un aspecto positivo. Los presupuestos del sector público son uno de los resultados más visibles de la acción política y, en una sociedad democrática, deberían representar la voluntad de los ciudadanos. La pregunta que querría contestar hoy es si lo hacen de verdad. Una primera precaución viene de que con información imperfecta hay “intereses especiales” que pueden llevar a políticas distorsionadas o directamente corruptas. Por este motivo necesitamos (más) políticas contra las “puertas giratorias” que llevan a políticos a los consejos de administración Pero hoy quiero hablarles de otra cosa: ¿conocemos las preferencias de los ciudadanos de verdad?

Algún lector de estas líneas podría pensar que no debe haber nada más fácil. Pregunte usted a los ciudadanos y ya está. Yo creo que no es tan fácil por varios motivos. Para empezar, los participantes en una encuesta podrían responder lo que creen que se espera que responda, “gastemos para mejorar la vida de otros” por lo que se llama el “efecto demanda del encuestador o experimentador.” Algo así como el motivo que hace a la gente contestar que en televisión ve documentales de naturaleza cuya demanda objetiva es bajísima. También hay evidencia de que a los ciudadanos les cuesta establecer prioridades. Por último, los presupuestos públicos son muy amplios y elegir entre muchas partidas supone una dificultad cognitiva muy importante, como señala la literatura en psicología .

Por esto, juntamente con Penélope Hernández, José Manuel Pavía y nuestro añorado Anxo Sánchez (todos miembros de la la Unidad Mixta de Investigación de Comportamiento y Complejidad Social de la Universidad Carlos III, la Universitat de València y el BIFI) y en colaboración con la Fundación Cotec en su programa para fomentar la economía del comportamiento, hemos creado una encuesta experimental que intenta solucionar estos problemas. Pueden ver el informe completo aquí, pero les hago un “breve” resumen.

El trabajo combina una encuesta demoscópica, sobre una amplia muestra representativa de la población española, con un experimento sobre distribución de partidas presupuestarias, incentivado económicamente. El objetivo del diseño es justamente limitar los problemas mencionados anteriormente. Para mitigar el problema de dificultad de selección de partidas a bajar, o de querer subir todas, se realizan tres preguntas. En una de ellas se pregunta a los encuestados sobre qué dos partidas desean bajar, en otra de ellas qué dos partidas subir, y en una última, seleccionar una partida para subir y otra para bajar. Para resolver el problema de limitación cognitiva, el menú de partidas se limita a cinco. Pero para poder tener un espectro más amplio de preferencias, se consideran dos menús de alternativas, un tratamiento competitivo con Sanidad, Educación, Medio Ambiente, I+D+i y Pensiones como opciones de respuesta (es decir, partidas de gasto público entre las que a priori se consideran “importantes”); y un tratamiento no-competitivo con Defensa y Seguridad, Infraestructuras, Medio Ambiente, I+D+i y Cultura, figurando en ambos tratamientos las partidas de Medio Ambiente e I+D+i como opciones para poder ligar después todas las partidas entre sí.

Finalmente, para hacer más difícil que respondan “por quedar bien,” los participantes tienen que decidir qué harán con las ganancias de un sorteo en el que participan, antes de recibirlas. Las cantidades que pueden ganar varían entre 10 y 1.000 euros, y se han de distribuir entre varias organizaciones no gubernamentales (ONGs) en las mismas áreas temáticas sobre las que los otros participantes deciden si subir o bajar los presupuestos, pudiendo quedarse ellos mismos todo o parte del premio. El contraste entre los datos obtenidos de todas estas aproximaciones, unido al análisis pormenorizado con técnicas estadísticas avanzadas de las características sociodemográficas de los encuestados, nos ha permitido obtener un conjunto de conclusiones relevantes.

La combinación de nuestras distintas fuentes de análisis permite concluir en primer lugar que, con carácter general, la partida de Sanidad es la primera en el orden de prioridades de la población española, seguida por Educación a una distancia significativa. Las demás partidas están ordenadas por bloques donde la distancia en cada bloque es menor, comenzando por Pensiones e I+D+i, luego el bloque de Cultura y Medio Ambiente, para terminar con el bloque de Infraestructuras, y Defensa y seguridad. Es interesante observar que a pesar de las diferencias metodológicas y de diseño, las prioridades que observan Dirk Foremny, Pilar Sorribas-Navarro y Judit Vall en otro estudio del que ya les habló Judit por aquí son muy similares.

Es importante tener en cuenta que este proyecto se ha llevado a cabo durante el último trimestre de 2020, en plena crisis sanitaria de la COVID-19 y con sus consecuencias económicas y sociales muy presentes, con lo que será interesante contrastar si los siguientes resultados se mantienen una vez se haya superado la pandemia. A tenor de los resultados que nos describía Judit, es posible que la importancia de sanidad se reduzca en el futuro. Pero tampoco podemos descartar que este choque la haga permanecer en una posición destacada también en el futuro.

El estudio arroja otros tres resultados que llaman particularmente la atención. Primero, se prefiere subir Sanidad y Educación antes que Pensiones en todos los grupos de edad (incluso en el caso de los mayores de 65 años), y se prefiere bajar pensiones antes que Sanidad y Educación. Segundo, a pesar de la crisis climática, la partida presupuestaria de Medio Ambiente no aparece como prioritaria para ningún colectivo, y está entre las menos elegidas para subir y entre las más elegidas para bajar, de nuevo en todos los rangos de edad. Y tercero, el interés por la investigación y la ciencia (medido a través de la predisposición a incrementar la inversión presupuestaria en I+D+i) se revela como prioritario para todos los colectivos, ocupando niveles de preferencia similares a Pensiones.
La comparación entre las respuestas a las encuestas y la distribución de las donaciones en el experimento prueba que las conclusiones que encontramos son muy robustas, dado que hay un gran nivel de coherencia entre las respuestas a la encuesta, que son hipotéticas, sin repercusión para el encuestado, y la asignación de dinero, que son vinculantes y deciden el destino de los fondos y lo que el propio participante en el experimento puede ganar.

Además de dar robustez a nuestros resultados por comparación con las encuestas, el experimento aporta otros resultados interesantes, como que el porcentaje de personas en el conjunto de la muestra que se auto-asignan todo el dinero que se les ofrece es menor que el 10%, lo que podría llegar a interpretarse como que una importante mayoría de la población está dispuesta a pagar impuestos.

Los resultados del experimento aportan información relevante en relación a esta disponibilidad para aportar dinero adicional para financiar incrementos de partidas presupuestarias. En este sentido, se obtiene que los individuos que disponen de más dinero para asignar a ONGs temáticas, entendidas como las más cercanas a las distintas partidas de gasto público, contribuyen con una menor fracción de su renta. Además, la relación con la edad presenta una forma de U (los más favorables a contribuir son los más jóvenes y los más mayores), y los votantes de derechas son los menos propensos a contribuir.

Para terminar, yo creo que la principal virtud del estudio es revelar que nos podemos fiar de la gente a la hora de preguntar por las preferencias sobre el gasto público. Sus respuestas a encuestas no vinculantes son coherentes cuando se comparan con encuestas incentivadas, con lo cual el efecto demanda del encuestador no debe ser fuerte. Por otro lado cuando hablan de subir las partidas más “votadas” son las menos votadas cuando se les pregunta por “bajar,” con lo cual no se están haciendo un lío por la complejidad de las preguntas. Y cuando usamos las dos partidas comunes al tratamiento competitivo y al no-competitivo podemos tener una idea bastante completa de cómo piensan. ¿Igual es el momento de lanzarse a un “presupuesto participativo”? A ver si Santiago Sánchez Pagés que sabe mucho de esto nos lo cuenta en algún momento.

Hay 5 comentarios
  • Hola Antonio,

    Muchas gracias por compartir este estudio y realizar el claro resumen. Sabemos entonces en lo que los ciudadanos quieren que se gasten las partidas del presupuesto público, ¿pero sabemos hasta qué punto están dispuestos a financiarlos?

    En un mundo con recursos ilimitados o con un presupuesto fijo estas asignaciones parecen coherentes, pero ¿qué hacemos si los intereses de la deuda limitan otras partidas de gasto? ¿prefiero pagar los mismos impuestos que hoy para tener menos mañana, pagar menos para tener menos, o pagar mucho más para tener unos servicios mejor financiados?

    Gracias de nuevo y un abrazo,

    • La parte del experimento en la que tienen que decidir si quedarse el dinero que ganen, y cuánto, nos da una idea (imperfecta) de lo que están dispuestos a dar. Recuerda también que una de las preguntas es sobre algo que quieran subir y algo que bajar, y otra sobre dos cosas a bajar. Estas preguntas están diseñadas para que la gente vea que hay tradeoffs y que “nada es gratis.” Por tanto la idea que nos da el experimento no es solamente en qué quieren gastar, sino en qué quieren gastar cuando hay restricciones presupuestarias, que es lo que late debajo de tu pregunta.

  • Muchas gracias por el post y por el trabajo. Ambos me parecen sumamente útiles e interesantes. Sin embargo, me da la impresión, de que los resultados deben interpretarse con cautela en la medida en que parece que no están normalizados por el esfuerzo presupuestario. Según lo he entendido, a los encuestados solo se les pide que indiquen en que partidas prefieren que aumente el gasto.
    Si se condicionaran a que el esfuerzo presupuestario fuera equivalente, debería preguntárseles cosas como si prefieren que la I+D aumente un 10% o, alternativamente, que las pensiones crezcan un 0,3%. Probablemente las decisiones cambiarían, ya que se estarían comparando efectos significativos con no significativos.
    Si por el contrario, comparamos directamente subir un 10% el gasto en pensiones frente al mismo incremento en I+D es normal que la gente prefiera lo primero, ya que supone aumentar el presupuesto un 3,3% frente a solo un 0,1% sin explicitar nada respecto a las diferentes necesidades de financiación que conllevan.
    Ligado a esto, parece razonable que los colectivos que se sienten menos afectados por las potenciales subidas de impuestos que requerirían los incrementos de gasto -jóvenes y jubilados- sean los más proclives al aumento de las partidas más cuantiosas..
    De nuevo agradeceros vuestro esfuerzo y pediros que sigáis difundiendo vuestros resultados. Tenemos mucho que aprender.

    • Una virtud del experimento es que permite comparar lo que pasa cuando preguntamos qué dos partidas quiere subir, con qué dos partidas quiere bajar, y si hay que subir una y bajar otra, cuáles deben ser. Al mismo tiempo, en el experimento con dinero real, las decisiones tienen coste real. La idea es que si triangulamos entre todas las preguntas y las respuestas son parecidas, como así es, tenemos un resultado bastante robusto. Y efectivamente las respuestas son bastante consistentes entre sí. Por tanto, la idea es que aunque cada una de las metodologías por sí solas tiene debilidades, la combinación, al ser consistente, permite estar más convencido. Obviamente siempre se puede hacer más, y en eso estaremos.

  • Me parece una metodologia muy interesante para inferir si voluntarismo está reñido con intereses. Y la conclusión me parece esperanzadora; sabemos lo que queremos y apostamos por ello.

    Quizá fuese interesante forzar un poco más el método, para averiguar hasta donde estamos dispuestos a apostar por intereses globles. ¿Donde ponemos el límite de aportación para, por ejemplo, no tener que hacer alguno de los recortes? Estimar ese límite puede ser de mucha utilidad para decidir que preión fiscal aceptamos soportar para mejorar servicios y recursos públicos sin buscar las costuras al sistema. Como lo que alguien comenta sobre Deúda y diferir o no si reducción.

    Gracias, muy didáctico.

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