¿Por qué no hemos entrado en deflación?

Las peripecias de la curva de Phillips(*) han marcado en buena medida la investigación macroeconómica desde la formulación original de la misma allá por 1958. La existencia de una correlación negativa entre alguna medida de la inflación y del desempleo cíclico se basa en una abundante evidencia empírica así en como numerosos y variadas justificaciones teóricas. Además constituye una guía fundamental para la política económica ya que relaciona directamente las variables cuya estabilidad constituye el objetivo más o menos explícito de las autoridades económicas. Y sin embargo esta regularidad empírica siempre parece dejarnos tirados cuando más la necesitamos para entender la realidad macroeconómica que nos circunda. Ya sucedió en los sesenta y setenta con una inflación mucho más elevada de lo que justificaba el elevado nivel de desempleo de entonces y está ocurriendo en la actualidad justo por las razones opuestas, ya que resulta difícil explicar que las economías más azotadas por la recesión no hayan entrado en deflación a pesar de que se daban todos los condicionantes –en particular en el mercado de trabajo- para ello.

Un estudio reciente del FMI plantea precisamente esta cuestión, que es además de extraordinaria importancia para entender el proceso de ajuste y de ganancia de competitividad de las economías en proceso de desendeudamiento. De acuerdo con las estimaciones de la relación entre inflación y desempleo cíclico disponibles antes de la recesión, son bastantes los países que deberían haber alcanzado tasas de inflación negativas que, caso de persistir y condicionar las expectativas futuras, podría haber dado lugar a la deflación que muchos temían en 2009. El Gráfico 1 tomado de dicho  estudio refleja esta situación para el caso de Estados Unidos en donde la línea azul representa la inflación observada, y la línea amarilla la inflación que predice un modelo de curva de Phillips con parámetros estimados incluyendo los años de la Gran Recesión. Las previsiones utilizando únicamente la información anterior a la crisis –línea roja- indican que el crecimiento del nivel de precios debía haber sido negativo de desde 2010.

Gráfico 1

¿Cuáles son las causas de este cambio en la correlación entre inflación y desempleo? Según la expresión más estándar de la curva de Phillips la dinámica de la inflación corriente viene explicada fundamentalmente por la inflación esperada y por la posición cíclica de la economía, representada por la diferencia entre el paro corriente y su nivel estructural o NAIRU. Por ello son tres las razones por las cuales la inflación ha podido resultar mayor de la esperada tras la crisis financiera: porque las expectativas de inflación han permanecido firmemente ancladas en valores positivos, porque la influencia del desempleo cíclico sobre la formación de precios ha disminuido sustancialmente o porque el desempleo cíclico en realidad no ha aumentado significativamente desde 2009 de modo que el paro observado en la actualidad sería de índole estructural.

El informe del FMI descarta este último factor. El nivel de desempleo cíclico no se observa directamente y requiere una estimación de la NAIRU, que es siempre compleja y puede variar sustancialmente dependiendo del método estadístico utilizado. A modo de ejemplo, la Comisión Europea estima para España unas grandes fluctuaciones de la NAIRU con lo que el desempleo cíclico se habría movido poco estos años –por ejemplo sería inferior al 3% en 2012- lo que sería compatible con una inflación muy estable a pesar de la crisis. Como ya comenté en este post, Rafael Doménech y yo estimamos un desempleo cíclico mucho más volátil que habría alcanzado casi un 7% en 2012, con lo que deberíamos haber asistido a una caída en la inflación mucho más rápida. En una línea similar el informe del FMI concluye que las diversas estimaciones del output gap y del desempleo cíclico en la mayoría de los países son de una magnitud consistente con una recesión severa, y por tanto no nos sirven para explicar una inflación que se sitúa en niveles no muy diferentes a los que observamos en épocas de crecimiento en el pasado reciente.

El estudio concluye que son los dos primeros factores los que están detrás de la menor respuesta de la inflación. Las expectativas parecen firmemente ancladas alrededor de los objetivos de los bancos centrales –que se han mantenido inalterados, alrededor del 2% durante estos años, cuando no han aumentado. Estos objetivos, más o menos explícitos, influyen cada vez más en las predicciones de los diversos agentes económicos frente al peso que se da a una inflación corriente más volátil. El anclaje de las expectativas es consecuencia de la reorientación de la política monetaria en las últimas décadas para mantener una inflación baja pero estable, que ha llevado a la mayoría de los bancos centrales a aplicar medidas excepcionales en los últimos tiempos. Hay que recalcar sin embargo que el estudio hace referencia a las expectativas promedio; Vicente Cuñat en este post muestra que frente a una media más o menos estable los acontecimientos recientes están contribuyendo a aumentar la probabilidad en las colas de la distribución, es decir de escenarios deflacionistas o muy inflacionistas. Además, el estudio detecta una progresiva reducción de la influencia del propio desempleo cíclico sobre los precios que se explica fundamentalmente por la rigidez de los salarios, que no habrían ajustado a la baja en consonancia con los elevados niveles de desempleo observado. Esto a su vez significa que es necesario un aumento cada vez mayor de la tasa la tasa de paro por cada punto de reducción en la inflación.

Sin duda la respuesta de los salarios es importante, pero la evidencia de estos últimos años sugiere que no es la única causa, y que la dinámica de los precios tiene sus propias fuentes de rigidez, más allá de la derivada de los salarios. Hay otros factores en la curva de Phillips que pueden haber cambiado, contribuyendo así a explicar la caída en su pendiente. El Gráfico 2 recoge la evolución de la inflación y la tasa de crecimiento de los costes laborales unitarios en los países más grandes de la UEM desde el año 2000. En los primeros años del Euro la correlación -entre países- entre ambas variables es muy elevada, de forma que el diferencial de inflación parece determinado fundamentalmente por el de costes laborales unitarios. Este patrón se desvanece desde 2009 año en el que se inicia un proceso de divergencia en el crecimiento de costes salariales y precios. Para este periodo G. Wolf confirma que la correlación entre inflación salarial y de precios entre el conjunto de la UEM en su composición actual es prácticamente cero, cuando antes era positiva.

 Gráfico 2

Esta evidencia se debe en buena medida a las diferencias en la intensidad de la recesión entre los países del norte y del sur de Europa, pero se aprecia incuso en considerando los datos agregados de la Eurozona. El gráfico 3a muestra una débil correlación entre la inflación y la tasa de crecimiento de los costes laborales unitarios del conjunto de la UEM desde 1995 y el 3b confirma que esta debilidad se debe fundamentalmente a un drástico cambio de signo en la correlación entre ambas variables en los últimos años. Este fenómeno también se observa también en otros países, como Estados Unidos o el Reino Unido, aunque con menos intensidad.

Gráfico 3

Lo inesperado de una inflación positiva en mitad de una recesión de esta intensidad es en buena medida una buena noticia ya que contribuye a mitigar el riesgo de deflación en muchas economías, evitando así una caída todavía mayor de la producción y del empleo. Y está por ver si es un fenómeno asimétrico -es decir opera únicamente cuando el desempleo alcanza niveles muy elevados- o por el contrario se mantiene en el futuro en cuyo caso los bancos centrales verían ampliarse el margen de maniobra para seguir con una estrategia monetaria tan expansiva como la actual, o incluso para ir más allá. Sin embargo no todos son buenas noticias en este frente. La rigidez a la baja de los precios dificulta la recuperación de la competitividad en economías con problemas de financiación exterior. Además, la corta evidencia disponible apunta a que la recesión actual está resultando singular –como en tantas otras características- al dar lugar a una desconexión entre la inflación de precios y salarios que puede hacer aún más costosa la recuperación de la competitividad y del empleo. Parece que un comportamiento fuertemente contracíclico de los márgenes empresariales están detrás de esta evolución tan dispar. Ya me he referido a que este comportamiento puede estar ligado a la fuerte limitación del crédito que caracteriza a la situación actual en muchos países y para no hacer más larga esta entrada dejo para otro día un artículo muy reciente que me pasa Oscar Arce que aporta evidencia muy sólida sobre esta hipótesis a partir de una amplia muestra de empresas en Estados Unidos.

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(*) La idea original de la curva de Phillips no podía ser más intuitiva ya que venía a señalar que  ante un aumento del desempleo –es decir del exceso de oferta en el mercado de trabajo- deberíamos esperar una reducción de los salarios -o al menos de su tasa de crecimiento. En respuesta a la dificultad para explicar la elevada inflación de los sesenta –con un desempleo estable- y de los setenta y ochenta –con un desempleo muy elevado- la curva de Philips se redefinió como una relación más o menos estructural entre la inflación no esperada –como diferencia entre la inflación corriente y su expectativa- y el desempleo cíclico –diferencia entre el observado y su nivel natural o NAIRU. Puede resultar interesante consultar las contribuciones seminales a estos desarrollos de Friedman y Tobin en sus respectivas conferencias presidenciales ante la American Economic Association.

Hay 23 comentarios
  • ¿¡Intuyo que la devaluación interna ya no debe considerarse una herramienta de salida de la crisis!?

    • Si piensas que la deflación provocaría una caída de la producción, entonces es obvio que no puedes considerar que sea una vía para salir de la crisis.

      La cuestión es si es cierto que la deflación provocaría una caída de la producción. De entrada, es difícil creer que una variable nominal (nivel de precios) tenga efectos sobre una variable real (producción), al menos a largo plazo.

      • Ernest
        Simplificando mucho, la cuestión en estos momentos no es si la inflación es alta o baja, sino su causa. Lo que necesitamos es que los demás tengan un poco más de inflación y nosotros conseguir un diferencial negativo durante unos años de uno o dos puntos con la Eurozona. La deflación es mala cuando está causada por un déficit de demanda, pero si nosotros podemos conseguir una inflación más baja que el resto porque somos más competitivos eso nos ayudará a crecer.

    • aldelgadog
      Yo no veo mucha alternativa a eso, pero estaré encantado de que alguien me diga como afrontar nuestra restricción de endeudamiento externo de otra forma. Según como leo estos resultados la devaluación real va a ser más costosa y necesitará de un poco más de inflación en el resto de Europa, por no hablar de la cuestión del desajuste entre precios y salarios. Será necesario un mayor ajuste salarial y de márgenes en aquellos sectores más protegidos de la competencia.

  • Primero hay que decir que se debería tener en cuenta cual es la inflación sin impuestos y quitando los sectores regulados y protegidos de la competencia, especialmente el energético, para ver cual es indice de inflación. Segundo, los indices inflacionarios han sufrido en virtud de presiones políticas diversos maquillajes (p.e, ajustes hedónicos más que cuestionables) en aras de su reducción para favorecer determinadas políticas que deben ser depuradas, ya que distorsionan gravemente la imagen global, entre otras cosas la magnitud real de los PIB, donde se han recogido sistemáticamente aumentos nominales como reales. Tercero, la economía no se comporta linealmente y es muy sensible a las condiciones iniciales, cualquier variación supone enormes fluctuaciones, por ello, las regresiones no tienen ninguna capacidad de previsión, los sucesos de cola gorda nos dicen que los modelos fracasaran. Cuarto y más importante, en esta “crisis” a diferencia de las anteriores, existe un hecho diferencial que no se ha producido nunca antes y es la disminución progresiva de la tasa de retorno energético, que se refleja en costes marginales crecientes de las fuentes primarias de energía, que implican una redistribución de recursos escasos entre países, unos ganan y otros pierden, y un inflexibilidad a la baja del precio de las materias primas energéticas (excepto el gas en USA), especialmente el petroleo, clave en el economía globalizada (transporte).

  • Estimado Javier Andrés,

    Un post muy interesante, y un viejo debate que resucita. No voy a extenderme, simplemente quería señalar un par de cosas: 1) La inflación es un fenómeno monetario, y su correlación con el desempleo es indirecta. Los esfuerzos de los bancos centrales por sostener la masa monetaria están detrás del hecho de que no se hayan desplomado los precios 2) Seguimos en el error de creer que inflación es igual a IPC, y nada más lejos de la realidad. Igual que en el periodo expansivo la inflación no estaba controlada aunque el IPC sí lo estuviera -porque nos olvidábamos del precio de los activos (basta con acordanos del precio de los terrenos, viviendas y otros inmuebles)- ahora tampoco es cierto que la inflación esté cercana al 2%, sino muy por debajo. El obligado proceso de reducción de la deuda acumulada (que conlleva el estrangulamiento crediticio) está provocando una caída sostenida de la masa monetaria y un hundimiento del precio de los activos, que si fuera tenido en cuenta a la hora de calcular correctamente la inflación (y no contemplando únicamente el IPC) veríamos que estamos rozando la deflación.

    Gracias por abrir este tema tan interesante a debate y un saludo,

    Manuel

    • Manuel
      Totalmente de acuerdo en el punto 1. En el 2 ya no estoy tan seguro. Lo que dices de la inflación de activos es cierto, pero sus determinantes no son los costes marginales, como en el caso del precio de los bienes y servicios. Sin duda influyen en el consumo y la inversión, pero su influencia es indirecta ya que los cambios en estos precios imponen una transferencia entre agentes. En la medida en la que la caída en estos precios reduzca la demanda interna, deberían ser un factor adicional presionando a la baja sobre el IPC. El desapalancamiento se observa en la derecha de la expresión (el paro cíclico) pero no en la izquierda. Eso es lo sorprendente.

      • Muchas gracias por tu respuesta, Javier. Lo que pretendo decir es que en la fase expansiva las ramas productivas más ligadas a los activos que sufrieron incrementos elevados de precio (destino de buena parte del crédito/masa monetaria, que no impactaba en el IPC) absobieron, además de capital, mano de obra abundante (baja productividad), sin que eso tuviera como contrapartida un incremento en el IPC. A lo largo de la fase depresiva se produce el fenómeno contrario: la caída del crédito y la masa monetaria afecta a esas ramas productivas, produciéndose caídas de precios de sus “productos” (activos no computables en el IPC) y una enorme expulsión de mano de obra, primero en tales ramas y luego en el resto. La caída en el IPC no es proporcional a la subida del empleo, pero es que hay que tener en cuenta que 1) el IPC no incluye esos activos cuyos precios se están desplomando y 2) el desempleo sí se nutre de expulsados de esas ramas, y de los que generan indirectamente en otras.

        Si hiciéramos un cómputo global de todos los precios, veríamos una caída.

        Por otra parte, comentar que no es la caída de los precios de los activos los que reducen o no la demanda, sino que es justo al revés, es la demanda la que actúa sobre los precios. Tenemos un problema a la vez de demanda (deuda de los agentes) y de oferta (estructura productiva sobredimensaionada en algunos sectores y poco productiva). Ambas tiene que reajustarse.

        Un saludo.

  • Javier,

    Gracias por el artículo. Con todos mis respetos, me parece que más allá de cuestiones estadísticas, no responde a la verdadera pregunta, ¿de dónde viene la inflación? Es fácil justificar la inflación en base a expectativas fijadas por el banco central, pero para un sector muy amplio de la economía esta variable no es determinante. De hecho, sí que se observan variaciones en los precios en el consumo directo (ropa, alimentos. etc.) y también un cambio de hábitos en el consumo (i.e. de marcas estandar a marcas blancas) que hacen que el consumo efectivo tenga un coste menor, aunque es difícil capturar este efecto dado que el INE revisa los componentes de la cesta del IPC cada 5 años.

    Existen sectores de la economía que no responden a la dinámica productiva interna, por ejemplo, los productos derivados del gas y del petróleo, o la electricidad, y que sin embargo representan un coste importante en el presupuesto familiar, ¿puede que parte de la explicación venga por ahí?

    Por otro lado, no entiendo bien que la rigidez salarial pueda ser responsable del incremento de precios. Mi primera intuición es que no importa demasiado que el ajuste en el mercado de trabajo se realice en precios (reducción de salarios) o cantidades (aumento de desempleo), pues al final se produce una disminución de la demanda de bienes y servicios, aunque es cierto que en ambos escenarios la composición de la demanda es distinta.

    Un saludo

    • Luiggi
      Estos desajuste estadísticos que mencionas son relevantes, pero lo son en todo momento. Por eso no creo que el cambio actual de comportamiento de la inflación pueda explicarse sólo por ellos.
      En cuanto al efecto de los salarios creo que es bastante directo. Si ante el aumento del desempleo los salarios –es decir el coste- no se moderan, es difícil que lo haga el precio de venta final. Lo notable aquí es que los salarios, que tienen bastante inercia, se han ajustado más que los precios.

  • De acuerdo con Sarachaga. La inflación no es el IPC y por mucho que nos lo repitan sigue sin ser correcto. El IPC es buen medidor de la inflación cuando es buen medidor, esto es, cuando todo está en equilibrio, los mercados de activos se equilibran para obtener una rentabilidad adecuada y tal, pero cuando no es buen medidor pues no lo es y hay que reaccionar a eso.
    Antes de la crisis la inflación era galopante como es normal con un incremento de la masa monetaria del 10% cuando el objetivo estaba en el 4%, pero nada, a nadie parecía importarle porque ser millonario está chupao y da votos y bonus y todos somos muy listos y bla bla bla.
    Y ahora llevamos años en deflación aunque las estadísticas digan lo contrario.
    Y los gráficos cuadran estupendamente si se entiende así la inflación.

    • Pabloj
      Dices “…Antes de la crisis la inflación era galopante como es normal con un incremento de la masa monetaria del 10% cuando el objetivo estaba en el 4%, …”. No sé a qué crisis ni a que inflación te refieres. Llevábamos años de inflación alrededor del 2 por ciento en Europa, que sólo empezó a aumentar con el precio del petróleo en 2005 o así. Han sido los años de inflación más controlada de la historia.
      Lo del precio de los activos es diferente, pero se rige por otros mecanismos. A ti como consumidor y a la empresa os preocupa el precio del producto que intercambiáis y que necesitas para comer, vestirte o ir de vacaciones. Un activo lo compras si quieres y su demanda se rige, como cualquier inversión, por un rendimiento esperado, no por la utilidad directa que te proporciona.
      La vivienda es un cierto hibrido, pero tú puedes disfrutar de ella como bien o de los servicios de vivienda, sin adquirir el activo: el alquiler. Y los precios de los alquileres –incluidos en el IPC- no aumentaron ni mucho menos como los de la vivienda.

      • Se debe incluir el precio de los activos porque de otro modo se tergiversa la realidad…
        Yo no me preocupo solo de mi consumo sino también de mi inversión – porque somos consumidores y ahorradores a la vez, no me vale escindir a la gente para unas cosas sí y para otras no- y, por lo tanto, los precios de los activos debo incluirlos en mis cuentas aunque los analistas, los bancos centrales y cualquier otro no lo haga.
        Eso de que el precio de un activo se rige por el rendimiento esperado es discutible, salvo si estamos de acuerdo en que ese “rendimiento” incluya la variación del precio. Por tanto en mi mix de gasto interviene el precio de los activos. De hecho, cuando el IPC es constante y el incremento monetario enorme es muy probable, por no decir seguro, que todo el rendimiento de mis activos provenga de aumentos en sus precios. Y ahí tenemos la creación de una burbuja, el casino y los conundrums porque, como bien deducía Wicksell, eso es lo que hace que “los precios” sean indeterminados.

  • La verdad que la mal llamada curva de Phillips-el primero en detectar una relación inversa entre salarios y desempleo fue A.J.Brown en su libro The Great Inflation 1931-1951 (1955) OUP. Ver: http://www.guardian.co.uk/news/2003/mar/12/guardianobituaries.obituaries

    No es mas que una mera relación estadística. Esto es, datos sin teoría.

    La curva de Phillips como la conocemos se debe a Samuelson y Solow en 1960, ver:
    http://web.econ.unito.it/bagliano/macro3/samsol_aer60.pdf

    Donde aparece el famoso “trade-off” entre desempleo e inflación. Aunque SAMSOL advirtieron que la relación podía cambiar a largo plazo su advertencia no fue muy tenida en cuenta. Además, desde su publicación, los economistas dejaron de hablar del número de empleos necesarios para alcanzar el pleno empleo para discutir la existencia y la naturaleza del trade-off entre magnitudes nominales-inflación- y reales-desempleo “políticamente aceptable”.

    El citado artículo de Friedman es el que propugna una curva vertical a largo plazo-la “tasa natural de paro”-La versión actual es una mezcla entre Phillips y Okun, quien relacionó cambios en el desempleo con cambios en el “output gap”-producción potencial menos real.

    Bueno, basta de historia del pensamiento-que considero interesante y muy útil para comprender la realidad.

    Sigo.

  • En resumen, la curva de Phillips no es una buena explicación de la relación inflación-desempleo porque:
    – No es una Teoría, es una mera regularidad estadística que, además no se cumple en muchos periodos de tiempo (por eso se habla de que la curva se “desplaza”).
    – Como han comentado otros blogeros el IPC no es un buen indicador de la inflación. Seguramente el deflactor del PIB sería mas indicado.
    – Supone que los salarios representan un porcentaje muy elevado de los costes de producción, lo que no es cierto en muchas empresas.
    – No tiene en cuenta variaciones en la productividad ni en otros costes como las materias primas, tan importantes como el petróleo. De hecho la primera crisis del petróleo de los años 70 fue la que provocó la falta de confianza en la curva y la aparición de la “estanflación”.
    – Tampoco tiene en cuenta que tanto los empresarios como los sindicatos tienen cierto poder de mercado por lo que la suma de las demandas sobre salarios y beneficios son mayores que la producción disponible. Estas son las teorías de la inflación basadas en el conflicto.
    – Tampoco diferencia entre sectores competitivos, para los que los precios internacionales son importantes y sectores protegidos y/o que producen bienes no comerciables.
    – Tampoco entre mercados donde los precios se fijan vía oferta demanda-mayormente agrícolas- y en los que se fijan con un “mark-up”.

    En definitiva, que lo extraño no es que no se cumpla la curva de Phillips, sino que haya sido la guía de la política económica durante tantos años.

    Saludos.

    • KEyNES
      Enumeras una serie de críticas a la curva de Phillips que sería aquí muy prolijo discutir. En algunos puntos estoy de acuerdo, pero en otros el análisis teórico y empírico ya ha abordado, y en algunos casos corregido, las deficiencias que señalas. Me refiero a trabajos como los de Layard, Nickell, Jordi Galí, los modelos recientes del ciclo, etc., simplemente por citar algunos.
      Por eso estoy con Gustavo Barros en que sigue siendo un instrumento muy útil. Pero por lo que hemos visto requiere algunos ajustes para explicar lo que está pasando en la actualidad.

  • Eso de “predicción ex-post”, por más que lo leo, y hasta lo entiendo (no solo en esta entrada sino en todas partes) no deja de sonarme a oximorón. Supongo que en el fondo se puede ajustar cualquier serie de datos observados con el modelo: basta con darle los martillazos necesarios a los parámetros hasta que la gráfica resultante nos lleve a pensar: “si hubiésemos anticipado bien estos parámetros (sí, esos parámetros aun doloridos por los golpes) lo hubiésemos clavado”. Eso no significa poner en duda la honestidad del analista, no es esa mi intención; lo único que quiero decir es que esa “ingeniería inversa” debería poner en duda no sólo los parámetros sino también la estructura que los genera.

    • Jorge
      Hay que entender el contexto. Seguramente me he explicado mal. Precisamente el ejercicio del FMI es para mostrar que la curva de Phillips tal y como la teníamos estimada antes de la crisis, predecía una caída de la inflación que no se produjo. Y para resaltar esa incapacidad se plantea un ejercicio contractual que muestra que los parámetros de la misma parecen haber cambiado. No es para defender las predicciones, sino todo lo contrario, para ver en que se equivocaban.

  • Disiento con KEyNES. Bien formulada, la Curva de Phillips es una herramienta muy útil para el entendimiento de las cuestiones macroeconómicas. Es una curva que sintetiza muchas variables, mucha información, y que además puede ser empíricamente cuantificada. Me surge consultar qué opinión tienen sobre este documento de trabajo del Dr. Ravier: “Dynamic Monetary Theory and the Phillips Curve with a Positive Slope”
    http://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=2230461

  • Impresionante análisis Javier como siempre. Yo sólo quería decir que en mi opinión la no entrada en deflacion en paises como España viene determinada por lo que dices de la necesidad de crédito de las empresas aunque yo díria más bien que es la necesidad de pagar los créditos que tienen a cada vez unos tipos de interes más altos con unos beneficios en términos absolutos recortándose debido a la venta de cada vez menos unidades. Además creo que influye la subida del IVA del 18 al 21% , la de la electricidad y la del combustible,etc. También creo que influye lo de la rigidez de los sueldos a bajar pero creo que dos factores que no habeis considerado es que el empresario no espera que bajando los precios venda más unidades por la percepción de la crisis como un crack profundo y duradero del que tendrá que pasar tiempo para tocar fondo. El otro factor que influye en mi opinión es otro que has tocado tu a veces que es de tipo moral y que va en relación con la creciente desigualdad de renta de muchos paises. Es decir, a lo mejor los empresarios están manteniendo más su nivel de vida que en otras crisis. Otro punto respecto a los paises que cambian la correlación es que probablemente sin la asistencia financiera del BCE y de la CEE a los bancos el precio de los activos inmobiliarios habría caido mucho más por una mayor necesidad de disposición. Saludos

    • José Luis
      Estoy de acuerdo con algunas de las cosas que planteas. Es cierto que la desigualdad sigue aumentando durante la recesión, y me temo que lo hará aún más porque parte de las crisis tiene que ver con el cambio de papel de algunos países como España en la creación de valor en el mundo. Si nuestro nivel de formación no aumenta sustancialmente competiremos con países con salarios sustancialmente inferiores –menor protección social, etc.- y nos va a ser difícil mantener el empleo.
      Pero la evolución de los márgenes no siempre va en paralelo con la de los beneficios. El margen por unidad de producto puede aumentar, aunque los beneficios no lo hagan por que las ventas están cayendo. Yo diría que la crisis supone un empobrecimiento general de la economía, aunque este es mayor entre los trabajadores –y no digamos cuando pierden su empleo. Pero creo que las rentas del capital en agregado también lo están sufriendo. Si no fuera así presumiblemente habría un mayor incentivo a la inversión.

  • Muy interesante artículo de J. Andrés y poco que añadir a los doctos comentarios de todos. Me han gustado especialmente el de Keynes y varias respuestas de J. Andrés.
    También veo que Adrian Ravier comienza a ser citado. Bueno es abrir y revisar cosas.

    Muchas de las herramientas teóricas se desarrollaron en otro sistema monetario, financiero y fiscal. Hace más de 40 años.

    Sería sorprendente que con cambios paramétricos tan dramáticos como los ocurridos en los últimos 40 años pudiesen “seguir en servicio”.
    Lo mismo va por los indicadores, las célebres métricas.
    Quizás va siendo hora de aceptar que miden muy poquito que pueda ser reconocido como realidad. ¿Cómo excluir la carga fiscal, la energía y los precios de activos de los costes de vida y de producción?
    Sólo si pretendemos engañarnos a nosotros mismos. ¿Sólo debe ser “productiva” la clase de tropa?

    Otro asunto es que seguimos buscando la “salida” en modelos exportadores (tras haber perdido casi toda capacidad fabril ). Realmente esa “salida” requiere perdedores “estables”. ¿Quiénes serían tales países? ¿Cómo?

    El paradigma está intentando reparaciones de emergencia pero mucha gente caen en la cuenta de que lo que está obsoleto es el propio paradigma.

    Por ejemplo: ¿Por qué aplicamos reglas globales de movilidad competitiva de factores (WTO) y excluimos de ellas a los servicios públicos incluyendo sus “procurements”?

    Parece una pregunta tonta. Efectivamente. Pero no lo es. Indica que los principios son de aplicación política y por tanto arbitraria y mera conveniencia del poder. Cartas marcadas.

    Saludos

  • Manu
    Gracias por el comentario. Sólo una puntualización. Cuando dices “Otro asunto es que seguimos buscando la “salida” en modelos exportadores (tras haber perdido casi toda capacidad fabril). Realmente esa “salida” requiere perdedores “estables”. ¿Quiénes serían tales países? ¿Cómo?”
    No es necesariamente así. Para España se trata únicamente de revertir la situación del pasado en que efectivamente parecíamos un país “permanentemente perdedor” en el comercio internacional. Como no puede haber países en esa posición permanente nosotros tenemos que escapar de ella. Es cierto que además necesitamos un superávit, al menos temporal, para reducir nuestro volumen de deuda externa a niveles más sostenibles (que no supone reducirla a cero ni mucho menos).

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