Hábito en los viajes turísticos: ¿una cuestión de renta?

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David Boto-García (Departamento de Economía, Universidad de Oviedo)

La pandemia ha causado una importante reducción en el flujo de viajes turísticos en España. Al margen de restricciones, el número de viajeros hospedados en hoteles cayó en un 54.7% en agosto de 2020 con respecto al mismo mes del año anterior, siendo el total de pernoctaciones un 64.3% menor (INE, 2020).

En un reciente post, Juan Luis Jiménez analizaba algunas políticas públicas impulsadas para reducir el impacto negativo de la pandemia, entre otras, sobre el sector turístico español. En concreto cómo el Gobierno de Andalucía (y también está sobre la mesa en el caso de la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares) sufraga el 25% del coste de hotel de aquellos que decidan viajar dentro de la Comunidad Autónoma. ¿Puede ser regresiva esta política si no se condiciona al nivel de renta? ¿Incrementaría esto la probabilidad de viajar, o tan solo beneficiaría a aquellos que viajarán igualmente?

En el presente post persigo analizar los factores que determinan la decisión de viajar, si existe un proceso dinámico (hábito) en esta decisión y qué implicaciones puede tener por tanto los incentivos monetarios a corto plazo.

El hábito de viajar

La formación de hábito es un proceso por el cual los individuos tienden a realizar una actividad con asiduidad. Numerosos estudios en economía han analizado este proceso en el consumo de los hogares, relacionando cómo las decisiones presentes vienen condicionadas por el consumo pasado (véase Dynan, 2000; Alessie y Lusardi, 1997; o Heien y Durham, 1991). De acuerdo con la teoría de la adición racional de Becker y Murphy (1988), los individuos maximizan su utilidad a lo largo del tiempo, de manera que se vuelven ‘adictos’ al consumo de un bien si la utilidad marginal que les reporta crece con el consumo pasado.

En otras palabras, las preferencias sobre los bienes se forman de manera dinámica a través del consumo, de modo que consumir hoy un producto incrementa el gusto por el mismo en el futuro. Esto tiene especial importancia en los llamados bienes de experiencia, aquellos en los que las características relevantes como la calidad no son conocidas con certidumbre hasta que no se adquieren o consumen. Algunos ejemplos son el cine, los libros, los restaurantes o, el caso que aquí nos trae, los viajes.

En un reciente estudio analizo la participación turística de los residentes en España, prestando especial atención a la posible formación de hábito en la decisión de viajar. En el contexto actual, donde el turismo nacional es muy relevante, resulta de especial interés identificar qué segmentos son más resilientes y tienen un mayor gusto (hábito) por viajar condicional en sus características, por cuanto las políticas económicas les serán de mayor afección.

La inercia de viajar

Viajar es una actividad de ocio que tiene la naturaleza de bien de experiencia y cuya utilidad puede verse incrementada cuanto mayor sean los viajes realizados previamente. Las razones son varias.

Por una parte, a medida que uno viaja con mayor frecuencia puede encontrar menos dificultades para realizar reservas, buscar información o moverse por un destino, reduciendo las barreras y costes a la participación turística. Por otra parte, haber realizado viajes placenteros puede incrementar el gusto por viajar en el futuro inmediato, ya que el individuo genera buenas expectativas en base a satisfactorias experiencias pasadas.

Los datos

A partir de datos longitudinales mensuales de alrededor de 92.000 individuos (entre febrero de 2015 y diciembre de 2018) procedentes de la Encuesta de Turismo de Residentes (es decir, solo consideramos ciudadanía española dentro del territorio nacional), se estima un modelo dinámico de participación turística, con el objetivo de estudiar el efecto de viajes pasados en la decisión futura de viajar.

Para identificar adecuadamente el efecto de los viajes pasados en la utilidad latente de viajar hoy, es necesario controlar tanto por características observables (edad, renta o estructura del hogar), como por factores inobservables individuales invariantes a corto plazo (conocimiento de idiomas o estado de salud). Desde un punto de vista técnico, esto permite separar la verdadera dependencia en el consumo de la dependencia espuria generada por factores no observables a nivel individual. El análisis tiene en cuenta además las llamadas “condiciones iniciales” (Heckman, 1981), ya que el primer periodo observado no se corresponde con el inicio del proceso estocástico latente. Efectos fijos regionales y temporales también son incluidos en las regresiones.

Un aspecto novedoso del trabajo es que además de tener en cuenta características individuales y del hogar, también se consideran factores regionales como el índice de precios, el clima o la tasa de desempleo en la Comunidad Autónoma de origen. Así, el trabajo permite explorar cómo la climatología, la situación del mercado laboral o la inflación regional afectan a las decisiones individuales de viaje.

Concretamente, como indicadores climáticos de la región de residencia se consideran: i) los grados-día de calefacción (heating degree days) y ii) los grados-días de enfriamiento (cooling degree days). Estos dos índices se obtienen de Eurostat a partir de observaciones meteorológicas diarias de temperatura en diferentes puntos de España, agregadas mensualmente. Se trata de indicadores de demanda de energía para calentar o enfriar un edificio en función de la temperatura exterior, y miden de manera no lineal la climatología de una zona geográfica. En su cálculo se consideran diferentes umbrales, de modo que los indicadores toman valor cero para temperaturas moderadas. De acuerdo con estudios previos, la probabilidad de viajar crece (decrece) a medida que aumenta (se reduce) la temperatura en la región de origen.

Los resultados

Las estimaciones muestran que existe un proceso de formación de hábito en la decisión de viajar para los residentes en España. Controlando por características y efectos individuales antes mencionados, haber viajado el mes anterior tiene un efecto positivo y significativo sobre la probabilidad de viajar en el siguiente mes. Concretamente, la probabilidad de persistencia media estimada es del 28%.

Cuando se calcula este efecto marginal en diferentes submuestras, se encuentra que esta probabilidad crece con la renta y el nivel educativo (como cabía esperar). Como se observa en la Tabla 1, la probabilidad de viajar en el mes t condicional en haberlo hecho en t-1 es del 34,8% entre los hogares con renta mensual entre 1000 y 1500 euros (24,7% de la muestra), pero alcanza el 58,6% entre aquellos que perciben más de 5000 €/mes (2,1% de la muestra).

Otra forma de ver lo mismo es que la probabilidad de salida (probabilidad de no viajar condicional en no haberlo hecho el mes anterior) decrece con la renta y la formación educativa. Así, la probabilidad de participación de estado estacionario (probabilidad de viajar a lo largo del tiempo) es notablemente superior entre aquellos con más ingresos y mayor nivel educativo.


Tabla 1.- Probabilidades de viaje por renta y nivel educativo
Nota: *** significa significatividad estadística al 1%. Los hogares con rentas menores de 1000 euros al mes y los individuos con estudios primarios son las categorías de referencia.
1 Probabilidad de persistencia: probabilidad de viajar en el mes t si ha viajado en mes t-1
2 Probabilidad de entrada: probabilidad de viajar en mes t si no ha viajado en mes t-1
3 Probabilidad de salida: probabilidad de no viajar en mes t si ha viajado en mes t-1
4 Probabilidad de estado estacionario: probabilidad de viajar a lo largo del tiempo (medio plazo)

En línea con la literatura, los resultados también muestran que la probabilidad de realizar un viaje turístico crece con la edad (a tasa decreciente) y es mayor en el verano, pero se reduce cuando aumenta el IPC de la región de residencia. Dado un nivel de renta, el encarecimiento de la cesta de la compra hace menos factible viajar.

De manera similar, el mercado laboral afecta de manera importante a la participación turística: los individuos desempleados y aquellos con contratos de trabajo temporales tienen una menor probabilidad de hacer un viaje turístico. Respecto a la composición del hogar, las familias con niños pequeños (especialmente las monoparentales) son menos propensas a viajar. Además, la probabilidad de viajar aumenta de manera significativa con el tamaño y la densidad poblacional del municipio de residencia.

A modo de resumen

De acuerdo con los resultados presentados, es de esperar que los individuos de baja renta y poca formación sean los que más reduzcan su probabilidad de viajar a causa de la pandemia, ya que su menor hábito viajero les hace más propensos a dejar de consumir ese bien. Por el contrario, los de rentas altas y alto nivel educativo son quienes se espera que continúen viajando ya que son quienes han generado un mayor gusto por este bien a lo largo del tiempo. El efecto identificado no se debe a diferencias en poder adquisitivo sino a diferencias de gusto dada la renta. Así, políticas orientadas a subvencionar directamente al consumidor tienen el riesgo de ser fuertemente regresivas si no se condicionan a niveles de renta.

Hay 3 comentarios
  • Es sorprendente como las desigualdades inherentes al lugar que se ocupa en la estructura social se reflejan en prácticamente todos y cada uno de nuestros hábitos y costumbres. Enhorabuena por el texto.

    • Es sorpredente como las desigualdades en nuestro atractivo f’isico se reflejan en todos y cada uno de nuestros comportamientos.

      Es sorprendente como las desigualdades en nuestra inteligencia se reflejan en todos y cada uno de nuestros comportamientos.

      Lo “sorprendente” en realidad es que nos sorprendan tanto las tautologias: la desigualdad es justo “eso” que se manifiesta en todos y cada uno de nuestros comportamientos.

      Lo que es “acojonante” sin embargo, es el empleo de dinero público para fomentar comportamientos (viajar) desaconsejados por el sentido común (y las autoridades sanitarias).

      Más “acojonante” que “novedoso”: la “esquizofrenía” del estado es un clásico (aunque tiene sentido cuando se analiza su esquema de incentivos Bureaucracy de Tullock como excelente punto de partida).

  • Muy interesante el trabajo, ha mejorado mucho respecto a cuando lo presentaste en la ULPGC.

    Un par de dudas que tengo:

    ¿Qué sea más probable viajar si has viajado el mes anterior no podría estar relacionado con los viajes por motivos laborales?

    Entiendo que la preponderancia de viajar en verano se debe más a efectos de calendario laboral que a un efecto expulsión del clima, ¿no?. Esto último si se observa en el turismo alemán y nórdico que viaja a Canarias en invierno huyendo del frío pero que luego reducen sus viajes cuando aumentan las temperaturas en origen (y en mercados competitivos)

    Un saludo

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