¿Existieron las valquirias? Mujeres, salud e igualdad a través del análisis del esmalte dental

De Laura Maravall

Personajes de ficción actual basados en leyendas como Lagertha en la serie de televisión Vikingos (Vikings, 2013) o personajes mitológicos como las valquirias y las skjaldmö, descritas como deidades escuderas y mortales guerreras, son símbolo de mujeres fuertes e independientes. ¿Puede este estereotipo de mujer más fuerte estar reflejando una situación física más equiparable en relación con los hombres en las sociedades nórdicas durante la Época vikinga?

Existen artículos en economía en los que los autores intentan identificar los orígenes históricos de la desigualdad en la participación económica en épocas preindustriales. A falta de datos sobre el nivel de vida como el salario o el PIB per cápita, estos autores utilizan datos que miden la diversificación del trabajo. Por ejemplo, en el Quarterly Journal of Economics, Alesina et al. (2013) (aquí), basados en las teorías de la economista Esther Boserup, argumentan que el origen de la desigualdad se encuentra en el uso de tecnologías que permitieron una intensificación agrícola. Al requerir de una mayor fuerza física para su uso, dieron ventaja comparativa al hombre en el campo y a la mujer en casa. Esto lo relacionan con la mayor desigualdad actual en cuanto a la participación de la mujer en el mercado laboral.

Otros artículos hacen uso de machine learning para aproximarse directamente a los estereotipos de la mujer en la época preindustrial. También en el Quarterly Journal of Economics, Michalopoulos & Xue (2021) (aquí) identifican palabras en el folklore (i.e., la tradición oral) para medir, entre otras cosas, el nivel de “sesgo dominante masculino” analizando con qué frecuencia la tradición oral presenta a los hombres de una forma más dominante y menos comprometida con los asuntos domésticos. De esta forma relacionan los estereotipos reflejados en la tradición oral también con la participación de la mujer en el mercado de trabajo hoy en día.

Datos obtenidos a partir de registros históricos, como por ejemplo de prisiones, hospitales, parroquias y del reclutamiento militar, también han sido ampliamente utilizados a la hora de analizar la desigualdad social desde una perspectiva histórica. De hecho, en este blog se han publicado varias entradas mostrando cómo información recogida a partir de tasas de masculinidad de los bautismos o de tasas de mortalidad puede arrojar luz sobre prácticas como el infanticidio o un trato preferencial a los niños (ver, por ejemplo, aquí y aquí). De estos registros históricos también se pueden conseguir indicadores biológicos de bienestar como la altura y el peso. Estos indicadores han contribuido a grandes debates dentro de la historia económica como, por ejemplo, el debate acerca del nivel de vida de los esclavos en diferentes regiones en el siglo XIX, el de las diferencias en el estatus social durante la Revolución Industrial, y el de los efectos de la industrialización sobre los estándares de vida de la mujer (ver revisión en aquí, aquí y aquí).

Para averiguar más acerca de la comparativa que nos interesa durante la Época vikinga comprendida entre el s. VIII y XII, se puede optar por una metodología basada en mediciones tomadas de restos óseos recogidos en excavaciones arqueológicas. Estos datos nos permiten mirar más allá de otros registros históricos. Comparando tibias y otros huesos podemos deducir los niveles de estrés físico causados por continuos esfuerzos de levantamientos o estiramientos que pueden ser provocados por la intensificación agrícola o el nivel de sedentarismo. Por ejemplo, en el proyecto ADNABIOARC (aquí) financiado por la Comisión Europea, se concluyó que las mujeres del Neolítico, de la Edad del Bronce y de la Edad del Hierro en Europa Central tenían una fuerza similar a la de las atletas modernas de semi-élite (aquí).

Desafortunadamente no es oro todo lo que reluce. Estos datos son difíciles de conseguir y tremendamente caros. Además, son muy criticados si se usan de forma agregada para estudios económicos comparativos, ya que se obtienen de diferentes excavaciones arqueológicas y por tanto este uso agregado conlleva a errores de medición. Asimismo, a la hora de determinar las diferencias en el proceso de crecimiento entre hombres y mujeres, es muy complicado distinguir cómo influyen en él los factores biológicos (por ejemplo, la ventaja biológica femenina) y los ambientales (por ejemplo, la inversión parental sesgada por el sexo).  También existen otros problemas como el de la hipótesis de la paradoja osteológica, que fue sugerida por primera vez por Wood et al. (2002) (aquí). Esta paradoja sugiere que las poblaciones más enfermas pueden parecer más sanas ya que los individuos más enfermos normalmente mueren antes y, por lo tanto, sus restos manifiestan menos lesiones óseas. Y al revés, la población más sana puede parecer más enferma.  Esto es especialmente plausible en el caso de las lesiones que se generan de forma acumulativa a lo largo de todo el ciclo vital (como es el caso de los traumatismos no letales o la periostitis).

En el proyecto SFB 1070 del German Research Foundation (aquí) tuve la oportunidad de trabajar con antropólogos, arqueólogos, geógrafos y economistas especializados en los pueblos nórdicos durante la Época vikinga. Aparte de los datos recogidos directamente por los arqueólogos del proyecto, tuve además acceso a una base datos del proyecto Global History of Health Project en el que investigadores europeos y americanos habían recolectado todo tipo de datos óseos siguiendo el mismo protocolo entre ellos y abarcando 103 excavaciones (15,119 individuos) por toda Europa entre el siglo III y finales del XIX (aquí).

Gracias a estos proyectos, descubrí que además de los datos habituales de altura estimados a partir del fémur o de la tibia de los adultos, también se puede obtener información muy valiosa de los restos dentales, ya que éstos se ven afectados de forma permanente por enfermedades y, especialmente, por la privación nutricional durante la infancia. Además de las caries, los antropólogos miden la frecuencia relativa de la hipoplasia lineal del esmalte (LEH). Este indicador puede observarse en forma de surcos horizontales (o líneas) en los dientes que se desarrollan durante la primera infancia en situaciones de malnutrición y enfermedad. Varios estudios argumentan que mayores valores de LEH en las mujeres indican que las niñas reciben menos alimentos y atención sanitaria que los niños (aquí, aquí, aquí, aquí). Este indicador tiene ventajas con respecto a otros indicadores biológicos de bienestar. Por ejemplo, a diferencia de las lesiones que se acumulan con el tiempo, el LEH se forma durante un breve período de tiempo del ciclo vital: aproximadamente entre los primeros 1.5 y 6 años. Por lo tanto, la paradoja osteológica es menos probable. Además, en una revisión de los estudios sobre el LEH, Guatelli-Steinberg & Lukacs (1999) (aquí) defienden que las diferencias en el LEH no se ven afectadas significativamente por la ventaja biológica femenina.

En línea con estos estudios sobre el LEH, en un artículo intentamos aproximarnos (aquí) a la situación comparativa de las mujeres en las sociedades nórdicas. Para ello, utilizamos datos de LEH facilitados por el Global History of Health Project y recogidos de estudios sobre Escandinavia, obteniendo una muestra representativa de distintas regiones europeas (ver mapa 1). En el análisis, sólo incluimos los dientes incisivos y caninos permanentes. Construimos un indicador que consiste en la ratio entre la incidencia de líneas de LEH en mujeres y la incidencia en hombres, siendo la incidencia de LEH la proporción de individuos con una o más líneas de LEH sobre el total observados dentro de cada grupo. Comparando los patrones escandinavos con los de otros países europeos, encontramos que Escandinavia es la única región con una incidencia significativamente menor de LEH en las mujeres en las zonas rurales, en comparación con los hombres, lo que sugiere un estado de salud rural comparativamente más sano para las mujeres. Pudimos verificar que nuestros resultados de LEH estaban en consonancia con los resultados obtenidos para un mismo análisis que hicimos a partir de los datos de los fémures.

Mapa 1

Fuente: Distribución geográfica de la muestra. Maravall and Baten (2019).

Nuestros resultados sugieren un posible escenario en el cual estereotipos de mujer fuerte como las doncellas guerreras en las leyendas y la mitología nórdica no estén muy alejadas de la realidad social de ese pasado al indicar una menor desigualdad social durante la infancia en las regiones nórdicas en comparación con otras regiones. Estos resultados coinciden con los de otros estudios que indican que las regiones con menores densidades poblacionales especializadas en ganadería, y por tanto con una menor intensificación agrícola, tenían mayores niveles de igualdad entre hombres y mujeres en los estándares de vida. Aun así, nuestros resultados deben interpretarse con mucha cautela, ya que puede darse otro escenario en caso de existir una ventaja biológica femenina significativa. Sin embargo, como se ha indicado antes, esto no parece ser el caso (por ahora) para el LEH.

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