Por Adrián Santonja, Laura Schmitz y Judit Vall
A día de hoy, la violencia de género continúa siendo un grave problema de salud pública a nivel mundial: la Organización Mundial de la Salud estima que una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física y/o sexual en algún momento de su vida, en general ejercida por su (ex-)pareja. Esta violencia no solo repercute directamente en la salud física y mental de la víctima, sino que también está asociada con consecuencias negativas para los hijos y un impacto adverso en el ámbito laboral (ver aquí, aquí, aquí y aquí). En España, los datos se sitúan cerca de la media global: casi un 30% de mujeres declara haber sufrido violencia física y/o sexual por parte de sus (ex)parejas.
La violencia de género es un fenómeno social complejo, con múltiples causas y sobre el que ya se ha escrito anteriormente en este blog aquí, aquí, aquí, aquí o aquí. Sin embargo, en esta entrada queremos centrar la atención sobre un aspecto concreto de la violencia de género: su marcada estacionalidad. Año tras año, las muertes por violencia de género en España se concentran en los meses de julio y agosto (y todo apunta a que este año 2025 se mantendrá en esta línea).
¿A qué se debe este aumento de la violencia en los meses de verano? Las explicaciones habituales apuntan al aumento de la convivencia en pareja y la pérdida de rutina debido a las vacaciones. Sin embargo, en esta entrada queremos poner el foco en otro factor potencialmente relevante: las altas temperaturas. La evidencia científica ha demostrado en varias ocasiones que las altas temperaturas tienen un impacto sobre la criminalidad (aquí y aquí). Ello se debe tanto a un efecto directo del calor —aumento de la irritabilidad y alteración del sueño— como a efectos indirectos relacionados con cambios en los patrones de consumo (por ejemplo, de alcohol) y en el uso del tiempo.
Por estas razones, en este estudio reciente nos proponemos analizar el impacto de las altas temperaturas sobre la violencia de género en España (uno de los países europeos más expuestos a temperaturas extremas) y cuantificar su contribución a la estacionalidad de este tipo de crimen. Para ello empleamos datos trimestrales administrativos sobre denuncias y delitos por violencia de género de los 431 partidos judiciales en España entre 2006 y 2022. Es importante destacar que estos datos solo reflejan una parte de la violencia de género, ya que una parte importante de los casos no son denunciados ante las autoridades. Estos datos no solo nos permiten observar la totalidad de las denuncias por partido judicial, sino que también ofrecen la posibilidad de desagregar por gravedad del delito y por la fuente de la denuncia.
Estos datos administrativos los emparejamos con registros meteorológicos diarios de más de 200 estaciones meteorológicas repartidas por todo el país. Esto nos permite construir, para cada partido judicial, una variable que indica la cantidad de días por trimestre con altas temperaturas (por ejemplo, a partir de los 30ºC). Nuestra metodología se basa en comparar la variación exógena en la cantidad de días con altas temperaturas mientras controlamos por otros factores meteorológicos, estacionales y territoriales. De esta manera podemos aislar el efecto causal de las altas temperaturas sobre las denuncias recogidas en los datos administrativos.
El siguiente gráfico recoge nuestros resultados principales. La exposición a más de 40 días por trimestre con temperaturas por encima de los 30ºC incrementa los delitos totales recogidos por el sistema judicial en 7 delitos por 100,000 mujeres, lo que equivale a un aumento de en torno al 6% con respecto a la media. Además, también aumentan de forma muy significativa los delitos más severos (en un 36% con respecto a la media) y las denuncias provenientes del sistema de salud (en un 15% con respecto a la media). Los aumentos en estas dos últimas categorías sugieren un aumento real de la incidencia (y no solamente un aumento en la probabilidad de denuncia), ya que la violencia más severa suele ser denunciada en la mayoría de los casos.
Una vez establecido el efecto causal de interés, nuestro estudio presenta dos ejercicios de análisis adicionales.
En primer lugar, examinamos uno de los posibles mecanismos detrás de este efecto: el aumento de la convivencia en pareja debido a las altas temperaturas. Con datos de uso del tiempo en Cataluña, encontramos que, en días muy calurosos, los hombres reducen su ocio al aire libre y pasan alrededor de una hora más en casa, incrementando el tiempo de convivencia en el hogar. Sin embargo, la lluvia —que también empuja a quedarse dentro— no tiene el mismo efecto sobre los delitos de violencia de género, lo que sugiere que el problema es la combinación de proximidad física y estrés fisiológico inducido por el calor.
En segundo lugar, cuantificamos hasta qué punto la inestabilidad laboral contribuye a exacerbar este efecto causal de las altas temperaturas sobre la violencia de género. Para ello clasificamos los partidos judiciales en grupos en función del aumento en la tasa de paro masculina durante la crisis de 2008-2013. Durante este periodo, los partidos judiciales con mayor aumento de desempleo registraron un impacto mucho más acusado del calor sobre la violencia de género. Esto sugiere que la tensión económica y la exposición al calor funcionan como estresores complementarios, elevando la vulnerabilidad de las mujeres víctimas de violencia de género.
Nuestro análisis revela que las altas temperaturas tienen un impacto importante sobre la violencia de género en España y explican un 37% de la diferencia en delitos entre el primer y tercer trimestre del año. Mirando hacia el futuro, el proceso de cambio climático puede agravar este problema. Si hacemos un cálculo conservador y simplificado, vemos que un aumento de las temperaturas medias en España de entre 2ºC y 4ºC (como proyectan los escenarios intermedios y pesimistas del IPCC), supondría entre 85 y 190 delitos severos adicionales de violencia de género cada año.
En conclusión, la violencia de género es un problema multifactorial que requiere de medidas en varios campos muy diversos. Combatir los efectos de las altas temperaturas en este contexto no puede ser más que uno de los diferentes frentes de acción. Sin embargo, se trata de una dimensión que previsiblemente cobrará más relevancia en las próximas décadas. Los impactos del cambio climático tienden a agravar problemas ya existentes, y el efecto que las futuras olas de calor puedan tener sobre la violencia de género es un ejemplo más de ello.

