Estado de alarma, alarmismo, y contagios generadores de presión hospitalaria

José E. Boscá*+, José Cano* y Javier Ferri*+
* Universidad de Valencia, +  Fedea

Desde que el problema dejó de ser para nuestros representantes parlamentarios una enfermedad exótica de la que un grupo de italianos tuvo la mala fortuna de contagiarse, para convertirse en una maldición sanitaria de dimensiones bíblicas, el gobierno central y los regionales, así como la práctica totalidad de los medios de comunicación, no han dejado de utilizar un lenguaje bélico para referirse a los avatares de la epidemia. Las continuas referencias a la guerra, las batallas, al enemigo, a no bajar la guardia, a los ataques por oleadas, al flanco débil, a los héroes en primera línea, a los traidores, los desertores, a la victoria, las derrotas, las bajas, a las nuevas armas del enemigo, etc., han contribuido a crear un clima de amenaza permanente en la sociedad[i].

Deliberada o no, la retórica bélica recuerda mucho a la utilizada tras los grandes atentados terroristas. Como sucede tras los ataques terroristas, los gobiernos se enfrentan en la crisis sanitaria a una disyuntiva entre seguridad nacional (salud pública) y libertades civiles, conscientes de que el apoyo a sus políticas no es independiente del clima de amenaza percibido por la sociedad, o el nivel de ansiedad que ésta genera. El Estado de Alarma que permitió el confinamiento obligatorio de los hogares fue sin duda la medida más dura que tomó el ejecutivo. Y, aunque hoy controvertida, esta medida gozó de amplio respaldo social en su momento.[ii]

Si la percepción generalizada de una amenaza es un factor que contribuye al apoyo social de las políticas de los gobiernos nacionales y regionales, la economía política nos diría que estos gobiernos podrían tener interés en generar una alarma duradera, aunque sólo fuera para erigirse en protectores frente a los peligros que se ciernen sobre la población. De hecho, en un influyente artículo publicado en el American Journal of Political Science Huddy, Feldman, Taber y Lahav (2005) muestran evidencia de que, tras los atentados del 11 de Septiembre, los norteamericanos que tenían un mayor sentimiento de amenaza de un nuevo ataque terrorista, fueron más proclives a apoyar la política interior y exterior de la Administración Bush. Otros artículos más recientes, también encuentran mayoritariamente este nexo entre sentimiento de amenaza y apoyo al gobierno de turno (véanse las referencias a la Sección 2 de este artículo de Bove y Di Leo, 2020).

¿Podría decirse que el Estado de Alarma expirado dejó lugar a un clima de alarma continuado? ¿Hasta qué punto estaría justificado el clima de alarma actual? ¿Han ido cambiando los factores que justificarían el clima de alarma a lo largo del tiempo?

Como científicos sociales, desde el inicio de la pandemia hemos estado asistiendo, con una mezcla de curiosidad y desasosiego, a la deficiente política oficial de información y comunicación. En este mismo Blog, y con otros coautores, empezamos a estimar flujos hospitalarios cuando nadie lo hacía; documentamos la falta de cuidado en la gestión de los datos sanitarios; propusimos e ilustramos indicadores para evaluar la fase del ciclo de la epidemia por CC.AA.; estimamos contagiados reales frente a contagiados registrados; valoramos la pérdida de bienestar acarreada por la pandemia en los países de la OCDE; descubrimos misterios escondidos en los datos; o constatamos que la oferta de camas UCIs era realmente elástica, aunque más en unas comunidades que en otras. Creemos que la difusión y generalización de este tipo de información por las autoridades competentes y los medios de comunicación habría ayudado a matizar muchas declaraciones y a mitigar parte de la desinformación que hemos sufrido y que, pensamos, contribuye a crear a fecha de hoy un clima excesivamente alarmista.

Sirva la Imagen 1 para ilustrar la versión oficial de la llamada quinta ola. Tras una rápida lectura por distintos medios escritos y algo de zapping en el televisor, la idea que se transmite al ciudadano de la calle es la de una nueva y muy agresiva ola, originada básicamente por la irresponsabilidad de los jóvenes, que ha hecho crecer el número de contagios, poniendo en peligro la campaña turística de verano y parte de nuestra recuperación. Además, los españoles sufrirán también, como está sucediendo, restricciones significativas para viajar a otros países. Ante este nuevo empuje del enemigo, los gobiernos han reaccionado con los mecanismos de defensa habituales, junto con alguna nueva estrategia digna de la guerra de Gila. Así, han vuelto a decretar la retirada de restaurantes a zonas más prudentes, han declarado toques de queda para que los dos bandos puedan reunirse a disfrutar de una fiesta en casa antes de volver a atacarse, o han prohibido disparar bebidas alcohólicas a partir de las 20 horas (Imagen 2).

Imagen 1. Titular de TVE del 16 de julio de 2021

Imagen 2. Cartel en un supermercado de Valencia prohibiendo la venta de bebidas alcohólicas a partir de las 20 horas

El enemigo existe, sigue entre nosotros, y después de infligirnos mucho dolor, continúa matando y se ha hecho incluso más alborotador. Sin embargo, gracias sobre todo a la ciencia, llevamos meses metiendo balas de fogueo en la recámara de sus fusiles. ¿Cuántos enemigos en esta quinta ola disparan con balas de fogueo? Esta es una cuestión relevante que debería ser central en el debate económico-sanitario actual, y en la métrica utilizada para la toma de decisiones a nivel nacional e internacional.

Si todo el ejército enemigo disparara con balas de fogueo estaríamos hablando de escaramuzas donde el resultado de las refriegas sería un puñado de heridos con moratones y alguna brecha. Volviendo al lenguaje sanitario, se trataría de un virus con capacidad de crear molestias equivalentes a las de un catarro o una gripe. Cuanto más débil sea el virus para afectar al total de la población, más cerca estaríamos de este escenario.

Para tratar de plasmar esta idea corregimos la serie de contagios por su capacidad para generar presión sobre las plazas hospitalarias. Este es un mejor indicador que el número crudo de contagios que aparece como información central en todos los medios, en las declaraciones de los políticos, y en las decisiones para crear una lista de países censurados.

La idea es muy sencilla: si en todas las olas la capacidad de los contagios para aumentar la presión hospitalaria hubiera sido la misma, entonces la serie de contagios a lo largo del tiempo sería una buena representación del problema sanitario en cada momento del tiempo. Pero si en una ola, los hospitalizados por contagiados se redujeran por ejemplo a la mitad con respecto a otra ola de referencia, los contagios generadores de presión hospitalaria serían el 50% de la serie original. En el caso en el que los contagios no generaran presión hospitalaria estaríamos en el ejemplo comentado anteriormente: una enfermedad que origina molestias y malestar, como otras muchas enfermedades no graves. Sería un problema, sí, pero un problema muy distinto del que se nos presenta en la actualidad. A continuación, ilustramos esta idea. Lo hacemos para las tres últimas olas para utilizar únicamente datos oficiales. Los pasos son los siguientes[iii]:

1) Fechamos el día en el que se inicia la nueva ola (T1, T2 y T3).

2) Desechamos los últimos casos disponibles de la última ola (poco fiables) y obtenemos la distancia desde T3 hasta la cima. Eso nos dará el número de días (m) a considerar para calcular las correcciones de las otras dos olas.

3) Fijamos el retardo (j) entre el contagio y la hospitalización.

4) Obtenemos la ratio [ hTs = (HTs+j+m - HTs+j) /SUM{k=0 a m} (CTs+k ) ] donde s = {1,2,3}. HTs+j es el stock de hospitalizados en Ts+j, y CTs+k el de nuevos contagiados en Ts+k. Este coeficiente proporciona el aumento medio en el número de hospitalizados por contagiado en los primeros m días de la ola Ts.

5) Obtenemos los factores de corrección hfTs = hTs/hT1 para s = {1,2,3}. Aplicados a las series originales de contagios podemos obtener la serie de Contagios Generadores de Presión Hospitalaria (CGPH).

El Gráfico 1 representa la obtención de las fechas T1, T2, T3 y el número de días para el cálculo homogéneo de los coeficientes de corrección (m=31). Observamos que esta cifra cae dentro de la fase ascendente de las tres olas. Por otra parte, consideramos un desfase de j=10 entre contagios y hospitalizaciones. Como curiosidad, llama la atención la constancia de la duración de la segunda y la tercera ola.

Gráfico 1. Fechado del origen de las olas y obtención del periodo de cálculo

El Cuadro 1 ofrece los resultados para el conjunto de España de hTshfTs calculados siguiendo el método que se ha explicado anteriormente, y también los resultados equivalentes utilizando ingresados en UCIs en lugar de hospitalizados. Tanto los contagios generadores de presión hospitalaria (CGPH), como los contagios generadores de presión UCIs (CGPU), representan una acusada pauta decreciente entre la ola iniciada en diciembre y las últimas dos olas. En particular, en la llamada quinta ola, el número de contagiados debería haber sido tres veces y media superior al realmente observado para generar el mismo problema en términos de las camas ocupadas en los hospitales que observamos durante el primer mes de la tercera ola. Con las UCIs la corrección en la última ola es incluso ligeramente negativa, indicando que las nuevas entradas en UCIs durante el primer mes son inferiores a las salidas por recuperaciones de los ingresados en olas anteriores.

 Cuadro 1. Coeficientes de contagios generadores de presión hospitalaria y presión UCIs 

Hospitalizaciones UCIs
Fecha hTs (x1000) hfTs uTs (x1000) ufTs
04/12/2020 21,0 1.00 2,35 1.00
05/03/2020 5,8 0.28 0,36 0.15
07/06/2021 5,9 0.29 -0.25 -0.11

 

El Gráfico 2 representa la serie oficial de contagios (utilizando medias móviles de orden diez) junto con las series corregidas, CGPH y CGPU. El mensaje que nos transmite esta información es que la cuarta y la quinta ola son relativamente leves cuando se considera la capacidad de los contagios habidos en estas olas de generar problemas de salud graves, y que, tal vez, en el conjunto de España se esté generando demasiada alarma desde el mes de marzo.

Figura 2. Contagios brutos, contagios generadores de presión hospitalaria (CGPH) y contagios generadores de presión UCI (CGPU). España.

Entre regiones la nueva situación presenta, no obstante, importantes diferencias. Hemos aplicado el método anterior a Madrid y Cataluña. Los resultados pueden observarse en los Gráficos 3 y 4. En Madrid la situación no parece implicar a fecha de hoy mucha gravedad. La situación en Cataluña es muy distinta, y las series corregidas indican que ya se habría alcanzado la cifra máxima de contagios corregidos por presión hospitalaria de la tercera ola.

Figura 3. Contagios brutos, contagios generadores de presión hospitalaria (CGPH) y contagios generadores de presión UCI (CGPU). Madrid.

Figura 4. Contagios brutos, contagios generadores de presión hospitalaria (CGPH) y contagios generadores de presión UCI (CGPU). Cataluña.

De nuevo, pensamos que generalizar este tipo de información , para complementar la serie de contagios brutos contribuiría no sólo a reducir el nivel de alarma entre la población, sino a tomar decisiones más eficientes desde el punto de vista del mix economía-salud, a nivel regional, nacional e internacional.

Cataluña está varios puntos por debajo de la media de España en vacunación de población mayor de 40 años, mientras que está muy por encima de la media en población joven de 12 a 19 y de 20 a 29 años. No estaría de más también que las instituciones responsables informaran del porcentaje de nuevos hospitalizados que han recibido la vacuna o de los que están hospitalizados habiendo renunciado a recibir la misma. Una vez más, información barata con potenciales efectos positivos en la toma de decisiones.

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[i] Con esto no estamos diciendo que dichas amenazas no existan. Como veremos más tarde, nuestro argumento tiene que ver con la intensidad de la amenaza y la calidad/veracidad de la información sobre la misma.

[ii] Como el lector ya sabe, el Tribunal Constitucional acaba de sentenciar, por un estrecho margen de votos, que dicho confinamiento domiciliario fue ilegal porque sólo el estado de excepción, y no el de alarma, puede sustentar una restricción de este calibre. Esta decisión, y la posterior discusión jurídica y política es un asunto que no entraremos a valorar en este post.

[iii] Hay muchos refinamientos del método siguiente, éste únicamente ilustra una sencilla aplicación.

Hay 8 comentarios
  • Tampoco conviene ignorar los riesgos. La campaña turística se está viendo afectada, entre otras razones porque otros países nos han catalogado (a mi juicio con razón) como zona de riesgo. Por otra parte, no es solo que Cataluña esté ya por encima del 30% de ocupación UCI (que ya de por sí es una cifra engañosa, porque a raíz de la pandemia, se han creado de repente muchas camas UCI digamos que ad hoc), sino que la atención primaria está saturada en toda España.

    Aunque, afortunadamente, no estemos como en marzo de 2020, la situación es preocupante. Y deja la sensación de que no hemos aprendido nada.

    • Nadie está hablando de ignorar los riesgos, sino de matizarlos. Esos matices importantes que se echan en falta en los argumentos de políticos, sindicalistas del gremio médico y epidemiólogos asiduos de los medios de comunicación, y cuyo discurso ha permanecido inamovible desde el principio del problema. Juzgar la gravedad de los contagios por su capacidad de generar problemas cambia el conjunto de decisiones óptimas. No tener en cuenta este aspecto es ignorar una información importante para la toma de decisiones óptimas. Esto es cierto a nivel regional, nacional e internacional. Si los distintos países pusieran en el centro de observación indicadores como los que proponemos, su percepción del riesgo sería muy probablemente distinta.

      Como hemos indicado, la presión sobre la atención primaria es un problema, pero no comparable a la presión hospitalaria o sobre las UCIs. En cualquier caso, no estaría de más disponer de algún indicador objetivo de ese aumento de presión sobre la atención primaria.

      Dice que la situación es preocupante. Estando de acuerdo, nuestro punto es que seguramente es menos preocupante de lo que el bombardeo mediático trasluce. Totalmente de acuerdo con su última frase.

      Nota: nuestro argumento se basa en la corrección de contagios para tener en cuanta la variación en la ocupación hospitalaria. Dicha variación es la diferencia entre ingresos y salidas hospitalarias. Alguien podría aducir que el flujo de ingresos hospitalarios es per se un indicador importante de la gravedad de la epidemia en un momento, con independencia de las salidas o altas hospitalarias. En el siguiente gráfico mostramos la corrección para el total de España de las tres últimas olas de contagios si tenemos únicamente en cuenta variación de ingresos hospitalarios.

    • Sobre la saturación de la atención primaria se ha escrito y oido mucho en los medios, pero se han dado muy pocas cifras. Voy a hacer un par de cálculos para entender de qué hablamos. Supongamos una incidencia acumulada por 100000 habitantes a 14 días de 600 en España. Eso son 6000 contagiados por millón de habitantes y, suponiendo una población de 47,5 millones, implica 285000 contagiados en 14 días. Si en España hay unos 13500 centros de salud, en promedio, cada centro de atención primaria ve a 21,1 pacientes en 14 días (suponiendo que cada infectado va una vez al centro de salud). Es un promedio y obviamente los infectados no están equidistribuidos por centros de salud, pero no parecen cifras muy alarmantes. También hay sanidad privada que atiende pacientes y no se está teniendo en cuenta en este cálculo.

      • Aparte de que es un promedio, una cosa que no tiene en cuenta es que la atención primaria ya solía estar bastante cargada de trabajo antes de la pandemia. No creo que lo de la presión sea un invento de la prensa, aunque comparto que estaría bien tener datos concretos. Solo puedo dar fe de mi centro de salud al que, desgraciadamente, tengo que acudir con frecuencia: está saturado.

        Respecto a matizar la gravedad de la situación, sería prudente. La gente está harta y si oye cosas del estilo de esto es como la gripe, etc., se lo tomarán todo menos en serio. Y aunque hay menos hospitalizaciones y menos muertes, hay muchos contagios lo que es preocupante. Más contagios son más posibilidades de que aparezcan mutaciones peligrosas. Además, si Cataluña siente ya presión en sus UCI, ¿qué nos protege al resto de vernos como ellos? Puede que sea porque no han vacunado lo suficiente o a quien debían, pero ello no aliviará la presión.

        En cuanto a afirmaciones como que" los gobiernos podrían tener interés en generar una alarma duradera ...", por mucho que lo diga la Economía Política, aplicadas a este caso me parecen sencillamente hiperbólicas.

        • Respecto a la saturación, el hecho de que digas que ya estuviera bastante recargada la atención primaria antes de la pandemia aporta poco. Yo daba clases a grupos de 80-90 estudiantes, ¿estaba recargada absolutamente toda la educación universitaria? La cajera del supermercado atendía a X clientes. Con la pandemia ha atendido a X+Y y siempre presencialmente, cosa que no hemos hecho ni los profesores, ni muchos médicos. ¿Están saturados los supermercados?
          No estaría mal que nuestras autoridades nos dieran datos de cuantos pacientes de Covid está atendiendo ahora la atención primaria y de cuantos pacientes “regulares” está dejando de atender. Así podríamos evaluar las cosas con cierto rigor. Obviamente no estoy tratando de minusvalorar el trabajo de nuestros sanitarios, sino tratar de entender con cifras lo que ha pasado, porque nos podría ayudar a enfrentar más eficazmente otras crisis sanitarias.
          Por último, creo que a la gente hay que decirle la verdad y no presuponer que si le dices que los contagiados generan menos ingresos y menos muertes se van a lanzar a contagiarse como locos. En Italia acaban de cambiar las definiciones de la gravedad de la pandemia, dándole mucho más peso a la ocupación hospitalaria y de las UCIs, que es algo bastante coherente con nuestros argumentos en el post. Y si un territorio va peor en esos indicadores, pues deberá sufrir restricciones que no padezcan otras comunidades que tengan una ocupación hospitalaria y de UCIs muy inferior.

          • Sobre el asunto de los datos, como ya dije, estoy de acuerdo. Respecto al resto, en primer lugar, lo que quería poner de manifiesto es que su cálculo inicial no conduce necesariamente a la conclusión de que la primaria no esté saturada.

            Y en cuanto a que hay menos hospitalizaciones y menos muertes, no es algo que se esté ocultando: está en la prensa para todo el que quiera leerlo. Y tampoco se esconde que la situación sea menos grave que en la primera ola. Ahora bien la situación, en mi opinión, es preocupante. Hoy por ejemplo, Alemania ha declarado que España es zona de alto riesgo.

            • El cálculo indica que los contagios por sí mismos no son suficientes para añadir presión significativa a la atención primaria del conjunto de España. Claro que es posible que hayan centros de primaria que estén sufriendo más (Cataluña tiene el 35% de los contagios de toda España), lo que implica que otros no lo estarán notando. También es posible que estén acudiendo a los centros de salud personas no contagiadas pero preocupadas por su salud (gracias en parte al clima de alarma), o contactos directos de personas contagiadas (algo que debería haberse solucionado permitiendo antes la venta de auto test).

              La información está en la prensa pero hay que saber buscarla. La imagen con la que se queda el españolito medio no es esa (ver Imagen 1, y otras muchas similares todos los días). Lo de Alemania no debería de extrañarnos, centrarse en contagios brutos en el interior del país es justo lo que estamos criticando. Si Alemania se fijara más en sus contagios generadores de presión hospitalaria tal vez sería menos exigente en sus recomendaciones de viajes.

              A la ciudadanía hay que transmitirle información veraz. Lo cual no significa que no se penalice los comportamientos irresponsables. Si alguien está convencido de que corrigiendo los contagios por presión hospitalaria, por presión UCI o por número de ingresos en hospitales, esta ola es, después de un mes, una olita, que lo demuestre. Y si dejamos fuera a Cataluña (que ha llevado una política de vacunación algo particular) una olita todavía mucho menor.

              Una serie de apuntes para terminar. Los datos oficiales sobre evolución de la pandemia siguen siendo un desastre en nuestro país, como ya hemos denunciado en repetidas ocasiones. La diferencia entre dos momentos de tiempo en el stock de hospitalizados debería ser igual a la diferencia durante ese periodo entre el total de ingresos en hospitales menos el total de salidas hospitalarias (altas y fallecimientos). Con los datos que publica el Ministerio dicha igualdad es una fantasía (las discrepancias medias son del orden del 40%), con algunas comunidades especialmente descuidadas (Cataluña). La paupérrima calidad de los datos que tienen que servir de guía en la toma de decisiones no es algo sobre lo que se insista en demasía en los medios, más preocupados en mostrar el comportamiento irresponsable (y punible) de algunas personas que la incompetencia de aquéllos que gestionan la pandemia (ver Imagen 2).

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