Los bancos centrales, bancos en la sombra y Fintech

Los cambios recientes más significativos del sistema financiero, además de una regulación más fuerte sobre la banca, son la importancia creciente de los bancos en la sombra (incluyendo las entidades no bancarias de intermediación de crédito, como p.ej. capital riesgo) y los fintech (incluyendo los BigTech), además en un entorno de tipos nominales negativos en Europa y Japón. Además, las críticas más importantes a Libra (de Facebook) han sido en parte en relación a las políticas de los bancos centrales. En esta entrada, resumo tres papers que hemos presentado en las dos últimas semanas sobre cómo las políticas de los bancos centrales (tanto monetarias como prudenciales) están afectando a la economía dado el cambiante sistema crediticio.

Dos conferencias que me gustan mucho en julio son el Foro de Finanzas (que este año se ha celebrado en Madrid) y el NBER Summer Institute (que se celebra cada año en Cambridge, MA). Hemos presentado un paper sobre política prudencial en el primero y dos papers sobre política monetaria en el segundo (aquí el segundo paper, y aquí el tercero). Los siguientes puntos son un resumen parcial de los papers:

Aproximadamente el 50% del mercado de hipotecas y de consumo de crédito en USA está en manos de entidades no bancarias de intermediación de crédito, incluyendo fintech (o techfin, BigTech). En cambio, para los préstamos a empresas, el porcentaje baja a menos del 20% para empresas en el mercado primario (aunque en el secundario sube al 80%, especialmente en los llamados leverage loans). Esto sugiere que quizás hay límites a la expansión del fintech y los bancos en la sombra cuando los deudores son grandes y complejos (es decir empresas, y no p.ej. una familia con una sencilla financiación de su casa o coche). Los datos que utilizamos son americanos, pero creo que sería similar por ejemplo en China con las fintech de Alibaba y Tencent y con los shadow banks de allí.

Los datos americanos que utilizamos son un registro de crédito de la Reserva Federal para empresas, las aplicaciones para hipotecas también de la Fed, así como el crédito de consumo de Equifax. Una gran ventaja de los datos americanos sobre los europeos es que, para cada préstamo, podemos observar quién lo da, sea banco o una entidad no bancaria de intermediación de crédito (p.ej. capital riesgo, un hedge fund, fondo de inversión, CLO, o fintech). La regulación aquí debería cambiar y deberíamos tener mejores datos no bancarios. Los datos agregados europeos son buenos pero no a nivel de préstamo. Estoy esta semana en el BCE y tienen datos muy buenos de bancos, y de empresas, pero no del sector no bancario (ni de fintech), ni de préstamos a familias (con las características de las familias como ingresos, riqueza etc). Esto implica que la supervisión puede ser deficitaria si los bancos pasan el riesgo a las entidades no bancarias cuando sube la regulación.

El primer paper demuestra el punto anterior. En el paper sobre política prudencial vemos que la regulación bancaria sobre el capital (p.ej. Basilea III y los stress tests) explican un 20% de la subida de las entidades no bancarias en el mercado de crédito secundario en los leverage loans americanos (préstamos a empresas con mucha deuda y un rating bajo). Un límite a la expansión de no-bancos (nonbanks) que vemos es que los préstamos con más riesgo o de empresas más opacas son comprados por la banca con más capital. Y una consecuencia de la expansión de los nonbanks es que en momentos de estrés alto (p.ej. una crisis financiera o un cuando el VIX está muy alto), las entidades no bancarias – al no tener las garantías de los bancos centrales y gobierno – venden más los préstamos para generar liquidez y esto implica, entre otros efectos, “fire sales” (bajadas más fuertes de los precios de los préstamos). Es decir, la banca en la sombra toma el riesgo cuando los bancos se regulan más, y esto generará fragilidad financiera en el sistema.

En el segundo paper vemos qué le pasa a la transmisión de la política monetaria en este nuevo escenario de fintech y de bancos en la sombra. Vemos cómo el impacto de la política monetaria de la Fed en la economía a través del crédito es menor cuando el sistema financiero es más diverso. Cuando la Fed sube los tipos, y los bancos cortan el crédito, la banca en la sombra y fintech neutralizan en gran parte la transmisión, con efectos mayores en los prestatarios con más riesgo. Es interesante que los efectos son mayores en las hipotecas y en el crédito para el consumo (aquí la competencia es mucho mayor para los bancos por parte de los nobanks).

Los dos papers anteriores sugieren que la mayor regulación bancaria aumentará el pastel para la banca en la sombra y fintech, y esto hará que el poder de la transmisión de la política monetaria se reduzca.

Por último, en el tercer paper analizamos el impacto de los tipos negativos en Italia, en un paper con los datos del registro de crédito del banco central italiano. Los banqueros y muchos comentaristas critican que los tipos negativos son muy perjudiciales para la banca, y que esto implica que son perjudiciales para la economía. El BCE cree que no lo son y de hecho piensa que puedan bajar más en el futuro muy cercano (aunque con modificaciones). En nuestro paper primero vemos que los bancos más expuestos a los tipos negativos incrementan más las comisiones y generan otros beneficios y así compensan la bajada en el margen de intermediación, por lo que no están peor. Segundo, demostramos un efecto expansivo en el crédito y la economía real, ya que los bancos más expuestos hacen un portfolio rebalancing de activos líquidos con poco riesgo a préstamos a SMEs.

En resumen, nuestra evidencia va en contra de que los tipos negativos sean perjudiciales para la economía vía el canal bancario, pero sí encontramos que la regulación prudencial sólo a los bancos no tiene sentido, y que los nuevos intermediarios financieros (fintech y banca en la sombra incluyendo capital riesgo y hedge funds) están reduciendo el poder de la política monetaria en la economía vía el canal del crédito. De todas formas, hay límites para los tipos negativos y de ahí que el BCE considere bajar más los tipos pero introduciendo un tiering que implicará que los bancos no paguen por todas sus reservas en exceso que tienen en el Eurosistema.

Hay 8 comentarios
  • Estimado Jose Luis,

    Muy interesantes los papers. Sigo mucho toda esta temática y aportan mucho.

    Con respecto al tercer paper, mi opinión es que los tipos negativos, en teoría, no son perjudiciales porque realmente lo que importa a la banca que hace transformación de plazos es la pendiente de la misma. No obstante, en la medida que la financiación de los bancos está sujeta en mayor medida a depósitos de clientes con un suelo del 0% implica que parte de la pendiente no es recogida por su actividad. En teoría esto de debe ser recogido a través de un mayor coste de financiación (como prima de liquidez) a través de los modelos de “funds transfer pricing”, pero debido a la competencia bancaria y la lucha por los clientes que reciben inversión crediticia no se transmite correctamente, generando estos problemas pricing además un foco de inestabilidad financiera, que recientemente ha sido demostrado. Este hecho hace que la banca aumente su apetito de riesgo en carteras ALCO y aumenta significativamente las comisiones, dos aspectos que cuando expansión crediticia se puede demostrar que no ocurre, debido a la búsqueda de maximización de ingresos de los gestores bancarios.

    Por lo tanto, bajo mi opinión los tipos negativos SI son perjudiciales, pero debido a problemas de competencia bancaria en la inversión crediticia que impide transferir el truncamiento que ocurre en parte de la pendiente de la ETTI debido a la financiación minorista que tiene un suelo del 0%.

    Un abrazo.

    • El problema de los tipos negativos es la dificultad de trasladar su coste a los depósitos de los clientes. Si mis depósitos tienen un coste, siempre puedo sacarlos y dejarlos debajo del colchón, o buscar maneras de tener el menos cash posible en el banco (pagando impuestos lo antes posible, por ejemplo), lo que también es malo para los bancos ya que los depósitos son su principal fuente de financiación externa.

      • “El problema de los tipos negativos es la dificultad de trasladar su coste a los depósitos de los clientes”. Pues no han tenido ninguna dificultad para hacerlo: mis depósitos rinden prácticamente el 0%. Sin embargo los tipos que cargan los bancos por los créditos hipotecarios son positivos y no digamos si el crédito es al consumo (o si pretende fraccionar un pago: mi banco me ofrece siempre la suculenta oferta de hacerlo en tres plazos con un tipo del 22%!). No veo por tanto que por esta vía haya mucho perjuicio para la banca.

        • Los bancos efectivamente te cobran un margen positivo, pero eso no significa que se forren. Por ejemplo, si tienes una hipoteca por 100k euros que cuesta Euribor + 100 puntos básicos, significa que el margen de intereses del banco son esos 100 pbs (asumiendo que se financian a coste de Euribor en el interbancario). Pero con esos 100pbs tienen que compensar cubrir la rentabilidad exigida por los accionistas.
          Por temas regulatorios (acuerdos de Basilea), el banco debe tener un capital de al menos el 8% de sus activos ponderados por riesgo (RWA). Si a tu hipoteca la ponderan al 75%, significa que los 1,000 euros de margen que genera tu hipoteca (100k x 1%) consumen un capital regulatorio de 6.000 euros (100k * 75% * 8%), lo que da un retorno sobre el capital del 16,7%, que parece alto hasta que empiezas a tener en cuenta que con esos ingresos se tiene que pagar toda la red de oficinas, sueldos, etc., que a menudo se comen el 50% o más de ese margen. El resultado es un 8% de retorno sobre el capital (RoE) que realmente no cubre lo que el accionista le exige a un negocio con tanto riesgo sistémico como es el bancario (de ahí que la mayoría de los bancos en este país valgan menos en bolsa que su patrimonio neto).

  • José Luis, tres observaciones sobre la visión del sistema financiero de la economía global implícita en los 3 papers. Primero, no hay razón para incluir el sistema de pagos como parte del sistema financiero. La situación excepcional de los “bancos comerciales” por su papel en el sistema de pagos está llegando a su fin a pesar de la lucha de los bancos por impedir a empresas no-bancarias participar en el negocio. Los bancos centrales no aceptan que su papel se limite al sistema de pagos y buscan participar activamente en la gestión y el control del sistema financiero (sí, todos envidian la situación de PBC, el banco central chino). Los gobiernos (más allá del cuento de la independencia de los bancos centrales) están preocupados (a) de que el sistema de pagos funcione bien sin caer en la tentación de recaudar señoreaje e impuesto inflación para financiar gasto público (aunque algunos políticos mal asesorados promuevan MMT) pero también (b) de que su acceso al sistema financiero les permita financiar sus déficits emitiendo deuda; sí, dos preocupaciones distintas ya que (a) requiere asegurar la continuidad del servicio (como en el caso de la electricidad y otros servicios de uso diario vía redes) mientras que (b) implica desviar fondos para financiarse al menor costo (nota: si agregamos la desviación de fondos para financiar gastos privados “fomentados” el problema es más grave).

  • Segundo, su análisis confirma algo discutido mucho –pero estudiado poco– antes de 1980, pero la confirmación debiera servir de advertencia para quienes creen que es cuestión de perseguir a las nuevas formas de intermediación financiera una vez que las viejas fueron “capturadas” por el regulador/supervisor. Desde tiempos lejanos, los humanos hemos tenido malos momentos en que demandamos fondos de otros para seguir adelante y buenos para aprovechar oportunidades. La regulación/supervisión siempre implica no satisfacer algunas de esas demandas y por tanto un incentivo para que aparezcan nuevas formas de intermediación e instrumentos. La fragilidad de toda transacción financiera es consecuencia de la importancia decisiva de la confianza para negociar y ejecutar la transacción. La confianza siempre vuelve vulnerable al confiado, el propietario de los fondos en las transacciones financieras. Uno puede alegar que algunas formas de intermediación y comercialización de instrumentos aumentan “demasiado” esa vulnerabilidad pero la protección de la regulación resulta en la exclusión de muchos demandantes de fondos. Hay un tradeoff pero se ignora: se beneficia a quienes pueden aparentar cumplir las condiciones de la regulación y se impone un costo a quienes no pueden aparentarlo, tradeoff que puede agravarse por el beneficio que implica aparentar el cumplimiento de la regulación (en particular, acceso a algún tipo de bailout en caso de no pagar).

  • Tercero, la política monetaria es lo que un banco central (independiente o no) amenaza hacer y a veces hace. Antes, durante y después de QE los bancos centrales han estado comprando y vendiendo activos financieros (principalmente títulos de deuda pública), afectando algo pero no mucho los precios de esos activos financieros y también de sus sustitutos próximos. Hoy muchos asesores financieros se ganan la vida “especulando” sobre las variaciones en los precios de muchos activos financieros, incluyendo los activos comprados por los bancos centrales, y por eso prestan atención (excesiva a mi gusto) a lo que hacen los bancos centrales. Todavía muchos economistas quieren creer que “el dinero” usado por los bancos centrales para comprar y vender activos tiene un estatus especial porque sus transacciones implican un aumento o una disminución de su oferta, pero estas variaciones son importantes solo cuando advierten sobre algo grave que puede afectar al sistema de pagos. Hoy lo importante es la desviación de fondos para financiar gasto público (y gastos privados “fomentados”): la expansión extraordinaria del sistema financiero de la economía global desde 1975 ha permitido financiar el aumento en los déficits (antes de 2008 debidos a mayor gasto, luego a menor recaudación de impuestos). Esa expansión explica la caída de la inflación antes de 2008 y la baja inflación después de 2008. Y también explica la fuerte caída de las tasas reales de interés.

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