Por Xavier Vives

La tecnología —y, en particular, la inteligencia artificial— está transformando el mundo de las finanzas (véanse Duffie et al. 2022, Foucault et al. 2025, y Vives 2019). El crédito no es una excepción: el uso de machine learning y de grandes bases de datos ha mejorado la evaluación del riesgo y permitido importantes ganancias de eficiencia. La FinTech ha hecho posible una mejor selección, seguimiento y procesamiento de préstamos, además de fomentar la inclusión financiera en poblaciones tradicionalmente desatendidas y en países en desarrollo.
Sin embargo, estos avances también generan preocupaciones sobre estabilidad financiera, privacidad y discriminación. Las tecnologías digitales permiten una segmentación más fina de los clientes, lo que facilita la personalización de servicios… pero también una discriminación de precios más precisa. La evidencia empírica sobre el impacto de las fintech es, por tanto, mixta: los resultados varían según el estudio y el país, en aspectos como el precio del crédito, la sustitución o complementariedad entre crédito bancario y fintech, las tasas de impago o la compartición de datos.
Algunos trabajos encuentran que los préstamos originados por fintechs tienen tasas de impago más altas (Di Maggio y Yao 2021), otros más bajas (Fuster et al. 2019), y otros no hallan diferencias significativas (Buchak et al. 2018). En paralelo, las iniciativas de open banking parecen reducir los tipos de interés y facilitar nuevas relaciones crediticias con prestamistas no bancarios, aunque no siempre mejoran la inclusión financiera (Babina et al. 2025). En cambio, en Alemania (Nam 2023) e India (Alok et al. 2024), el open banking sí ha aumentado el acceso al crédito sin elevar el riesgo. En Estados Unidos, la California Consumer Privacy Act fortaleció la capacidad de las fintech para evaluar a los prestatarios y fijar precios más personalizados, reduciendo los tipos de los préstamos e impulsando la inclusión (Doerr et al. 2023).
Un marco analítico para entender la competencia fintech–banca
En dos trabajos recientes (Vives y Ye 2025a, 2025b) proponemos un marco teórico que ayuda a explicar estos resultados aparentemente contradictorios. En él incorporamos las principales diferencias entre bancos tradicionales y fintechs, y analizamos sus implicaciones sobre competencia y bienestar.
En nuestro modelo, los prestamistas (bancos y fintechs) compiten en un mercado donde los emprendedores necesitan financiación. Los bancos suelen disponer de más información financiera y “blanda” (relacional), mientras que las fintech destacan en el procesamiento y conversión de información blanda en datos duros, gracias a su uso intensivo de tecnologías digitales. Además, las fintech enfrentan menores “fricciones de distancia” con los prestatarios, tanto físicas como de conocimiento. Por el contrario, los bancos tienen menores costes de financiación, pero las fintech ofrecen mayor conveniencia y flexibilidad de precios.
De este modo, las diferencias en costes de financiación, capacidad de discriminación de precios y beneficios de conveniencia explican buena parte de la heterogeneidad empírica observada entre préstamos bancarios y fintech.
No toda innovación FinTech es igual
Un resultado clave de nuestro análisis (Vives y Ye 2025a) es que no todas las innovaciones de FinTech tienen el mismo efecto. Debemos distinguir entre las mejoras tecnológicas que reducen la distancia entre prestamistas y prestatarios (por ejemplo, la conectividad digital, la videoconferencia o el uso de la IA para la evaluación remota) y las que no lo hacen (como simples avances en computación o en almacenamiento).
Cuando la tecnología reduce la distancia efectiva, la diferenciación entre intermediarios se atenúa y la competencia se intensifica. Esto puede reducir los márgenes y, en consecuencia, los incentivos para realizar una buena monitorización del prestatario, especialmente cuando el problema de riesgo moral es severo. El impacto sobre la inversión y el bienestar agregado no es lineal: mejora hasta cierto punto, pero puede deteriorarse si la competencia se vuelve excesiva.
Competencia y entrada de las fintech
En Vives y Ye (2025b) mostramos que la entrada de fintech puede adoptar diversas formas —bloqueada, potencial o efectiva— según su eficiencia en la monitorización. Cuando la concentración bancaria es alta, la entrada fintech tiende a ser mayor. También encontramos que, si los bancos no pueden discriminar precios, incluso una fintech sin ventajas en costes o eficiencia puede entrar con éxito.
En general, las fintech cobran precios más altos pero ofrecen mayor conveniencia; los bancos, en cambio, monitorizan más y asumen menores tasas de impago. Si la competencia entre fintech no es suficientemente intensa, la entrada puede incluso reducir la inversión de los emprendedores. Se requiere un grado intermedio de competencia para que el bienestar aumente.
Implicaciones de política económica
De nuestro marco se derivan varias conclusiones relevantes para el diseño de políticas.
Primero, la discriminación de precios puede ser un arma competitiva, pero no siempre mejora el bienestar social: sólo lo hace si amplía el mercado y mejora los incentivos de esfuerzo tanto de emprendedores como de prestamistas.
Segundo, permitir la discriminación de precios a los bancos —cuando las fintech ya pueden hacerlo— puede mejorar el bienestar en entornos de competencia limitada.
Tercero, las políticas de open banking o de intercambio de datos deben acompañarse de suficiente competencia entre fintech: de lo contrario, una fintech líder puede monopolizar un segmento de mercado.
En síntesis, igualar las condiciones de juego —en capacidad de discriminación de precios y acceso a la información— es una buena política pública. El objetivo no es eliminar la competencia, sino garantizar que sea suficiente para repartir las rentas de forma eficiente, evitar posiciones dominantes y mantener los incentivos adecuados para bancos, fintech y prestatarios.
Este post resume una columna publicada en VoxEU el 21 Oct 2025. Traducción de Jordi Paniagua con la ayuda de ChatGPT.