España y la divergencia económica antes de la industrialización

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De Ernesto López Losa

Aunque el interés sobre las raíces del crecimiento económico, sobre lo qué hizo (y hace) a unas sociedades más ricas que otras, no es ciertamente nuevo (“…the causes of wealth and poverty of nations, the grand object of all enquires in Political Economy” le escribía Thomas Malthus a David Ricardo en 1817), hoy sigue siendo un tema central en la literatura histórico-económica. Entre las líneas de investigación abiertas, y en los debates subsiguientes, hay una cuestión que ha ido ganando cada vez más peso: la cronología del crecimiento y, por lo tanto, de la divergencia económica. Robert Allen lo resumía con esta sencilla frase: si queremos saber cómo los países ricos se hicieron ricos primero deberíamos saber desde cuándo son ricos (aquí).

Un primer antecedente lo constituyó la constatación empírica de que la Revolución Industrial no habría sido tan revolucionaria; el crecimiento fue más lento de lo estimado (aquí). Ello abrió la puerta a entender el pasado preindustrial no como un largo período de estancamiento (l’histoire immobile) sino como un tiempo en el que hubo un cierto dinamismo económico sobre el que se apoyaría la industrialización posterior. Esto renovaría el interés historiográfico en la reconstrucción cuantitativa del pasado preindustrial, aunque el gran avance a este respecto se ha producido en las dos últimas décadas a partir dos publicaciones ya clásicas. Una es el libro de Kenneth Pomeranz The Great Divergence, que cuestiona la explicación de la Revolución industrial centrada en la llamada excepcionalidad europea, (aquí) (aquí); la otra, el artículo de Robert Allen, The Great Divergence in European wages and prices, en el que compara la evolución de los salarios reales en Europa desde la Edad Media, calculados como ratios sobre una línea de pobreza, y que le serviría para ir prefigurando su tesis sobre la industrialización británica. Según Allen “la estructura única de salarios y precios de Gran Bretaña fue el pivote alrededor del cual giró la revolución industrial” (aquí).

Si el libro de Pomeranz engrasó los debates sobre la famosa Gran Divergencia entre Europa y el resto del mundo, la segunda obra impulsó la investigación sobre la llamada Pequeña Divergencia, término que, en este caso, haría referencia a la bifurcación de las trayectorias económicas en el continente europeo antes de la industrialización. Así, la investigación se ha centrado en medir desde cuándo y explicar por qué la Europa Noroccidental fue capaz de ir eliminando las restricciones malthusianas hasta convertirse en una región próspera y dinámica frente a un continente estancado. Las estimaciones del PIB per cápita y, particularmente, las comparaciones a largo plazo de los salarios reales, situarían las raíces del excepcionalismo noroccidental, y los inicios de la divergencia dentro de Europa, en la Edad Media (aquí) (aquí).

En un reciente artículo escrito en colaboración con Santiago Piquero (aquí) discutimos y proponemos otra lectura de la evolución de los salarios reales en España y su ubicación en esa Pequeña Divergencia. Para ello hemos reunido una nueva base datos de precios y salarios entre 1500 y 1800, que mejora y amplia la evidencia disponible hasta ahora. A partir de la misma, hemos elaborado series de salarios reales para Sevilla, Madrid, Valladolid, Valencia y Barcelona siguiendo el modelo Allen de ratios sobre un mínimo teórico de subsistencia (aquí). De manera resumida, lo que tratamos de averiguar es en qué medida los nuevos datos confirman o alteran la imagen que sobre España y la Pequeña Divergencia ofrece la historiografía económica. Por un lado, las nuevas series muestran que si bien con respecto a la España mediterránea (ejemplificada por los datos de Valencia y Barcelona) los cambios serían menores, en la Corona de Castilla, las estimaciones sobre Sevilla y Madrid ofrecen una imagen distinta y menos negativa que la dominante hasta ahora.

Ratios de subsistencia en Madrid, 1500-1800. Datos antiguos vs Datos nuevos

Pero, además, el texto aborda un aspecto metodológico importante que tiene que ver con la validez de las comparaciones que se hacen. Para calcular el mínimo de subsistencia de una familia teórica de cuatro miembros, Allen construye una cesta con los alimentos y los bienes básicos más baratos disponibles. De entre los cereales, que forman la partida principal del presupuesto, en los cálculos de Londres y Ámsterdam opta por los precios de la avena, el cereal más barato; en cambio, para las cestas de Madrid y Valencia utiliza los precios del trigo que, a diferencia del caso anterior, era el más caro en España. Allen, discutiblemente, argumenta que en España por razones ecológicas no se producía otro cereal más barato que pudiera servir de substituto, mientras que en Inglaterra sí se daba esa posibilidad; de ahí el uso de la avena (aquí). Todo ello genera, en nuestra opinión, una comparación desequilibrada. Por ejemplo, en los presupuestos españoles podría haber recurrido a la cebada. Es cierto que no era el típico cereal panificable, y que se usaba para alimentar al ganado; pero, al final, esa era la misma función que cumplía la avena en aquellas ciudades europeas. Lo que las fuentes y la historiografía señalan es que las clases populares en Londres no consumían gachas, porridge, o pan de avena y sí pan de trigo de distintas calidades desde la Edad Media. Sí lo hacían, en cambio, en el norte de Inglaterra, o en Escocia; pero, para calcular los salarios reales británicos, Allen no utiliza los jornales de los trabajadores de esos lugares, sino que usa los que se pagaban en Londres, que hasta la segunda mitad del XVIII doblaban prácticamente a los anteriores, según sus propios datos. Es decir, calcula las veces (ratios) que el salario de esos trabajadores estaría por encima del mínimo de subsistencia utilizando los precios del cereal más barato, el que se consumía en las zonas más pobres, con los jornales que se pagaban en las zonas más ricas, que eran los más altos del país.

Ante esta tesitura, en el artículo hacemos otra propuesta. Si se acepta que lo que en las ciudades se consumía era principalmente pan y no grano, en nuestro supuesto simulamos el coste de ese mínimo de subsistencia con los precios del pan más barato que se conoce que se vendía en el ámbito urbano (pan negro o moreno de trigo en Madrid, Sevilla, Valencia y Londres, y de centeno en Ámsterdam). Al computar los precios de un bien de utilidades similares en todos los sitios, se elimina la distorsión que genera el empleo de granos de distintas características y precios relativos. Los resultados obtenidos dan una imagen bien distinta a la que ofrecía el modelo original, ya que el nivel de los salarios reales en las principales ciudades de la Corona de Castilla no se diferenciaría mucho del que se podían encontrar en el noroeste de Europa hasta inicios del siglo XVIII. En realidad, en el texto no discutimos la Pequeña Divergencia, pero sí el que fuera tan temprana e intensa. Además, estos nuevos cálculos mostrarían también que los salarios reales en el sur de Inglaterra o en los Países Bajos no serían tan altos como se ha venido sosteniendo hasta ahora.

Dos estimaciones de salarios reales en la Europa preindustrial. (a) Ratios de subsistencia (grano), modelo Allen (b) Ratios de subsistencia (pan negro). Medias móviles 25 años.

Además de presentar unas estimaciones más precisas sobre los salarios reales en España gracias a unos datos base de mejor calidad, el artículo resalta la importancia de las opciones metodológicas. En función de qué criterios que se sigan, incluso utilizando los mismos datos, los resultados pueden variar de manera significativa. Y ello lógicamente influye en las metanarrativas que se construyen a partir de los mismos.

Hay 2 comentarios
  • Muy interesante el articulo.
    Muchos sospechabamos que el utilizar distintos granos para Inglaterra y para España favorecia a los salarios ingleses, pero no esperaba que la diferencia fuera tanta.

    El siguiente paso, a mi juicio, de hacer la comparacion mas justa es mirar el numero de horas trabajadas, o el numero de dias de trabajo al año. La divergencia que se observa a partir de 1700 podria explicarse parcial o totalmente por la revolucion industriosa, o el por el aumento de dias festivos en España.

  • Solo quería comentar que me parece un trabajo muy interesante. La revisión metodológica y documental es, en mi opinión, la que más puede aportar al avance del conocimiento del pasado. En fin, ¡enhorabuena!

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