Para no cortar por lo sano: un instituto de evaluación de políticas públicas

Ya hemos dicho en alguna ocasión en estas páginas que es conveniente hacer con cabeza la consolidación fiscal (traducido al román paladino: los recortes) que tenemos encima. Por ejemplo aquí dijimos que no todos los gastos educativos son iguales, y aquí y aquí demostramos que sabíamos antes que Elena Salgado que los salarios de los funcionarios habría que recortarlos y sugeríamos que no fuera un recorte igual para todos. Por desgracia, no nos han hecho mucho caso, así que volvemos a insistir porque vale la pena. Por ejemplo, hace unos días nos enteramos de que el Centro de Investigación Príncipe Felipe de Valencia había visto su presupuesto reducido a la mitad, lo que ha obligado a un ERE para despedir a la mitad de los empleados.

Así que le pedí a un amigo bioquímico que me contara lo que piensa de esta historia. Esto es lo que me respondió: “El CIPF nació con la idea de crear un gran instituto de investigación en Valencia y que pudiese recoger excelentes investigadores del área y por supuesto también extranjeros. Ocurre que en el área de Levante aunque hay algunos excelentes grupos de investigación, no hay un centro ya sea universitario o sanitario que puedas decir que es de referencia mundial. La excelencia se basa, como en muchos sitios en laboratorios concretos, más que en centros concretos. La construcción del instituto coincidió con la época de la moda/polémica por la investigación con células madre, el enfrentamiento de Bernat Soria con el ministerio y las restricciones que había en USA para este trabajo. Aprovechando la onda, se creó un proyecto para potenciar en España los grupos que investigaban en células madre, uno en Andalucía liderado por Bernat Soria, otro en Cataluña liderado por Izpisúa-Belmonte (CMRB) y el tercero en Valencia en el CIPF. Para estos tres centros se aportaba o aporta financiación a nivel estatal para contribuir a su funcionamiento.

El instituto se construyó con muchos errores seguramente, con muchos metros cuadrados de laboratorios, equipamientos en algunos casos poco ajustados a las necesidades (por ejemplo tiene el único laboratorio público para hacer cirugía en simios, con UCI incorporada, y nadie trabaja en simios) y sobre todo sin la previsión de que no solo es cuestión de construir y comprar equipos: hay que pagar un mantenimiento, subvencionar a los grupos, renovar equipos (millones de euros si quieres ser competitivo). Como la prioridad eran las células madre se hizo un gran fichaje del investigador Miodrag Stojkovic y se dedicaron muchos recursos a ese campo (básicamente uno de los tres edificios se dedicaba a esto).

El resto de grupos de investigación que llegaron lo fueron un poco por aluvión, el grueso venía de la FundaciónValenciana de Investigaciones Biomédicas a los que se fueron añadiendo nuevos fichajes procedentes de diferentes instituciones. A pesar de los errores, el CIPF es un centro en el que se hace buena y en algunos casos excelente investigación: tienen algunas muy buenas publicaciones. Es una pena que le hayan torpedeado de esa manera porque era o es un instituto con futuro. Construir una fama es difícil, destruirla es cuestión de segundos, y reconstruirla es aún más difícil.

Le falta al CIPF lo que le faltan a muchísimas instituciones del entorno público, un sistema de evaluación por peer review, comités externos y objetivos con capacidad realmente ejecutiva. Básicamente en el CIPF hay algunos grupos de investigación muy buenos y hay otros que no. El proceso seguido por los gestores y políticos es absolutamente letal para la institución y debería haberse realizado con unos criterios mucho más objetivos a nivel científico. Se necesitaba invertir cuartos en haber creado un verdadero comité de evaluación de mucho prestigio al que su decisión no se pudiese cuestionar. Tampoco se entiende que los investigadores dejen de trabajar de un día para otro, les tienes que dejar al menos un año para que cierren el laboratorio y puedan encontrar alternativas. Sobre todo que no se pierdan los conocimientos, reactivos, animales que tienen en sus laboratorios, eso sí que es un auténtico despilfarro del dinero público.

En conclusión:

  • CIPF. Buen instituto pero con room for improvement.
  • CIPF. Tiene valor como centro de referencia internacional en el área de Levante en biomedicina: Sí.
  • CIPF. Criterios de evaluación de grupos a discontinuar, totalmente erróneo.
  • CIPF. Ejecución del proceso en formato ERE. Espectacularmente equivocado. Despilfarro de dinero público."

Me parece que es un testimonio suficientemente expresivo. En un contexto de severas limitaciones fiscales no debe haber sectores intocables. No tiene sentido que se diga que “no vamos a tocar la sanidad” por ejemplo. Por supuesto que sí, hay que mirar cada línea del presupuesto con lupa y preguntarse si este medicamento o aquel tratamiento son efectivos en términos de su coste comparados con las alternativas. Y hay que preguntarse si necesitamos varios centenares de departamentos de economía dada la producción investigadora y los resultados laborales de nuestros estudiantes. Por no hablar de la faraónica inversión en infraestructuras que seguramente servirá como ejemplo de la locura de nuestra política fiscal reciente a los historiadores.

Por si acaso a alguien le preocupan los efectos contractivos de los recortes, en primer lugar no tenemos muchas opciones alternativas, tales como endeudarnos para evitarlos, porque nadie nos va a prestar. Y como nos ha contado Javier Andrés hace un tiempo ni siquiera está muy claro en general que las consolidaciones sean contractivas más allá del muy corto plazo. Pero quizá más importante aún, como dicen Von Hagen y Strauch (p. 331): “En suma, la evidencia mostrada arriba confirma con fuerza los resultados de la investigación anterior. En concreto, las consolidaciones exitosas ponen más énfasis en promedio en recortes de gastos y las que no tienen éxito en el aumento de ingresos. Las consolidaciones exitosas implican también grandes recortes en el gasto público corriente y menores reducciones en el gasto de inversión que las que no tienen éxito. En el mismo sentido, consolidaciones exitosas se enfrentan a gastos políticamente sensibles como el gasto de las transferencias, subsidios, y el los salarios públicos con más fuerza que las no exitosas.”

La interpretación correcta de estos resultados agregados es que la composición de los recortes es tan importante como su cantidad. Y por tanto es crucial tomar estas decisiones con buena información. Aquí hemos pedido en alguna ocasión un Consejo de Política Fiscal independiente. Una de las unidades de este Consejo debería ser un departamento de análisis de las políticas para que pudiéramos priorizarlas bien. Quizá ni haga falta crear una institución nueva. Existe el Instituto de Estudios Fiscales que, una vez independizado del Ministerio de Economía, podría encargarse de estas tareas. Eso sí, habría que dar poderes adicionales a su personal. Por ejemplo, para pedir que cuando se establezca una política se generen datos sobre los resultados que fueran fácilmente accesibles a su personal y de calidad suficiente como para permitir una evaluación. A veces una crisis tiene efectos secundarios positivos. Espero que una consecuencia de ésta sea que no vuelva a haber UCIs para simios en laboratorios sin primatólogos, ni aeropuertos en un lugar de la Mancha de cuyo nombre nadie se va a acordar nunca.

Hay 33 comentarios
  • Hola Antonio. Tenía entendido que ya existía la AEVAL, con funciones evaluadoras.

  • Estimado Antonio: ya existe una institución en España similar a lo que planteas : la Agencia Estatal de Evaluación de las Políticas Públicas y la Calidad de los Servicios (creada en 2006, si no me equivoco).

    El problema es que, según tengo entendido, no se le ha dado la relevancia necesaria a la agencia desde su creación para que influyera de manera importante en decisiones del gobierno. Además, parece ser que el trabajo de la institución se ha centrado mayoritariamente en evaluaciones ex-post (desde aquí aliento a que alguien del cada vez más numeroso grupo de expertos/as en evaluación de políticas en España pueda dar su valiosa opinión al respecto).

    Por lo demás, completamente de acuerdo con lo que dices: es elemental en una democracia avanzada el poder llevar a cabo evaluaciones de impacto/análisis ex-ante para intentar, si no saber, al menos discernir la probabilidad de que la política tenga efectos cercanos a los deseados. Especialmente en los tiempos “austeros” que corren…

  • Tenéis razón, la AEVAL serviría si se independiza del ministerio y se le da los poderes y la relevancia necesarios para exigir los datos y que el desarrollo e implementación de las políticas permitan su evaluación de manera seria.

  • "que cuando se establezca una política se generen datos sobre los resultados que fueran fácilmente accesibles a su personal y de calidad suficiente como para permitir una evaluación"

    Esa es la revolución pendiente de nuestra Administración. La evolución expost de políticas públicas es un instrumento de calidad y control que viene de los países anglosajones, una vez más. Quienes lo intentan aplicar, básicamente en la AGE, se encuentran aún con la desconfianza de la mayoría de los directivos públicos, que no quieren ver expuesta a la luz pública la relación tan pobre de su trabajo con los objetivos para los que están nombrados.

    Ojalá la crisis sirva para que a partir de ahora sea obligatorio informar al contribuyente de cuál es el efecto que producen las políticas que financia.

  • La AEVAL es una (mala) broma. Nació para adoptar las "buenas prácticas" de otros países, pero la ínclita De la Vega la puso enseguida en el organigrama del Ministerio de Presidencia: una agencia de evaluación de políticas públicas dependiente de Moncloa, un auténtico disparate. Y por si no fuera suficiente, la Presidencia y el resto de puestos de responsabilidad se repartieron entre miembros del partido, gente sin experiencia ni formación para gestionar un instituto así.
    La AEVAL habría que refundarla de tal forma que quizás sea mejor empezar desde cero.
    Y además, ¿qué Gobierno consentiría que una agencia financiada con dinero público sacara un informe público que cuestionara sus políticas? Difícil lo veo, mucho tiene que cambiar la cultura política y pública en nuestro país.

  • Hay evaluación, y evaluación. Me temo que aún no hemos pasado la fase de la fiscalización o recuento. Como botón de muestra, la que se hizo del Plan E fue de lo más esperpéntico.

    Es más, tanta verguenza debe dar que aún manteniendo los enlaces, ha desaparecido el acceso desde la Agencia (a la derecha)

    http://www.aeval.es/es/index.html

    Veáse sino directamente

    http://www.mpt.gob.es/fondosinversionlocal/plan-e/impacto-en-la-actividad-economica.html

  • La evaluación siempre es subjetiva. Por esa razón los presupuestos públicos los elaboran los políticos elegidos en las elecciones. No existe una formula matemática que nos vaya a decir dónde debe gastarse dinero público.

    Otra cuestión es fijar un objetivo para esos organismos y evaluar si se ha alcanzado y a qué coste. Pero esos objetivos y ese coste siempre serán subjetivos. ¿Es caro o barato un instituto científico por 500 millones de euros? Pues depende para quien.

    En el mercado las empresas que sobreviven son aquellas que logran captar clientes que paguen por sus productos o servicios. En la administración sobreviven aquellas instituciones que logran convencer al político de turno de su necesidad.

  • Jose. Evidentemente una de las claves es la independencia de quien haga las evaluaciones. Tenemos que acostumbrarnos nosotros y los políticos a que algunas cosas que parecían una buena idea no lo son. Se paran y basta. De hecho, sería conveniente que mucha de la evaluación fuera ANTES de que las políticas se lleven a cabo. Aquí hemos hablado mucho de hacer pilotos y experimentos de campo aleatorizados. Es mucho más fácil cancelar un piloto que pedir que nos devuelvan el dinero por el AVE que no cubre ni el coste de mantenimiento.

  • Otraeconomía. Nadie pretende quitar a los políticos la capacidad de decidir. Pero si hay un instituto científico que cuesta 10 millones de euros al año y no produce ciencia de primer nivel, habrá que darles un toque y ver como mejoran. De hecho hay muchos institutos en España y no sería tan difícil medir las citas que generan sus artículos por euro gastado en los mismos. Eso, por suerte, no es subjetivo y permite tomar una decisión informada. Por ejemplo, si hay que reducir costes, podemos simplemente reducir en aquellos lugares que generan menos valor.

  • Más importante que la evaluación de la calidad de las políticas públicas es la calidad en la evaluación de la calidad de las políticas públicas. Todos los que tenemos proyectos sabemos la ENORME burocracia y fiscalización del gasto al que estamos sometidos. Todo eso tiene un coste administrativo que no es baladí. En España, fiscalizan ex-ante e ignoran ex-post. En otros lugares God save the saxons, es al revés. Te dicen: "aquí tienes la pasta. Si quieres gastártela en el Bingo, hazlo que nosotros miramos para otro lado. Pero al final de los tres años tienes que haber producido, o en caso contrario sí que miraremos hasta el último detalle y tendrás que atenerte a las consecuencias". Respecto al caso concreto del CIPF desconozco si su producción es relevante o no, que parece que sí según se deduce del post, pero de lo que sí que dudo es de que la decisión haya sido motivada por un repentino ataque de racionalidad de las autoridades de la Generalitat Buena (la Mala es la del norte, como todo el mundo sabe).

  • Hola Antonio, muchas gracias por tu entrada. Más allá del caso del CIPF me quedó con este excelente resumen: “En suma, la evidencia mostrada arriba confirma con fuerza los resultados de la investigación anterior. En concreto, las consolidaciones exitosas ponen más énfasis en promedio en recortes de gastos y las que no tienen éxito en el aumento de ingresos. Las consolidaciones exitosas implican también grandes recortes en el gasto público corriente y menores reducciones en el gasto de inversión que las que no tienen éxito. En el mismo sentido, consolidaciones exitosas se enfrentan a gastos políticamente sensibles como el gasto de las transferencias, subsidios, y el los salarios públicos con más fuerza que las no exitosas.”

    Ojalá las políticas europeas recogieran mucho de lo que ahí se dice.

  • Aunque la evaluación de los centros de investigación es una parte de las políticas, tiene unas características muy especiales y en principio resulta más sencillo pues existen criterios claros. La evaluación de las políticas económicas está todavía poco desarrollada.
    Los modelos actuales están diseñados para evaluar, como mucho, las políticas macroeconómicas. Si en los ámbitos micro se pretende ir más allá de la mera fiscalización hace falta desarrollar modelos generales que permitan analizar de forma diferenciada los efectos indirectos sobre el resto de los sectores y de los agentes de la economía.
    Así, por ejemplo, cuando con una política se favorece, la creación de nuevas empresas hay que tener en cuenta que esa mayor natalidad va a generar un incremento de la mortalidad de las empresas ya establecidas, a no ser que paralelamente se genere un aumento de la demanda que acomode el incremento de la oferta.
    Los análisis parciales suelen así convertirse en divertimentos intelectuales escasamente útiles o, lo que es peor, en la justificación de los deseos ¿inconfesables? de los políticos.
    Para conseguir una más correcta evaluación de las políticas sectoriales es necesario desarrollar una nueva macro basada en elementos micro verdaderamente heterogéneos.

  • @Antonio-->Supongo que ser amigo de los que controlan los journal es un factor muy objetivo para medir la calidad y fácil de tener en cuenta. No lo veo nada lo de recortar por el nº de citaciones porque no tiene mucho sentido. ¿Sólo cuenta la publicidad? ¿Qué hay de la calidad de las clases? Muchos investigadores punteros son incapaces de explicar nada con claridad a su alumnado...

    @Fede--> totalmente de acuerdo, o se tiene en cuenta la heterogeneidad a nivel micro y se mejora la modelación macro agregando estos elementos y abandonando ya la idea del agente representativo o a los economistas nos guillotinarán merecidamente por jugar a chuparnos el dedo, ver hacia donde sopla el viento y aconsejar a los políticos sin base suficiente: por ahí!

    • We Vincenzo. Las citas son una medida de calidad de la investigación estándar que usan los bibliómetras desde hace muchas décadas. Si no te gustan, menos te va a gustar la alternativa de que un comité mire la calidad de las publicaciones. Por desgracia no hay mucha alternativa a la evaluación por pares, de una forma u otra. En cuanto a la calidad de la docencia me parece que los resultados laborales de los estudiantes es la mejor de las posibles medidas de ésta y por esto me refería a ellos.

      Y en cuanto al agente representativo, me temo que solamente goza de buena salud en los libros de historia económica. Si por algo se caracteriza la macroeconomía de este siglo es por usar agentes heterogéneos. Espero que los recortes presupuestarios no hayan hecho que vuestra biblioteca dejara de suscribirse a revistas de economía el siglo pasado.

  • Hola Antonio me puedes recomendar,si eres tan amable, un libro introductorio de Public Policy.

    • Jonathan Gruber tiene uno que se llama "Public Finance and Public Policy". Stiglitz otro "Economics of the Public Sector". Si te interesa la evaluación, hay un libro magnífico en español: "Metodología y diseño de estudios para la evaluación de políticas públicas" de Ignacio García Pérez.

  • Gracias Antonio el del profesor del MIT Gruber es muy bueno y ya se empieza a utilizar en las faultades de España en lugar del ladrillo de Albi, Contreras, Zubiri y Glez Paramo que es el que yo estudie y no habia por donde cogerlo.

  • Hombre, me van ustedes a permitir un inciso terapéutico porque aquí tenemos otro "problemita" sistémico.
    El evaluador elegido y pagado por el evaluado. Menuda forma de rizar el rizo. Y para corregir eventuales problemas de parcialidad siempre podremos crear otro órgano encargado de auditar las decisiones del primero y así ad infinitum.
    Esto recuerda a los ya organizados comités hospitalarios de bioética que dictaminarán, con o sin contraprestación, la administración de medidas terminales y cuyo rendimiento será objeto de evaluación pública según criterios establecidos por Bruselas, Estrasburgo o Standard & Poor's, desde el observatorio y rating pertinentes.
    Todo público, claro.
    Acabamos de pagar 11,800 euros por arreglar el tejado de una casa. Todo oficial y con mano de obra especializada porque hemos querido restaurar las tejas viejas en vez de comprar nuevas (ahorramos CO2).
    Luego hemos hecho la cuenta con el contratista y en impuestos explícitos se ha ido el 64.4% de dicho importe. Desde el 5% de licencias municipales de obra al 40% de SS empresa y empleado más una buena lista de otros impuestos como IVA e IRPF. El resto, ese 35.7%, también tiene fiscalidad oculta como por ejemplo el gasto energético de los perceptores para ir y venir al trabajo. Un cálculo somero indica que en torno al 70% de nuestra factura es fiscalidad. Lógico, ¿No?
    Dios mío, Dios mío ¿qué hemos hecho mal, Señor?

  • La cuestión no es utilizar agentes heterogéneos sino si son suficientemente heterogéneos. De macro no sé prácticamente nada, pero en economía industrial, que conozco algo más (lo poco que pudieron meterme en la mollera en laUC3M), se constata un enorme déficit: empresas iguales (!), que tienen los mismos objetivos (!), con el mismo acceso a los mercados de factores (!), localizadas en un espacio imaginario o en el mejor de los casos alrededor de un lago (!), que se encuentran en la misma fase de su ciclo vital y sin dinámica de entradas y salidas (!!!)...
    Es cierto que se hacen análisis parciales para indagar en esas cuestiones pero no de forma global, y como las relaciones no son lineales los resultados obtenidos no son generalizables.

    • Fede. En parte la organización industrial se resiente por la obsesión de evitar los métodos numéricos que los macroeconomistas abrazaron hace tiempo. Pero en esto hay también progresos serios incluso en la Carlos III. Uno de nuestros estudiantes de doctorado candidatos al mercado de trabajo, Román Fossati: http://www.eco.uc3m.es/personal/phd/roman/ dice en las dos primeras frases de su job market paper: "Empirical evidence shows that vertically integrated producers are more productive, bigger and are matched to better suppliers (with high productivity and size). I present a dynamic stochastic model of an industry with heterogeneous fi…rms interacting as buyers and sellers, and market frictions that induce a hold-up problem to the manufacturers to account for these facts."

  • Es grato comprobar que las nuevas generaciones van mejorando 🙂
    Sin duda, las cosas irán por allí en el futuro.
    Saludos

  • Verás soy de Valencia y funcionario público. En primer lugar siento decirte que mi desacuerdo con la rebaja del sueldo de los funcionario es total y absoluta. Siempre, desde que estudié la licenciatura de Económicas, ha sido lo más sencillo que el ajuste recaiga sobre aquellos que cobran una nómina. Sobre las otras rentas ni se habla. En segundo lugar, cuando aprobé mi plaza en 1991 en RTVV éramos unos 600 trabajadores. Ahora somos casi 2000. Sabes los porqués: esposas, amantes, hijos, yernos , nueras ,primos, esposos, y un largo etcétera de familiares, y , por último, todos los llamados "calderas". Al final, las empresas públicas se han convertido en un club de amigos y familiares dónde todo está amañado. Para acabar de destrozarlo todo, ahora resulta que los pirómanos, serán los bomberos.

    Por tanto, si hay que apretarse el cinturón, lo hacemos todos, pero no sólo los que tengan nómina. También podrías escribir sobre el porqué Abelló no tributa; Alfredo Saénz es indultado o Botín sale indemne después de defraudar al fisco una millonada. Llega un momento que no tengo claro que ahorro sería superior: si el de rebajada de salarios a los funcionarios (yo ya llevo un 10%) o el de meter en vereda a las rentas de capital y a los defraudadores.

    • Ludwig. Como podrás ver en la entrada, lo que comento es que los recortes se pueden hacer bien y mal. Yo ya me quejé en el blog muchos meses antes de que el gobierno reconociera que tenía que recortar salarios de los funcionarios de que el recorte que iba a tener que hacer fuera a todos por igual. Mucho mejor despedir a toda esa gente que no merece estar ahí, como bien dices. Pero como también discuto en la entrada, una consolidación fiscal parece ser más propicia a no estorbar el crecimiento cuando se basa se recortar gastos, en lugar de aumentar impuestos. Lo cual, por supuesto, no tiene nada que ver con que el que tiene que pagar, pague. El asunto de Sáenz es escandaloso y lo hemos denunciado en el blog.

  • Verás lo que no habéis comentado ni hecho referencia es la noticia del indulto y sus implicaciones, que son muchas, sustanciosas y significativas. Habéis criticado la suspensión de la sentencia, pero no el indulto; son cosas distintas por sus consecuencias. Los amigos de "hay derecho" sin que lo han hecho.

    Por otra parte, estoy conforme contigo, y esto es un juicio de valor, en que es mejor recortar gastos que subir impuestos. Sin embargo, hay tendencias contrarias, como las de Javier Andrés, que mantiene -si no estoy equivocado- que no habrá más remedio que subir el IVA y algún otro impuesto como la gasolina o el alcohol, amén de algún otro indirecto ( véase patrimonio). El "arte" es cómo hacerlo. Un saludo

    • Ludwig. Me temo que no habrá más remedio que subir impuestos tal como van las cosas. El asunto de la entrada es que sería deseable, y quizá inevitable, recortar también el gasto pero querríamos que fuera el inútil (o el poco útil). Como tú, estoy harto de que se contrate en muchos sitios sin control y cuando nos damos cuenta de que no hay dinero para mantener a todos ocupados bajamos el sueldo un 10% o un 30%. En algún momento habrá que tener en cuenta que en el sector público no todos producimos lo mismo. La alternativa es quedarnos sin los buenos, lo que en el caso de la universidad es la pesadilla continua. En los departamentos en los que he trabajado el patrón siempre es el mismo, tenemos poco personal consolidado porque nos resistimos a quedarnos a los malos y los buenos no paran de irse. Y entre cuatro locos mantenemos el edificio. Así no se puede seguir.

  • perdón, donde he querido decir indirecto era "directo" - un lapsus calami-. ya supongo que hay que subir impuestos para pagar deuda e intereses aunque sea a costa de ahogar más el crecimiento. Sin embargo, los políticos siguen sin hacer nada y siendo los mismos de siempre. si puedo emigro. Un saludo

  • Antonio totalmente de acuerdo, la evaluacion de las politicas publicas es una asignatura pendiente en este pais, donde se ha hecho un plan E demencial y encima se nos intenta vender haciendo propaganda de una manera lamentable como denuncia algun comentarista, por parte de una supuesta agencia de evaluacion. De acuerdo en que para eso mejor casi partir desde 0 y ya puestos yo lo que pediria es transparencia cuando a alguna lumbrera se le ocurra algun proyecto para gastarse nuestro dinero. Por ejemplo no hubiera estado de mas que hubiesen publicado todas las propuestas presentadas al plan E y asi las hubieramos podido valorar, seguramente con mas tino e independencia que la AEVAL.

  • Impulsar una agencia de evaluación de políticas públicas podría ser muy, muy rentable. Claro que para ser verdaderamente eficaz creo que debería ser un organismo independiente que elaborase informes vinculantes sobre los proyectos de todas las Administraciones Públicas. Me temo que el ranking de actuaciones desafortunadas lo lideran algunas comunidades autónomas y ayuntamientos.

    ¿Alguien se va a atrever a poner el cascabel al gato?

    PD Antonio, una excelente idea la de buscar la colaboración de un bioquímico. Cualquier iniciativa para hacer NeG más multidisciplinar seguro que es muy bien recibida

  • Transparencia.
    Con que el pueblo conozca perfectamente en que se gasta su dinero se daría un gran paso.
    Hace falta poder acceder a la información pormenorizada del gasto público.
    Nadie puede estar en contra de gastar 1000 millones de euros en sanidad, pero sería bueno saber por qué determinado rollo de algodón costó 15 euros.

  • Los estados generales del XVIII antes de reunirse preparaban los conocidos como "Cahiers de doléances" sobre los que se han escrito ríos de tinta y que ilustran bien la situación prerrevolucionaria y de descomposición de aquel paradigma que duró cerca de 60 años hasta su violenta culminación del 89 al 94 más las modificaciones y peripecias posteriores.

    En aquella época era casi la única forma de ver documentadamente la situación y me temo que eran mejores que nuestro actual sistema en un sentido: no los preparaba la monarquía ni el estado. Eran preparados por cada asamblea de electos por cada "estado" y su lectura es muy interesante.
    Es fácil ver que una de las perversiones resultantes de aquel proceso revolucionario consistió que de repente dan la vuelta al calcetín y comienza el proceso de traslación a la estructura de poder de todos los poderes incluso el de los servicios estadísticos.
    Creo que todos nos damos cuenta y Penny da un paso más en su sugerencia.

    Lamentablemente no hay independencia posible con financiación ajena. Un órgano de esta naturaleza sólo tiene sentido con una ciudadanía muy celosa de su independencia y de su papel ante el estado y con dinerito y dedicación: No mucho, con un par de cervezas cada quince días bastaría para arrancar una estructura muy decente con voluntariado y contratos free-lance.
    Pero por lo visto no es una idea atractiva en un país donde hasta los sindicatos patronales viven a cuenta del presupuesto.

  • La clave de la frustración de la AEVAL y su nula práctica de evaluar el impacto de las políticas públicas (nunca evaluaron con métodos cuantitativos, ni experimentales ni cuasiexperimentales, y por tanto nunca modelaron contrafactuales) ha sido la falta de independencia de la Agencia y su nula credibilidad para el poder político que jamás le encargó una evaluación seria de impacto de nada. El propio "padre" de la AEVAL, Jordi Sevilla, desde su condición de Consultor de PwC y ante el fracaso devenido de su "obra", editó un libro en 2010 en el que, rectificando su propia decisión inicial, proponía que la Evaluación de Políticas públicas saliera de la AEVAL y esas competencias pasasen al Mº de Economía y Hacienda (nadie mejor, probablemente, que el Instituto de Estudios Fiscales para asumir esas competencias, a condición de que se reforzara la vertiente de investigación de ese Instituto y se le dotara de mayor independencia, similar a la del IFS británico que tanto prestigio tiene y le es reconocido). Quizás, con un nuevo gobierno, la idea de A. Cabrales, para comenzar de nuevo pero más seriamente, es una buena idea para institucionalizar rigurosamente la evaluación de políticas y hacerla efectiva ante los políticos (de todos los colores, que tanto la denuestan sin conocer sus potencialidades) y un referente de prestigio nacional e internacional. El propio Jordi Sevilla, estoy casi seguro, apoyaría ahora que la Agencia AEVAL desapareciera y se integraran sus funciones de evaluación en el Instituto de Evalúación que propone Cabrales.

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