La deuda hoy y mañana

Las recientes rebajas de calificación de la deuda soberana han sido recibidas con sorpresa y con la habitual mezcla de preocupación, por lo que significan para la imagen del Euro, y de indignación por quienes consideran que el tratamiento de las agencias de calificación no se corresponde con las probabilidades reales de que los países Europeos dejen de hacer frente a sus obligaciones financieras. Sin embargo, al margen de lo justificado o injustificado de estos cambios de calificación, el problema de la deuda es de mucho mayor calado de lo que la opinión pública ha llegado a asumir. Algunas instituciones internacionales nos han recordado recientemente que el problema de deuda pública ha venido para quedarse y ello, al menos, por tres razones. Por una parte por su rápido aumento durante la crisis, y porque la corrección va a tener que hacerse en unas condiciones muy diferentes a las que permitieron el éxito de las consolidaciones en el pasado reciente. En segundo lugar porque el efecto de la crisis sobre las finanzas públicas, siendo importante, es menor en comparación con el problema que suponen las obligaciones futuras asumidas por las economías desarrolladas en gastos asociados al envejecimiento y que van a condicionar la política fiscal durante muchos años. Y, por último, porque el endeudamiento público ha venido a coincidir en estas economías con un extraordinario apalancamiento del sector privado que ha alcanzado niveles que amenazan directamente a la ya limitada capacidad de crecimiento.

El total de deuda pública pasó en los países de la OCDE del 45% del PIB en 1980 a cerca del 80% en 2007. Aunque su evolución se ralentizó algo desde 1995, los efectos de la crisis han supuesto un impulso adicional de otros 20 puntos porcentuales, e incluso en algunos países la deuda pública va a acabar multiplicándose por un factor entre 1,5 y 2 similar al que Reinhart y Rogoff encuentran en su estudio de las crisis financieras en la historia. Ya en 2009, el Fondo Monetario Internacional calculaba en un 35 por ciento del PIB el valor presente del impacto de la crisis sobre las finanzas públicas, lo que distribuido en varios años exige una reducción sustancial del déficit primario para frenar la evolución de la deuda primero y para volver a ponerla de nuevo en una senda de sostenibilidad después. Y aquí las perspectivas no son muy optimistas ya que aunque las economías Europeas han superado con éxito situaciones similares en el pasado, en general lo han hecho en condiciones mucho más favorables a las actuales. En un estudio reciente de amplía cobertura histórica Abbas, Belhocine, El-Ganainy y Horton muestran como los países europeos han sido capaces de llevar a cabo unas reducciones de deuda significativas pero en momentos en que el tipo de interés real corregido de crecimiento ha sido muy bajo, o mediante superávits primarios en momentos de fuerte crecimiento económico. Con las primas de riesgo actuales y las expectativas de crecimiento a medio plazo de la Unión Europea –las más bajas entre las regiones desarrolladas del planeta- ninguno de estos factores van a facilitar un proceso de consolidación rápido y sin costes.

Pero estos datos no reflejan sino una mínima proporción del problema fiscal y financiero al que se enfrentarán las economías desarrolladas en los próximos años. En el estudio del FMI ya citado se estima también el valor presente del exceso de gastos asociados a la edad en relación a la financiación comprometida para ellos. Esta diferencia hace referencia a obligaciones, como por ejemplo las pensiones, que si bien no se reconocen en términos de contabilidad en la actualidad –no se hace hasta que se materializa la obligación de pago- deben ser incluidas en la evaluación de la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Estos pasivos se situaban en 2009 en porcentajes cercanos al 400% del PIB, es decir diez veces más que el impacto de la crisis. Por países los efectos de la crisis y de estas obligaciones eran respectivamente 39% y 652% para España, 37% y 495% para Estados Unidos o 31% y 276% para Francia, por poner algunos ejemplos. Aunque es difícil estimar con precisión la incidencia fiscal de estos compromisos futuros esta es desde luego nada despreciable. Cecchetti, Mohanty y Zampolli –del Bank for International Settlements- sitúan entre 5 y 10 puntos de PIB la financiación permanente adicional necesaria para afrontar estas obligaciones de forma sostenible, es decir de modo que sea posible mantener la deuda pública en niveles similares a los actuales en los países desarrollados.

Así pues en ausencia de un esfuerzo fiscal continuado va a resultar difícil mantener la deuda dentro de límites que no supongan un riesgo permanente de inestabilidad financiera o incluso un freno al crecimiento. Sobre todo si viene acompañada de un nivel de endeudamiento privado como el actual que ha alcanzado máximos históricos. De hecho la evolución de la deuda pública y la privada han crecido en paralelo en las últimas décadas de modo que el grado de apalancamiento –deuda pública más privada excluyendo el sector financiero- de las economías de la OCDE ha pasado del 168% del PIB en 1980 a más del 310% en 2011. Y si bien un nivel moderado de deuda es saludable para el funcionamiento de la economía, ya que sirve para estabilizar el sistema financiero y como motor del crecimiento, en los niveles actuales empieza suponer todo lo contrario. Así Cecchetti, Mohanty y Zampolli estiman el efecto sobre la tasa de crecimiento futuro del nivel de deuda corriente y encuentran que a partir de niveles del 80-90 por ciento del PIB, tanto la deuda pública como la privada –en particular la de las empresas no financieras, más que las de las familias- tienen un efecto negativo y significativo sobre la tasa de crecimiento económico a largo plazo. Así, muchas economías desarrolladas están atrapadas en un dilema temporal que no tiene una fácil solución: continuar con los ajustes, con el consiguiente impacto negativo sobre la actividad económica a corto plazo, o posponerlos, afectando de una forma duradera al crecimiento potencial.

Los recortes de gasto público y los incrementos de impuestos han venido a convertirse en recursos inevitables de economías que -salvo excepciones como Japón con tasas de ahorro privado muy elevadas- han llegado a límites de deuda que suponen un problema financiero y un lastre para el crecimiento. Si las economías europeas quieren tener algún margen de maniobra para estimular las economías a corto plazo -estímulo que se va haciendo cada vez más necesario- tendrán que empezar a plantear una estrategia de consolidación creíble a largo plazo. Y esa pasa por poner a las economías en una senda de crecimiento sostenido o limitar el continuo aumento de las obligaciones adquiridas para el futuro. O ambas.

Hay 32 comentarios
  • No hay grandes soluciones, los alemanes no son ricos, tienen graves problemas y los chinos no nos van a ayudar más allá de darnos cuerda vaya usted a saber para qué.
    Es decir, tenemos que hacerlo nosotros y nos cuesta trabajo hablar sobre ello con sinceridad.

    El artículo de Javier Andrés es una buena y oportuna reflexión que con absoluta seguridad conoce desde hace varios años lo mismo que, por otras vías, las conoce la calle: Esto está quebrado y no una sino varias veces. Luego la semántica lo viste.

    Quisiera hacer dos comentarios. Uno, indirecto, sobre el libro de Reinhart-Rogoff sobre las crisis financieras y otro sobre el asunto pensiones, algo que bien podríamos denominar el robo del siglo.
    Tengo el libro citado desde 2009 y creo que es una decepción. En el link de Amazon hay una excelente “critical review” que comparto al 100%. Cito un párrafo: "I had hoped for an attempt to relate the various crises in a holistic manner by considering interplay between banking, currency, internal and external political pressures including war, markets and flaws and excesses therein, debt, inflation, greed..., competition between classes, etc..."

    Pensiones. Supongo que la forma de presentarlo en el artículo indica el porcentaje del PIB que supondría capitalizar actuarialmente los pasivos no registrados contablemente. Es decir, las contabilidades nacionales tienen pasivos extracontables que llevarían a la cárcel a cualquier administrador privado.

    Si unimos la crítica a Reinhart-Rogoff y el agujero de las pensiones creado por los sucesivos gobiernos comenzando por González hemos de concluir que la primera razón "holística" que tenemos que afrontar es nuestra propia tendencia al “respeto reverencial” por lo que hacen los gobiernos en este asunto: despenalizarse a si mismos para poder hacer impunemente actos que previamente estaban en el código penal.
    El silencio es terrible y tiene un eco demoledor.

    • Manu Oquendo
      Comparto tu opinión sobre el libro pero yo sería más benévolo. Es un libro que aporta un montón de información sobre las crisis financieras, sus causas y sus efectos económicos y financieros. Efectivamente los efectos también son sociales y políticos, como lo son las causas de la locura financiera. Pero creo que los autores se abstienen de entrar en un terreno que les resulta menos familiar. Creo que es tarea para otras disciplinas el tratarlas con rigor.
      Respecto a los pasivos, entiendo que son producto de decisiones de hoy que siempre pueden justificarse por parte de los políticos con aquello de que “nadie prohíbe a las sociedades futuras aumentar los recursos para financiarlos o renegar del compromiso adquirido”. En ese sentido toda la sociedad somos cómplices porque estamos encantados con otorgarnos estos servicios y transferencias, prometiendo a quienes los han de sufragar hoy que cuando ellos lleguen a necesitarlos alguien se los pagará. Si llega el momento y no hay fondos suficientes ¿a quién van a reclamar? Por ello es preciso que cualquier decisión sobre este tipo de obligaciones sea bien explicada a la sociedad y sobre todo que los más jóvenes puedan entenderlo. Pero ya vimos aquí las distintas posiciones en el debate sobre las pensiones, y además los pensionistas son un colectivo electoral muy apetecible.

  • Siendo la situación gravísima, por otra parte tenemos unos políticos que no están a la altura de las circunstancias, así que, y sintiéndolo mucho, porque a nadie le gusta retroceder, veremos por dónde salimos.

    Saludos.

    • Visentet
      Si, en todo esto hay un poco, o un mucho, de posponer los problemas. Sin embargo como le digo a Manu Oquendo son los políticos y la sociedad, porque muchas de esas obligaciones fiscales a futuro nos las otorgamos nosotros mismos hoy sin una evaluación seria de lo que van a suponer para las generaciones futuras.

  • Comparto el diagnóstico. En la rueda de prensa de Sarkozy y Rajoy parece que se empezó a escuchar otra música. En el sentido de que no todo es recorte y ajuste.

    Lo cual vuelve a incidir en que el ser humano, de forma inaudita, es el único que se repite a sí mismo en cometer errores. Porque parecía que la historia, con lo que hizo Hoover en EEUU en los 30, parecía habernos enseñado algo.

    Confío en que la cordura vuelva.

    • Luis
      Yo también creo que las economías europeas tienen una cierta “fatiga de ajuste” –por decirlo de una manera suave- y espero que afloje algo el ritmo. Pero esto sólo puede hacerse si ofrecemos políticas creíbles de consolidación futura. Lo que no se puede hacer es expansión hoy y mañana. Si se establecen con firmeza los planes fiscales en Europa con disciplina a medio plazo, podrá ser el momento de aflojar un poco la presión temporalmente y a lo mejor ganar algo de tiempo en el ritmo de acercamiento a los objetivos de déficit y deuda.

  • Una entrada clara e incisiva. El problema llevaba muchos años incubándose y sus consecuencias eran en mi opinión inevitables. Cuál iba a ser el detonante y el tiempo de activación eran los interrogantes clave que se están despejando.

    Siempre me ha gustado leer a ortodoxos y heterodoxos. La historia de la heterodoxia nos revela tanto o más acerca de la ortodoxia que de de ella misma, como se muestra en la obra clásica de Menéndez Pelayo.

    Esto es también válido para el pensamiento económico y entraría dentro la historia de las mentalidades, que genera fuertes inercias en los paradigmas de pensamiento y acción correspondiente.

    La literatura sobre el tema es extensa aunque efectivamente sea marginal, la fuerza de la corriente principal es muy grande y ahí es donde está siempre el prestigio, la influencia y el dinero y con ella las líneas fundamentales de investigación y análisis como es lógico o al menos eso me parece.

    Me gustaría ver un repaso a la literatura crítica sobre el modelo de crecimiento de Occidente en Nada es Gratis, aunque sea para criticarla. La situación en la que nos encontramos no se puede deber sólo a unos pequeños desajustes de funcionamiento y por eso me parece interesante.

    Los predictores de la crisis, datos y análisis, estaban ahí. A un predictor persona no le pido lógicamente una descripción detallada del peso de los factores y la secuencia exacta en la que se van a desarrollar los acontecimientos. Ni puede tener todos los datos (Sistema financiero en la sombra p.ej. ), ni puede saber cuál va a ser el comportamiento exacto de los actores involucrados. Por otro lado su "influencia" y "prestigio" tienen que ser necesariamente marginales, si no es así alteraría de forma inmediata el curso de los acontecimientos, salvo que ya sea demasiado tarde para hacerlo, pero esa es otra historia.

    Un ejemplo, quizás el más conocido, sea el controvertido Nouriel Roubini.

    http://www.nytimes.com/2008/08/17/magazine/17pessimist-t.html?_r=2&oref=slogin&ref=business&pagewanted=all

    Tiempos cortos, medios y largos en el sentido que les daba Fernand Braudel están confluyendo en éste momento, que aunque interesantes para observar resultan fastidiosos de vivir, al menos en nuestro ámbito. Las perspectivas a día de hoy no resultan optimistas.

    "How to Create a Depression". Martin Feldstein.

    http://www.project-syndicate.org/commentary/feldstein44/English

    Parece más optimista que JFV sobre el déficit español. Seguramente no habrá estudiado en profundidad el tema.

    http://nadaesgratis.es/?p=4535

      • KE y NES
        Gracias por las lecturas.
        La de Koo es una postura que ya conocía, porque se ha hecho muy famoso en toda esta crisis. Defiende que el estado actúe compensando el proceso de desapalancamiento de los demás sectores, lo que es bastante razonable pero no tiene en cuenta que, a diferencia de lo que ocurre en Japón, la tasa de ahorro privado del sector privado es muy baja y la financiación ha venido en buena medida del exterior. Es decir, dependemos de la financiación ajena.
        En particular piensa en esta frase de las conclusiones: “There will be plenty of time to pay down the accumulated public debt because the next balance sheet recession of this magnitude is likely to be generations away, given that those who learned a bitter lesson in the present episode will not make the same mistake again”.
        Lo que los estudios del FMI y del BIS que cito en mi post muestran es que eso es precisamente lo que no ha pasado. Una vez que la deuda ha crecido rápidamente en las recesiones no se ha recuperado en casi ningún sitio en las expansiones –España ha sido una buena excepción. Lo que dice Koo es lo que yo denomino un plan fiscal creíble: gastar ahora y comprometerse a consolidar en el futuro. Esa sería una estrategia magnífica pero no se estamos en condiciones de que los mercados se crean la segunda parte.

        • Gracias por sus recomendaciones de lectura.

          El pensamiento marxista siempre me ha interesado, en buena parte por mi interés en la Revolución industrial. Como en cualquier construcción ideológica excesivamente estructurada con un afán totalizador su aplicación "real" ha dejado bastante que desear y su "label" ha quedado dañado con toda justicia. Sin embargo hay aspectos rescatables que me parecen válidos. La intervención estatal tiene su papel y la libertad individual el suyo. No deja de ser curioso que el vencedor momentáneo en esta crisis esté siendo la construcción política y económica dirigida por el Partido Comunista Chino, que se ha mostrado un jugador notable en el tablero mundial.

          A Koo le he seguido durante la crisis y lo que dice es de todo punto razonable aunque sea imposible hacerlo en España por las condiciones ya conocidas que apunta Javier Andrés.

    • José Jarauta
      Gracias por los links. La posición de Feldstein es interesante pero hay que tener en cuenta que Feldstein siempre ha sido muy contrario a la idea del Euro y carga las tintas –desde su punto de vista los hechos le han dado la razón- sobre la dificultad de aplicar políticas de estabilización en la Eurozona. Recuerdo como en los años noventa escribía que el Euro iba a reabrir rivalidades políticas y conflictos entre países europeos. De todas formas dice una verdad como un templo. Los países Europeos –y no sólo- han seguido endeudándose en fases de recesión, pero también en la última de expansión continuada. Aplicar los ajustes que estamos aplicando ahora es ciertamente peligroso pero no parece que tengamos otra forma de hacer creíble una estrategia más adecuada que sería retrasar los ajustes y hacerlos más adelante. El problema es que nuestras economías han asumido obligaciones a largo plazo que crecen más rápidamente que el PIB. En Estados Unidos pasa algo parecido, pero con dos diferencias: una es la conocida facilidad para endeudarse a tipos bajos y otra, de la que se habla menos, es que EEUU es un país demográficamente mucho más joven que otros países más desarrollados.

      • Le agradezco todas sus respuestas. Ciertamente "a la fuerza ahorcan" y eso no tiene vuelta de hoja.

        Lo que me fastidia de todo el asunto son los aspectos del "riesgo moral". Ya sé que la expresión no deja de ser una entelequia y que en la práctica todos van a intentar sacar la mayor tajada. Desde las Agencias de calificación pasando por los bancos de inversión hasta las zonas monetarias no óptimas y los estados manirrotos, por no hablar de manipulaciones monetarias y desequilibrios comerciales entre otras minucias, todo es bastante absurdo dentro de su lógica.

        No me parece de recibo, aunque vaya a ser así, que paguemos los platos rotos de un sistema que incentivaba los desequilibrios a gran escala. Los que prestan el dinero también son responsables. No veo que hayan pagado por ello. No soy un admirador de la gestión política y económica española, tampoco de quienes permitieron la inyección de sumas exorbitantes de dinero en su espacio ni de quienes lo hicieron. Todos deberían pagar su parte, no sólo la población.

        Los que tienen la menor información no pueden ser los mayores culpables, si es así deberíamos extraer unas consecuencias políticas que no me gustaría poner en negro sobre blanco.

        • José Jarauta
          Yo también creo que esta crisis está poniendo en cuestión algunos aspectos de como se había organizado la economía de mercado en los últimos años. Francamente no creo que a la economía de mercado en si misma, pero sí a la preminencia de la deuda sobre el ahorro para financiar la actividad –consumo, ahorro y gasto público- y los graves errores de la regulación inadecuada.
          Hay una serie interesante sobre estas cuestiones en el Financial Times. Por el tipo de personas que participan en ese debate ya puedes imaginar que no aportan propuestas “muy revolucionarias”, pero me parecen reflexiones sensatas –todas con su correspondiente carga ideológica como no podría ser de otra manera- y que apuntan a algunos de estos aspectos cuya mejora es más urgente. Espero tener tiempo para sistematizar alguna de esas ideas en una próxima entrada.

  • Yo lo tengo muy claro, la doctrina Clemente: patadón y para alante. Total, muerto yo, mis hijos tendrán cosas más graves que la Deuda Pública de las que preocuparse, como por ejemplo, el peak oil, la crisis energética, la superpoblación, el terrorismo nuclear o el cambio climático. Por si acaso, y para no parecer egoista, el piso que les dejaré en herencia está bien lejos de la costa por si se funden los polos. 😉

    • Andrés
      Si es una descripción bastante buena de cómo nos hemos comportado. Las bajísimas tasas de ahorro en muchos países desarrollados eran simplemente insostenibles con nuestro apetito por el gasto. Al menos algunos países han gastado en hacer las economías más productivas, lo que les permitirá afrontar el futuro algo mejor. Pero otros simplemente nos hemos dedicado a consumir y para afrontar nuestras deudas lo vamos a tener difícil.
      No seas “agarrado” y déjales algo más a tus hijos porque me temo que los vamos a necesitar trabajando a pleno rendimiento.

  • Yo lo siento mucho pero lo único que nos puede salvar en España de una situación de crisis enquistada es una subida sistemática y generalizada de los salarios. Los salarios no han hecho más que bajar en poder adquisitivo en las últimas décadas. Sin embargo, esto ha sido compensado con un endeudamiento bestial del sector privado para poder mantener la demanda. El endeudamiento ya no puede ir más allá, así que la única solución es una subida de salarios. El empleo público (de carácter temporal, vayan a creerse que soy comunista o algo así) tiene todas consigo para actuar de motor. Por ejemplo: ¿cuánto dinero gastamos en prestaciones por desempleo? si no me equivoco 30.000 millones ¿y si a cada parado se le hace un contrato para que cobre, en vez de 500 por ejemplo, 600 euros pero que trabaje 20 horas semanales en terminar las infraestructuras (eficientes) que están desoladoramente paradas, en poner placas solares, en la implantación de la ley de dependencia...? No me parece tan difícil, aunque a los mercados no les gusten este tipo de "injerencias" del sector público. Una lucha firme para atajar el fraude fiscal y a la SS (así nos quitaríamos mucha gente que trabaja en B y cobra el paro al mismo tiempo) es fundamental para dotar de fondos una iniciativa de este tipo. Por ejemplo, yo pondría un teléfono para denunciar casos de fraude a la SS (que son más fácilmente detectables que el fiscal para la población) igual que tenemos uno para denunciar la violencia de género o a los sitios públicos donde se permite fumar.

    Sé que parece extraño pedir una subida de salarios, pero de forma coordinada no es ninguna estupidez. Además, la época dorada del capitalismo mundial (de los 50 a los 70) se basó en unos salarios potentes para generar clase media (ahora inexistente). Sí, es cierto, tenemos mala memoria...

    Saludos

    • Antonio
      Lamentablemente lo de los salarios hoy no está a nuestro alcance. Con cinco millones de parados si algo hay es un exceso de oferta de mano de obra y eso va a requerir un ajuste muy duro. Cuanto antes lo hagamos y más ordenado sea mejor –se va a producir igualmente pero si es desordenado no tendrá ningún efecto positivo para atraer la inversión. Una vez completado este ajuste, los salarios deben subir con la productividad y el esfuerzo debe hacerse en medidas que aumenten esta: educación, formación de parados, mejoras organizativas en las empresas, etc. La estrategia de Alemania para recuperar la pérdida de competitividad que sufrieron a principios de los 90 es un buen ejemplo, y por mucho que se critique es el único país grande que ha conseguido mantener la base industrial exportadora.
      Otra cosa es, y ahí estoy de acuerdo contigo, que deberíamos gastar mejor y un buen ejemplo es el uso del subsidio de desempleo que debería ser más generoso pero totalmente enfocado a hacer de los parados unas personas más activas formándose o colaborando en programas públicos.
      En lo de atajar el fraude no puedo estar más de acuerdo. Pero lo de la época dorada del capitalismo en realidad fue la época dorada de la productividad –que creció muy rápidamente en la posguerra y se ralentizó desde los años setenta- y de la falta de competencia, a diferencia de lo que sucede hoy con los emergentes.

      • Gracias. Aunque yo, donde usted aprecia un exceso de oferta de mano de obra, veo un problema de demanda agregada. Como he dicho alguna vez ya: acometamos las reformas "dolorosas" cuando haya recursos y capacidad de endeudamiento, no ahora que dulen el doble y a los mismos de siempre.

      • Javier, permíteme que dude de nuevo con la máxima que se está repitiendo en estos últimos tiempos, ligar salarios a productividad.

        Y te diré por qué dudo. Dudo porque en España hay una especie de cultura del trabajo que es la siguiente, para el trabajador todos los empresarios son malos y para el empresario, todos los trabajadores no hacen lo que deberían. Evidentemente está exagerado, pero es una afirmación que fácilmente podremos encontrar en cualquier persona a la que se le pregunte sin temor a equivocarme más que en un 4 o 5%.

        Partiendo pues de la base de que unos no se fían de otros. Además, tenemos como comenta alguien por ahí atrás, un alto índice de economía sumergida, esa productividad, en muchísimos casos, es muy difícil de medir y de cuantificar. ¿Cómo lo hacemos pues? Complicado no, lo veo muy complicado.

        Y al final, como no podía ser de otra forma, se traducirá en una rebaja más que sustancial de los salarios, que puede que sea lo que hoy por hoy necesita España para arrancar, pero claro, ¿quién paga las deudas de esa gente que ahora cobra menos?

        Saludos y gracias por tus respuestas a cada uno de los comentarios.

  • Pues si no hay más gasto público, no hay más gasto privado y el sector exterior va para largo, ya me dirán ustedes por donde salismo de esta. Koo y la Teoría Monetaria Moderna (MMT) tienen toda la razón.

    • Pedro
      Como le contestado a KE y NES, creo que Koo dice cosas sensatas, pero no tiene en cuenta algunas restricciones que vienen impuestas por nuestra falta de disciplina fiscal en el pasado. Comprar tiempo gastando hoy y reduciendo la deuda en el futuro es una buena idea, pero la verdad es que no es lo que ha pasado desde los ochenta. Desde entonces la deuda crece en las recesiones y se estabiliza, pero no se reduce sustancialmente, en las expansiones.
      Incluso España, en donde la deuda se redujo sustancialmente en la expansión, hoy sabemos que lo que parecían superávits estructurales en realidad eran coyunturales y lo que en realidad teníamos era un déficit estructural nada despreciable.

  • Gracias Ke y Nes, por dar un poco de aire. Me estaban entrando ganas de llevarme a mi niño a Australia. Me encanta este blog y desde luego la gente Fedea tenéis mucho más nivel en esto que yo. Pero nunca sacáis otros puntos de vista, que seguro que existen. Yo he leído a tres o cuatro "iluminados", algunos con Nobel que proponen cosas diferentes. Brevemente, una pregunta: Eso de imprimir dinero, crear un poquito de inflación y neutralizar algo la deuda, como dicen algunos reputados economistas... ¿No es viable? No hablo de España, que ya me sé qué no, entre otras cosas gracias a vosotros- y las gracias son sinceras-. ¿Pero Europa?

    • Calvo con Pelo
      Caben todas las opiniones, como por ejemplo las expresa KE y NES. Hay algunas cosas de estos enfoques que comparto, aunque en general no me parecen muy convincentes, pero ni yo ni los demás colaboradores del blog tenemos las respuestas para todos los interrogantes que la situación actual está planteando.
      En cuanto a la expansión monetaria es cierto que es una opción defendida con buenos argumentos, pero también tiene sus costes. El balance del Banco Central Europeo ya se ha expandido muchísimo en los últimos meses. Los préstamos a la banca han alcanzado una magnitud desconocida y dentro de unas semanas habrá otra gran inyección. Y el BCE ya está comprando una cantidad significativa de deuda de países periféricos. Pero como sabes una expansión todavía mayor –que yo no descarto si las cosas empeoran aún más- se enfrenta a varios problemas. Por una parte de tipo jurídico, porque supondría una violación de los tratados de la UEM. Por otra parte hay un riesgo de inflación que aunque no se ha manifestado todavía puede ser peligrosa para los ahorradores actuales; básicamente una inflación elevada reduce el valor de las deudas, pero si tú has sido un ahorrador en el pasado también se come tus ahorros. Por último, la monetización permanente es imposible y parece que los países sólo ponen en orden sus finanzas cuando le ven las orejas al lobo del impago –y para muestra ahí están nuestras comunidades autónomas. Por ello, la expansión monetaria no puede sustituir al ajuste fiscal, en todo caso acompañarlo.

      • No quiero dar mucho la brasa, porque con todos los comentarios y tus fundamentadas respuestas, ya me va quedando claro... Pero hay una diferencia entre el trato al "ahorrador" y al "deudor", en este blog, que no entiendo muy bien. Un ahorrador no tiene que ser premiado y un deudor (en muchos casos, inversor) castigado. ¿No os parece raro que se haya demonizado hasta el extremo, algo que junto con el Valor Añadido, es la base de la economía? Nuestras empresas más endeudadas, son las que realmente valen dinero. ¿Cuántas veces ha dejado España de pagar sus deudas? Nunca. ¿Cuántas veces Alemania? Algunas. No somos tan cabezas locas y "los ahorradores" tan fantásticos y merecedores de premios... ¿No? Sé que esto me supera y no quiero parecer arrogante, pero me gustaría diferenciar qué es ideología y qué no.

  • Para poder arreglar algo haría falta saber en cierto detalle qué podríamos vender, qué es lo que no funciona y por qué. Luego que alguien quisiese arreglarlo. Me temo que es mucho pedir.
    Normalmente utilizamos agregados y resultados para orientarnos. En una empresa sería como decir: "Oye, hay un problema, perdemos dinero siempre, año tras año, los bancos quieren cobrar y preguntan si los accionistas vais a poner capital. ¿Qué les decimos?"
    Pero no sabemos por qué perdemos dinero y nadie importante quiere saberlo. Si se señala algún culpable se va a enfadar y eso no está bien. Por eso lo que estamos haciendo es tratar de que nos sigan prestando con una mera Comfort Letter. No somos los únicos, USA hace algo parecido, pero eso es todo.
    Luego, en el reservado de Jockey, frente a la cremita de oricios con trufa, (para celebrar el nombramiento de Luis --¡enhorabuena!--) antes de que llegue el ragú de bogavante con fetuccini, alguien dice: "Tenemos que mejorar la productividad, como los alemanes. Si lo hacéis y llegáis desayunados al trabajo como hacen ellos todo irá mejor".
    Este descubrimiento es fenomenal y sucede en un buen momento: el borgoña ya se ha aireado, tiene un excelente color y se nos alegra el espíritu.
    Pero la triste realidad es que no vendemos suficientes botijos, seguimos importando Mercedes 320 ó 500, --hoy he visto dos Ferrari de Carbono recién estrenados--y no estamos dispuestos a saber ni siquiera qué problemas "actuables" tenemos más allá de la famosa asíntota con Saigón y la ruta Ho-Chi-Min.
    Este año se cumplirán 5 desde que el WSJ avisó de que la tasa de morosidad de las "subprime" había dejado atrás el 30% y seguía creciendo. Nuestro sector público ha hecho lo mismo. Ha crecido en empleo incluso en el 2011.
    Realmente debe ser un mal sueño porque el "soufflé froid" de café seguía igual que siempre.
    No pasa nada. Si aumentáis la productividad nos irá mejor.

    Felices Sueños.

  • Vaya Manu, algo así acabo de expresar unos cuantos post más atrás, pero no de forma tan magistral.

    Saludos.

  • Huelga decir que la evaluación de la sostenibilidad fiscal a largo plazo también debe tomar en cuenta la pirámide poblacional sin duda alguna. La pirámide de los Estados Unidos es tan favorable que existe confianza en cerrar la brecha de deuda hacia finales de la década. En cambio de los países de la zona euro no se puede decir lo mismo.

    Mencionas a China como una posible ayuda. Ésta puede serlo en el corto plazo, pero dudo que en el largo vayan a hacer algo siquiera, más allá de dejar a miles de ancianos morir. La pirámide poblacional china está vuelta de cabeza a razón de la política del hijo único. ¿Quién pagará las pensiones de los trabajadores actuales? Dudo que sus nietos alcancen a hacerlo puesto que cada abuelo solo tiene uno, a menos que cuadrupliquen su productividad en 25 años.

    • José Manuel
      Tienes razón, la demografía es clave. Estados Unidos es una sociedad joven con potencial mientras que China tiene una estructura demográfica muy envejecida. Sin embargo China tiene un estado del bienestar muy poco desarrollado, por lo que sus compromisos adquiridos para el futuro todavía son manejables. Hace poco, en respuesta a la solicitud de ayuda financiera a Europa, el Primer Ministro chino crítico el estado del bienestar de los países desarrollados y dijo que no esperásemos que el ahorro de los “sufridos” trabajadores de su país fuera a financiar la comodidad de los países ricos.
      La única opción que tenemos para mantener nuestra posición es ajustar el déficit en otras partidas de forma permanente, amoldar nuestro estado del bienestar a nuestras posibilidades reales –lo que no quiere decir que haya que recortarlo pero si que no puede seguir creciendo de forma más rápida que el PIB- gastar más eficientemente, ingresar más y sobre todo crecer con más empleo. Vamos, casi nada.

  • Lo curioso de lo que comentas en tu post es que economistas tan brillantes como Krugman insisten en que el porcentaje de deuda pública actual sobre PIB sigue siendo inferior, por ejemplo en el caso de EEUU (entre otros muchos casos), al que existía al terminar la Segunda Guerra Mundial; y todos sabemos lo bien que le fue a EEUU en la posguerra.

    No comparto sus teorías al respecto pero Krugman también sugirió otras soluciones al apalancamiento y a la falta de crecimiento ("El retorno de la economía de la Depresión). En el caso de Japón con una deuda pública sobre PIB superior a la de la mayoría de los países europeos este economista propuso combatir la trampa de la liquidez con inflación.

    Rogoff lo explica muy bien: llegado a un cierto nivel de apalancamiento siempre se va a producir una transferencia de riqueza del deudor al acreedor. A nivel micro esto tiene un nombre: concurso de acreedores. ¿Pero, y a nivel macro? En una economía sobreapalancada la transferencia de riqueza se produce vía inflación / devaluación. Ya sé que es un mecanismo injusto pero, ¿ hay alternativa?. ¿Y que precio tiene la alternativa?: Creo que el precio estamos apenas empezando a conocerlo y asusta mucho.

    Pensemos en España sin euro. ¿Cual sería la salida natural a la situación actual?. No nos engañemos, no vamos a poder digerir el nivel actual de deuda, pública y privada, sin devaluación/ inflación. Y para ello, forzosamente el euro se tiene que dividir. Alemania (y sus satélites) saldrá con un euro bis (esperemoslo) y la devaluación del euro-euro en el que nos quedemos nos salvará. O si no, ¿porqué la deuda pública alemana está ofreciendo tipos negativos?¿No están los inversores/especuladores empezando a jugar a esto (la devaluación del euro-euro y la apreciación del euro-marco)?

    • Auditor
      Creo que un poco más de inflación no nos vendría mal, pero tampoco hay que exagerar e ir a tasas muy elevadas para deflactar la deuda a toda prisa. Primero porque es un mecanismo injusto de efectos a medio plazo impredecibles. Si mis ahorros actuales se volatilizan voy a tener pocos incentivos a ahorrar en el futuro, a no ser que me lo garanticen con una política monetaria de hierro más adelante. Más o menos de lo que nos quejamos ahora sobre la política monetaria alemana. Además piensa en el efecto en aquellos que no pueden indiciar sus ingresos rápidamente: parados, pensionistas, etc. Y también porque el efecto que tendría sobre la estabilidad monetaria que han logrado los bancos centrales en las dos últimas décadas sería devastador.
      Por otra parte señalas la conveniencia de devaluar. Una devaluación real efectivamente puede ser parte de nuestra solución. Pero salir del Euro y devaluar nuestra moneda es poco efectivo. Primero porque toda nuestra deuda con extranjeros seguiría siendo en euros y eso la encarecería notablemente. Y además porque ya sabemos cual era la eficacia de las devaluaciones nominales sin devaluaciones reales; más o menos tenían efecto durante un par de trimestres hasta que los precios domésticos volvían a subir eliminando todas las ganancias de la devaluación y dejándonos con más inflación.
      Y, si. Yo también creo que algunos ahorradores prestan a Alemania porque no tienen claro si nos prestan a los demás en que monedas vamos a devolver la deuda

  • Estupenda entrada y debate. Realmente al grano.
    Sobre los efectos nocivos de la inflación que explica Javier a "Auditor", me hace bastante gracia ese de la incapacidad de los parados para "indiciar sus ingresos rápidamente". Supongo que esa no es la principal preocupación de los parados. Y en cuanto a los pensionistas, bueno, cualquier pensionista futuro o presente que haya leído la entrada y los excelentes comentarios supongo que se daría con un canto en los dientes por tener que preocuparse solo del problema de la indiciación de sus pensiones, porque lo que se deduce de lo que habéis comentado arriba unos y otros, lo que está en juego no es su tasa de crecimiento real sino su existencia misma.
    Yo me quedo con el comentario de Antonio sobre los salarios, con una coletilla adicional: una cosa es el salario como precio del factor trabajo y otra cosa es la masa salarial como medida de la renta que es la unica fuente de ingresos de las cuatro quintas partes de la población. Más concretamente si observamos la evolución de los salarios reales medianos desde los 70 y descontamos todos los factores micro que queramos (evolución de la productividad, importancia de la formación frente a la no cualificación, globalización, etc...) todavía queda un buen trecho de su evolución por explicar. A lo mejor los amigos del "ragú de bogavante con fetuccini" que brillantemente nos introduce Manu Oquendo nos podrían dar alguna pista sobre "where all this debt comes from". A ver si va a resultar que esto de la clase media solo vale para los anuncios y es algo "financieramente insostenible".

    • Jorge Bielsa

      Yo no soy tan pesimista. A pesar de los problemas de sostenibilidad, no está en riesgo la existencia misma de las pensiones, aunque si el nivel que podrán tener en el futuro ya que supongo que cada vez habrá que trabajar más años para mantenerla.
      Con la entrada no pretendo decir que la existencia de este y otros componentes del gasto hagan insostenibles las finanzas. Pero sí creo que su crecimiento deberá reconducirse para que no sigan creciendo a un ritmo superior al PIB de forma continuada.
      Incluso en España puede justificarse lo que ha sucedido hasta ahora porque partíamos de niveles muy bajos de protección, pero en economías maduras, los gastos asociados a la edad deberán crecer de forma más moderada. Además por supuesto de mejorar sustancialmente la eficiencia en el gasto asociado al estado del bienestar.

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