Internet y la participación en política

Cuando uno observa las encuestas electorales en España lo que más llama la atención es la gran disparidad en los escaños que otorgan a cada partido. Esta diferencia, sin embargo, aparece porque aunque los datos originales son muy parecidos, cada encuesta los “cocina” de manera diferente. Esto es algo a lo que, por cierto, Manuel Bagües dedicó una entrada a raíz de la encuesta del CIS sobre las elecciones europeas del pasado mayo. Entre muchos factores, tenemos que, por un lado, muchos votantes responden diferente a las encuestas que a unas elecciones “de verdad”. Por otro, es difícil inferir de las respuestas de los encuestados si realmente decidirán participar o no en las elecciones.

Uno podría ayudarse para predecir estos efectos de los resultados históricos, pero todo parece indicar que en las próximas elecciones esto no será muy útil. La crisis y el hartazgo general por la política puede condicionar la decisión de los votantes. Pero también es importante el efecto que internet pueda tener. En particular, ¿el uso de internet aumenta o disminuye la movilización ciudadana y su participación política? En esta entrada discuto evidencia reciente al respecto proveniente de dos artículos que he visto presentar estos días en una conferencia en Toulouse.

Desde el punto de vista teórico se han propuesto argumentos muy distintos para predecir el efecto de internet en la participación en las elecciones. Algunos argumentan que internet, al disminuir el coste de los ciudadanos de informarse, podría aumentar su movilización y aumentar su participación. Otros creen que internet facilita el entretenimiento y eso compite con el tiempo que los ciudadanos utilizaban para obtener información política a través de los canales clásicos, como la prensa y la televisión. Con menor información decidirían votar menos.

Campante, Durante y Sobbrio (2013) y Gavazza, Nardotto y Valletti (2015) buscan medir cuál de los dos efectos prevalece. El primero utiliza datos de elecciones generales en Italia, mientras que el otro se concentra en elecciones locales en el Reino Unido. Sus resultados, a pesar de ser sobre diferentes países apuntan a una dirección parecida y nos proporcionan una imagen bastante interesante de cómo internet está cambiando la política.

Sorprendentemente, ambos artículos encuentran que un mayor acceso a internet reduce la participación política. Esto sucede en el Reino Unido para el periodo 2005 a 2009 y en Italia para las elecciones generales de 2006 y 2008. Es importante enfatizar que los resultados en ambos casos provienen de observar las mismas elecciones (o elecciones que suceden a la vez) en diferentes circunscripciones y, por tanto, no tienen que ver tanto con cambios en el clima político en un momento en el tiempo como con cambios en las características locales, en este caso la penetración de internet. Para ello utilizan datos sobre la proporción de hogares que tienen acceso a la banda ancha (instrumentando con variables de oferta). En particular, en el caso británico se observa que un incremento en la penetración de la banda ancha de 10 puntos reduce la participación en cerca de 2.5 puntos. Para el caso italiano el efecto es de algo menos de un punto porcentual.

Cuando uno analiza el origen de esta disminución en la decisión de votar, se observa que son los ciudadanos menos educados o de menores ingresos los que dejan de votar (en Gavazza et al (2014)) además de aquellos que anteriormente votaban a partidos minoritarios (en Campante et al (2013)).

Este cambio en la decisión de votar tiene efectos importantes sobre las políticas que se llevan a cabo. En el caso británico se observa que en aquellas áreas en las que hay mayor penetración de internet los políticos locales reducen los impuestos sobre los bienes inmuebles y consecuentemente los gastos, especialmente en aspectos sociales como ayuda a la tercera edad, etc. Estos resultados son, según los autores, consistentes con la evidencia anterior que mostraba como un mayor acceso a internet podría estar alienando a los votantes con menores recursos y menor educación del debate político. Así, los esfuerzos que los gobiernos han llevado a cabo en los últimos años para facilitar el acceso a internet y reducir el llamado digital divide podrían estar generando un political divide.

En el caso italiano, Campante et al (2013) observan que a más largo plazo la situación cambia. Así, el efecto de la penetración de la banda ancha sobre la participación en las elecciones de 2013 deja de ser negativo y, si algo, se puede convertir en positivo. Los autores lo explican como respuesta a la aparición del Movimiento 5 Estrellas (M5S) de Beppe Grillo. Así, los partidos tradicionales siguen perdiendo votos en las zonas con mayor penetración de internet pero es en esas circunscripciones donde M5S consigue más votos (también los consigue el partido Fare, por cierto).

Este resultado no es sorprendente si tenemos en cuenta que el M5S surge apoyándose en internet. Sin embargo, muestra que no es que internet reduzca la participación en política sino que reduce la participación en la manera clásica de hacer política. Evidentemente no se trata de hacer valoraciones sobre si esos cambios son positivos o no. Simplemente, ambos artículos permiten constatar que nos encontramos en un momento de cambio en cómo entendemos la política que va más allá de la crisis de los últimos años. Internet parece estar cambiando las reglas de juego y los políticos y ciudadanos deberemos adaptarnos a ello.

Hay 3 comentarios
  • Dos experiencias de gran valor. Creo que Internet ha facilitado mucho el acceso a la información de lo que proponen los partidos a los que no se pensaba votar. Si uno tiene el periódico, la radio o la televisión como única fuente de información, y particularmente si es el periódico y sólo lee uno, la probabilidad de que vote al partido que apoya el medio en cuestión es alta, porque dedican mucho tiempo a la crítica destructiva al contrincante político del partido en el que confía ese medio. Mucha gente puede votar contra las opciones que según sus detractores ofrece el partido al que se pretende frenar. El acceso a Internet ha propiciado un mayor conocimiento de esas opciones a las que no se pensaba votar y se observan muchos puntos de encuentro entre las distintas formaciones políticas, de modo que para muchas personas abstenerse si no se tiene una motivación clara en la parte en la que se diferencian los distintos partidos ya no parece una opción tan descartable.

    Un cordial saludo.

  • Correlación no implica causación. Salvo que hayan conseguido separar la variable “acceso a internet” de todas las demás (cultura, ingresos, tamaño de la localidad…), cosa que me parece imposible, estos estudios podrían reflejar una correlación espuria. Y si se están estudiando solamente datos sincrónicos (diferencias entre circunscripciones en la misma elección) ¿por qué hablan de ciudadanos que “dejan de votar” y “anteriormente votaban”?

    • Pues no. No es correlación espuria ni mucho menos. ¡Solo faltaría! Precisamente lo que hacen estos trabajos es encontrar vínculos causales. De ahí que utilicen variables instrumentales que afectan a la oferta de los servicios de banda ancha y que tienen un origen técnico y que, por tanto, no tienen efectos en las decisiones de votar.
      En cuanto al otro comentario, los autores miran las diferencias en las decisiones de votar respecto a un año de referencia (en el caso de Italia a finales de los 90) como resultado de las diferencias en la penetración de la banda ancha. Esto es lo que se llama diferencias-en-diferencias (http://en.wikipedia.org/wiki/Difference_in_differences) y, por supuesto, permite hacer el tipo de afirmaciones que se mencionan en la entrada.

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