El coronavirus y los niños

Desde hace casi diez años vivo en Turín, la cuarta ciudad más grande de Italia, situada en el norte del país, cerca de la Región de Lombardía, donde se produjeron los primeros casos de Coronavirus. Como llevo encerrada en casa con mi hija de 8 años ya tres semanas (el tiempo que llevan cerrados los colegios en Turín), me siento un lobo viejo que se permite dar consejos a sus amigas españolas sobre cómo sobrellevar este periodo que en España acaba de empezar. A diferencia de España, las medidas de contención del Coronavirus en Italia han sido paulatinas. Durante las últimas tres semanas se ha producido una disminución constante de nuestras oportunidades de ocio. Al principio fueron los cines y teatros los que cerraron, luego piscinas, restaurantes y bares, y finalmente no se puede ir a visitar amigas ni invitarlas a que te visiten.

La única inversión en salud mental que nos podemos permitir es ir a dar un paseo, y ello guardando la distancia de seguridad con otros ciudadanos. Tampoco se puede jugar a ser dependientas del supermercado, ya que solo puede entrar al supermercado un miembro de la familia y solo pueden estar dentro dos personas a la vez y los demás deben permanecer fuera, haciendo cola y manteniendo un metro de distancia. Todas estas medidas se han implantado en España simultáneamente empezando este domingo 15 de marzo.

Creo que no me equivoco si digo que la medida que más ha cambiado nuestra vida y cambiará muchas de las vuestras es el cierre de los colegios. Aquí en Italia y, según me han referido mis amigas profesoras, también en España, los docentes han recibido instrucciones de dar material para trabajar en casa (deberes) y están aprendiendo a marchas forzadas a usar las nuevas tecnologías para mandar videos de sus explicaciones y otros materiales didácticos a los niños. Los docentes más diestros con la tecnología incluso hacen lecciones on streaming. El uso que nuestros niños hacen del tiempo cambiará dramáticamente: tanto las horas que pasaban en el colegio, como las dedicadas a actividades extra-escolares y sociales se pasarán ahora dentro de casa y con la única compañía de la familia más estrecha. Muchos padres nos preguntamos qué consecuencias podrá tener esta experiencia en el futuro de nuestros hijos y de otros millones de niños. Aunque es demasiado temprano para decir si el efecto neto de las medidas de contención del virus sobre nuestros hijos será positivo o negativo, sí podemos describir algunas dimensiones que han sido estudiadas con anterioridad y que contribuirán decisivamente a determinar el efecto final.

El cierre de colegios ha afectado ya a más de 300 millones de niños en el mundo. Se trata de una interrupción del sistema educativo sin precedentes, no solo por el número de afectados, si no también por su duración (ver aquí). En cuanto a España, el Gobierno se planteó inicialmente cerrar colegios solo en zonas muy concretas (ver aquí) porque la dirección del Ministerio de Sanidad era contraria a esta medida al considerar que podía ser contraproducente, al aumentar así el riesgo que los niños transmitiesen el virus a la población más vulnerable, ya que los abuelos suelen ser a menudo los cuidadores de los niños (ver aquí). Sin embargo, el miércoles 11 de marzo se decretó el cierre de colegios en Madrid y La Rioja por el elevado número de casos de Coronavirus y desde el lunes 16 de marzo el cierre de colegios se hizo efectivo en toda España (ver aquí).

Por lo que sabemos los economistas, el cierre de colegios podría perjudicar el rendimiento escolar futuro. Pischke (2007) analiza el caso de la reducción de la duración del año escolar que tuvo lugar en 1966/1967 en Bavaria, una región de Alemania, como consecuencia de un procedimiento para homogeneizar la duración del año escolar con el de todas las demás regiones del país. La reducción del año escolar fue de dos tercios y trajo consigo el aumento de las repeticiones y una dismución del número de estudiantes que accedió más tarde a la educación superior. Sin embargo, Goodman (2014) indica que los días libres por tormentas de nieve en los EEUU no afectan a los resultados académicos. Dada su larga duración, es probable que el evento que nos ocupa sea más similar al caso estudiado por Pischke.

Si no hay colegio y no se puede hacer los deberes en compañía, también es probable que se anulen los llamados peer effects, es decir, la influencia de los compañeros de clase. La literatura económica documenta que tener compañeros con buenos resultados académicos mejora los resultados académicos (ver por ejemplo Sacerdote (2001) y Booij, Leuven, and Oosterbeek (2017)). Por otro lado, evitar la interacción personal podría reducir problemas tan graves como el bulismo (ver aquí).

Un daño colateral muy grave del cierre de colegios es que muchos niños de familias desfavorecidas dejarán de recibir su comida diaria en el comedor. En el año académico 2018/19, alrededor de 100,000 niños recibían becas del comedor en Madrid (ver aquí). Este aspecto ha recibido más atención en los Estados Unidos donde parece haber sido un argumento de peso en la decisión final de no cerrar los colegios en Nueva York. En EE.UU. muchos colegios públicos también se ocupan de la alimentación de los niños durante las épocas de vacaciones. En España la pérdida de los comedores escolares puede verse compensada porque los comedores sociales están adoptando la práctica de llevar la comida a casa de los más necesitados (ver aquí).

En cuanto al cambio en la relación de los niños con sus padres durante este periodo excepcional de recogimiento dentro del hogar familiar, la literatura académica indica que es probable que sean las mujeres las que cuidarán de los niños que se queden en casa: Kleven et al (2019) documentan que son las mujeres las que reducen su oferta de trabajo cuando nace un hijo e Ichino et al (2019) muestran que las mujeres cogen más bajas para cuidar de un hijo enfermo. El hecho de que los niños se vean obligados a permanecer en sus hogares tiene también implicaciones positivas. Los niños que pasan más tiempo con sus padres mejorarán significativamente sus capacidades cognitivas: (Del Boca et al (2013)). Estos efectos positivos se verán mitigados si se confirma que la convivencia familiar forzada y el estrés provocado por la situación extraordinaria que vivimos lleva a más demandas de divorcio como ocurre en China (ver aquí ).

Las nuevas tecnologías constituyen un sustituto inmediato a la clase tradicional. En este contexto nos preocupa el llamado “digital divide” o desigualdad en el acceso a las nuevas tecnologías. Si los profesores y profesoras dan lecciones on streaming o usan plataformas innovadoras para comunicar, quien no tiene (buen) internet se queda fuera de juego. Por ejemplo, podría haber diferencia entre niños en hogares con conexión por fibra óptica y los que usan aún la banda ancha (según el INE el 83% de los hogares tenía banda ancha en casa en 2018, ver aquí). Aunque la situación española no parece tan grave si pensamos que en una ciudad como Nueva York hay 1 millón de hogares sin acceso por banda ancha a internet en casa (aquí). Otro factor que podría causar desigualdad a nivel tecnológico es el nivel de formación de la persona que se queda a cargo del niño. En particular, los abuelos a menudo tienen una menor capacidad de usar internet y la tecnología (entorno al 43% de los mayores de 65 años usa internet, ver aquí). Una alternativa para hacer frente a esto, sería imitar las zonas rurales de China donde dan clase por televisión (vea este artículo de The Economist).

Otra potencial fuente de aumento de desigualdad durante el cierre de las escuelas es que algunos padres, sobre todo los llamados trabajadores de cuello blanco, pueden trabajar desde casa y vigilar a sus hijos mientras otros no (ver este artículo del New York Times). Existe el riesgo de que muchos de los niños que no están bajo el control de los padres, al encontrarse en casa en presencia de videojuegos u otras distracciones, terminen estudiando significativamente menos (ver aquí). Para los niños más pequeños cuyos padres no pueden hacer smartworking o teleworking y tengan que ir a trabajar, una de las soluciones más adoptadas será “tirar de abuelos”. Un artículo de Del Boca et al (2014) demuestra que los niños que salgan de la educación formal para ser cuidados por sus abuelos mejorarán su lenguaje si vienen de familias con nivel socioeconómico alto aunque empeorarán su capacidad analítica si vienen de familias de bajo nivel socieconómico. En cualquier caso parece que el bienestar de los niños pueda ser superior al de algunos niños japoneses que deben pasar horas sentados en un pupitre sin poder interactuar con nadie (ver este artículo del New York Times).

Como los niños son el grupo de edad menos afectado por el Coronavirus (ver aquí), otro potencial efecto positivo de las medidas impuestas para disminuir el contagio del virus es que los niños experimentarán una disminución de la incidencia de otras enfermedades virales por cambios en los hábitos sociales, higiénicos y las medidas de contención (aquí y aquí).

He querido concluir este post con una nota optimista para animar a todos aquellos padres que darán todo lo mejor de ellos estos días para cuidar de sus hijos de la mejor manera posible. Con la colaboración de todos, esta situación durará lo menos posible y en el futuro nuestros hijos disfrutarán de maestras que usarán más las nuevas tecnologías y padres que harán un uso más racional de su tiempo. ¡Os deseo lo mejor y mucho ánimo!

Hay 8 comentarios
  • Aiona, gracias por su reseña y opiniones. Me ha sorprendido, sin embargo, que usted ignore el temor de los padres a que sus hijas e hijos puedan contagiarse. Aunque por edad sean el grupo menos vulnerable a Coronavirus (algo que usted reconoce), la probabilidad de contagio sigue siendo mayor que cero, incluso después de todas las medidas que se han tomado para “encerrar” a la población. Peor, esas medidas son señales claras para los niños de que algo serio preocupa a los adultos, comenzando por sus padres, y uno puede suponer que eso se manifiesta en la relación entre adultos y niños.

    Justamente ayer hablaba el tema con mi nuera (aquí en Chile la probabilidad de contagio seguramente es mucho menor que en el norte de Italia pero se han tomado y se siguen tomando medidas para encerrar a la población). Mi posición es que en todo lo que digan y hagan, adviertan a sus tres hijos de que se trata de una situación transitoria que pronto terminará y por lo tanto una oportunidad para aprender a ser paciente y aprovechar el tiempo en “otras cosas” con baja probabilidad de contagio. Pero esa posición se sustenta en el temor al contagio. La lección más importante para los niños es que las situaciones de peligro –fuera de nuestro control– requieren mucho auto-control.

    • Hola Enrique,
      Gracias por tu aportación. Es probable que el deterioro de la salud mental de los adultos a cargo de los niños acabe repercutiendo en el bienestar de los pequeños. Seguramente los expertos en salud sabrán más sobre el tema.

  • Hola Ainoa! Muy bien escrito y creo que has acertado muchos puntos. Unos pequeños comentarios:
    1) lo de Kleven et al.: En el caso de España e Italia, donde los padres están forzados en casa, creo que habrá más equilibrio de lo que ocurriría si lo de estar en casa fuese una decisión de la pareja
    2) en el caso de las escuelas, se podría recuperar ese tiempo durante las vacaciones de verano (suponiendo que en ese entonce ya no haya riesgo)
    3) por lo que he leído, hay un riesgo para los niños más pequeños (3-6 años) por estar tanto tiempo encerrados (en España no está permitido salir ni para hacer deporte), con posible consecuencias en el desarrollo
    4) lo de “tirar de abuelos” es muy arriesgado. Los mayores son los que más riesgo tienen. Lo único sería si se instalan en casa con los peques, todas las otras opciones comportan mucho riesgo para ellos
    5) El hecho de tener una terraza, un jardín o similar puede marcar la diferencia. Esto quiere decir que los que viven en ciudad lo pasarán peor. Si la composición de la sociedad es distinta entre ciudad y campo, hay otra fuente de distorsión (pero al igual esta reduce la desigualdad)

      • Hola! Soy de Argentina y bueno lamentablemente estamos en esta situacion tan dolorosa que genera tanta angustia y dolor…
        Mi consulta es que hacen con los niños ,digo que actividades ,como se comunican?
        Te cuento yo trabajo en juegotecas barriales de niños con bajos recursos economicos y la verdad queria contactarme con personas que esten pasando por otras realidades asi poder intercambiar experiencias y demas…Gracias

        • Hola Nancy,

          Por desgracia aquí el bienestar de los niños está dependiendo mucho del hecho de que tengan hermanos y de la casa (si es grande, con jardín, con terraza, etc.). Los psicólogos aconsejan que mantengamos la comunicación de los niños con sus amigos a través de las redes sociales, así que a menudo organizamos reuniones a través de skype y los niños organizan juegos de mímica, se enseñan sus casas, etc. Aquí en Italia hay una organización que se llama Circowow que organiza actividades de entretenimiento para niños gratuitas a través de internet.

          Mucho ánimo y adelante! Un abrazo!

  • Hola,

    Primero de todo gracias por este fantástico post.

    A ver si con un poco de suerte puedes ayudarme.
    Tengo dos niños muy pequeños (dos y tres años) y la falta de información en este tema me mata.

    Me consta que muchas familias pasan el virus en casa (ojalá fueran todas) Por lo que debo de entender que estas familias antes de notar los síntomas han besado, abrazado , dormido con sus pequeños, lactancia,colecho…
    Sabes algún caso? Que medidas tomaron?

    Saludos y mil gracias

    • Hola Montse,

      Gracias por tu comentario. Por desgracia no tengo información sobre el protocolo en el caso que un convivente con menores resulte positivo. Sólo sé que en Italia no ha habido ni un sólo ingresado en cuidados intensivos por debajo de 20 años. Quizás por eso no se habla del protocolo en el caso de posible contagio de un menor. Espero que alguien más lea tu mensaje y te pueda ayudar.

      Saludos y ánimo!

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