¿Puede ayudar la investigación en economía a la política comunitaria sobre inmigración?

051006elroto La semana pasada asistí como ponente a un taller sobre inmigración en Bruselas. Se trataba de un encuentro organizado por COEURE, una “acción” financiada por la Comisión Europea con el objetivo de reunir a los economistas europeos, de cara a orientar la financiación futura de la investigación en economía en Europa. Dividida en 11 áreas de investigación, en una serie de talleres se ha venido discutiendo el estado de la investigación en economía en los distintos temas, desde el punto de vista de su contribución potencial a la política económica de la Unión Europea.

Dada la crisis migratoria actual, me pareció un momento muy apropiado para hablar sobre la política de inmigración de la Unión, y preguntarnos si nuestra investigación puede ser de alguna utilidad. Mi labor en el encuentro era proporcionar feedback sobre el informe preparado previamente por varios economistas expertos en el área.

El informe, muy bien escrito y documentado, empezaba describiendo el progresivo envejecimiento de la población en Europa, para luego hablar de la inmigración como una posible vía para resolver los problemas previstos a medio y largo plazo para el mantenimiento de las pensiones y los sistemas sanitarios europeos. A continuación se pasaba a resumir distintos trabajos académicos que tratan de determinar la composición “óptima” de los flujos migratorios futuros hacia Europa, en términos de número y composición de la población inmigrante.

En vista de los acontecimientos recientes, me resultó casi un shock leer este informe, cuyo enfoque me pareció completamente desconectado de la realidad. Desde luego, me parece importante estudiar los efectos potenciales de la inmigración sobre la economía y la sociedad de los países de acogida (y yo misma he contribuido modestamente a esta literatura), pero pensar que Europa puede elegir el número, la procedencia y las características de los influjos futuros en base a sus intereses económicos me pareció casi ridículo. Entre otras cosas, el informe ignoraba por completo tanto la inmigración ilegal como los flujos de refugiados.

Mi discusión se centró en tres comentarios principales.

Primero, sugiero que los economistas que estamos interesados en la inmigración cambiemos de enfoque, pasando de estudiar “lo que Europa necesita” (en términos del tamaño y la composición óptima de los flujos), a “qué hacer dada la demanda existente” (los influjos reales o potenciales). En este sentido, pienso que nuestro trabajo podría ser útil para informar a la política comunitaria, por medio del análisis de los costes y beneficios de políticas migratorias alternativas. También pienso que estaríamos en buena posición para realizar propuestas informadas. Un buen ejemplo en este sentido es el trabajo reciente de Jesús Fernández-Huertas con Hillel Rapoport, donde proponen un sistema para negociar cuotas nacionales, incluyendo el caso concreto de las cuotas de refugiados. (Su idea es básicamente crear un mercado para que las cuotas sean “transables” o “comerciables” entre países, ver aquí). Ver otro ejemplo aquí, o esta entrada en la que se hablaba de los efectos de las políticas de exención de visados de viaje.

Segundo, otra área en la que creo que nuestra investigación podría ser útil, es en informar a la población sobre los temas que más preocupan en términos de los posibles efectos negativos de la inmigración para la población de los países de acogida. En varios países europeos hay grupos y partidos políticos muy visibles que se oponen a aumentar la inmigración en base a supuestos efectos sobre el mercado de trabajo, la criminalidad, la cohesión social, etc. Estos efectos potenciales se pueden estimar y cuantificar, y la difusión de este tipo de resultados puede y, pienso, debe, ayudar a mejorar el nivel del debate. Por ejemplo, décadas de investigación empírica sugieren que la inmigración de trabajadores poco cualificados no supone una amenaza importante para el nivel de salarios o el desempleo de los trabajadores nativos, a pesar de lo que un primer análisis naíf de oferta y demanda sugeriría (ver por ejemplo aquí).

Y tercero, los investigadores somos afortunados de que nuestro puesto no depende de tener contento a ningún votante, con lo que podemos permitirnos el lujo de tener una visión más global del asunto, y pensar no sólo en los intereses de los ciudadanos actuales de la Unión Europea. Podemos permitirnos pensar en los efectos de los flujos migratorios teniendo en cuenta los intereses de los distintos agentes implicados, los principales: los ciudadanos del país de acogida, los propios inmigrantes, y los ciudadanos que se quedan en los países de origen. Una vez ampliamos el enfoque de esta forma, es difícil no concluir que un aumento en los flujos migratorios internacionales (una liberalización de las políticas migratorias de los principales países de destino) tendría efectos positivos sobre el bienestar global. Me atrevo a afirmar que muchos, si no todos, los economistas estarían de acuerdo con esta afirmación (ver una cuantificación reciente de estos efectos globales aquí). Como ejemplo, dos citas de economistas prominentes:

La barrera crítica a la inmigración son las políticas restrictivas de países de destino como Estados Unidos, Canadá, Australia, la Unión Europea y Japón. Si más personas emigraran a estos países, el PIB mundial subiría y la desigualdad salarial entre países presumiblemente declinaría.Richard Freeman (2006).

Si los policy makers internacionales estuvieran de verdad interesados en maximizar la eficiencia a nivel mundial, estarían todos ocupados trabajando en liberalizar las restricciones a la inmigración.Dani Rodrik (2001)

Esto no quita que aumentos sustanciales de la inmigración en Europa podrían requerir reformas en el estado del bienestar, lo que constituye otra área de estudio importante.

También se habló en el encuentro de medidas destinadas a mejorar la economía en los países emisores, ya sé que habrá comentarios en este sentido. Y evidentemente estoy de acuerdo en que medidas que favorezcan el desarrollo tendrían efectos potenciales sobre la emigración. Sin embargo, qué clase de medidas serían efectivas en este sentido es otro tema que da para mucho análisis.

Pero en términos de política migratoria, y para mojarme aún más, acabo con el titular del Economist de hace unos días: “Let them in and let them earn” (“Dejadlos entrar y dejadlos trabajar”).

Libertad González

Libertad González es profesora de Economía en la Universidad Pompeu Fabra. Doctora por la Universidad de Northwestern, trabaja en las áreas de Economía Laboral y Economía Pública, con intereses en temas relacionados con la familia: fertilidad, divorcio, oferta laboral femenina, y efectos de políticas públicas.

Hay 2 comentarios
  • Buena entrada! No recomendaste el libro de Lant Pritchett, Let Their People Come. Provocador y muy relevante para esta entrada.

    • Gracias Joan! No he mencionado esa referencia, porque no la conocía! Pero va como anillo al dedo como lectura a raíz de esta entrada.

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