Y mientras tanto, ¿qué hacen nuestros parados?

En una entrada anterior,  argumentábamos que dadas las limitaciones a las que nos enfrentamos para reducir el paro cíclico con políticas fiscales,  era perentorio intentar corregir el paro estructural existente y prevenir que se incremente con esta crisis.  

En este sentido, además de intentar detectar y corregir los obstáculos a la contratación, otras cuestiones claves son: ¿Qué están haciendo nuestros parados? ¿Siguen buscando de forma activa? O por lo contrario, ¿se están desactivando ante el ya largo deterioro de las oportunidades de empleo y a riesgo de depreciarse aún más? ¿Se están reciclando?  Y por otra parte, ¿Qué influencia tiene el seguro de paro sobre las decisiones de nuestros parados? y ¿Lo están haciendo bien nuestros servicios públicos de empleo?

En la  entrada anterior, mostrábamos que a pesar de que nuestra tasa de paro se haya doblado en sólo tres años, la tasa de vacantes se ha mantenido prácticamente inalterada desde entonces. Señalábamos que un fenómeno similar se había producido también al otro lado del Atlántico (claro que con mucha menor intensidad). Y, allí, se esta debatiendo si ésta es una señal de que está aumento el paro estructural (un mayor desajuste entre las cualificaciones requeridas para cubrir  las vacantes y aquellas que disponen los parados) o sólo un efecto colateral de las políticas aplicadas durante esta crisis (por ejemplo, una mejora en la protección del desempleo que desincentive la búsqueda activa de empleo).

En el contexto español, donde los servicios públicos de empleo tienen una mayor presencia (tirando a monopolista) como agencias de intermediación y de gestión de políticas activas destinadas a los desempleados, un mal funcionamiento de estos servicios podría ser en parte causante del desajuste que lleve a más paro estructural. Por otra parte, tener un seguro de desempleo más generoso podría ser causante, a su vez, de mayores dificultades para cubrir las vacantes.  

Veamos primero que nos dice la teoría y la evidencia empírica disponible e indaguemos luego sobre estas cuestiones en base a datos recientes sobre búsqueda activa y formación de nuestros desempleados.

Las prestaciones alargan los períodos de desempleo …

El argumento teórico convencional consiste en que la protección por desempleo disminuye el coste de oportunidad de la búsqueda de empleo. Con ello aumentan los salarios de reserva de los desempleados (los que estarían dispuestos a aceptar por un empleo) y bajan la intensidad de su búsqueda, alargando la salida del paro hacia el empleo.

La evidencia empírica ha venido a confirmar reiteradamente esta hipótesis. Decenas de estudios muestran que a medida que se van agotando las prestaciones o subsidios, las tasas de salida del desempleo vuelven a aumentar. Para el caso español,  véase por ejemplo este trabajo reciente de Yolanda Rebollo.  Aparte de alargar los períodos de desempleo, Luis nos reportaba recientemente un trabajo de De la Roca que  mostraba que las prestaciones también reducen la movilidad territorial. 

… pero no se trata de aceptar cualquier cosa

 Sin embargo, cuanto más severas sean las limitaciones financieras impuestas por seguros poco generosos, también será mayor la probabilidad de que los parados acepten empleos que no encajen con sus habilidades, dando lugar a emparejamientos menos productivos y de menor duración.  Marimon y Zilibotti , por ejemplo, desarrollan un modelo de equilibrio de búsqueda en el que los seguros de desempleo reducen el empleo pero ayudarían a los trabajadores a encontrar puestos de trabajo relativamente más adecuados a sus cualificaciones.

  Tatsiramos nos aporta evidencia empírica interesante en esta dirección. Utiliza los datos del Panel de Hogares de la Unión Europea para hacer balance de los dos efectos, el alargamiento del período de desempleo y el del empleo posterior, para ocho países, entre ellos España, durante el período 1994-2001. Llega a la conclusión de que en los países con seguros y subsidios de desempleo más generosos, los beneficiarios permanecen más tiempo en los empleos que siguen a los períodos de paro. En los casos de Dinamarca, Alemania y España, este efecto compensaría los efectos directos de una mayor duración del desempleo, por lo que se obtendría un efecto neto no-negativo.

¿Y qué ocurre en períodos de recesión?

Pero la mayoría de estas evidencias se basan en períodos de bonanza. En momentos como los actuales, no sólo preocupan los efectos que puedan tener los sistemas de protección por desempleo sobre la duración del paro, sino también sus deficiencias como estabilizadores automáticos, es decir, si son o no suficientes cómo para que no se refuerce aún más la recesión con una caída del consumo de los desempleados.  En varios países, entre otros España, la crisis ha obligado a  adoptar  medidas a tal efecto, alargando los períodos de cobro  o creando nuevos subsidios (véase el capítulo 1 del último Employment Outlook de la OCDE)

¿Cómo pueden haber afectado estos cambios al comportamiento de los parados, en su búsqueda de empleo y reciclaje?  A continuación,  intentemos analizar, sólo a modo descriptivo y agregado, qué está ocurriendo con la búsqueda activa y las actividades de formación de nuestros parados durante la crisis,  en especial, en su condición perceptores o no de prestaciones y subsidios, y registrados como demandantes en los Servicios Públicos de Empleo (SPE).

La búsqueda de empleo ha aumentado durante esta crisis

En el siguiente gráfico, se muestra la proporción de personas que buscan empleo (o han realizado gestiones para establecerse por su cuenta) entre las personas no empleadas de 16 a 64 años y en función de su relación con las oficinas de empleo.

Como se puede observar, durante esta crisis, ha aumentado de forma significativa la proporción de demandantes registrados en los SPE que afirman buscar empleo de forma activa, tanto entre los que perciben prestaciones o subsidios como entre los que no los perciben. Tradicionalmente, la búsqueda activa era menor entre los primeros, pero en los últimos trimestres ya están incluso por encima  de los segundos. Estos resultados bien se pueden asociar con el hecho de que dado el mal estado de la contratación, el coste de oportunidad de la búsqueda haya caído tanto que compense de sobra los efectos del cobro de prestaciones o subsidios.

Aun así, en el tercer trimestre del año pasado,  un 30% de ambos grupos –perceptores y no perceptores-  no realizaba esta búsqueda activa. Lo que supone más de un millón y medio de personas (700.000 y 820.000, respectivamente), una cifra muy similar a la estimada tres años antes  (600.000 y 790.000 respectivamente).

 La ineficacia de los SPE en la colocación de los parados

A lo largo de los últimos 3 años, sólo un 2% de los demandantes contactaron con los SPE por recibir una oferta de trabajo . Lo cual no es de extrañar, dado que los SPE sólo llegan a intermediar en un porcentaje muy muy residual de las colocaciones que se producen cada mes. Por ejemplo, el último dato disponible indica que para noviembre de 2011, sólo un 2.5% de los demandantes activos se colocaron con una oferta previa registrada en los  SPE. Además, más del 60% de las nuevas colocaciones se produjeron con parados no registrados como demandantes de empleo en los SPE.

Y el dato más preocupante: la formación de quienes más lo necesitan.

Entre los parados demandantes en los SPE, con un nivel educativo correspondiente a la  ESO o menos, sólo un 4-5% están adquiriendo formación no reglada, la mitad que antes de la crisis, e independientemente del cobro o no de prestaciones o subsidios, a pesar de los compromisos de asociar el cobro con la participación en itinerarios individualizados, en los que se supone que la formación ha de ser un ingrediente clave.

 Conclusiones

 En definitiva, estos datos vienen a justificar algunas de las recomendaciones que hacemos en nuestro último documento, “Diez principios fundamentales para lograr una reforma laboral eficaz y justa”, en especial, sobre la necesidad de reformar las políticas activas, actuando sobre los SPE, otorgándoles más recursos,  buscando una mayor coordinación entre ellos y fomentando la colaboración con las agencias privadas tanto en la colocación como en la formación y, desde luego, bajo el prisma de la evaluación contínua y rigurosa de la eficacia y eficiencia de cada medida.

Por otra parte, no se inteprete mal, no se trata de rebajar la generosidad del seguro por desempleo con la finalidad de recortar gastos por la simple sospecha de que los beneficiarios estén abusando de forma generalizada del seguro para prolongar innecesariamente los períodos de paro. Esta medida indiscriminada podría tener el efecto perverso de que ocurriera todo lo contrario  a lo deseado. En la medida de lo posible, se debe tratar de evitar que los nuevos emparejamientos sean de baja calidad y se rompan rápidamente.  La vuelta al desempleo genera nuevos gastos en prestaciones, y más problemático aún, podría adentrarnos en una trampa de  empleos de baja productividad, como si no hubiéramos ya padecido suficientemente este problema. Sin embargo, no por ello no se tiene que reforzar el control de la búsqueda activa. Los datos mostrados aquí indican que el porcentaje de inactivos entre los perceptores sigue siendo alto. Y sobre todo, se tratar de vincular más estrechamente la percepción del seguro por desempleo como incentivo a la formación de nuestros desempleados.

 

Profesor Titular en la Universidad de Oviedo en el Departamento de Economía e Investigador de Fedea. Sus campos de investigación son la economía laboral y la economía de la educación.

Hay 20 comentarios
  • La teoría es muy buena, pero, ¿qué pasa cuando, por ejemplo, en la Comunidad Valenciana no se imparten cursos de formación debido a que la Generalitat no paga?

    La pescadilla que se muerde la cola...

  • Si eliminásemos los que cobran las prestaciones y trabajan sin contrato en otro sitio, podríamos analizar los datos con seriedad. Mientras tanto, el sesgo es bestial. ¿Cómo elminamos a esta gente? pues bien, para poder trabajar al mismo tiempo que cobra la prestación, alguien tiene que darles trabajos fraudulentos. Por tanto, una vez más, el fradue, el incivismo, el free-riding, es el problema. ¿Cómo acabamos con esto? Pregúntele a GESTHA, que ellos lo llevan reclamando 3 años (con la misma financiación para la inspección, no piden más dinero para su departamento). Después de 3 años perdiendo el tiempo, como siempre: no hay tiempo que perder! no hay dinero para mantener el carísmo estado del bienestar! pues destruyamos el estado del bienestar! es tan simple...

    Para lo que no hay tiempo que perder, desde hace años, es para hacer un estado del bienestar realmente justo, donde paguen más los que más tienen, donde reciban más gasto los que menos tienen, donde haya movilidad entre la clase empresarial y la trabajadora (dualidad del "mercado empresarial")... Para eso sí nos hemos permitido el lujo de perder el tiempo.

    Saludos

  • Podría hacerse como Inglaterra, que da igual que uno haya sido médico que barrendero: la prestación por desempleo no depende del sueldo que se haya cobrado, y es la misma para todo el mundo, y vitalicia mientras no se encuentre un empleo: sobre las £60/semana. Eso sí, también te pagan el alquiler, y de ser necesario, te dan una casa. Te ayudan con los hijos, y servicios como el transporte público, el gas, la luz, o la contribución son gratis mientras estás parado.

    • Pet, precisamente, una deficiencias en calificar los sistema de protección por desempleo como más o menos generoso es que no se suele tener en cuenta toda las políticas de protección social existentes en cada país. El ejemplo que das es una buena prueba de ello. Podemos considerar que la protección por desempleo es más generosa en España que en Inglaterra, pero si metes en el balance todos los ingredientes restantes que incluye de la receta de protección, no queda tan evidente.

      • Pet y Florentino

        ¿Conocéis algún estudio cross country que resuelva esta deficiencia?

  • Hola,

    Siempre me ha parecido interesante la forma en que una mayor prestación de desempleo puede desincentivar la búsqueda activa de empleo, pero cómo reducirla demasiado puede crear costes asociados al matching con el puesto de trabajo.
    Esto me hace pensar en otras maneras alternativas a la propia prestación por desempleo que incentiven la búsqueda de empleo (o desincentiven postergar ésta). Alternativas, que por lo tanto, no se introduzcan vía precios. Esto ayudaría a reducir los costes asociados al propio sistema de parados, pero, ¿y si además se ayudaran a reducir costes públicos asociados a otros sectores?
    La alternativa es clara: utilizar a los parados para realizar trabajos sociales (para la comunidad) mientras cobran su prestación de desempleo. De esta manera, los parados no tendrían un incentivo a continuar parados, ya que tener que realizar esos trabajos en muchas ocasiones puede verse con connotaciones negativas para la propia persona (bien por tener que hacer trabajos para los que no se ha formado, etc). Esto motivaría a que buscaran empleo de una manera más activa, lo que contribuiría a reducir el paro friccional (soy consciente de que la situación actual del paro es más preocupante desde el punto de vista del paro estructural, pero no se puede obviar que el paro friccional existe y tiene un volumen importante). Con ello, se conseguirían ahorros en el sistema de la Seguridad social por las prestaciones no pagadas dada la reducción del número de meses necesarios para encontrar un empleo, y además, se obtendrían una serie de beneficios sociales y/o una reducción de los costes que alternativamente se producirían para cubrir esos servicios.
    Por supuesto, no hablo de emplear a los parados en trabajos sociales que les ocupen muchas horas todos los días, lo que finalmente acabaría limitando la capacidad de la propia búsqueda de empleo que se quiere motivar. Simplemente hablo de trabajos sociales simbólicos, algunas horas a la semana. Podría pensarse en compañía de ancianos, en hospitales, etc. Esto impulsaría otras políticas como la ley de dependencia, que tan costosa de implantar resulta.
    Pienso, por ejemplo, en el caso de Bilbao, mi ciudad, que establece una serie de alquileres para jóvenes, cuya cuantía es inferior a la de mercado, condicionados a que éstos jóvenes realicen una serie de horas semanales de trabajo en residencias de ancianos, u organizaciones sociales. Según los datos, ha sido un absoluto éxito.
    ¿Por qué no establecer políticas similares para el caso de los parados? Estoy seguro de que contará con el rechazo inicial de toda la clase parada, y ese es el mayor inconveniente. Pero creo que es el lógico rechazo social que se produce ante políticas que afectan a ciertas mayorías (véase la ley antitabaco) hasta que finalmente se crea una nueva cultura.
    Realmente no creo que sea tan absurda esta "utopía"!!

    Un saludo!

  • Y como pasa siempre, ideas buenas hay muchas, voluntad de ponerlas en marcha, ninguna. Es una pena.

  • Desde aquí, con total modestia, ¿comentaréis el asunto del contrato único (ya lo sé, ya tratado) y las palabras de De Guindos? Aquí habría uno interesado en leerles.

    Saludos,
    FG

    • Penny y Francisco,

      perdonad pero me he quedado aún en el shock traumático que me causaron estas declaraciones recientes de Montoro en el ABC (pregunta 4):

      http://www.abc.es/20120115/economia/abci-entrevista-montoro-reforma-laboral-201201150247.html

      ...y otras noticias publicadas esta misma semana en los medios de que la reforma iría en dirección a seguir ampliando los contratos de fomento de la contratación indefinida (los de 33 días por despidos improcedentes) a más colectivos. No sé si esto es posible después de la reforma del 2010, ya deberían dejar de llamarse así de hecho. En fin, era el tema que quería abordar hoy, pero no he pedido superar tanta perplejidad, la verdad.

      Ya veremos que pasa, quién de los dos gana la batalla o si igual surge aún una tercera vía.

  • Las posiciones de los especialistas en temas laborales son conocidas y compartidas en buena medida si nos circunscribimos al cómo acelerar el matching.

    Todos, los profesores los primeros, son conscientes de ciertas debilidades de los datos, del peso del trabajo compaginado con el desempleo y con el hecho de que también el mal llamado "seguro" de desempleo se lo ha ido pagando el propio trabajador cada uno de los años precedentes. Supongo que, como debemos ser hormiga más que cigarra y los periodos de paro son un coste vital, de alguna forma habrá que cubrirlos: Con ahorro personal, con un fondo vinculado a cada trabajador o bajando el nivel de subsistencia como algunos parecerían propugnar.
    Es por ello que sospecho que a ninguno nos llena de entusiasmo abordar el problema del "voluntary" o del "frictional unemployment" que desde Marshall viene siendo objeto de interés cuando no sabemos qué hacer para que haya trabajos productivos. Un problema que si tiene soluciones no son las que el poder promociona hoy día.

    De los comentarios leídos me ha llamado la atención el de Antonio. La tranquilidad con la que dice que...."paguen más los que más tienen, donde reciban más gasto los que menos tienen". Como esto ya sucede en un sistema proporcional supongo que lo que Antonio reclama es un sistema más progresivo.

    Llevamos más de ochenta años con esta coda, desde León XIII, aplicada por socialismos y conservadurismos al alimón, mientras aumentaba el peso del estado como nunca en la historia. Hasta tal punto que lo que ya no resulta racional a muchos es trabajar o arriesgar. Porque bastante más de la mitad se la lleva siempre el mismo “ente” que se ha convertido en el principal obstáculo competitivo y en un eficacísimo motor de paro.

    Todos estamos de acuerdo con León XIII --luego copiado por Rawls--. Es lo que se llama un “motherhood statement”.
    Pero lo que no hemos hecho es validar empíricamente qué sucede cuando dicho modelo se desarrolla durante sesenta años en la dirección en la que lo ha hecho.

    Saludos

    • Manu:
      Sólo le pido que le eche un vistazo a los informes del IEF sobre cómo ha ido empeorando la redistribución del impuesto sobre la renta (el Gini pre y post impuesto no ha dejado de aumentar, asi como lo ha hecho su diferencia, el índice Reynolds-Smolensky, en la última década y más allá). Eso sobre los que pagan impuestos, claro. Sobre los que no los pagan, eche un vistazo también a los informes de GESTHA. Si todo esto lo sabe, entonces no entiendo su versión "leonina" del asunto, aunque muy conmovedora la historia, eso sí.

      Espero que todos, con tranquilidad, sepamos que eso no pasa en los países más prósperos de nuestro entorno. Por eso, con toda relajación pido más redistribución (no más progresividad, que no es lo mismo aunque lo parezca cuando uno no sabe las definiciones de una y otra cosa).

      Saludos

        • Hola, Antonio.
          He leído otro comentario tuyo con el que estoy más de acuerdo como posible camino de arreglo pero en este caso lamento discrepar en parte. Las cosas deben tener un término medio.

          Gini vivió una espléndida carrera en la Italia de su tiempo. Un tiempo que se complacía en el estado todopoderoso y sus índices resumen aceptablemente --para algunos fines-- las diferencias de renta y sus modificaciones vía redistribución.
          Ahora bien, la semántica y las ideas son importantes.
          Una cosa es que las personas sintamos la obligación moral de la solidaridad o que la igualdad de oportunidades sea un bien público inexcusable para la propia prosperidad ciudadana y otra, muy distinta, un sistema por el cual el poder político se compra votos a base de quitar desproporcionadamente a unos para dar a otros sobre la base argumental de que lo mejor son las rentas iguales.

          Lo inaudito, piensan algunos, es que nadie haya “modelizado” tal sistema durante unos cuantos ciclos (medio siglo o así) y se haya parado a pensar sobre su inevitable final debido, precisamente, a esa dinámica de incentivos perversos que llevan a los free riders al paroxismo y a los políticos a quemar cualquier reserva de capital hasta hundir el futuro de nuestros nietos. Unos y otros actúan correctamente según las reglas pero el deterioro es bien visible.

          En setenta años hemos pasado de un estado “15%” del PIB a cerca del 50% (y escondiendo mucha fiscalidad implícita). De tal modo que toda Europa tiene un coste fiscal un 30% superior a USA y a Japón cercenando toda posibilidad de competencia salvo algunos nichos. Por otro lado vemos el crecimiento desbocado del propio estado y el de los oligopolios con monstruosas desigualdades de “market power” y sin embargo los efectos de esta falta de igualdad no preocupan lo más mínimo y sigue creciendo.

          Sospecho que a los niveles actuales la única razón de la obediencia es la fuerza. Otro coetáneo de Gini, Guglielmo Ferrero, explicó urbi et orbe que cuando eso sucede los sistemas pierden legitimidad.

          Saludos

  • Manu, y lo dejo aquí (lo prometo):
    Primero, yo también ratifico muchos de sus comentarios y argumentos en otras discusiones. Sobre todo aprecio que se entretenga en que su lectura sea enriquecedora y su literatura interesante.
    Al lío... no creo que la redistribución esté basada en el argumento de rentas iguales sino en la igualdad de oportunidades. ¿Sabe lo fácil que es poner una empresa si se tiene dinero familiar? ¿Sabe que esto no tiene que ver nada con las buenas ideas, el conocimiento, o la mentalidad emprendedora sino con dinero y la facilidad de su acumulación? Si encima se defrauda desde la clase empresarial... para mí, ahí está el quid de la cuestión. Por eso, los trabajadores cualificados emigran, porque no hay empresas que quieran producir valor añadido porque los empesarios de este país (como siempre, con excepciones) sólo saben poner ladrillos y poco más. Los empresarios tipo Díaz Ferrán, el "Pocero" o el Correa no los veo yo invirtiendo en aprender al nuevo y productivo para competir en igualdad de oportunidades. Sin embargo, son los que inundan nuestro país. La productividdad la genera la empresa, la idea, el conocimiento y la innovación, no se le debe achacar a los trabajadores. Los trabajadores españoles en Alemania son más productivos que aquí (al igual, con todos mis respetos, que los andaluces son más productivos en Cataluña). Para mí, está muy claro.

    Además, creo que el hecho de que el peso del estado haya aumentado en los últimos 70 años no tiene por qué ser algo malo (menos si cabe si es el estado de menor peso de la UE-15). En estos años hemos evolucionado algo para bien, creo (con discontinuidades, como los últimos 20 años). Siempre que el estado responda a la acción colectiva (justa y solidaria) y no a la acción lobbista (oligáquica) su peso no es lo que nos debe importar. Ahora bien, si asumimos que la acción lobbista de los poderes públicos es intrínseca del ser humano español, apague y vámonos porque la acción individual va a ser igual de lobbista y corrupta.

    Saludos

  • Buenos días, Antonio.
    Realmente el filósofo de la redistribución, John Rawls, se centra en la igualdad aritmética de rentas sin que parezca posible decir que la igualdad de oportunidades sea su motor causal. No lo creo y de su estudio se deduce que no lo es.
    Más allá de un cierto "lip service" al término, los ideólogos de la redistribución son bastante indiferentes a la "igualdad de oportunidades" porque esta sirve para algo que en su sociedad ideal no tiene sentido: "la movilidad social". La célebre "upwards mobility" que no tendría cabida en una sociedad perfectamente "Giniana", es decir con cero de cociente. A fin de cuentas la movilidad social produce “desclasados” y no interesan.
    ¿Para qué y quién tendría interés la igualdad de oportunidades si todos vamos a recibir y tener lo mismo de una u otra forma?
    De todas formas he guardado su post, Antonio.
    El último párrafo me ha hecho ver que perdura la pasión fuerte por el estado. Hasta tal punto que se pregunta si hay algo de malo en que el estado crezca más y más.
    Esta pregunta es de peso pero ahora no soy capaz de improvisar cumplida respuesta y la verdad es que lo merece.
    Porque respuesta tiene, bastantes más de una.

    Para mí son intuitivas, axiomáticas, evidentes como el aire; pero es cierto que desde mi infancia se me ha inculcado una actitud de recelo hacia todo lo que significase alguna forma de poder de obligada sumisión por ser fuente muy probable de opresión y abuso.

    El estado moderno, fríamente analizado, es también ese tipo de institución que practica un "crowding out" aplastante sobre el individuo precisamente porque no tiene buena opinión de sus ciudadanos y de sus fines más allá del subsistir un tiempo. Es lo que corresponde a los dos "entes" disminuidos e irreconocibles del escenario original de Rawls.

    Un cordialísimo saludo y a ver si esta noche saco un rato para pensar sobre su pregunta.

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