- Nada es Gratis - http://nadaesgratis.es -

Premio a la Macroeconomía joven: Emi Nakamura galardonada con la Clark Medal 2019

La American Economic Association (AEA) premia con la John Bates Clark Medal a economistas menores de 40 años que hayan hecho una contribución relevante al pensamiento y al conocimiento económicos. Creado en 1947, este reconocimiento se concedió cada dos años hasta 2010 y anualmente desde entonces. Se trata del premio para economistas jóvenes de mayor prestigio y se considera una antesala del Premio Nobel de Economía.

En otras entradas (por ejemplo, aquí y aquí) hemos presentado a ganadores de ediciones anteriores de la Clark Medal. En esta ocasión, la galardonada es Emi Nakamura, Ph.D. por Harvard University y, en la actualidad, Chancellor’s Professor of Economics en la Universidad de California, Berkely. Emi es la primera macroeconomista (y la cuarta mujer tras Susan Athey, Esther Duflo y Amy Finkelstein, en 2007, 2010 y 2012 respectivamente) que recibe este galardón.

Se trata de una elección muy reveladora, en primer lugar, por concederse tras un largo periodo en el campo de la macroeconomía tradicional (el antecedente más cercano es 1993),  donde la presencia de mujeres es muy reducida (probablemente, la menor entre todos los campos de la economía). Y en segundo lugar, cuando escuchamos en demasiadas ocasiones que la Macroeconomía ha quedado desacreditada por su incapacidad de anticipar y gestionar la última crisis, la AEA señala con este premio que en dicho campo “están pasando cosas” y que allí el conocimiento económico también progresa.

Es habitual escuchar que “lo que los economistas saben de verdad es Microeconomía, pero lo que les gustaría saber es Macroeconomía”. Pues bien, Emi nos ha enseñado varias cosas sobre las causas de las fluctuaciones económicas y la relevancia del modelo neokeynesiano para entenderlas. Para apreciar sus contribuciones, conviene contextualizar la situación de la macro en relación con estas cuestiones.

Se suele atribuir la paternidad de la macroeconomía moderna a John Maynard Keynes. Sin embargo, buena parte de la investigación macroeconómica en la actualidad se realiza con el llamado modelo neokeynesiano que, en realidad, debe más a Ragnar Frisch que a Keynes. La inmensa mayoría de las versiones de este modelo son dinámicas y se basan en el paradigma impulso-propagación propuesto por Frisch. Dicho paradigma concibe las fluctuaciones económicas como el resultado de perturbaciones exógenas (sobre preferencias de los agentes, tecnológicas, asociadas a las políticas económicas) que se transmiten generando variaciones en las variables macroeconómicas en función de las características estructurales de la economía.

Las reminiscencias de Keynes en el modelo neokeynesiano se limitan a suponer que entre dichas características estructurales que determinan los efectos de perturbaciones económicas la más fundamental es la derivada de las rigideces nominales de precios y salarios. La cuestión prioritaria es, por tanto, comprender cómo, cuándo, por qué y cuánto ajustan las empresas los precios de sus bienes y servicios y los salarios de sus trabajadores ante determinadas perturbaciones económicas.

Es sobre esta cuestión donde Emi Nakamura ha hecho sus contribuciones más importantes. Ante la insatisfacción sobre cómo los modelos macroeconómicos introducían las causas de las rigideces nominales de precios y salarios (costes de menú, “precios a la Calvo”, etc.), Emi tomó el camino más difícil, pero también el correcto: construyó bases de datos microeconómicos que informan de la frecuencia, magnitud y timing con el que las empresas cambian sus precios y las analizó con solvencia estadística y profundo conocimiento de las cuestiones teóricas a las que hay que dar respuesta. (Tan importante es reconocer lo que dicen los datos como reconocer qué cosas de las que dicen los datos son relevantes y por qué lo son). Entre sus primeros trabajos, destacan uno sobre la dinámica de la fijación de precios (presentado en una conferencia organizada por el Banco de España cuando todavía era estudiante de doctorado) y, sobre todo, el publicado en el Quarterly Journal of Economics en 2008, también parte de su tesis doctoral, que pronto se convirtió en la referencia para contrastar si una teoría de determinación de precios es coherente con lo observado en la realidad. Y dicha coherencia es especialmente importante en un momento como el actual en el que reina el desconcierto, incluso entre los propios bancos centrales, acerca de los factores que explican el comportamiento agregado de la inflación (como explicamos aquí).

Pero sus contribuciones no se limitan al análisis de las rigideces nominales de precios y a la introducción de nuevos enfoques metodológicos en la investigación en Macroeconomía. Más recientemente, Emi ha realizado aportaciones muy interesantes y relevantes sobre, por ejemplo, la identificación de perturbaciones de gasto público y de los multiplicadores fiscales asociados a ellas (aquí), sobre por qué los anuncios de tipos de interés futuros por los bancos centrales pueden no ser instrumentos tan eficaces de la política monetaria como se deduce del modelo neokeynesiano (aquí) o sobre cómo mejorar la identificación de modelos macroeconómicos (aquí) para importar la llamada "revolución de la credibilidad" también a este campo.

Así pues, Emi se ha ganado una posición destacada entre los macroeconomistas que han descubierto la importancia de los datos microeconómicos y de la heterogeneidad en las decisiones de los agentes económicos a la hora de construir teorías y realizar análisis macroeconómicos rigurosos. En definitiva, se trata de un premio a la macroeconomía joven (y en femenino) muy merecido y que, sin duda, no será más que un aviso de lo que todavía está por venir.