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¿Para cuándo un consejo de Política Fiscal Independiente?

Después de unos años de tranquilidad, la política fiscal en general y el nivel de deuda soberana en particular son, de nuevo, en el centro de atención de todos.  Las políticas fiscales que expandieron los programas de bienestar en los últimos años parecen tocar a su fin y ahora tocan recortes. El problema es que, en años de vacas gordas, los incentivos políticos son a gastar y eso hace que los recortes en época de vacas flacas sean más dolorosos.

¿Qué podemos hacer para evitar esos vaivenes que no hacen más que confundir y alejar de la clase política al ciudadano medio? Sería recomendable tener una política fiscal (sobre todo en temas de bienestar) mucho más estable en largo plazo. ¿Cómo se consigue eso? Pues estableciendo programas de bienestar que puedan sostenerse en largo plazo y que se vean poco afectados por los cambios políticos y situaciones económicas coyunturales.

Claro está que los incentivos a los que se enfrenta el gobierno de turno no son los adecuados para diseñar este tipo políticas fiscales. Como dije, los incentivos son a gastar en épocas de ingresos abundantes y esperar que la coyuntura económica no se vuelva en nuestra contra durante la legislatura. Hay otro efecto negativo añadido de dejar  política fiscal libremente en las manos de los políticos. Normalmente, las políticas fiscales serán muy laxas o expansivas en épocas de crecimiento lo que no nos permite hacer policía contracíclica en las épocas de crisis. Vamos, que los gobiernos no tienen ningún incentivo a ahorrar para los días malos.

No soy el primero que se ha dado cuenta de esto, ni el primero que ha escrito sobre el tema en el blog. Véase, por ejemplo, este post de Jesús. Los Suecos se dieron cuenta de este tema hace bastante tiempo y crearon un consejo independiente en el 2007 (véase un enlace a una descripción del mismo aquí) y el Reino Unido acaba de crear uno también.

La creación de un consejo de política fiscal independiente en España tendría, además, una consecuencia inmediata. Como se puede ver en el informe de Funcas, descrito en este artículo de El País, parecer ser que el gobierno es siempre muy optimista en sus predicciones de crecimiento. Eso le permite aprobar presupuestos con niveles de gasto e ingresos más altos que con predicciones de crecimiento más conservadoras. Es interesante que una de las funciones del consejo sueco es, literalmente, supervisar las predicciones de crecimiento del gobierno (véase página 8 del citado enlace). Creo recordar que el creado por Osborne tenía una función parecida, pero ahora no encuentro ninguna referencia exacta.

Mi pregunta es ¿Para cuándo nuestros políticos se atreverán a crear uno consejo como los descritos? ¿No sería buena idea que en los planes de competitividad propuestos desde Bruselas consejos de este tipo fueran incluidos?