…y Keynes resucitó y habitó de nuevo entre nosotros (por poco tiempo, Deo Gratias) por Juan de Mercado

[Uno de nuestros colaboradores bajo el nombre colectivo Juan de Mercado reincide sobre el tema tratado el martes pasado por Javier Andrés.]

Durante las primeras fases de la crisis muchos Gobiernos, en respuesta a la intensa caída de la actividad económica que se produjo a finales de 2008 y durante la primera mitad de 2009, pusieron en marcha programas de estímulo fiscal con aumentos significativos del gasto público. En España, estos programas fueron especialmente cuantiosos y aumentaron el gasto público en casi 3,5 puntos porcentuales del PIB (ver un estudio con comparaciones internacionales a este respecto en el trabajo de Philip Lane y Agustin Benetrix que aparece aquí).

No obstante, esta resurrección de Keynes, aunque duró más de tres días, terminó pronto y a principios de 2010 los organismos internacionales y muchos Gobiernos se convirtieron a la austeridad fiscal. Con lamentos nostálgicos, algunos piensan que este cambio de orientación de la política fiscal ha sido prematuro, critican que se haya abandonado el objetivo del “empleo” por el de la “consolidación fiscal” y abogan por mantener e, incluso, ampliar los programas de estímulo fiscal puestos en funcionamiento en 2008-2009, señalando que los recortes fiscales no conseguirán estabilizar y reducir la deuda pública. No comprenden que es un error plantear la discusión sobre política macroeconómica alrededor de una dicotomía falsa (“empleo” frente a “consolidación fiscal”) y que, en las condiciones actuales, en muchos de estos países, no hay alternativa a la austeridad fiscal. Javier Andrés ya ha explicado por qué aquí. Pero no está de más repetirlo en un tono admonitorio, que Javier, por su natural carácter bondadoso, prefiere evitar.

La falsa ilusión de la austeridad fiscal

Paul Krugman es uno de los exponentes más cualificados de la posición contraria a la austeridad fiscal. Sostiene Paul que la austeridad fiscal es contractiva porque subidas de impuestos y reducciones del gasto público producen una mayor disminución de la demanda agregada, ya que familias y empresas también reducen su consumo e inversión ante el aumento de la tasa de desempleo y, en consecuencia, la tasa de crecimiento del PIB se reduce y la tasa de endeudamiento público (la ratio deuda pública/PIB) no disminuye sino que aumenta. Así, con los recortes de gasto y subidas de impuestos no se consigue el objetivo perseguido de mejorar la posición fiscal de estas economías.

Su argumento tiene un cierto respaldo empírico. Un estudio reciente del departamento de investigación del FMI (capítulo 3 aquí) muestra que los efectos de un ajuste fiscal en el corto plazo (unos cinco años, digamos) dependen de muchos condicionantes, tales como el nivel de endeudamiento, la orientación de la política monetaria, la situación de la economía internacional y las expectativas de crecimiento futuro. Solo en circunstancias muy excepcionales, cuando el ajuste fiscal se combina con reformas estructurales que recuperen la confianza del sector privado y las expectativas de crecimiento, la situación económica internacional es boyante, no hay restricciones de crédito y la política monetaria ayuda con bajadas del tipo de interés y depreciaciones del tipo de cambio, cabe esperar que un ajuste fiscal tenga efectos expansivos.

En la situación actual, en nuestro país, los “mitigadores monetarios del dolor” no están disponibles, lo que significa que para aminorar los efectos contractivos del ajuste fiscal hay que complementar dicho ajuste con medidas a favor del crecimiento de la productividad. Es por ello, por lo que, como se ha insistido muchas veces en este blog, las reformas estructurales adquieren una importancia aún más capital, sobre todo cuando algunas de dichas reformas se justifican también por razones de equidad.

La infantil confianza en los estímulos públicos

El mundo es complejo, ni lineal, ni simétrico. Ni más es mejor, ni lo contrario tiene efectos opuestos. Aún cuando la austeridad fiscal fuera contractiva, no tiene por qué ocurrir que los estímulos fiscales puedan, siempre, impulsar una recuperación económica.

En primer lugar, tras un impulso fiscal, para que consumidores y empresas pudieran aumentar su consumo e inversión, respectivamente, sería necesario que su situación patrimonial estuviera saneada y que hubiera más crédito a tipos de interés más bajos, lo que no ocurrirá en el horizonte inmediato, ni siquiera con una profunda reestructuración del sistema financiero. En segundo lugar, para que un aumento del gasto público no se perciba como un lastre aún mayor en términos de impuestos futuros, familias y empresas deberían anticipar un crecimiento económico más elevado y menos incierto. Finalmente, para que buena parte de dichos estímulos no se conviertan en aumentos de las importaciones y en un mayor déficit exterior, sería necesario que los estímulos fiscales fueran coordinados internacionalmente (como bien aprendieron los socialistas franceses en 1982), que no hubiera problemas de competitividad y que los tipos de cambio y de interés coadyuvarán, con una depreciación, en el primer caso, y una reducción, en el segundo.

En definitiva, pocos países están en condiciones actualmente de seguir esta estrategia, y entre ellos no están muchos países europeos, ni siquiera Estados Unidos, próximo a alcanzar su techo de endeudamiento público y bloqueado por un Presidente que propone recortes ridículos de gastos (video explicativo aquí) y un poder legislativo que no acepta subidas de impuestos, que allí son una necesidad urgente.

Cuando Churchill se quejaba de que Keynes destacaba entre los economistas porque parecía tener más de una opinión sobre cuestiones económicas concretas, éste se justificaba diciendo que cuando cambiaban los datos, él cambiaba de opinión. Si alguien tiene línea directa con el más allá, podría averiguar si Keynes ha vuelto a cambiar de opinión sobre la magnitud de los multiplicadores fiscales, a la vista de la situación actual de las economías avanzadas. Mientras tanto, si alguien se encuentra con su profeta más renombrado en la Tierra, Paul Krugman, no debería perder la ocasión de tratar de que explicara cómo es posible basar la recuperación económica en aumentos del gasto público, cuando hablamos de países que están metidos hasta el cuello en una crisis de deuda soberana, con tasas de endeudamiento público superiores al 60% del PIB, con familias y empresas también excesivamente endeudadas, con tipos de interés al alza, con la deuda denominada en moneda extranjera (o lo que es lo mismo, sin control de la política monetaria), con problemas de competitividad, e inmersos en un proceso galopante de envejecimiento de la población, que implicará aumentos del gasto en el futuro y una disminución de la población entre la que repartir la carga de la deuda. (Yo lo he intentado con otros economistas keynesianos que citan a Krugman y suscriben punto por punto sus argumentos, pero, o bien eluden la pregunta, repitiendo ad nauseam que la austeridad fiscal es contractiva, o bien son incapaces de articular una respuesta coherente. Si alguien consigue una, por favor, que la comunique).

La política fiscal que necesitamos

Olivier Blanchard y Carlo Cottarelli han propuesto un decálogo de política fiscal para ser aplicado en el proceso de ajuste de las cuentas públicas de los países avanzados. En las condiciones actuales en España, estos diez mandamientos se reducen a dos: “Evitarás aumentos de la tasa de endeudamiento público por encima de todas las cosas y revisarás tu sistema impositivo y tus programas de gasto público para aumentar su eficiencia”. En España, esto pasa por subir, otra vez, el IVA y otros impuestos especiales (alcohol, tabaco, carburantes), reducir la progresividad de la imposición sobre las rentas del trabajo, elevar la presión fiscal sobre las rentas del capital y de actividades profesionales y empresariales, e introducir mecanismos de elegibilidad y de copago en programas de gasto público, de manera que este se dirija mayor medida hacia aquellos que más lo necesitan y, así, aumente su capacidad redistributiva.

Pero esta entrada ya es demasiado larga y habrá que dejar esta última admonición para la próxima estación del Via Crucis.

Hay 38 comentarios
  • no debería perder la ocasión de tratar de que explicara cómo es posible basar la recuperación económica en aumentos del gasto público,

    Bueno, yo no comparto este argumento, pero lo que en general creo que se puede argumentar es que si el tema se organizara de forma internacionalmente coordinada, con apoyo masivo del BCE y combinado con reformas del lado de la oferta, se podría relanzar la situación. Yo no lo comparto, pero imagino que es más o menos defendible ¿no?

    Claro, pero eso desplaza el problema económico al plano político, no lo soluciona :S

  • No entiendo por qué “revisarás tu sistema impositivo (…) para aumentar su eficiencia” (que es una obviedad, puesto que lo contrario “lo revisarás para disminuir su eficiencia” es un absurdo), se traduce en “reducir la progresividad de la imposición sobre las rentas del trabajo, elevar la presión fiscal sobre las rentas del capital y de actividades profesionales y empresariales” ¿de dónde viene el aumento de eficiencia de esta parte? ¿por qué es “más eficiente” elevar la presión fiscal sobre las actividades profesionales y reducir los tramos altos de las rentas del trabajo?.
    Por otro lado la mayor “eficiencia económica” (menor distorsión en los incentivos de los agentes) de la subida de IVA (versus, por ejemplo, impuestos al trabajo) creo que se ve más que compensada por la mucha mayor ineficiencia en su recaudación (los “tramos altos” de las rentas del trabajo rara vez son en negro). Agradecería aclaraciones.

    En general la idea de desarrollar durante varios párrafos el argumento A para luego concluir B sin explicar sus razones no parece una estrategía muy interesante ni por su potencial didáctico ni por su coherencia epistemológica.

  • No hace mucho leí un trabajo en el que explicaban bastante bien porque los efectos positivos de una expansión del gasto durante las crisis dependen mucho de la solvencia futura. Algo que parece obvio y parece confirmar los hechos recientes. Por cierto hay formas de que una política expansiva no desequilibre aún más tu balanza comercial, por ejemplo rebajando cotizaciones. En mi opinión en una situación de tan poca competitividad y tan alto desempleo, es mejor no potenciar el consumo propio sino rebajar los costes salariales y eso se puede hacer perfectamente con una política expansiva, eso no quita que antes haya que poner el camino para una mayor confianza en nuestra solvencia (perdonar, se que me repito un poco, obsesiones de uno).

  • Buenos días, Juan.

    No sé si entre los documentos consultados has tenido la oportunidad de releer la serie de cuatro o cinco artículos que publicó Keynes en The Times en marzo de 1933 bajo el título genérico “The means to prosperity”.
    La recomiendo porque Keynes es un pozo sin fondo especialmente por las perlas que como sin querer y para el futuro nos fue dejando y que nos obligan a reconsiderar muchas cosas antes de simplificar su verdad revelada en la que él sólo creía mientras era útil.

    Las primeras líneas de dicho texto son fundamentales para entender la diferencia entre la realidad y la virtualidad político económica (sic) y cómo la prosperidad no necesariamente coincide con lo que las métricas configuran.

    Al pensar en esto caemos en la cuenta de que gestionamos contra métricas que pueden no reflejar la realidad y por consiguiente estamos simplemente ganando tiempo político pero agravando la situación real. Es lo que Cives viene a recordar

    La cuestión es cuánto tiempo se puede continuar con este divorcio. Al final, también en aquellos artículos se buscaba una expansión crediticia (soportada –ojo al dato– en reservas de oro globales) para….subir los precios (habida cuenta de las rigideces políticas).

    Voy con el primer párrafo de Keynes en aquel artículo.

    I. The nature of the problem.
    If our poverty we due to famine, earthquake or war –if we lacked material things and the resources to produce them, we could no expect to find the means to prosperity except in hard work, abstinence and invention.
    In fact our predicament is notoriously of another kind. It comes from some failure in the inmaterial devices of the mind….
    The inmaterial devices of the mind….es la realidad virtual que ya no representa bien el día a día.
    Saludos.

  • Estoy totalmente de acuerdo en que chapuzas como el Plan E y similares solo agravan las situación pero como dice Cives hay mejores formas de gastar. De todos modos echo de menos una explicación (más allá de la tan recurrente “confianza”) de cómo los programas de austeridad aplicados van a conducir al crecimiento, especialmente cuando ninguno de los condicionantes mencionados en el estudio del FMI son favorables…eso sin hablar de las experiencias del sureste asiático o Argentina.

  • a Manu Oquendo

    La palabra clave de su cita de Keynes es “resources”. Desde 1930 la población del mundo se ha multiplicado; los recursos no renovables han disminuido. Parece una buena razón para cambiar de opinión

  • Realmente a Keynes nunca se le hizo caso, tanto antes como ahora. Sus políticas siempre se desarrollaron a medias y condicionadas por los recortes de los distintos parlamentos. En su momento, el Congreso norteamericano las amputó hasta el punto que parecían su caricatura.
    En todo caso, hay que escoger el camino y no abandonarlo cuando todavía no se conoce el resultado, que es lo que se hizo en su tiempo y lo que se hace ahora. Y, por supuesto, o se es liberal o se es regulador. Lo que no se puede es fabricar billetes con la presunción de controlar su destino y una vez en circulación, legislar para evitar su control; algo que a los consejeros delegados del consejo de administración les suena a gloria.
    En fin, que como sigamos por este camino terminaremos como entonces, solo que ahora todos tienen la bomba y lo de Yalta ya es historia.

  • El gasto público es bueno si es rentable. La discusión no es gastar frente a no gastar, sino maximizar el retorno de inversión. Un gasto público bien orientado, aprovechando que tiene crédito más barato que la mayoría de las empresas, podría ser un motor de recuperación. Un buen objetivo para la inversión debe ser mejorar la productividad de las empresas. Por ejemplo, invertir en investigación, construir infraestructuras como líneas de tren de mercancías, que reducen el consumo de energía en un 80 % (y no líneas de AVE) … Finlandia hizo una puesta por I+D, precisamente tras una crisis financiera, y no le salió tan mal.

    Lo que es disparatado es el Plan E, subvencionar un sector que necesita adelgazar como la construcción. Esto sólo se explica por el intercambio de favores con las fuerzas vivas de los partidos o de las empresas de obra pública.

    (En este sentido, celebro que Vicenç Navarro haya recuperado la sensatez, y defienda la deuda pública en este artículo con criterios racionales como el retorno de inversión. A pesar de sus habituales soflamas como “las instituciones neoliberales (tales como FEDEA)”, hay que alegrarse de la recuperación de la cordura, esperemos que no sea momentánea).

  • Lo hay que hacer para evitar que el excesivo endeudamiento público (crisis de deuda soberana) que ha provocado la posterior crisis financiera … ¿o era al revés? No importa, lo que hay que hacer es bajar los impuestos a los ricos (progresividad impositiva) y aumentar los indirectos.

    No, en serio, estaría bien argumentar porqué los estados deberían haber dejado hundirse el sistema financiero (como en el 29) en vez de rescatarlos Keynesianamente. ¿O acaso las inyecciones de capital al sistema financiero no son Keynesianos y a las otras industrias sí?

    Tampoco veo ninguna crisis de deuda soberana en USA. Por dios, los inversores están dispuestos a prestarles dinero a unos tipos ridiculos. Nadie tiene miedo de impago de USA. Nada les impide endeudarse más y devaluar, excepto la ceguera de Obama y la estupidez de los Republicanos.

    Y si la zona Euro actuara como un país también podría hacerlo, pero eso no es así y como bien dices solo queda la austeridad.

    Y también se agredecerían recetas para evitar futuros desmadres financieros como el que nos ha llevado a esta crisis.

  • Una sugerencia para los autores de Nada es Gratis.

    Si quieren hablar de mejoras de competitividad hay que hablar de bajar el precio de vivienda. Con los precios actuales de los alquileres es imposible una devaluación interna.

  • excelente exposición, gracias

    El problema es que hay que decirle a una ciudadanía que se cre con derecho a todo y gratis, que no lopuede tener y que a partir de ahora tiene que pagar por servicios que recibe como la atención medica y + por las medicinas que consume. Que ahy qeu subir el recibo de las Escuelas Públicas y de las Universidades y los impuestos generales que gravan la vivienda.

    Completamente de acuerdo en subir los impuestos indirectos y bajar el IRPF, perseguir a los profesionales y empresarios que no pagan y sus múltiples desgravaciones, eso es ser progresista y sobre todo realista. Pero que diran los Bufetes de Abogados, que nutren a los Partidos políticos y al Gobierno de informes y que no paran de hacer lobby.

    Mirar el plan de Italia abrirá los ojos a muchos partidarios de la gratuidad, que nos ha llevado a este desastre en el que estamos.

    Hay que recuperar el espiritu de nuestros padres que vivieron la posguerra, má sesfuerzo, menos vacaciones y, en general recuperar la cultura de “you get what you pay” que ellos tuvieron y todavía algunos conservan.

    un saludo

  • Efectivamente, Keynes siempre resucita cuando hay problemas. Como dijo el mismo Lucas:”We are all keynesians in the foxhole”.

    Primera precisión, no confundir los llamados nuevos keynesianos ( Blanchard, Diamond, Stiglitz, Summers , Taylor…) con lo que decía Keynes, que en su vida habría aceptado un modelo basado en expectativas racionales, individualismo metodológico, optimización y equilibrio (en resumen el famoso DSGE) como algo propio. El propio Krugman, al que citais como paradigma de keynesianismo ha reconocido que no es tal ,ver su conferencia inaugural sobre el 75 aniversario de la Teoría General, que empezaba con la frase “What am I doing here?”. La conferencia puede verse aquí: http://www.princeton.edu/~pkrugman/keynes_and_the_moderns.pdf.

    Pero vamos a lo relevante.

    Todo el mundo esta de acuerdo en que lo que se necesita es aumentar el crecimiento económico. Con tasas de crecimiento suficientemente elevadas la mayor parte de los problemas desaparecen o, al menos, se posponen. El desempleo, el “problema” de las pensiones, los ratios de endeudamiento y déficit…. Incluso las tan citadas “reformas estructurales”, frase que se viene repitiendo, sin muchos detalles, desde la época de Franco, son mucho mas fáciles de abordar en un entorno de crecimiento económico que uno de recesión (lo que pasa es que en un clima de bonanza la necesidad de reformar se siente con menos urgencia).

    Las discrepancias radican en COMO conseguirlo. Dejando al margen posiciones extremas (desde los ultraliberales que piensan que ninguna política de demanda sirve para nada hasta los keynesianos “naif” que creen que gastando, en lo que sea, se soluciona todo) la polémica está entre los que piensan que un paso previo al crecimiento está en consolidar (i.e. reducir) el endeudamiento de los sectores (TODOS, no sólo el público, sino también el privado y el externo) (Nota: Por inexplicables artilugios contables la suma de los tres citados saldos es siempre cero) y los que confían en políticas mas activas, pues asegurando el crecimiento los endeudamientos se corrigen solos.

    La postura vuestra es bastante clara: Primero consolidar deudas y luego ya veremos. Las recetas que proponéis no son precisamente “progresistas” (aumentar impuestos indirectos y bajar la progresividad de los directos), aunque lo maticéis con aumentar la presión fiscal a las rentas del capital y con introducir mecanismos de elegibilidad y de copago en programas de gasto público (¡?). Que esto sirva para hacer crecer la economía es bastante discutible.

    Una alternativa, en mi opinión, mas efectiva seria articular un ambicioso programa de estímulo de la demanda efectiva articulado a nivel de toda la UE (evitando así la citada experiencia francesa) y priorizando el gasto productivo y en sectores con demanda futura y conteniendo el gasto corriente de carácter consuntivo. El necesario equilibrio presupuestario se alcanzaría a lo largo del ciclo y no año a año, según la mejor tradición keynesiana.

    Perdón por la extensión. Saludos.

  • Creo que meter a Lord Keynes en el marasmo actual es un error grosero.

    Él se ocupó de analizar como podía restablecerse el pleno empleo complementando con fondos públicos un deterioro de la inversión privada.

    Ahora, nuestros popes económicos intentan mantener la solvencia del sistema bancario global monetizando la demanda de los activos que tiene en cartera (o los pasivos que le resultan exigibles) mediante un impulso generalizado del gasto, sin importar que en vez de inversión demandante de más empleo, el numerario se destine a consumo público y privado o a compras en el mercado secundario.

    Aquello tenía algo de estrategia y lógica, esto es desesperación lisa y llana…

    Seria bueno no confundirnos. Un saludo a todos.

  • Bueno, más que en dos yo creo que el artículo los resume en uno: al final siempre que bajarles los impuestos a los ricos.

  • Hola, Marcos.
    No coincido mucho con tu observación sobre aquel texto de Keynes.
    Desde los años 30 mucho ha cambiado como para extrapolar sin reflexionar en los cambios pero es forzoso reconocer que son precisamente nuestros recursos los que se han multiplicado en bastante mayor medida que la población. Es innegable.
    Incluso los mal llamados “no renovables”. Una gran parte del petróleo, –justamente la que apenas hemos comenzado a descubrir–, proviene del plancton que se renueva continuamente. La prueba es que en términos relativos sigue mucho más barato que en 1973 (Barril a 3.6 $ y Onza de oro a 35$). Si el precio indica algo hay que reconocer que hoy el petróleo es más abundante que en 1973.
    Salvo en occidente –que lo grava fiscalmente con denuedo– el resto del mundo incentiva su uso llegando incluso al sinsentido de que los combustibles de uso internacional (Aviation Fuel y Marine Diesel) no tienen impuestos y compiten con gran ventaja ayudando a despoblar el universo fabril occidental.
    En tiempos de Keynes, por ejemplo, eran desconocidos la energía nuclear o la capacidad de viajar por el espacio o de cruzar el Atlántico a vela en menos de 14 días, el uso industrial de los materiales fotovoltaicos, la de calcular en un segundo todo lo que antes había llevado miles de años o de comprender la génesis de la vida y la capacidad para reforzarla.
    Hasta para mis nietos de 12 años ya es verosímil la producción genética de alitas de pollo en una fábrica sin gallinas en la que células madre de “alita tres estrellas” se nutriesen de lo necesario sin necesidad de ese increíble generador de CO2 que son las deposiciones y otros vapores animales (más que los coches, Marco, mucho más)
    Podemos y debemos hacer montones de cosas.
    Pero si el ser humano adopta las actitudes religiosas de Levi Strauss regresaremos en volandas a la última y bien reciente glaciación de hace escasamente 10,000 años y unos océanos que en el paralelo 35 (Algeciras) estaban 120 metros más bajos.
    De esto pocos quieren acordarse.

    Saludos

  • “reducir la progresividad de la imposición sobre las rentas del trabajo” ¿Alguien puede apiadarse de un lego en economía y explicarme (o remitirme a algún post donde se haya tratado) el porqué de la necesidad de esta medida?

  • Keynes,
    incluso si se admitiese la posible utilidad de una política de demanda, no se infiere de ahí, necesariamente, que esa política de demanda deba “canalizarla” el estado. No existe agente más capaz para el despilfarro y la inversión de bajo retorno (como lo prueba el hecho de no poder devolver las deudas en las que ha incurrido).
    Algo que parece olvidarse, a pesar de lo bien que lo explicaban algunos liberales (vease Friedman), es que la “demanda” del estado viene de algún sitio:
    – O de subir impuestos y, por tanto, de reducir la demanda privada (no vengamos con cuentos sobre “diferencial de multiplicadores” entre ambas demandas que a estas alturas de pérdida de inocencia …)
    – O de endeudarse, que si nos creemos a Ricardo, nos lleva de nuevo a la hipótesis anterior y, si no, es en cualquier caso evidente el efecto “crowding out” sobre la posibilidad de endeudarse para consumo o inversión de los privados.
    – O de “aumentar la masa monetaria” que, incluso en este caso, mejor estaría dejar en manos de los privados la “alocación” de esa “masa adicional” en donde ellos, respondiendo de alguna forma con la “calidad de su futuro”, estimasen más adecuado.
    No creo (porque veo su absurdo a nivel micro) en las políticas de demanda pero desde luego dejar que sea el Estado quien gestione la demanda “artificial”, con su historial de necedad, incapacidad, arbitrariedad, amiguismo y excelencia en el “misallocation” de recursos, me parece un suicido colectivo (en el que ya estamos bastante avanzados, por cierto)

  • Para Francisco Saurí, sobre su pregunta.

    Hola, Francisco.

    Creo que hay argumentos muy poderosos en contra de la progresividad fiscal a pesar de que en sí misma constituye una de las piezas clave de nuestra arquitectura social.
    Argumentos basados en la teoría de los incentivos y “rational choice”.

    Es fácil demostrar (lo estamos viendo en directo) que un sistema fiscal progresivo trabaja en contra de la colectividad que lo practica, fomenta la tasa de “free riders”, ayuda a que estos adquieran extraordinarias habilidades y proliferen en exceso, expulsa o encarece los frutos del talento superior y termina en muy pocos ciclos por destruir un sistema que, sin freno alguno, incentiva decisiones basadas en mayorías suficientes sin que se puedan tener en cuenta diferencias cualitativas.

    Por ello, una vez los “free riders” alcanzan números relevantes, el resto de la ciudadanía está condenado a servirles. Y una vez que la ciudadanía cae en la cuenta de este fenómeno el “moral hazard” interviene y hace el resto destruyendo hasta la esperanza de solución.

    He hablado de “free riders” y no de “truly needed” porque creo en un sistema solidario con aquellos que no pueden ayudarse a si mismos, pero el argumento moral definitivo lo proporciona Adam Smith en su obra “Teoría de los sentimientos morales” justamente cuando por vez primera habla de la “mano invisible”.

    Al contrario de lo que se suele creer no se refiere al mercado dejado a su libre albedrío. Lo hace para explicar que de una u otra forma los muy exitosos terminan compartiendo los frutos de su éxito porque necesitan pagar los servicios y el trabajo de los menos afortunados repartiendo de este modo su riqueza.

    Hay otros argumentos muy importantes como que no se puede basar una sociedad en recurrentes apelaciones populistas a la envidia de los mejores de entre nosotros.
    Esta es una técnica perniciosa que inexorablemente nos destruye desde dentro.

    Saludos.

  • Coincido completamente con esta entrada. Por desgracia se publica en 2011 y no en 2008 ó 2009, cuando quienes afirmaban que los “estímulos fiscales” planteados con una situación como la nuestra eran un auténtico suicidio eran tratados como herejes. Se ve que no espabilamos: si nuestra salud nos lo permite y volvemos a vivir algo semejante a esta crisis en el futuro, doy por seguro de que repetiremos los mismos errores. No me extraña que los economistas seamos cada vez más criticados.

  • Manu Oquendo: el plancton se renueva continuamente, cierto. Pero el proceso por el que este plancton se transforma en kerogeno primero y petroleo después es lento y azaroso. No se han descubierto rocas madre de edad inferior a los 10 Millones de años, la mayoría tienen edades muy superiores. Es claro que , desde el punto de vista humano, estos recursos fósiles son no renovables.
    La comparacion relativa de los precios de oro y petroleo no tiene especial peso. El oro es un producto minero, tambien no renovable a escala humana. Cualquier serie de precios del petroleo indica que, pese a la recesion, permanecemos cerca de máximos.

    La energia nuclear ha demostrado ser mas compleja de gestionar que lo que inicialmente se esperaba. Las fuentes renovables de energia no tienen escala suficiente.
    A diferencia de los años 30 sabemos ahora que la capacidad de carga de la atmósfera tiene límites prácticos que dificultan confiar el futuro (inmediato, los proximos 100 años) a los recursos minerales menos concentrados (carbon, esquistos, arenas bituminosas).

    Probablemente mi secta religiosa sea distinta a la suya…espero convertirme algun día

  • Me encanta que aflore el Gran Debate, el que empiezan a protagonizar Manu Oquendo y Marcos (¿se necesita un post aparte?).
    Mi aportación es una sentencia: Seamos consecuentes con los antecedentes. Es decir, planteado el problema (o el no problema), las soluciones (o actuaciones) tienen que guardar relación con lo analizado. Más claro, si no hay problemas, actuemos sin restricciones, y si los hay, limitemos los elementos que se salen de las restricciones, que son, a primera vista, la población y la extensión de la “buena vida” a toda la Humanidad. ¿O es posible una visión mixta?. Si lo es, habrá que teorizarla.
    Saludos.

  • José Pablo:

    La eficacia de las políticas de demanda está ampliamente documentada y, desde luego, tienen que estar implementadas por el Estado (si no, no serían Políticas). Esto no quiere decir que tenga que ser el Estado el que personalmente las lleve a cabo. Por ejemplo, BAJAR impuestos (tu referencia a subir impuestos debe ser un error pues eso no suele estimular la demanda, salvo en casos muy especiales) tanto en general como para algún tipo de inversión que se considere interesante por su capacidad para crear empleo o por tener otro tipo de connotaciones que se consideren interesantes. Este es el tipo de políticas que lleva a cabo el sector privado estimulado por incentivos que proporciona el sector público.

    Otra forma de que el Estado estimule la demanda es aumentando el gasto en bienes y servicios. Aquí, puesto que este gasto en bienes y servicios es un ingreso para el sector privado, el papel del Estado sigue siendo “subsidiario”.

    Pero, ¿Qué pasa si a pesar de estos estímulos el sector privado sigue renuente a aumentar de forma significativa la producción y el empleo? (Esto no es una pregunta retórica: véase las enormes cantidades de dinero dadas en todo el mundo a la banca, que ha aumentado considerablemente sus beneficios pero sigue sin aumentar sus créditos o a otros sectores-automoción- que han optado por reducir su endeudamiento en vez de aumentar el nivel de producción y empleo).

    En este caso, y aunque las sensibilidades liberales empiecen a chirriar, el Estado puede DIRECTAMENTE crear empleo, política que es universalmente reconocida como mas expansiva (se crea empleo directo y, además, los nuevos empleados gastan sus sueldos en comprar bienes y servicios al sector privado). De esta forma, los beneficios del gasto público llegan a los sectores que mas lo necesitan y que, hasta ahora, del desmedido aumento del gasto público sólo han sacado desempleo, deterioro de sus condiciones de bienestar y aumentos de los salarios reales muy inferiores a los de la productividad (lo que los marxistas llaman aumento en la tasa de explotación).

    Todo esto debe ser evidente para cualquiera con un mínimo de conocimientos de economía y no sesgado por per/pre-juicios ideológicos.

    Saludos.

    PS.
    No comento nada del “crowding-out” pues ya he escrito bastante, pero eso es “el punto de vista” del Tesoro británico de los años 20 del pasado siglo, esto es, teoría pre-keynesiana….después de Keynes.

  • Es una interesantísima tertulia la suscitada por el artículo. Trae un recordatorio oportuno cuando nos dice que causas contrarias no necesariamente producen efectos contrapuestos.
    Keynes hablaba continuamente de la necesidad de equilibrio, de alejarnos del extremo y del sesgo maniqueo que tanto daño nos hace.
    El post de Juan también se pregunta si sería posible “averiguar si Keynes ha vuelto a cambiar de opinión sobre la magnitud de los multiplicadores fiscales, a la vista de la situación actual de las economías avanzadas”.
    No cabe duda de que si viese nuestra situación se sorprendería con incredulidad. El dejó escrito muy claro (Teoría general) que sus recetas eran para economías con una fiscalidad en torno al 10% del PIB (se pregunta explícitamente qué pasaría si fuese del 25%) amén de que él vivió en un imperio y en un mundo con “5 grandes” por no decir dos. El resto éramos, industrialmente sin duda, tierra de misiones a todos los efectos.

    Hay un aspecto soble la política de estímulos de demanda y déficits fiscales que siempre me ha hecho dudar de su sostenibilidad: Parece evidente que todo lo que no sea inversión productiva que mejore competitividad (Capital físico o humano) termina por destrozar el patrimonio y la cuenta de P&G de cualquier sociedad. Mucho de lo que se ha intentado pasar por estímulo desde Roosevelt ha pertenecido a esta última categoría y sus efectos son muy visibles.

    Y esto es así independientemente de si tenemos déficit fiscal o no. Esto es importante porque a veces da la impresión de que el problema fundamental fuera el déficit y no es cierto. El problema es qué hacemos con esa financiación exterior.

    Por último, el asunto de los recursos finitos o no.
    Creo que, como hablábamos al principio, es cuestión de equilibrio. Keynes –y James Lovelock– lo recuerdan continuamente.
    Por otra parte está el concepto de la infinitud de los fractales y el espacio está lleno de fractales que si dejásemos de explorar estaríamos simplemente reduciendo las dimensiones de nuestro universo.

    Buenas noches

  • KEyNES:

    Su error está en que el problema de España no es la deuda pública, sino la deuda externa. Las transferencias internas de dinero no sirven para pagar las deudas con un alemán.

    España tiene un problema crónico de déficit de balanza por cuenta corriente, compra más de lo que vende cada año. Tradicionalmente, esto se manejaba, mal que bien, devaluando la peseta. Recuerde usted las devaluaciones de 1959, 1967, 1977, 1982, 1992, 1995. Fíjese que con estas últimas la peseta perdió un 50 % de su valor. Por desgracia, la competitividad de nuestra economía no ha mejorado y el problema sigue ahí.

  • Keynes,
    1.- la “eficacia de las políticas de demanda” está mucho menos que “ampliamente” documentada. Por citar el contrargumento que más convincente me ha parecido últimamente: el análisis que hace Barro sobre la evolución del gasto publico desde 1929 y que muestra con claridad que esa supuesta “eficacia” es, como mínimo, empíricamente indemostrable puesto que con la excepción de la II Guerra Mundial y la guerra de Korea no se han dado incrementos substanciales de gasto público susceptibles de tener un efecto “no marginal”. Es evidente que teniendo sólo dos ejemplos poco análisis concluyente se puede hacer al respecto.
    Además, como apunta Manu. ¿que significa incrementar el gasto público cuando ya representa más del 50% de la economía (hasta Keynes se asustaría)?. Es evidente que solo cabe pensar en incrementos marginales.
    2.- “subir” impuestos es la otra cara del aumento del gasto público (salvo que pretendas no financiarlo, en algún momento debe producirse). Como ejemplo “bien real” y bien sangrante, la subida de impuestos que sigue al Plan E. En esto consisten, básicamente, las políticas de gasto público: en transferir recursos de quien lo invierte con criterio y retorno a quien lo despilfarra en absurdeces … y conviene reivindicar la relevancia del retorno en la inversión
    3.- que la banca europea tendría más margen para prestar si no tuviera su pasivo “atestado” de deuda soberana también parece un “ejemplo real” de que el “crowding out” no es de los años 20 sino bien real (mejor prestar al estado que a Construcciones Martinez)
    4.- desde luego que una política expansiva que redujese los impuestos (idealmente más a quien con más criterio invierte los recursos … o sea, antiprogresividad) y que se “financiase” con una reducción de gasto del estado sería extraordinariamente eficiente (ie en vez de subir impuestos para pagar el Plan E, eliminar “planes E” para bajar impuestos). Pero eso no es keynesianismo, sólo sentido común (“el ojo del amo ….”)
    Creo que las olas de la realidad baten incansables las torres de marfil en las que algunos pretenden refugiarse.

  • Emilio,

    Efectivamente, la Balanza por cuenta corriente viene presentando déficits desde hace mas de 20 años (con ligeras excepciones como el periodo 1995-97), pero en cifras bastante manejables. Es a partir de 1995 cuando se dispara a más del 6% del PIB y alcanza su máximo en los años 2007 y 2008, superando el 9% del PIB. Desde esa fecha ha iniciado una cierta mejora situándose en 2010 en el 3,86%, lo cual es consistente con la recesión económica que padecemos. Como tiene que suceder, el déficit del sector privado (5,4% del PIB) y del sector público (9,25% del PIB) se ajustan para que la suma de los tres sea cero. Las cifras son de 2010.

    Este problema crónico de la BC/C es especialmente peligroso cuando la posibilidad de devaluar la moneda está fuera de nuestro alcance, pero se amortigua teniendo en cuenta que nuestros principales socios comerciales (Alemania, Francia, Portugal…) también utilizan el euro como moneda.

    La mejora de la productividad es, efectivamente, el reto pendiente. Únicamente señalar que esta mejora se puede alcanzar de muchas formas, siendo la peor la “vía asiática” (salarios de hambre, fábricas estilo campo de concentración-con uniforme y recuento del personal incluido- y jornadas de mas de 12 horas).

    Saludos.

  • KEyNES,

    Si se hace una política expansiva, la gente gasta más, importa más, por la menor competitividad de los artículos españoles y el problema empeora. Cualquier dinero inyectado en planes expansivos va a ir más a fuera que a dentro.

  • KEyNES,

    No entiendo eso de que “el problema de balanza por cuenta corriente amortigua teniendo en cuenta que nuestros principales socios comerciales (Alemania, Francia, Portugal…) también utilizan el euro como moneda.”

    Vale, no hay el problema de la devaluación de la moneda, pero sí el problema de la quiebra de un país. ¿Le parece poco?

  • Estimados lectores, Juan de Mercado me ha pedido que cuelgue este mensaje en su nombre:

    Muchas gracias a todos por los comentarios. En ninguno de ellos veo una objeción fundamentada a la tesis central de esta entrada, que no es otra que no hay alternativa a la austeridad fiscal porque un aumento del gasto público no sería expansivo en la situación actual. En consecuencia, la política fiscal debería concentrarse en asegurar el cumplimiento de los objetivos de déficit público fijados en el Programa de Estabilidad y Crecimiento, en mejorar la composición del gasto público, para hacerlo más redistributivo, y en una reforma impositiva, que es necesaria y urgente.

    Hay comentarios críticos sobre las líneas que se proponen para orientar esta reforma impositiva, en particular sobre la idea de reducir la progresividad fiscal sobre las rentas del trabajo. Sobre las razones que justifican esta propuesta, remito a los lectores a una próxima entrada. Mientras tanto, para los más impacientes, recomiendo la lectura de un opúsculo del CREI que contiene una breve introducción a la literatura económica sobre progresividad fiscal, escrito por uno de los antiguos colaboradores de este blog, Juan Carlos Conesa, y que está disponible aquí:

    http://www.crei.cat/files/filesOpuscle/30/101104114442_ESP_Opuscle27_CREI_CAST.pdf

  • José Pablo,

    Políticas de demanda no son solamente políticas fiscales expansivas. Subir tipos de interés, por ejemplo, es una política de demanda contractiva y, estarás conmigo, ha funcionado según lo previsto (ver por ejemplo la llamada “recesión Volker” que, entre otras cosas, provocó el descrédito del monetarismo friedmaniano).

    Tengo bastante aprecio por Barro, por lo que me extraña mucho lo que dices (¿alguna referencia?). De hecho, si miras las estadísticas del crecimiento de los EEUU, que supongo es de lo que habla Barro, verás que las políticas de aumento del gasto de los años 30 (mas del 40%, llegando el déficit publico a superar el 5% del PIB ) hicieron que la economía USA pasase de crecimientos negativo (-8% en 1930 y -13% en 1932) al 13% en 1936, al tiempo que el desempleo se reducía en 1/3. En 1937, Roosvelt, presionado por los fanáticos del equilibrio presupuestario (la vida sigue igual), decidió aumentar los impuestos, provocando la recesión de 1938(PIB:-3%), en vista de lo cual puso en marcha un programa de empleo público que aumento bastante el déficit y recuperó la economía (1939: +8%; 1940:+10%), y todo ello mucho antes de la entrada de los EEUU en la guerra mundial (1942). Ya se que eran otros tiempos, pero que una economía pase de crecer el-13% al +13% en 3 años debido al aumento del gasto público en un 40%, no parece irrelevante.

    Respecto a la no existencia del “crowding out”, te paso una referencia, pues seguramente la opinión de un premio nobel te parecerá mas convincente:
    http://krugman.blogs.nytimes.com/2009/01/27/a-dark-age-of-macroeconomics-wonkish/

    Tu propuesta de reforma fiscal antiprogresiva será, sin duda, muy apreciada por quienes “tienen mas criterio para invertir los recursos” (pedazo de eufemismo para referirse a los ricos). El problema es si realmente lo van a invertir (y en qué) o simplemente se lo embolsan o, para decirlo mas finamente “lo emplean para sanear balances”.
    Saludos.

    PD
    Me ha gustado mucho tu frase de:

    “Creo que las olas de la realidad baten incansables las torres de marfil en las que algunos pretenden refugiarse”

    En la literatura SI que tienes futuro.

  • Para Samuel.

    Hola, Samuel.
    Recordarás que la propuesta de tipo único en renta con altas exenciones que recomienda el estudio de la Pompeu la anunció Miguel Sebastián como una posibilidad para esta legislatura. Todavía resulta políticamente complicada porque resulta fácil oponerse a ella con argumentos populistas.
    El caso es que he echado una ojeada al documento que adjunta Juan y resulta muy interesante ver una propuesta que se apoya filosóficamente en Rawls y llega a conclusiones bien diferentes de las que este profesor prescribía. A mi me parece muy racional el ejercicio si bien en rentas de capital tendría otro tratamiento bastante más favorable habida cuenta de cómo se calcula la inflación.

    Para Key-Nes.

    Durante muchos años, cuando iba en coche por el Merrit Parkway, me resultaba inevitable no recordar las políticas de gasto de Roosevelt. La verdad es que por aquella época no tenía uno mucho tiempo para mirar datos y me quedaba admirando puentes, parques, presas, y turnpikes.

    Ahora he vuelto a hacerlo con calma y veo que hay un gran movimiento de revisión histórica de las políticas de sus gobiernos y que las conclusiones son muy críticas.
    No tanto por los estímulos de demanda como por otros aspectos de su política económica. Aranceles y rigidez legislada de precios, por ejemplo, que agravaron mucho la situación de empleo.
    El caso es que el desempleo pasó del 3.4% en el 29 al 24.9% el año 33, baja hasta el 14% en el 37 y el año 42 todavía estaba un poco por encima del 21%. No se puede decir que fuera un éxito, más bien todo lo contrario porque este parámetro era prácticamente el doble de Inglaterra.

    Últimamente tiendo a pensar que la entrada de USA en el escenario bélico europeo se hizo sólo tras conseguir de Churchill y De Gaulle que el imperio inglés y las colonias francesas les fuesen abiertos como mercados tras la guerra.
    Es todo bastante complicado y no es fácil emitir juicios muy taxativos.

    Saludos a todos

  • Keynes,

    no he encontrado la referencia de Barro que comentaba pero te adjunto un resumen de sus conclusiones: (http://www.fundacionrafaeldelpino.es/inicio.asp?canal=1&menu=1,161,171&enlace=visorpagina.asp?cod_pag=994). Extracto la idea clave (pido disculpas por “editar” a un premio Nobel … pero supongo que no te importará dado que aprecias mis dotes literarias): “he realizado cálculos respecto a la respuesta del PIB a los cambios que realiza el gobierno en su política de gasto en bienes y servicios. Es un efecto muy pequeño y, lo que es peor, a largo plazo, el efecto global será negativo ya que hará falta una subida de impuestos para pagar ese aumento de la deuda. Creo que, dada la actual situación de déficit fiscal en los EE.UU., el esfuerzo debería haberse orientado hacia los recortes de impuestos y no hacia el aumento del gasto público. En el aspecto fiscal, antes que haber realizado devoluciones de impuestos a los contribuyentes, el paquete de estímulos fiscales debería haberse concentrado en recortar los tipos marginales de los impuestos”. Seguramente, la opinión de un premio nobel te parezca más convincente.
    Por lo que se refiere a la reforma fiscal antiprogresiva dos apuntes:
    – no es “a los ricos” que, como sabes, es un “estatus de stock” y no un “estatus de flujo” es a quienes generan riqueza (variable de flujo) y sí, anticipo, con sentido común, que quien más recursos genera es quien con más eficiencia sabe invertirlos (más sin duda que el estado). Acepto que implica la hipótesis de “competencia perfecta” y creo que es ahí (y no en redistribuir) donde debe centrarse el esfuerzo del regulador.
    – te recomiendo la referencia de Conesa que apuntaba Samuel en la que puede leerse: “De este ejercicio se aprende una lección muy importante: contrariamente a lo que pudiera parecer a primera vista, gravar las rentas del capital en el largo plazo no es una forma efectiva de redistribuir de aquellos individuos que tienen más capital a aquellos individuos que dependen más de ingresos del trabajo”, como por otro lado dicta el sentido común más extendido.
    Sé que en las torres de marfil tiene un encanto particular la “programación centralizada” pero nadie invierte el dinero mejor que su dueño (habrás oido hablar del problema de agencia, si existe en los gestores imáginate en los sabios a sueldo del estado)

  • Jose Pablo

    Insisto pasar de crecer del -13% al +13% no me parece “pequeño” ni “marginal”, lo diga unpremio nobel o su porquero (quizás, por tratar de hacer justicia, Barro se refiere a gasto en bienes y servicios y no al plan de empleo público de Roosvelt…).

    Nunca he sido partidario de gravar las rentas del capital, especialmente con el sistema de imposición actual, pues supone una( muy injusta) doble imposición (una vez cuando recibes la renta y otra cuando obtienes beneficios de una inversión). De hecho esa es una de las razones por las que siempre he propugnado un impuesto directo al gasto que sustituya la actual imposición directa a personas físicas y jurídicas. Pero esto habrá tiempo de comentarlo en una próxima entrada que nos anuncia Samuel.
    Saludos

  • Muy interesante el post y los comentarios

    La verdad es que cuando se analizan los problemas de nuestra sociedad uno se sorprende de las escala de los cambios recientes y los que quedan por venir
    Para mí, aparte de los problemas financieros, en la economía real estamos cabalgando una onda de Kondratiev que tiene las siguientes características básicas:

    a) La estructura de la globalización actual ha conseguido la paradoja de que el único gran país de teórica ideología marxista haya hecho revivir el “ejército industrial de reserva” que describía Marx como fuente última de su ley de “miseria siempre creciente” del sistema capitalista, y cuyo hundimiento auguró por esta causa, pero que finalmente no se llevó a término ya que, hasta como Popper describe en el cap 20 de la Sociedad Abierta, por desencadenarse, entre otras cosas gracias a la profecía marxista, un conjunto de luchas y conflictos que propiciaron el arbitraje y la mejora de las condiciones laborales y sociales de los trabajadores

    b) La creciente automatización en todos los ámbitos y sectores de actividad está consiguiendo ganancias de productividad espectaculares, pero al mismo tiempo la fuerza de trabajo necesaria es mucho menor. Habrá que ver a qué se va a dedicar la población siempre creciente de trabajadores en el futuro y de donde sacarán sus ingresos para subsistir

    c) Desde el punto de vista energético existe el concepto de la EROEI= Energy return on energy invested; es decir, la energía que se obtiene respecto a la que se invierte en su obtención. Hace 80 años la EROEI era de 100:1, hace pocas décadas estábamos en 50:1, ahora estamos en 20:1 de media, pero los nuevo yacimientos de crudo tienen un valor de 5:1, además de que la producción de petróleo está estancada desde 2005, la energía necesaria para extraerlo y procesarlo es cada vez mayor (perforaciones a 5 millas de profundidad, etc…). Las energías renovables más eficientes, como la eólica, tienen un factor EROEI de 16:1, y la fotovoltaica, el hidrógeno y la producción de etanol y otras “renovables” tienen, de hecho, una EROEI negativa, por lo que no son, de hecho, “fuentes” de energía, sino sumideros de energía. Vamos a un mundo donde la producción, los desplazamientos, el uso masivo y distribuido de la energía va a decrecer mucho per-cápita, y esto es también otra forma de “austeridad” necesaria. Curiosamente la tendencia del punto a) va en contra totalmente de este punto, porque es demencial que lo que se produce en un lugar se consume a miles de kilómetros después de un complejo circuito de transporte de componentes, mediando embalajes, manipulaciones, etc…

    Al final, por las propias limitaciones del planeta, es probable que tengamos que ir a una gran “austeridad” pero hay que tener cuidado a donde se llega, la tendencia a que va tiende a parecerse a la austeridad de la “Gilded Age”, con una inmensa mayoría viviendo en la “austeridad” de salarios de superviviencia y una minúscula población de inmensamente ricos viviendo como reyes
    Estamos en una fase de “efervescencia Durkheimiana”, donde existe el potencial peligro futuro de que un elevado número de personas decidan “romper la baraja”, es decir, como en el juego del “Ultimatum game” si no hay “fair play” todos perdemos. Lo cual ha ocurrido muchas veces en la historia, por ejemplo a los potentados de la Gilded Age les sorprendía cómo los obreros hacían huelgas de semanas cuando apenas podían comer con los salarios que tenían trabajando, o cómo Napoleón se sorprendía de la resistencia de los españoles sin parar en sufrimientos y muertes
    Cuidado con el “fair play”

  • Hola, DFC, buenos días.
    Comparto bastante de tu comentario.
    Desde hace mucho tiempo el control de la opinión es importante en la agenda de gobierno dado que los niveles de vida están declinando para enormes capas de la población occidental y también para la media a pesar de la maleabilidad del IPC y de la creciente fiscalidad subrepticia (la oculta en precios de servicios públicos prestados por corporaciones privadas).
    Algunos apuntes a tus sugerencias.
    1. La vía globalizadora es una forma de escape natural a corto plazo (sistémica dirían Wiener o Beer).
    Es la línea más “confortable” para el mantenimiento de las estructuras políticas y económicas actuales. El “sistema” conduce a ella porque las alternativas resultan más incómodas y les ofrecen rendimientos decrecientes.
    Aquí es imprescindible una buena gestión de la opinión pública que impida desmanes y estampidas. Por usar un símil agrario, los pastores unen los rebaños y gestionan conjuntamemente. Esto, hasta en el refranero, garantiza problemas adicionales para las ovejas.
    2. Es cierto que, a efectos prosperidad ciudadana, estamos en un ciclo que podríamos llamar Kondratieff descendente: La absorción de los efectos de las TIC a lo largo y ancho de todas las actividades productivas.
    Sin embargo vemos que a medida que se reduce el coste de “producir” se incrementa el coste de “distribuir” del cual depende la fiscalidad a los ciudadanos (la única real). Esto es el resultado de incentivar el comercio y producción distante a base de penalizar fiscalmente los de proximidad y esto siempre produjo empobrecimiento.

    Entiendo los comentarios sobre escasez energética. Son ortodoxos y políticamente correctos.
    Sin embargo todavía hoy el barril es más barato en términos reales de lo que costaba en 1973. (3.6$ vs unos 100/110 $ comparado con un $ a 35 la onza y hoy a casi 1600$).

    Lo que ha sucedido es otra cosa, la energía se lleva una proporción mayor de la renta personal porque desde entonces ésta se ha reducido mucho como puede comprobar cualquiera que trabajase en aquella época y conserve un recibo de su nómina y lo compare en términos reales con su equivalente actual.

    Saludos

  • Hablando de la vigencia de Keynes, creo que fue el único que se opuso a las condiciones draconianas del Tratado de Versalles, que tantos dolores de cabeza comportaron después. Claro que Alemania no es Grecia, pero la absurdidad es la misma.

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