¿Qué hace que nos hagamos controles de hipertensión, colesterol o diabetes? ¿Y que queramos dejar de fumar? Seguramente, la idea de disfrutar de los años que vivamos y que, si no nos cuidamos, nuestra vida será seguramente más corta son importantes. ¿Qué haríamos entonces si descubriéramos que seremos más ricos en el futuro? En teoría, si anticipamos que, gracias a ese mayor nivel de riqueza, los años futuros serán más atractivos e interesantes, que merecerá más la pena vivirlos, lo más probable es que queramos vivir más años y, por lo tanto, cuidaremos más.
En la práctica, no está tan claro. Del dicho al hecho, hay un trecho. Dejar de fumar no es fácil. Nos inventamos excusas para no ir al gimnasio. Preferimos no hacemos tests para no saber que estamos enfermos (“ojos que no ven, corazón que no siente”). Puede que incluso haya personas para las que el consumo y la salud sean sustitutos imperfectos…
En este reciente trabajo, mi coautores Grant Miller, Nieves Valdés y yo intentamos dar respuesta a la pregunta que nos ocupa aprovechando la reforma del sistema de pensiones de Chile en 1981, que cambió de ser de prestación definida a contribución definida. Los individuos nacidos después de mayo de 1963 solo aportan al nuevo sistema de contribución definida. La mayoría de los nacidos antes de esa fecha también se incorporaron al nuevo sistema, y sus aportes previos al sistema de prestación definida fueron reconocidos mediante un “bono de reconocimiento”. Después de mayo de 1963, las aportaciones van a un fondo de pensiones al que el individuo accede cuando se retira. La Figura 1 muestra nuestra estimación del saldo del fondo de pensiones en el momento de la jubilación para los individuos representativos de cada cohorte (mes y año de nacimiento). Es evidente que cuando introducimos el “bono de reconocimiento” en el cálculo del saldo del fondo, aparece un cambio de pendiente para la cohorte de mayo de 1963. Esto nos permite utilizar un diseño de regresión con cambio de pendiente (regression kink design) para estimar el efecto causal del saldo del fondo de pensiones al jubilarse sobre los comportamientos en salud.
Para la mayor parte del análisis empírico utilizamos la Encuesta de Protección Social, un panel en el que se recogió información en los años 2004, 2006, 2009, y 2015. Ligamos esta encuesta a los datos administrativos del sistema de pensiones, y estimamos el saldo del fondo de pensiones para cada individuo de la Encuesta de Protección Social que no haya llegado a los 65 años. Con esto concluimos que el cambio de pendiente observado en la Figura 1 para el individuo representativo, también se observa en los datos para los hombres, pero desafortunadamente no para las mujeres, posiblemente porque hay más heterogeneidad en la edad en la que comienzan a participar en el mercado de trabajo. Así que, de ahora en adelante, los resultados se referirán sólo a los hombres.
Figura 1: Saldo estimado del fondo de pensiones a la edad mínima de jubilación
La Figura 2 muestra el porcentaje de pruebas de detección de diabetes en todas las cohortes (cohortes mayores a la izquierda y más jóvenes a la derecha), que no han llegado a los 65 años en el momento de medición. Como era de esperar, cuanto más jóvenes son las cohortes, menos pruebas de detección de diabetes se hacen, pero la tasa de disminución se atenúa para los nacidos después de mayo de 1963 (línea vertical roja). Este tipo de análisis gráfico lo repetimos en la Figura 3 donde, a la izquierda mostramos un índice que recoge distintas inversiones en salud (pruebas de detección de diabetes, colesterol, tensión arterial, cáncer de próstata, y otras consultas preventivas), en el medio un índice de comportamientos pocos saludables (fumar, beber, inactividad física), y a la derecha un índice de diagnóstico de enfermedades crónicas.
Figura 2: Tasa de pruebas para la detección de diabetes por cohorte de nacimiento.
En los gráficos de la Figura 3 se aprecia un cambio de pendiente en las variables de salud, pero de nuevo hemos de utilizar el método de regresión con cambio de pendiente para cuantificar los efectos. Encontramos que un aumento de 1.000 dólares en el saldo estimado del fondo de pensiones al jubilarse aumenta la probabilidad de realizar pruebas de detección de hipertensión, diabetes y colesterol (0,06 puntos porcentuales (pp.), 0,04 pp. y 0,04 pp., respectivamente, lo que representa entre 0,12% y 0,20% en relación con la media). Al aumentar el saldo estimado del fondo de pensiones también disminuye la probabilidad de fumar y aumenta la probabilidad de realizar actividad física. La ingesta de alcohol no parece cambiar. También observamos que aumenta el diagnóstico de enfermedades crónicas, y encontramos evidencia de que esto se debe a que estas personas se hacen más análisis de detección, no a que aumente su prevalencia.
Figura 3: Índices de comportamiento y diagnóstico de enfermedades por cohorte de nacimiento.
Estas inversiones en salud se tradujeron en ganancias en longevidad. Encontramos que, en el punto de cambio de pendiente, el riesgo de mortalidad disminuyó un 0,65%. Además, la mayor reducción se observó en la mortalidad por enfermedad isquémica del corazón —una condición particularmente sensible a conductas preventivas como la actividad física, la reducción del tabaquismo y el tratamiento adecuado de la diabetes, el colesterol y la hipertensión—, cuyo riesgo cayó en un 11,4%.
En todo este análisis, no podemos estar seguros de que estos hombres no estén pidiendo prestado aprovechando su futura riqueza, o simplemente ahorrando menos, y que estas mejoras se deban al consumo extra antes de jubilarse que estas alternativas les permitiría. Afortunadamente, utilizando la encuesta financiera de hogares de Chile y la misma metodología, estimamos que no hay efectos en el consumo contemporáneo. Por otro lado, las inversiones sobre las que encontramos efectos no requieren gastos adicionales (dejar de fumar, actividad física), y las pruebas de detección están cubiertas por el seguro de salud, excepto por unos copagos muy bajos.
Por tanto, nuestra investigación muestra que una mayor riqueza esperada al jubilarse lleva a mayores inversiones en salud. Aportamos evidencia de que las personas tienen en cuenta el futuro cuando toman decisiones relacionadas con su salud, invirtiendo en ella hoy para asegurarse de poder disfrutar de su riqueza más adelante. Nuestros resultados contrastan con los de un experimento reciente que mostró que recibir una ayuda mensual de 1.000 dólares durante tres años no mejoró ni la atención preventiva ni los hábitos de salud de los residentes de bajos ingresos en Estados Unidos (Miller et al. 2024).
Nuestra investigación subraya el papel positivo del futuro en motivar las inversiones en salud. Ahora nos toca pensar qué tipo de intervenciones o políticas se podrían fundamentar en este principio, para motivar que hoy nos cuidemos más, y que el futuro no nos coja desprevenidos.



