Los exámenes “on-line” no son exámenes

Por Juan Luis Jiménez

La pandemia del Covid-19 ha traído importantes cambios en la docencia en todo el mundo: para los gestores, lograr que alumnado y docentes dispongan de infraestructuras adecuadas para recibir y realizar la labor docente; para el alumnado, adaptarse al nuevo marco telemático; y para los docentes, mantener la calidad de las clases que fueron presenciales, además de evaluar “en condiciones”.

Algunos de estos cambios se han abordado en el blog. Cerrar los centros educativos (para primaria y secundaria, fundamentalmente) es una mala opción para la igualdad de oportunidades del alumnado, como nos apuntó Sevilla et al, o Sainz y Sanz (aquí o aquí). Antonio Cabrales mostró evidencias positivas sobre la docencia virtual en la Universidad. Pedro Rey aportó consejos para implementar clases virtuales que alcancen mejores resultados. Gerard Llobet se preguntó si era positivo grabar las clases.

Pero, ¿y la evaluación de los conocimientos? ¿Es diferente hacer un examen presencial que uno online, en la Universidad? Javier Ferri apuntaba que sí y, de hecho, abogaba por aplazar las evaluaciones hasta que pudieran ser presenciales.

Hace unos días, la prensa recogía que miles de universitarios solicitaban la suspensión de los exámenes presenciales por miedo a los contagios, y la consecuente transformación de estos en exámenes “on-line”. La pregunta es directa y recurrente: ¿es una buena idea, para alumnos y para docentes (excluyendo, obviamente, la existencia de riesgo sanitario evidente)? Trataré de aportar evidencias objetivas y, probablemente, algunos sesgos profesionales.

¿Qué es un examen?

La primera cuestión que debemos plantearnos es, precisamente, qué es un examen. Según la R.A.E. de la Lengua, es una “prueba que se hace de la idoneidad de una persona para el ejercicio y profesión de una facultad, oficio o ministerio, o para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios”.

La definición es clara y aséptica. Pero quienes han pasado por las aulas sabrán que un examen es un “hervidero de incentivos” (entiéndanlo como desee) en el que se evalúan no solo conocimientos adquiridos, sino también competencias que, en muchos casos, son aún más valiosas que el propio conocimiento de la materia.

Como docente, me atrevo a afirmar (esto es una opinión) que la mejor opción es siempre realizar una evaluación continua de las asignaturas (esa era la piedra angular del Plan Bolonia, aunque no necesariamente lo lograse). Pero como sabemos, su relación con el tamaño de la clase es inversa: cuanto mayor es el grupo, menor es la probabilidad de aplicar dicha evaluación. Y hay que recordar también que las reformas, sin financiación, suelen no alcanzar los resultados previstos.

¿Por qué no es gratis pasar de exámenes presenciales a on-line?

Un examen “on-line” tiene una característica claramente diferenciadora e indiscutible respecto a uno presencial: las garantías sobre su honesta realización disminuyen notablemente. Y eso, suceda o no el hecho ilícito, afecta a todo el proceso de evaluación, e incluso de estudio: desde la propia configuración del examen, al contenido, estructura, tiempo de realización, etc.

La OCDE (2020) publicó un documento acerca de los exámenes “on-line” durante la pandemia del Covid-19 en la Universidad, en el que destacaban los principales retos a los que se enfrentan estos instrumentos. A saber: la posibilidad de actos académicos deshonestos; la dificultad de evaluar competencias y habilidades; las diferentes situaciones personales durante el examen (el aula es igual para todos, pero los hogares no); y el riesgo de fallos técnicos.

García-Peñalvo et al (2020) (aquí, aquí o aquí), añaden que los docentes podemos incurrir en una transformación no adecuada del sistema de evaluación de las asignaturas a “on-line”; la existencia de brechas tecnológicas, de uso y de competencia digital; y la falta de apoyo por las autoridades político-académicas.

Por lo anterior, la OCDE planteaba recomendaciones al respecto, resumidas en: 1) cancelar o posponerlos, si fuera posible (como apuntó Javier Ferri); 2) garantizar la supervisión “on-line”; 3) rediseñar los exámenes; 4) sustituirlos por otros modos de valoración (exámenes orales, mayor evaluación continua, etc.).

¿Se han evaluado resultados “on-line” vs presenciales?

Sí. Y la literatura presenta resultados poco halagüeños. Butler-Henderson y Crawford (2020) hacen un repaso de los problemas que genera la realización de exámenes “on-line” a partir de 31 artículos de investigación. Su análisis descriptivo muestra las dificultades en la realización de los mismos.

Vázquez et al (2021) utilizan datos de un experimento en un examen con dos tipos de supervisión (en directo y a través de webcam). Los autores encuentran que los resultados son un 11% mejores en aquellos cuyo sistema de vigilancia era más laxo, lo que señala potenciales problemas de “copieteo” cuando nadie supervisa.

Dendir y Maxwell (2020) aprovechan la introducción de vigilancia por webcam para un examen de dos cursos online (en uno se introdujo y en otro no). Las estimaciones concluyen que, controlando por otros factores, los resultados empeoraron allí donde existía vigilancia por cámara, apoyando estos resultados la hipótesis de actividades deshonestas por parte del alumnado. Daniel Montolio encontró, analizando datos promedio sin controles de dos cursos académicos diferentes, que en los exámenes no-presenciales el alumnado obtenía mejores notas.

Klijn et al (2020) estudiaron, con datos de 500 estudiantes de Economía y ADE en una Universidad española, cómo afectó a los resultados de los exámenes que estos fueran no-supervisados (por la pandemia, en el segundo semestre de 2020). Dicho examen se configuró como uno de múltiples respuestas, sin posibilidad de retroceso, con diferentes rondas de preguntas (que provenían de órdenes de preguntas aleatorios).

Los autores encontraron que las preguntas que formaban parte de las rondas anteriores, en las siguientes aumentaba un 7,7% la nota media respecto de la anterior, además de reducirse un 18,1% el tiempo que tardaban en responder. Dicho de otra forma: hicieron trampas. Ello se debió a los flujos de información desde las rondas anteriores hacia las posteriores (calculan que entre el 13,4% y el 22,5% de los estudiantes realizaron tales trampas). Y, lo que es más grave, un recordatorio del código de ética de la universidad que se envió a un subgrupo a mitad del examen, no afectó a los niveles de copiado (el efecto disuasorio por la potencial sanción fue nulo).

¿Conclusión?

El cambio en la forma de evaluar no es trivial. La mejor opción es (repito, es una opinión) la evaluación continua, pero en grupos grandes se torna en una misión casi imposible. En consecuencia, si el curso no ha podido transformarse de esa forma, a la dificultad que tiene el profesorado de realizar un examen que sintetice los conocimientos y competencias a adquirir, se suma las dudas sobre la realización del mismo por parte del alumnado en modalidad “on-line”.

Ello implica que los profesores no configuremos los exámenes de la misma forma (quizás estemos demasiado preocupados en que no copien) y empeore la calidad del mismo o el tiempo concedido para responder, entre otros.

Si hacemos un examen donde se incentive al alumnado a engañar, este deja de serlo. Y los exámenes on-line lo consiguen, empeorando por tanto los conocimientos del alumnado, sus resultados futuros y poniendo claramente en duda la valía de los títulos obtenidos (no hay que olvidar la potencial existencia de un efecto de desprestigio generalizado).

En esto, siempre se puede acudir a la frase que suelo (perdón por poner mi ejemplo) espetar al alumnado que justifica copiar en un examen: “ojalá el médico que tenga que tratarnos en el futuro no esté copiando ahora mismo”. Es dura, pero todos lo entienden. Solo internalizando efectos aprendemos, porque nada es gratis.

Hay 33 comentarios
  • Generalizar a partir de este estudio es bastante atrevido. Con los sistemas de proctoring, la generación de exámenes aleatorizados individualizados, etc. se puede evaluar muchísimas materias perfectamente.
    Básicamente el estudio dice: vamos a configurar un examen en el que es fácil copiar y los alumnos copian. El tema es que se puede hacer perfectamente exámenes online donde no es fácil copiar.

    • Estimado Samuel,
      gracias por su comentario. La base crítica del trabajo está en que los exámenes on-line no presenciales y sin observación-vigilancia corren el claro riesgo de aumentar las probabilidades de fraude. Hasta donde conozco, ¿cómo puedo garantizar que una persona es la que está haciendo el examen si ni siquiera puedo verle?
      Por otra parte, resumo varios estudios (35 en total). Todos van en la misma dirección y por ello me he atrevido a generalizar.

      Un saludo
      Juan Luis Jiménez

      • Los estudios que ha tenido en cuenta tienen algunas pequeñas lagunas…

        En el de Butler quedan fuera del análisis variables como el aprendizaje y que la evaluación propuesta sirva realmente para evaluar competencias. Siguiendo a este autor, uno podría diseñar una prueba que guste a los estudiantes, que les permita sacar buenas notas, que no le genere ansiedad y que no de oportunidad a las trampas… Por ejemplo, a un estudiante de economía le podría pedir que, con la cam prendida lance una bola de papel y su nota dependerá de si encesta o no en la papelera… cumple todos los requisitos que se miden en el artículo, pero no tiene ningún sentido pedagógico.

        El de Vázquez no tiene en cuenta la fijación de unas reglas previas y de la posibilidad del docente de, por ejemplo, aleccionar en ética de la evaluación a los estudiantes durante todo el semestre. Es decir, demuestra que los estudiantes que pasan de evaluación presencial a online, “a pelo”, hacen más trampas… Pero no tiene en cuenta los mecanismos del docente para adaptar las pruebas y convencer a sus estudiantes de que es mejor sacar menos nota, pero con un esfuerzo legítimo y honrado.

        El de Dendir es el colmo de la inocencia… No tiene en cuenta la gran capacidad adaptativa del estudiante tramposo. Es decir, la supervisión bajó las trampas entre una y otra prueba… pero dales una tercera y una cuarta y los mecanismos de supervisión podrán fácilmente violados.

        • Estimado Miguel,
          muchas gracias por su análisis más pormenorizado de los artículos que el mío. Todos los artículos muestran algunas debilidades, pero hasta donde conozco son las mejores evidencias que hay. Si no fuera así, le agradezco si me señala otras.
          En cualquier caso, no nos desviemos del mensaje: un examen donde no sé a quién estoy examinando, no es un examen: ¡es una farsa!
          No pretendía ir más allá de este detalle. No entro en los mejores modos de evaluación (que todos sabemos pasan por grupos pequeños y evaluación continua), ni en si hay o no que adaptarse (¡Claro que hay que adaptarse!). Solo hay que garantizar que quien debe realizar una prueba lo haga con honestidad.

          Un saludo
          Juan Luis Jiménez

  • Es un debate interesante, y apropiado para estos tiempos difíciles. Claramente, es preferible hacer exámenes presenciales, pero mi impresión es que se exagera un poco.
    La mayor parte de los alumnos van a olvidar en breve todo lo que no les interesa, solamente las materias que luego van a ser utilizadas se recuerdan, y en tal caso el alumno profundiza en ellas. ¿De cuantas materias relativamente superfluas, estudiadas en grado o en postgrado, recordamos en detalle los contenidos? En mi caso, debo confesar que mucho lo he olvidado, y tampoco lo echo en falta. Los contenidos verdaderamente importantes para nuestra carrera académica y profesional, los reforzamos durante toda nuestra vida, y por ello tenemos un cierto bagaje cultural difuso en temas generales, y un saber profundo más especializado. Así que, si un médico copia en una asignatura, al final no es tan grave, los médicos de familia sabrán poco de todo, y mucho de nada. Los especialistas sabrán mucho poco. En ambos casos, da igual si hicieron un examen online o no y si copiaron un tema o no, del mismo modo que un alumno puede estudiarse medio temario y aprobar si tiene suerte, y no haber mirado la otra parte. Lo importante no es un test o un grupo puntual de tests, sino el proceso y el entrenamiento mental que lleva al alumno a madurar, y capacitarle para el aprendizaje a lo largo de la vida.

  • Yo creo que los exámenes online son una buena opción, siempre y cuando se cambie la manera de evaluar al alumno. Si lo que se busca en un examen es que escupa una serie de datos teóricos, evidentemente es ineficaz. Pero preguntemonos: ¿Para qué es un examen? Para evaluar los conocimientos adquiridos de esa asignatura. Si optamos por un modelo de examen que evalúe los conocimientos a través del raciocinio, y la reflexión (preguntas de desarrollo, razone su respuesta) el alumno no necesitará hacer uso de elementos desleales pues debe hacer uso de las herramientas adquiridas en el proceso de aprendizaje de dicha asignatura para resolver un problema.

    • Estimado Carlos,
      ABSOLUTAMENTE de acuerdo con Vd. Y es lo que planteo implícitamente en el post. ¡Pero el problema está en que no existen medios para verificar quién es la persona que realiza el examen! ¡He ahí la discusión!

      Un saludo

    • Totalmente de acuerdo.

      Creo que la conclusión de esta entrada puede ser que, si toca hacer exámenes virtuales, hay que pensar nuevas maneras.

      En este sentido, el título puede llevar a engaño… Yo pondría “Exámenes virtuales sí, pero no así”.

      Estamos perdiendo una gran ocasión para cambiar los modelos de enseñanza, aprendizaje y evaluación universitarios de una vez y para siempre, dejando los modos decimonónicos y entrando, de verdad, en el siglo XXI

  • Muchas gracias por la entrada y poner sobre la mesa este tema tan importante. Sin embargo, no estoy muy de acuerdo con las conclusiones y comparto mis reparos (espero que de manera constructiva y con todo el respeto hacia el autor).

    (I) Consideraciones generales

    1) Si partimos del hecho de que la educación universitaria no debe ser memorística y sí de preparar a los futuros profesionales para una vida laboral futura, los exámenes (presenciales o virtuales) como pruebas de conocimientos no tienen mucho sentido. Es decir, se deberían enfocar en la resolución de problemas y, en esos problemas, volcar todo lo aprendido. En este caso, da igual la presencialidad o la virtualidad. Incluso, desde casa y con acceso a internet, se podría desplegar una mayor batería de respuestas al problema, como haría uno en la vida real.

    2) Las grandes innovaciones educativas de España y Latinoamérica en esta pandemia han sido software anti copia en los exámenes. Esto es vergonzoso, en lugar de innovar en las formas de enseñar, aprender y evaluar.

    3) Yo siempre utilizo 3 formas de evaluación: una prueba de conocimientos tipo test, donde lo importante es procesar y reconocer la respuesta correcta en un tiempo limitado. Un problema a solucionar. Una entrega de trabajo independiente por parte del estudiante (normalmente, en equipo). En estas tres fórmulas, copiar no sirve de nada y me han servido igual de manera presencial que de manera virtual.

  • (II) Sobre el informe de la OCDE

    Actos académicos deshonestos: los mismos que pueden ocurrir de manera presencial.
    La dificultad de evaluar competencias y habilidades: esto dependerá del diseño de la prueba, tanto presencial, como virtual.

    Las diferentes situaciones personales durante el examen: el contexto de cada persona es diferente, en presencialidad o en virtualidad. Decir que el aula es igual para todos es una falacia… unos habrán llegado después de trabajar y otros descansados, unos desayunados y otro no, unos en transporte público y otros de manera más cómoda…

    Riesgo de fallos técnicos: ante los que hay que ser flexibles e invitar a los estudiantes a que propongan y se adapten, como harían en una empresa.

    En sus propuestas:

    Cancelar o posponerlos: tiene más sentido intentar adaptarlos y ser flexibles, tanto estudiantes como docentes… como sería en la vida real.

    Garantizar la supervisión: algo que roza el ridículo, según mi experiencia, como tener los ojos fijos en la pantalla, mostrar tu identificación cada cierto tiempo o similares… Algo que jamás ocurría en la vida real.

    Rediseñar los exámenes y sutituirlos por otros modos de valoración: es decir, adaptarlos a la virtualidad y hacer un esfuerzo por enseñar, aprender y evaluar de manera diferente… ahí estoy totalmente de acuerdo, pero estos puntos no son porque la evaluación online sea peor.

    • Estimado Miguel,
      muchas gracias por sus aportaciones (y por el respeto, algo por desgracia cada vez menos usual).
      Estoy de acuerdo con Vd., pero el detalle es que el post iba enfocado a cuando es difícil (o imposible) conocer quién está realizando el examen. Obviamente, la evaluación continua es lo ideal (como expongo). Pero no siempre puede alcanzarse tal opción y nos vemos abocados a realizar exámenes. ¡Pero yo solo quiero saber que las pruebas las hagan quienes deben hacerla!

      Un saludo

      Juan Luis Jiménez

      • Muchas gracias a usted por tomar el tiempo de leer mis respuestas.

        Como bien dice, la apuesta debería ser por la evaluación continua y por acompañar, de verdad, los procesos de los estudiantes en grupos más pequeños.

        Ojalá estas reflexiones nos lleven a una gran revolución educativa.

        Reitero mi agradecimiento por abrir el debate… A ver si, en unos años, podemos hablar de las innovaciones educativas que dejó la pandemia.

  • (III) Sobre las investigaciones realizadas sobre el tema

    En el de Butler quedan fuera del análisis variables como el aprendizaje y que la evaluación propuesta sirva realmente para evaluar competencias. Siguiendo a este autor, uno podría diseñar una prueba que guste a los estudiantes, que les permita sacar buenas notas, que no le genere ansiedad y que no de oportunidad a las trampas… Por ejemplo, a un estudiante de economía le podría pedir que, con la cam prendida lance una bola de papel y su nota dependerá de si encesta o no en la papelera… cumple todos los requisitos que se miden en el artículo, pero no tiene ningún sentido pedagógico.

    El de Vázquez no tiene en cuenta la fijación de unas reglas previas y de la posibilidad del docente de, por ejemplo, aleccionar en ética de la evaluación a los estudiantes durante todo el semestre. Es decir, demuestra que los estudiantes que pasan de evaluación presencial a online, “a pelo”, hacen más trampas… Pero no tiene en cuenta los mecanismos del docente para adaptar las pruebas y convencer a sus estudiantes de que es mejor sacar menos nota, pero con un esfuerzo legítimo y honrado.

    El de Dendir es el colmo de la inocencia… No tiene en cuenta la gran capacidad adaptativa del estudiante tramposo. Es decir, la supervisión bajó las trampas entre una y otra prueba… pero dales una tercera y una cuarta y los mecanismos de supervisión podrán fácilmente violados.

  • (IV) Conclusión del autor

    “Si hacemos un examen donde se incentive al alumnado a engañar, este deja de serlo. Y los exámenes on-line lo consiguen, empeorando por tanto los conocimientos del alumnado, sus resultados futuros y poniendo claramente en duda la valía de los títulos obtenidos (no hay que olvidar la potencial existencia de un efecto de desprestigio generalizado)”.

    Esto dependerá de cada profesor… es decir, si tu sistema de evaluación, presencial o virtual, incita a la trampa… el problema es tuyo como docente, independientemente del medio por el que realices las pruebas. Mi forma de evaluar puede ser desastrosa en presencialidad y online, independientemente de las notas que saquen mis estudiantes o, al contrario, puedo buscar las mejores maneras de evaluación virtual y adaptarme como docente a este contexto complejo.
    Como en tantos temas relacionados con la educación, creo que la clave no son las recetas, sino los cocineros… Como ya dije, esta pandemia debería llevarnos a replantear en profundidad las formas de enseñar, aprender y evaluar.

    Reitero mi agradecimiento por poner este tema sobre la mesa.

  • La pandemia genera problemas. Como en otros sectores (la atención sanitaria no puede ser tan buena como era antes de la pandemia). Que los exámenes on line facilitan más las trampas, parece evidente tanto por lógica como por la evidencia empírica disponible. La pregunta es ¿qué hacer en la actual situación?

    En mi opinión, con las restricciones que tenemos, el examen on line es lo mejor que podemos hacer. Lo de retrasar los exámenes tampoco parece que hubiera sido una buena idea, vista la actual situación. En este mismo foro creo que se propuso también no examinar y poner en esas asignaturas la nota media final de la carrera, que me parece aún peor.

    Esperemos volver pronto a la normalidad.

  • Coincido plenamente con lo argumentado por Miguel.
    Mi experiencia no encuentra evidencia favorable a unos resultados sustancialmetente mejores del examen Test realizado de forma no presencial, en relación con los obtenidos en años anteriores con evaluación presencial. La nota media del examen Test de junio de 2020 (no presencial) son muy similares a las del curso anterior (presencial), para unos 120 alumnos: 5,8 y 5,1, respectivamente. Teniendo en cuenta, además, que autoricé expresamente el uso de todos los apuntes y materiales de la asignatura durante el examen. Dada la imposibilidad material de controlar el uso de los distintos archivos de la asignatura (contenidos de los temas en pdf; ejercicios resueltos en excel y otros archivos) a disposición de los alumnos en el Aula Virtual, consideré conveniente “legalizar” su utilización.
    Estoy hablando de una asignatura de 1º del Grado de Pedagogía, Economía de la educación. Las carácterísticas de esta asignatura económica, impartida en una titulación no económica, quizá tengan su propia influencia sobre los resultados; en cualquier caso, difíciles de medir.
    En mi opinión, no hay tiempo material de “copiarse”, y menos de “búsquedas” sin haber estudiado mínimamente, ante un examen con el tiempo bien medido y con preguntas aleatorias, ya sea tipo test o no, de razonamiento y/o de cálculo.
    Por otro lado, la educación en valores es fundamental: “ganar haciendo trampas es perder siempre”, hay conocidos ejemplos que lo ilustran.

    • Olga, mi experiencia es exactamente la contraria. Pero no solo la mía. Trabajo en la UNED. Con el paso de exámenes presenciales a exámenes online por la pandemia ha habido un incremento sustancial del porcentaje de presentados, manteniéndose o aumentando el número de aprobados. Esto solo puede interpretarse de un modo: una reducción sustancial de la exigencia. Por ejemplo, si se presenta un 20% más de estudiantes al examen, pero el porcentaje de aprobados no solo no se reduce sino que aumenta, cualquiera puede pensar que algo sucede. Y hablo de fraude; de copiar. Y no hablo de una asignatura, sino de varias, pues me refiero a datos que hemos analizado para todas las asignaturas del departamento. En realidad, nada de esto me llamó la atención. Sí que me chocó la dispersión de resultados, desde aquellos que parecen “casi” aceptables a otros que denotan un enorme fraude. Esto me hace pensar que la buena praxis también se encuentra en el control de los exámenes online.
      Bien, este es un tema que no me interesa mucho porque pienso que esta “chapuza” llamada “AVEX” terminará pronto, y volveremos a los viejos (y buenos) exámenes presenciales. Además, tampoco creo que se hubieran podido hacer las cosas mucho mejor (pero sí algo mejor). Solo me preocupa que, llevados de lecturas equivocadas, relajemos los mecanismos de control en la evaluación. Personalmente, comparto todo lo que ha dicho el autor de este post, al que felicito por su valentía.

  • No suelo participar en este tipo de acciones, escribir un comentario, pero me he topado por casualidad con este, soy docente, y, simplemente, pretendo constatar que aquí sucede como en la institución educativa en la que trabajo, que todo el mundo mira para otro lado cuando se les plantea el problema ESENCIAL de los exámenes on-line, que tal como lo expresa el autor de este artículo se sintetiza en: “¡Pero el problema está en que no existen medios para verificar quién es la persona que realiza el examen! ¡He ahí la discusión!” Nadie repito, nadie de los participantes en este hilo, engrana con este problema. Eso sí, plantean de modo meramente formal e, incluso, idealizada, la posibilidad de elaborar exámenes, pero ninguno de ellos engrana dialécticamente con el problema real. En mi centro de trabajo sucede lo mismo, la gente (compañeros docentes, responsables de nuevas tecnologías, coordinadores, etc, etc.) pasan como de puntillas por el asunto y esquivan el problema con toneladas de voluntarismo supuestamente bienintencionado.

    • Estimado José Miguel,
      gracias por entenderme. Tras este post, he recibido quejas hacia la forma de examinar, de dar las clases, variados exabruptos e insultos (podía esperarme los dos primeros, por no leer, pero no los dos segundos cuando vienen de universitarios…), pero ninguno de ellos se dio cuenta (o no quisieron hacerlo) sobre lo esencial: ¡solo quiero evaluar limpiamente!

      Un saludo y gracias de nuevo.

      Juan Luis Jiménez

    • Sí, la verificación de la identidad es un problema prácticamente irresoluble. Pero no es lo único a tener en cuenta. En primer lugar, no creo que en términos cuantitativos la suplantación pase de un porcentaje meramente testimonial. Y segundo, y más importante, hay que decidir qué hacer. Las alternativas a los exámenes on line que he leído aquí (y en otros foros), son en mi opinión claramente peores. Por tanto, creo que deberíamos centrarnos en arbitrar un sistema de exámenes on line que dificulte al máximo las conductas inapropiadas, siendo conscientes de que inevitablemente, habrá más. Pero como alguien ha apuntado ya aquí, junto con las numerosas evidencias de fraude, hay evidencias de asignaturas donde el porcentaje de aprobados no se ha incrementado.

      • Estimado Briony,
        cierto. Un matiz: que aún copiando el porcentaje de aprobados no aumente es (quizás) aún más preocupante. Pero eso da para un buen artículo de investigación…

        Un saludo

        Juan Luis Jiménez

        • “Un matiz: que aún copiando el porcentaje de aprobados no aumente es (quizás) aún más preocupante. Pero eso da para un buen artículo de investigación…”

          Un apunte para ese futuro artículo: no hay que suponer que el nivel de dificultad de los exámenes on line es el mismo que cuando se hacían presenciales. Y ahí puede haber una parte de la explicación de que, aún copiando, el porcentaje no se incremente.

  • Juan Luis estoy totalmente de acuerdo con su planteamiento de exámenes on line…..son una coladera (por eso ahora lis estudiantes han solicitado exámenes online) por lo menos donde yo estoy facultad de medicina….de 230 estudiantes aprobaron y con nota 210…pero en todas las asignaturas igual….eso sí…si se hace videoconferencia no habría problemas….pero con tanto alumnado estaríamos examinando 15 días….
    Saludos

    • Estimada M. Ángeles,
      gracias por contar su experiencia. Los exámenes orales, efectivamente, son un second best (para un servidor, el first best es la evaluación continua y grupos pequeños) importante. Pero en grupos grandes se hace materialmente inviable (no hay que olvidar que el alumnado se evalúa de 5-6 asignaturas por cuatrimestre.

      Un saludo

      Juan Luis Jiménez

  • Son absolutamente una coladera. Los alumnos no se dedican a estudiar,se dedican a brujulear copiando. Si fueran así, estaríamos sacando promociones de alumnos sin formación.

  • Hola, interesante entrada.
    No sé si me parece muy completos los datos. Me da la impresión de que se mezclan resultados de los meses duros del confinamiento, con poca experiencia, y no se distingue bien qué sistema de vigilancia.

    Se meten en el mismo saco todos los exámenes online, y no sé si esto es muy científico.

    Yo no he hecho ningún experimento, aunque no ha sido ésta mi experiencia. Doy clase en la Uc3m y he hecho parciales online y presenciales, usando todos los sistemas de proctoring que son bastante buenos (videovigilancia por google meet, navegación secuenciada, etc.).

    Los resultados que he observado (150 alumnos, 4 grupos, 2 online, 2 presenciales, de los que los online han hecho dos parciales online y los presenciales otros dos, presenciales) han sido muy similares. Si han copiado, lo han hecho todos -online y presencial- de la misma manera.

    Quizá mis alumnos sean muy honestos, o quizá ayuda que nuestros exámenes están basados en casos prácticos (Derecho) y no es tan fácil copiar sin más porque hay distintas respuestas.

    En fin, me parece algo audaz la conclusión que sugiere el título con tan poca evidencia.

    • Estimada Violeta,
      gracias por su comentario y experiencia. Solo he tratado de mostrar qué se ha evaluado al respecto de los exámenes on-line (sería de interés mayores evidencias, obviamente, pero no las he localizado).
      Pero, como he tratado de anotar en todos los comentarios, mi gran preocupación es mucho más banal: asegurarme que quien hace el examen sea la persona a examinar (un detalle: en muchas Universidades nos obligan a apagar la cámara durante el examen).

      Un saludo

      Juan Luis Jiménez

  • Mi impresión es que con grandes aulas llenas de alumnos que portan una máscara, la identificación en exámenes presenciales no es mejor que en los exámenes online. Me parece mas bien que es al revés. Yo hasta ahora he pedido a los alumnos estar conectado a googlemeet mientras hacían el examen, y he controlado mejor la identidad de forma online que presencial. Usando respondus u otro método similar, no evita que se copien usando whatsup con el mobil, pero lo mismo pasa en un aula normal. Las chuletas se usan desde hace milenios y sin grandes problemas. El examen no es el fin de la docencia. Es lo que menos debería importar.

    La mayor parte de los comentarios abundan en la importancia del examen, como filtro único e imprescindible. A riesgo de ser impopular, me parece que si el curso se ha impartido de forma adecuada, y hay un correcto engranaje entre asignaturas, el alumno terminará por aprender siguiendo una progresión ascendente de conocimientos a lo largo de su carrera. Si no adquiere conocimientos relevantes, tendrá problemas en cursos futuros y tendrá que estudiarlos por su cuenta; si esto no le genera dificultades, entonces la materia es relativamente superflua (tal y como pasa con muchas optativas) y en tal caso no hay gran pérdida.

  • Con grandes aulas llenas de alumnos que portan una máscara, la identificación en exámenes presenciales no es mejor que en los exámenes online. Me parece mas bien que es al revés. Yo hasta ahora he pedido a los alumnos estar conectado a googlemeet mientras hacían el examen, y he controlado mejor la identidad de forma online que presencial. Usando respondus u otro método similar, no evita que se copien usando whatsup con el mobil, pero lo mismo pasa en un aula normal. Las chuletas se usan desde hace milenios y sin grandes problemas. El examen no es el fin de la docencia. Es lo que menos debería importar.

    La mayor parte de los comentarios abundan en la importancia del examen, como filtro único e imprescindible. A riesgo de ser impopular, me parece que si el curso se ha impartido de forma adecuada, y hay un correcto engranaje entre asignaturas, el alumno terminará por aprender siguiendo una progresión ascendente de conocimientos a lo largo de su carrera. Si no adquiere conocimientos relevantes, tendrá problemas en cursos futuros y tendrá que estudiarlos por su cuenta; si esto no le genera dificultades, entonces la materia es relativamente superflua (tal y como pasa con muchas optativas) y en tal caso no hay gran pérdida.

  • Semeja un tanto falaz la idea de que si los examinados mejoran sus resultados solo pueda deberse a que hacen trampas.
    Para empezar, el diseño de un examen on-line no es sencillo por lo que se puede caer en la tentación o el error de facilitar las respuestas intentando simplificar la cumplimentación.

    En todo caso, presuponer que los alumnos van a hacer trampas si pueden es generalización apresurada que afecta a las conclusiones distorsionándolas.

    • Estimado/a,
      cierto. Pero los artículos que se citan no llegan a tal conclusión solo de hacer un examen on-line, sino con los adecuados grupos de control (por ejemplo, alumnado con y sin cámara, haciendo el mismo examen).
      En cualquier caso, como he expuesto anteriormente, solo hay un mensaje indiscutible: un examen no lo es si no se garantiza quién lo está realizando.
      Un saludo
      Juan Luis Jiménez

    • Me temo que antes de los exámenes fue y supuesto pero ahora, después de haberse celebrado, es una fortísima evidencia. Hay gente honesta que no copia aunque pueda, pero en conjunto, el número de los que hacen trampas crece mucho. Somos humanos.

Los comentarios están cerrados.