Un helicóptero verde a la vista

Empezamos 2020 con renovados debates sobre políticas económicas en los que parecen detectarse tres tendencias o “consensos”. Uno es que la desaceleración económica tiene un componente estructural, mucho más importante que el coyuntural y, por tanto, podría ser permanente y requerir de otra orientación de las políticas macro (monetaria y fiscal). Otro es el protagonismo de la lucha contra el cambio climático en la agenda política (al menos en la de la Comisión Europea, con resultados que ya se vislumbran). Finalmente, la preocupación por la desigualdad también ha ganado mucho peso y con ella la necesidad de tener en cuenta aspectos distributivos en la formulación de las políticas económicas se percibe como un elemento de primer orden.

La macro secularmente estancada

El escenario de muy baja inflación y reducidos tipos de interés tiene su origen en cambios demográficos y tecnológicos. A pesar de innovaciones en el manejo de la política monetaria y aun siendo benevolentes en la valoración de la eficacia de medidas monetarias poco convencionales (quantitative easing, forward guidance), es aceptado que con un tipo natural de interés cercano o por debajo de cero (como parece ser el actual) la política monetaria no tiene mucho margen de maniobra ni potencia para anclar la tasa de inflación (y las expectativas sobre ella) en su valor objetivo. Por ello, son cada vez más frecuentes las reclamaciones de una política fiscal más expansiva que proporcione impulsos para contrarrestar la desaceleración (si bien la eficacia de la política fiscal para revertir la reducción del tipo natural de interés, que finalmente depende del crecimiento demográfico y del de la productividad, es mucho más discutible). Han surgido voces (intelectualmente  autorizadas) que piden una monetización de déficits públicos, incluso mediante transferencias de efectivo a los hogares (aquí, la teoría).  Estas reclamaciones de mayor activismo fiscal a veces se justifican también en la necesidad de realizar inversiones públicas que aceleren la transición energética, bajo el paraguas del denominado Green New Deal.

Las políticas verdes

Y parece claro que acelerar la transición energética para ralentizar el cambio climático es prioritario y urgente. De seguir con las emisiones de CO2 al ritmo de la última década, la temperatura global de la Tierra podría aumentar entre 1,5 y 4,5 grados centígrados a lo largo de este siglo, con consecuencias económicas y sociales que podrían ser gravísimas. Aun cuando es elevada la incertidumbre sobre la relación entre emisiones de CO2 y clima y sobre las consecuencias económicas y sociales del cambio climático, hay buenas razones para que se reduzcan urgentemente dichas emisiones. Dado que para ello es necesaria la coordinación internacional (las emisiones de CO2 tienen el mismo efecto con independencia del país en el que se produzcan) y que el aumento de la temperatura y, por tanto, sus efectos económicos no son los mismos en todos los países, no resulta extraño que los Gobiernos no encuentren una estrategia internacional común.

En cualquier caso, y más allá de las inversiones públicas en transición energética que puedan llevarse a cabo, para reducir las emisiones de CO2 es imprescindible aumentar el precio relativo de los bienes y servicios producidos con dichas emisiones. La forma inmediata de conseguirlo sería mediante un impuesto pigouviano, la forma habitual de corregir externalidades negativas. Esta medida, no obstante, se enfrenta a dos barreras importantes. Una es de Economía Política: cuando se ha intentado (por ejemplo, en Francia) la oposición de la opinión pública ha sido feroz. Otra es que tiene consecuencias distributivas regresivas y va en contra, por tanto, de la otra tendencia creciente en la agenda política: la preocupación por la desigualdad.

La desigualdad económica 

La desigualdad económica tiene múltiples caras. Y más allá de su evolución reciente (el mejor diagnóstico sobre lo ocurrido en España está aquí), hay dos hechos que parecen consolidarse. Uno es que la oposición de la opinión pública al aumento de la desigualdad ha crecido. Otro es que la tradicional asociación mayor desigualdad-mayor eficiencia económica está en entredicho. Incluso la eficacia de las políticas macro (monetaria y fiscal) también se evalúa mirando a sus efectos sobre la desigualdad. Por ejemplo, el impacto de la expansión cuantitativa sobre la desigualdad de renta y riqueza ha sido objeto de bastante controversia y fuente de oposición a que se siga implementando. (Por cierto, parece que, al contrario de lo que se afirma, la expansión cuantitativa ha reducido la desigualdad de renta y ha cambiado muy poco la de la riqueza). Y por lo que respecta a los efectos del gasto y de las inversiones públicas sobre la desigualdad, no siempre van en la dirección presumida.

Cuadrando el círculo: El cheque verde

En definitiva, las principales tareas para las políticas económicas son proporcionar estímulo fiscal, acelerar la transición energética para ralentizar el cambio climático y combatir las desigualdades. ¿Cómo se pueden hacer compatibles todas ellas dadas las restricciones económicas y políticas que limitan la eficacia de los instrumentos disponibles?

La implementación de un programa de inversiones públicas en transición energética es insuficiente por cuatro razones. Una es su difícil coordinación internacional. La segunda es que sería insuficiente para reducir rápidamente las emisiones de CO2, si no se complementa con un fuerte aumento en el precio relativo de los bienes y servicios que requieren de dichas emisiones (un impuesto global sobre las emisiones de CO2). La tercera es que sería una política regresiva si dichas inversiones favorecen más a los individuos de mayor renta que pueden hacer un mayor uso de ellas (como parece ser el caso). Finalmente el estímulo fiscal que pueden proporcionar dichas inversiones es limitado en un mundo globalizado y donde los multiplicadores fiscales no parecen ser muy elevados (incluso con tipos de interés muy bajos y con bancos centrales poco propicios a aumentarlos).

Hay otra manera de proporcionar estímulos fiscales y reducir las emisiones de CO2 con una medida que, además, disminuiría la desigualdad de renta. Se trata de combinar un impuesto global sobre las emisiones de CO2 con un programa de transferencias directas a los ciudadanos que les devolviera los recursos necesarios para inversiones en transición energética como, por ejemplo, la rehabilitación de edificios, la implantación de energías renovables o la renovación de automóviles por otros menos contaminantes (de forma parecida a lo que hemos propuesto para la implementación de las políticas supranacionales de empleo). Estas transferencias, además de compensar a los ciudadanos por el coste de la imposición, tendrían efectos positivos sobre la actividad económica al tratarse de inversiones muy intensivas en mano de obra, especialmente necesarias en un momento de desaceleración económica. Y siendo de una cantidad igual para todos los hogares (y mediante un cheque transferible entre ellos) tendría un fuerte carácter progresivo.

Obviamente, la implementación de este plan (impuesto global, que requiere de un impuesto fronterizo sobre los bienes y servicios importados desde aquellos países que no introdujeran un impuesto sobre las emisiones de CO2) y transferencias directas condicionadas a determinados tipos de gasto transferibles entre hogares y empresas (que requieren de supervisión) no está exenta de dificultades técnicas. Pero no son mayores que las asociadas a programas alternativos. Puestos a considerar medidas de carácter poco convencional, quizá sea el momento de modernizar y pintar de verde el helicóptero de Friedman (que, además, para volar ya no necesita emitir CO2).

Hay 17 comentarios
  • Una entrada muy interesante! gracias.
    No acabo de entende la frase:
    “Estas transferencias, además de compensar a los ciudadanos por el coste de la imposición, tendrían efectos positivos sobre la actividad económica al tratarse de inversiones muy intensivas en mano de obra, especialmente necesarias en un momento de desaceleración económica. Y siendo de una cantidad igual para todos los hogares (y mediante un cheque transferible entre ellos) tendría un fuerte carácter progresivo.”
    Qué quiere decir “una cantidad igal para todos los hogares mediante un cheque transferible entre ellos?” como esto puede tener un carácter progresivo?

    • Anna,
      Gracias por el interés. Sería “progresivo” por su incidencia en la redistribución de la renta en la medida en que todos los hogares con independencia de su nivel de renta recibirían la misma cantidad y podrían optar entre gastarla o cederla a otros hogares o empresas a cambio de una compensación. En cualquier caso, también se podría modular transferencias en función de nivel de renta y situación del hogar si se quisiera tener un mayor impacto redistributivo.
      Saludos.

  • Juan F., muy interesante el artículo. Obviamente, estoy básicamente de acuerdo contigo, aunque tengo la duda de si la redistribución que propones de los impuestos pigouvianos será suficiente para conseguir el apoyo social a las medidas.
    En twitter y en prensa he escrito en algún momento a favor de los impuestos pigouvianos, concretamente a favor de la ‘ecotaxa’ en Baleares (contra la congestión turística), del impuesto a volar (cambio climático), y del impuesto a circular por el centro de las ciudades. Y casi siempre he recibido críticas (por parte de gente con sensibilidad ambiental, etc.) sobre el impacto redistributivo negativo de tales impuestos: “solo los ricos podrán ir de turismo – volar – ir en coche por la ciudad…”.
    Obviamente, ser rico tiene sus ventajas y siempre las tendrá, pero la cuestión es si sencillamente redistribuyendo como explicas los ingresos de los impuestos pigouvianos será suficiente en términos de economía política.
    Mi impresión (intuición) es que los indispensables impuestos pigouvianos deberían ir acompañados de otras medidas redistributivas de calado, si no serán de difícil venta política… (hablo de memoria: ¿no fue Macron quién hizo justo lo contrario – aproximadamente a la par que sube los impuestos al combustible, baja impuestos al capital, o herencias?).
    Saludos, y gracias de nuevo.
    aleix

    • Aleix,
      Entiendo tus dudas. Pero creo que ahora se ha abierto una ventana de oportunidad. La opinión pública y los “ambientes” políticos (al menos en Europa) parecen mucho más sensibles a los riesgos del cambio climático. Si se presentara y se explicara adecuadamente creo que es un paquete que podría ser bien recibido.
      Saludos

  • Lo siento, pero en mi opinión no se puede tratar la desigualdad económica como objeto de estudio “natural”, sin entrar a valorar la conducta psicológica de los agentes o sujetos implicados.
    Confundimos una vez más, la naturaleza del método con el objeto subjetivo, el aporte pobre o muletilla en este sentido es hablar de comportamientos racionales.
    En mi opinión no se trata de cambiar el modelo para que cambiemos nosotros, sino de cambiar nosotros para cambiar de modelo. Los estímulos fiscales son parches, o medidas invasivas en el ámbito económico privado. Un ejemplo simple de conducta anti-económica. Nikola Tesla, como inventor de la corriente alterna, una nueva tecnología que traería electricidad gratis al mundo, incluso transmitida sin cables. Y del otro lado J.P. Morgan, un banquero que ve en la necesidad humana una oportunidad de negocio. El resultado más notable es el contador de la luz. Y una conducta irracional pretender impedir el autoconsumo por parte de las eléctricas. Esa es la sinrazón que vertebra la desigualdad, y no hay que entender ésta como un simple fenómeno de estudio, sino como el producto de una conducta irracional.

  • Las propuestas que hace Juan Francisco para solucionar los problemas ecológicos a los que se enfrenta el mundo me producen asombro.

    Poner un impuesto a las familias sobre su producción de CO2 al mismo tiempo que se le resarce con una transferencia fiscal de la misma cuantía siempre me ha parecido un poco raro. Lo que se gasta por un lado parece ingresarse por otro lado, de manera que resulta difícil de atisbar algún incentivo que nos haga cambiar de comportamiento.

    Lo que me gustaría que explicara Juan Francisco, aunque sea brevemente, es la razón por la que tendría que cambiar su comportamiento una familia que ni gana ni pierde en esa extraña mezcla de “palo y zanahoria” que se propone en el articulo como la solución a los problemas que enfrenta el mundo.

    • Pedro,
      Ni el impuesto es solo sobre las familias ni la cuantía de las transferencias tiene por qué ser igual a la recaudación del impuesto. De hecho, tendría que ser mayor si lo que se pretende es dar un estimulo fiscal.
      Y aun en el caso en que fueran iguales, cambios en los precios relativos causan efectos sustitución aunque el efecto renta sea nulo (algo que se aprende en microeconomía básica).
      Saludos.

  • Su propuesta se parece mucho al plan Sanders en los EE.UU. Fijar un impuesto al carbono y devolver el dinero recaudado de los precios del carbono a la gente como dividendos, o “pagos a tanto alzado”. Las personas que emiten menos carbono que el promedio terminarán con un beneficio neto (pagarán menos de lo que reciban a través de un pago de dividendos) y las personas quienes consuman más carbono que el promedio terminarán con una pérdida neta (pagarán más de lo que reciban a través del pago de dividendo)

    • Como he dicho en otras respuestas, no necesariamente la cuantía de las transferencias tiene que igualar a los impuestos pagados por las familias. Pero es cierto que hay propuestas similares. Como alguien dijo: “no importa cómo de aguda sea una idea, es muy probable que cualquier idea que tengas se le haya ocurrido a muchas otras personas antes que a tí”

  • La medida es muy completa, pero, para el caso improbable-la relación de fuerzas e intereses manda- de que se aceptase, se observa al siguiente defecto. Si el impuesto por CO2 es a TODOS los ciudadanos (desde los propietarios de los productos contaminantes-transporte, energía, etc… hasta las familias de rentas que, incluso, no consumen eses productos) va a ser, si o si, que el efecto pretendido de medida reductora de la desigualdad creciente no se va a dar. ¿O si se daría?

      • Bien, lo de transferencia lineal (se entiende que el mismo importe para todos) no estaba en el artículo, en el cual se habla de transferencias directas. Y si, cierto, reduciría la desigualdad. A falta de saber como sería el impuesto CO2 (¿también lineal?) y realizar una comparativa del resultado neto (Impuesto – transferencia) para ver como queda la desigualdad.
        Saludos,

  • Artículo muy interesante.

    Quería preguntarle al autor sobre la siguiente frase “Aun cuando es elevada la incertidumbre sobre la relación entre emisiones de CO2 y clima y sobre las consecuencias económicas y sociales del cambio climático […]”. ¿Qué literatura me recomendaría sobre ella?

    Gracias.

  • Una propuesta muy interesante pero no sé en que medida es viable en términos de flujo de caja. Los impuestos sobre las emisiones de C02 son básicamente impuestos sobre la producción y/o el consumo que sirven para financiar inversiones que generarán un retorno económico, y medioambiental, en el largo plazo. La mayoría de la gente vería que le quitan en impuestos 10 a cambio de recibir ayudas de 10 en una inversión que cuesta 100. Mi impresión es que generaría contracción económica en vez de expansión.

    • Fede,
      Gracias por el comentario. Dos cosas: i) la transferencia no tiene por qué estar limitada a lo que se recaude por el impuesto, ii) que sea transferible permite que los que no quieran abordar las inversiones también se beneficien de ella.
      Saludos.

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