COVID-19: no evaluar para proteger a nuestros mejores estudiantes en la universidad

La crisis sanitaria provocada por la Covid-19 está impidiendo que los estudiantes puedan acceder físicamente a las aulas. Muy previsiblemente, la situación en el plazo de unas semanas seguirá desaconsejando también la realización de exámenes presenciales. Con las clases y los exámenes tradicionales suspendidos, las universidades han realizado un acelerado y meritorio esfuerzo por continuar proporcionando a sus estudiantes enseñanza a través de medios digitales. Desde conexiones de vídeo en directo con profesores que imparten clases desde el salón de sus casas, hasta grabaciones de audio en plataformas de mensajería instantánea, existe un amplio abanico de propuestas útiles e innovadoras que han suplido excelentemente y en tiempo récord a las tradicionales clases presenciales.

Cubierta la enseñanza a través de medios digitales, la otra cuestión a dilucidar es el modo de evaluar a los estudiantes. En este artículo defiendo que la mejor opción en las circunstancias actuales es la no evaluación. Mi propuesta parte de dos premisas. La primera es que, desde la lejanía física del confinamiento, no existe ningún medio que pueda garantizar la asignación de la autoría intelectual del trabajo evaluado a sus verdaderos autores (los estudiantes que realmente lo han realizado). Esta premisa se refuerza con la constatación de que la mayoría de las universidades públicas españolas no han podido adaptarse, ni técnica ni legalmente, a los requisitos de las tecnologías más avanzadas que ofrecen mayor garantía sobre la autoría del trabajo. Un ejemplo de estas tecnologías son los sistemas de reconocimiento bométrico o Proctoring.

La segunda premisa considera que los estudiantes conocen la anterior restricción y, una parte de ellos, utilizarán esta ventaja para pasar por suyo material evaluable cuya autoría intelectual no es suya. Suponer que todos los estudiantes son los autores de los trabajos firmados por ellos y presentados a evaluación, incluyendo las respuestas a exámenes online, es sencillamente una quimera. De hecho, una universidad con tanta tradición en educación a distancia como la UNED realiza sus exámenes de forma presencial en tiempos normales.

Las dos premisas anteriores conducen a la siguiente conclusión: cualquier forma de evaluación no presencial generará una devaluación en términos relativos (con respecto a sus compañeros) de los estudiantes que antes del confinamiento tenían un mejor expediente. Esto es así porque la ventaja potencial en términos de calificación que proporciona la evaluación virtual es mayor cuanto peor es el historial académico del estudiante.

El expediente académico de un estudiante tiene más relevancia de lo que la gente piensa. La nota media es un criterio importante (aunque no el único) para acceder a los programas de postgrado más exigentes, de los que saldrán los mejores científicos, gestores o directivos . También influye en la oportunidad de que un candidato recién graduado sea convocado a una entrevista de trabajo por las grandes empresas, donde los salarios son más elevados. En la medida en que la evaluación a distancia adolece de los problemas mencionados, su aplicación durante el confinamiento introduciría una distorsión injusta que penalizaría a los estudiantes que hasta la fecha han construido su expediente con su esfuerzo o talento.

Para proteger a nuestros mejores estudiantes, como norma general, las universidades deberían renunciar a la evaluación de las asignaturas en las que los estudiantes han estado matriculados durante el confinamiento. Dicha calificación quedaría abierta hasta que los estudiantes terminaran de cursar el resto de créditos, momento en el que se asignaría la nota media del expediente a las asignaturas matriculadas durante el periodo de reclusión. De este modo se evitarían las distorsiones en las calificaciones que cualquier intento de evaluación basado en indicadores virtuales causaría.

La no evaluación no implica el no aprovechamiento de la enseñanza. Como ya se ha indicado, los estudiantes tienen a su disposición un conjunto de material variado con el que preparar las asignaturas, así como la disponibilidad online del profesor para solucionar sus dudas. Los estudiantes han de hacerse responsables de gestionar su trabajo y el tiempo de estudio para sacarle el máximo provecho a este material. Para incentivar esta actitud, las instituciones implicadas en la enseñanza de grado y postgrado han de anunciar su compromiso con mantener en el periodo de post-confinamiento la exigencia de los programas y los criterios de evaluación vigentes antes de la cuarentena.

Los estudiantes han de saber que no aprovechar el tiempo en las circunstancias actuales, mediante la disciplina de estudio y la autoevaluación, dificultará el seguimiento de otras asignaturas o la realización de exámenes en el futuro. Nada resultaría más dañino en términos de formación de nuestros jóvenes estudiantes que los indicios de que podrían disfrutar de prebendas futuras mediante la relajación de la exigencia académica, para compensar los efectos del periodo de confinamiento. Esto aplica también a pruebas estandarizadas habilitantes como el examen del MIR, cuyo diseño no debería sufrir mermas de calidad por este motivo.

Esta propuesta tiene como excepción los cursos de máster, que en la mayoría de casos constan de un año, y en los que una gran cantidad de créditos evaluados se imparten hacia finales de curso. En estos casos se propone como prueba objetivable y complemento a la evaluación continua la realización de exámenes presenciales concentrados en una semana, tan pronto como la situación sanitaria lo permita. Teniendo en cuanta que normalmente se trata de cursos poco masificados, muy posiblemente después del verano se podrían dar las condiciones para permitir la realización de estas pruebas de un modo seguro. Dado que la mayoría de las previsiones económicas apuntan a que en los dos siguientes trimestres la actividad económica va a sufrir un importante deterioro, el retraso de la obtención del título a los estudiantes de máster no debería de tener un coste de oportunidad elevado. Tampoco aplica a los trabajos de fin de grado, donde la interacción a nivel individual con el estudiante (incluyendo entrevistas online) permite un seguimiento similar al de los tiempos normales.

Una cuestión diferente es la aplicabilidad de la propuesta en los niveles inferiores de la enseñanza. En estos ciclos la primera premisa que he enumerado más arriba es más difícil de sostener. Esto se debe a un mayor conocimiento y cercanía del profesor con los estudiantes, y que facilita el seguimiento continuo en su progreso y la detección de desviaciones con respecto a la normalidad. En primaria y la ESO, además, el recibir ayuda externa durante el confinamiento puede incluso ser positivo para el estudiante, que puede ganar motivación si observa, por ejemplo, que sus padres o compañeros se implican más en sus estudios. Además, tanto en primaria como en la ESO, los cambios en la ordenación de estudiantes de acuerdo a su expediente, no es una cuestión tan relevante. En relación al bachillerato, aunque la evaluación continua también puede ser vista como una posibilidad deseable, ésta no debe realizarse sobre la base de la reducción de la exigencia de las pruebas de acceso a la universidad, y así debería anunciarse ya desde las autoridades educativas competentes.

Las universidades deberían pensar la conveniencia de seguir adelante con un sistema de realización de exámenes que, se puede anticipar, no sólo va a generar grandes problemas logísticos a profesores y estudiantes, sino que, sobretodo, supondrá una pérdida fundamental de calidad del expediente como señal de competencia de los egresados. El daño causado por el coronavirus en este sentido ya no tiene remedio, y el empeño en asignar una nota ahora a los estudiantes sólo puede empeorar las cosas.

Hay 25 comentarios
  • Hola Javier,
    enhorabuena por el post. La verdad es que parece que la universidad está más preocupada de detener a presuntos copiados que de enseñar.
    Yo coincido con que no se debería hacer un examen final (de hecho así lo he puesto en las adenda a la guía docente).
    En cambio, lo que no acabo de enteder es que esto no implique no poder evaluar al estudiante. Si dispones de evaluación continua durante el cuatrimestre y más si algunas preubas fueron presenciales, no se cumplen las tus premisas, por lo que se podría utilizar estas evidencias para evaluar. No es lo mismo evaluar que examinar.
    Aquí está un poco más elaborado mi argumento:
    https://alde.es/blog/evaluacion-a-distancia-justa-fiable-eficiente/

    saludos

    • Gracias Jordi,

      Es fantástico que los estudiantes trabajen, realicen tareas y aprovechen el material docente en tiempo continuo. De eso se trata. Lo que no veo tan claro es que tengamos que darles una nota por ello, simplemente porque no sabemos si lo que estamos leyendo es un trabajo hecho por los estudiantes evaluados, por sus primos, sus vecinos, o por un profesional al que le ha pagado por hacerles su trabajo. No veo que la evaluación continua invalide la primera premisa, excepto por sentirnos afectados por algún tipo de ‘ilusión evaluadora’. Incluso en tiempos normales me creo la evaluación continua a medias. No es casualidad que en las asignaturas que imparto, el peso de la misma en la calificación global caiga en el rango bajo, y conste, básicamente de distintas pruebas presenciales tipo test y presentaciones en clase, donde puedo hacerles preguntas a los estudiantes identificándolos perfectamente. Yo creo que el problema al que nos enfrentamos se puede plantear en términos de dos preguntas y dos respuestas: 1) En una prueba presencial, si los profesores se empeñan ¿pueden evitar que los estudiantes pasen por suyo material que no es suyo? La respuesta es SI; 2) Con pruebas no presenciales, si los estudiantes se empeñan ¿pueden pasar por suyo material evaluable que no es suyo? La respuesta también es SI.

    • Lo que no comparto es tu afirmación de que “la universidad está más preocupada de detener a presuntos copiados que de enseñar” Me parece que no hace justicia de lo observado durante el estado de alarma.

  • Hola Javier, me parece una reflexión sensata. Un par de preguntas-dudas:

    (1) ¿prefieres obviar la evaluación del semestre a posponerla al igual que propones con los Máster? Supongo esto es para no complicar la logística en la ‘nueva normalidad’;

    (2) Para nuestros estudios de Economía o de AdE no creo haya ninguna asignatura que per-se ‘imprescindible’ o clave (espero se me entienda). Tal vez puede haberlas sin embargo en algunos grados como Medicina, etc. En tal caso tal vez análogamente a tu propuesta para los máster sí se debería posponer la evaluación a la ‘nueva normalidad’ (en cualquier caso, para estas materias ‘clave’ efectivamente parece mejor posponer la evaluación que realizarlas en la situación actual, como tu indicas).

    Saludos.

    • Gracias Aleix,

      tus comentarios son muy acertados. Sobre (1) Los exámenes de Master no requieren de una gran logística. En muchos casos basta con habilitar un par de horas al día durante una semana el espacio común del que disponen los departamentos. Intentar posponer a septiembre todos los exámenes de grado es otra historia. En circunstancias normales el periodo de exámenes se extiende durante un mes y medio aproximadamente. Además, nada garantiza a fecha de hoy que no vayan a existir problemas para juntar a muchoe estudiantes en un mismo espacio después del verano, lo que extendería todavía más el periodo de exámenes. Esto significaría empezar el curso un mes y medio más tarde y, manteniendo programas, terminar los exámenes del nuevo curso en Agosto.

      En cuanto a (2) entiendo perfectamente tu argumento. El problema es que abrir esta posibilidad nos conduciría a una discusión sobre qué asignaturas son claves y cuales no. Conociendo la guerra de egos e intereses en la comunidad universitaria, estas discusiones nos llevarían tiempo y nos podrían abocar a resultados no necesariamente deseables.

  • Gracias, Javier, por tratar este tema que tanto nos preocupa a los profesores universitarios en estos momentos. Los argumentos que señalas son sólidos y claros, pero creo que hay otros aspectos que también se deben tener en cuenta.
    El primero es suponer que la calificación a distancia correlaciona inversamente con los conocimientos adquiridos por los alumnos. MI impresión es que no hay razones generales para ello si los procedimientos de evaluación son adecuados. Basta con darles a los buenos alumnos los mismos medios que, en la práctica, se les va a permitir a los malos. El segundo es considerar que solo se deben evaluar las actividades en las que es posible garantizar la autoría. Esto implicaría tener que renunciar a gran parte de la evaluación continua, ya que en buena medida se basa en trabajos hechos fuera del aula o, en otros ámbitos, a la propia evaluación de la actividad científica de los profesores.
    Finalmente, las empresas e instituciones que tendrán que valorar los CV en el futuro recordarán sin duda las especiales circunstancias de este 2020, con lo que podrán no tener en cuenta los resultados de este curso en sus procesos de selección, si así lo consideraran conveniente. En todo caso, ofrecerles esa información les puede resultar útil para compararla con la del resto de los cursos. Este año voy a sentirme especialmente incómodo poniendo las calificaciones a mis alumnos, aunque siempre lo paso mal.

    • Muchas gracias, Fede.

      Sobre los argumentos sensatos de tu primer párrafo creo que vale la respuesta que le he dado a Jordi más arriba. Con respecto a tu último párrafo, es muy buen punto: que las empresas decidan el peso que quieren darle al expediente generado durante el confinamiento. Le veo un problema: En mi opinión las universidades quieren vender el mensaje de normalidad en el expediente, y creo que la sociedad se lo va a comprar (con un daño para los mejores estudiantes). No confío en que los contratadores y otras instituciones que decidirán sobre el futuro laboral/académico de los estudiantes actuales hagan el tipo de corrección que propones.

      • Totalmente de acuerdo con lo del mensaje de normalidad que las instituciones educativas están pretendiendo dar. Dentro de unos años, viendo las calificaciones, se dirá que no hay nada como una buena pandemia para mejorar el rendimiento académico… 🙁

  • Hola Javier,

    con el máximo respeto por tu propuesta, creo que no es viable, al menos en su totalidad.

    Tu premisa de que los ‘alumnos son los mejores jueces de su propio interés’ no se cumple en un mundo de información asimétrica, con fallos de mercado y donde los incentivos son importantes. Es más, podría ocurrir que al volver a la ‘nueva normalidad’ el próximo año, los profesores de asignaturas de cursos superiores se encontrasen teniendo que explicar materias básicas porque el 90% de sus alumnos no tienen los conocimientos suficientes (estoy pensando en las econometrías y teorías económicas avanzadas).

    Dado que a los profesores también se nos evalúa por nuestra tasa de éxito, tendríamos incentivos a evitar un elevado grado de fracaso de nuestras asignaturas debido a esta falta de base.

    En todo caso, y con el objetivo de incentivar a los mejores alumnos, sí me parece una gran idea introducir alguna ‘Prima Covid’ en los mejores expedientes basados en la nota media al final del Grado.

    Un saludo cordial

    Javier

    • Gracias, Javier.

      Totalmente de acuerdo sobre la afirmación sobre que los estudiantes no son los mejores jueces de su propio interés. Esa es una de las razones por las que evaluamos a los estudiantes en tiempos normales, y me parece estupendo. También de acuerdo con el papel de los incentivos. Precisamente creo que los incentivos que los estudiantes tienen a obtener una buena nota dado un sistema de evaluación es lo que va introducir una distorsión, puesto que no se puede evitar que dicha calificación se consiga a través de medios irregulares. Los incentivos pueden jugar a favor o en contra. Tú pones un ejemplo de los incentivos que genera el diseño aberrante de la evaluación del profesorado: dado que se nos evalúa por los aprobados no vamos a querer calificar honestamente. Una pata importante de mi propuesta es incentivar a los estudiantes a trabajar dejando claro que no van a existir rebajas en los programas futuros y que vamos a ser honestos en la evaluación en el el futuro. Eso es está en nuestras manos. Evitar que los estudiantes hagan ‘cheating’ aprovechando las circunstancias, no lo está.

  • Estoy de acuerdo con las ideas de fondo del artículo (y apoyaría una medida en esa dirección en mi universidad — spoiler: no habrá ocasión), pero creo que habría que desdramatizar: estamos hablando de medio curso, es decir, de 1/8 del expediente total.

  • Bienvenido sea todo debate sobre el tema, gracias. Me parece interesante y bien planteada la motivación y la propuesta, pero veo algunas inconsistencias/lagunas.
    Sobre lo primero: si el alumno representativo, por un lado, es alguien que está dispuesto a utilizar todo tipo de tecnologías para defraudar en las pruebas online ¿es ese mismo alumno al que luego le pedimos que se forme a pesar de la no-evaluación? Es posible que esos alumnos pertenezcan a una cola de la distribución no tan gruesa como pensamos, y no deberían condicionar el planteamiento general.
    La principal laguna en mi opinión es que los comportamientos estratégicos en docencia, como en todo, son cosa de dos. El sistema de evaluación-docencia también debe fijarse en el docente. La solución que planteas dice poco de eso. La evaluación continua permite captar bastante bien a los buenos estudiantes.

    • Jorge, muchas gracias por tus comentarios,

      En relación a tu pregunta: “¿es ese mismo alumno al que luego le pedimos que se forme a pesar de la no-evaluación?” La respuesta es SÍ. Puedes ver mi respuesta a un comentario relacionado, el de Javier Campos, más arriba. La idea es: tú les das las nuevas reglas del juego y los estudiantes tienen que atenerse a las consecuencias de sus acciones. Pero no premias los comportamientos irregulares o deshonestos.

      En cuanto a tu afirmación: “Es posible que esos alumnos pertenezcan a una cola de la distribución no tan gruesa como pensamos, y no deberían condicionar el planteamiento general”. No lo sabemos, pero me inclino por augurar un efecto imitación. Aleix Calveras, que ha hecho un comentario más arriba, ha enviado por Twitter esta referencia: https://en.m.wikipedia.org/wiki/The_Honest_Truth_about_Dishonesty

      En cuanto a tu último párrafo, estoy de acuerdo. Puedo captar a los buenos estudiantes, pero no tengo argumentos para descartar a los malos. Ese es el punto de la propuesta.

  • Su propuesta es razonable pero creo que tiene aspectos discutibles. Hay que partir de la base de que estamos viviendo circunstancias anormales. En consecuencia no se puede pretender que la evaluación vaya a mantener las mismas garantías. A partir de aquí se pueden plantear algunas propuestas. Una es la suya, pero encuentro que también tiene problemas. Por una parte, hay mucha incertidumbre sobre la fecha en la que van a poderse celebrar exámenes con normalidad (como antes). El virus no va a desaparecer y de hecho ahora mismo, está casi descontado que volverán a repuntar los brotes en otoño (eso sin tener en cuenta que la desescalada puede acabar mal). Tampoco veo porqué los mejores alumnos van a tener que salir especialmente perjudicados (el tipo de examen se puede modificar), ni que los sistemas on line no puedan garantizar con bastante fiabilidad la identidad de los estudiantes. Finalmente, como ya se ha señalado, el sector público sí puede tener en cuenta la fecha del aprobado en sus procesos de selección y si en el sector privado no lo hacen, será porque no le dan mucha importancia.

    • Muchas gracias, Atenea,

      efectivamente, toda la propuesta parte del hecho de que estamos viviendo circunstancias muy anormales que nos llevan a soluciones subóptimas en muchas decisiones. Se trata de que, condicionadas a las circunstancias, las decisiones sean lo menos dañinas posibles. Si este estado se prolongara tanto que el curso que viene tampoco pudiéramos tener exámenes presenciales sería un problema añadido, pero: (a) que aumente el problema no significa que tomar malas decisiones ayude a mejorarlo. Eso es importante tenerlo en mente; (b) en el periodo de un año muchas universidades habrán podido adaptarse a las técnicas de frontera para una evaluación online con más garantías (el proctoring al que he referido en el artículo). Por ejemplo, aunque para este curso no va a llegar a tiempo, me consta que la Universidad de Valencia lo tiene en la agenda, por lo que pueda pasar.

  • El artículo y la propuesta me parecen muy interesantes. De todas formas, hay modalidades de evaluación, como el examen oral por videconferencia, en las que puede garantizarse razonablemente la “autoría”, es decir, la identidad del estudiante. Por supuesto, no valen para todos los estudios, y deben complementarse con otras formas de evaluación. Por otro lado, incluso si no se hubiera producido la pandemia, estaríamos utilizando algunas formas de evaluación continua en las que no se puede garantizar la autoría (básicamente, todas las que no se elaboran de forma presencial, salvo que se implanten mecanismos tecnológicos de vigilancia como los que se mencionan en el post).

    En todo caso, creo que la evaluación de los estudiantes en las universidades españolas plantea graves problemas de equidad en general, porque no está garantizado en absoluto que se utilice la misma vara de medir en distintas universidades (y ni siquiera entre distintos profesores de la misma asignatura en una misma universidad). Creo que la implantación de pruebas externas similares al MIR sería muy positiva para que los expedientes académicos fuesen homologables y creíbles, y para que profesores y universidades tuvieran los incentivos adecuados.

    • Alejandro, muchas gracias.

      El examen oral por videoconferencia también tiene problemas (no se puede garantizar, por ejemplo, que el estudiante tenga abiertos archivos con material sensible). Por otra parte, si se quiere afinar con la nota impone un coste muy elevado de tiempo.

      Es cierto que ahora estamos contando trabajo no presencial dentro de la evaluación continua, pero en la mayoría de las asignaturas existe una restricción para poder aprobarla: la nota del examen ha de superar cierto umbral para que se reconozca la evaluación continua. No es más que un mecanismo que introducimos para evitar precisamente desequilibrios importantes entre el trabajo no presencial presentado y el resultado de la prueba presencial, primando el segundo sobre el primero. En las circunstancias actuales de no presencialidad esta restricción está anulada.

  • Eso de “mejores estudiantes”, no sé cómo encaja con esto que dijo la ministra
    …la señalado que el alumnado, “sea cual sea el talento con el que entra en el aula”, tendrá que salir con “el mismo valor diferencial” del centro educativo. “No puede haber segregación en el acceso [a los centros] ni en la salida…
    https://bit.ly/2xoXoXc

  • Perdón, Pero tengo diferencias importantes con esta propuesta. A priori la idea de no evaluar creo que es la medida más sensata en las condiciones excepcionales que el alumnado sufre. Pero justificarla en que la evaluación perjudicaría a los mejores expedientes me suena a darwinismo social y es perverso. Lo es además porque la propuesta parte de un a priori (usted ni siquiera lo lista como una premisa sino que lo da por un hecho cierto) que es asumir que se puede hacer una evaluación normal cuando la docencia no ha sido normal, y en muchos casos ha sido de baja calidad sino inexistente.

    • Gracias Felipe,

      lo que tú consideras Darwinismo social yo lo veo más cerca de ser un programa de apoyo a las especies protegidas.

      En cuanto a la calidad de la docencia, acepto tu crítica. Igual que la tuya, la mía es una opinión basada en lo que observo en mi entorno, y que me lleva a pensar que la mayoría de los profesores se están tomando la docencia on-line muy en serio.

  • ¿Son lo exámenes presenciales un método adecuado para la evaluación (o en gran %) de los conocimientos del alumno? y ¿Reflejan estos el número de horas trabajadas en la asignatura?. Que al fin y al cabo es de lo que se trata 25 horas por ETCS

    Como alumno de los 2 modelos presencial y online mi respuesta es un NO rotundo.

    El plan Bolonia vino dispuesto a cambiar este rol profesor-alumno y dotar a este de más protagonismo, responsabilizarlo de su educación como bien comentas, pero se ahogo bajo un inmovilismo por parte del cuerpo docente. Que sigue utilizando la palestra como púlpito personal para utilizar un método unidireccional.

    Se pone sobre la mesa el debate sobre el modelo educativo donde el profesor acapara un % bastante amplio del protagonismo (un modelo industrial anticuado como ya explica Ken Robinson https://www.youtube.com/watch?v=zDZFcDGpL4U) y perpetuado por un sistema de exámenes.

    Un modelo universatirio que obliga a los buenos(malos) investigadores y malos(buenos) docentes a dar clases para continuar con su “lucimiento personal en el gremio”. Un modelo a años luz de las necesidades de la empresa privada donde las habilidades (por ejemplo) comunicativas, no escritas, marcan una gran diferencia en el desarrollo de la carrera profesional.

    Un modelo que apenas usa el “learning by doing” vuelvo a la empresa privada, ¿Cuantos de ustedes han hecho exámenes en su trabajo? Y ¿Cuanto consideran que han aprendido en su trabajo sin hacer exámenes?

    • W.A.C:

      el debate que está ahora mismo sobre la mesa no es ese.

      No obstante, tu comentario está repleto de juicios de valor, el más llamativo de los cuales tal vez sea este:

      “Un modelo universitario que obliga a los buenos(malos) investigadores y malos(buenos) docentes a dar clases para continuar con su “lucimiento personal en el gremio”.

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