Inventar inventores

En un artículo publicado en 1954 por el diario El Espectador se preguntaba Gabriel García Márquez por los motivos que explicarían que en un concurso de inventos celebrado en Bogotá se hubieran presentado sólo cinco inventores. Concluía el escritor que “el problema es que todo inventor, antes de inventar algo, debe inventarse a sí mismo como inventor. Es la única manera de empezar. […] Inventado el inventor, lo demás viene como consecuencia lógica.” [i]

Una de las consecuencias lógicas de inventar inventores es la mejora del rendimiento del gasto en I+D. Lo demás tiene que ver con la mayor productividad, el aumento del empleo y los salarios, el bienestar y el progreso. Lo demás vale la pena. Si tenemos pocos inventores/innovadores ¿no convendría poner el foco en las razones que explican esta carencia? El agua que vertimos sobre un embudo puede rebosar si aumentamos el flujo cuando la boca del embudo es muy estrecha. Del mismo modo, parte del aumento del gasto dirigido a la I+D, desde el sector público o privado, puede ser improductivo simplemente porque en la economía no existen suficientes recursos humanos efectivos para aprovecharlo, bien porque la cantidad o calidad de los inventores/innovadores es demasiado baja, o porque las prácticas de administración empresariales son defectuosas. Tal vez le otorguemos demasiada importancia a la cantidad de agua que metemos en el embudo cuando la solución tiene más que ver con ensanchar su boca.

Aunque en este artículo voy a hablar de las restricciones a las que se enfrenta la oferta de inventores/innovadores, en el pasado ya escribí en este blog sobre otros embudos presentes en la economía.  Por ejemplo, el que afecta a la calidad de los docentes, el relacionado con el crecimiento de las ciudades, el que tiene que ver con la difusión del conocimiento entre sectores institucionales, o el debido a prácticas discriminatorias implícitas o explícitas por razón de sexo o raza.

En el Reino Unido se va a crear un Instituto de la Productividad, con la participación de decenas de expertos de distintas instituciones, con sede en la Universidad de Manchester[ii]. Su objetivo será identificar las barreras que frenan el crecimiento de la productividad e informar a los decisores de la política económica. Paralelamente se va a financiar un programa de investigación en la LSE, sobre innovación y difusión, dirigido por John Van Reenen. Precisamente Van Reenen es coautor de una serie de trabajos que les quiero comentar. En cualquier caso, España debería tomar nota de esta iniciativa. La creación de una Agencia Independiente de la Productividad sería una señal de que la cosa se toma en serio.

Bloom, Van Reenen, y Williams  (2019) en el artículo titulado: ‘A toolkit of policies to promote innovation’ tratan de responder a la siguiente cuestión: si un gestor de la política económica les pidiera consejo sobre el mejor modo de utilizar un presupuesto determinado en políticas de innovación ¿cuál sería su recomendación?

Los autores se centran en el análisis (subjetivo) de la literatura más relevante sobre los efectos de una serie de medidas, y establecen entre ellas un ranking en función de distintos criterios, que sintetizan en su Tabla 2, cuya lectura les recomiendo. Para no desviarnos del tema, vamos a centrarnos en una de las palancas que analizan y que se refiere al aumento de la oferta de científicos/investigadores.

El porcentaje de investigadores se mantiene relativamente estable entre el 7 y el 9 por mil en Estados Unidos y en Europa, mientras que en Japón está cercano al 1 por mil. En España, como puede observarse en el siguiente gráfico, el porcentaje de investigadores creció con fuerza hasta el 2009 para frenarse posteriormente y estabilizarse alrededor del 7 por mil.

Gráfico 1. Investigadores a tiempo completo en España en tantos por mil de la población ocupada (eje derecha) y total de solicitudes de patentes por residentes en España (eje izquierda)

Fuente: Elaboración propia a partir de la Estadística de I+D 2018 del Instituto Nacional de Estadística y del Centro de datos estadísticos de la OMPI sobre propiedad intelectual

Pero no todos los investigadores terminan convirtiéndose en inventores[iii] o, dicho de otra forma, a los investigadores cada vez les cuesta más generar ideas novedosas e inventar, como muestran Bloom, Jones, Van Reenen y Webb en su artículo: ‘Are Ideas getting Harder to Find?’. El gráfico anterior enseña claramente que el ritmo de crecimiento de patentes solicitadas en España fue inferior al crecimiento de los investigadores en el periodo de expansión 1980-2009. No es de extrañar por lo tanto la llamativa reducción en la solicitud de patentes coincidiendo con el periodo de estancamiento del porcentaje de investigadores[iv]. Esto es muy preocupante en un país que mantiene una elevada brecha en el crecimiento de la productividad con respecto a la mayoría de las economías de su entorno.

Una forma bastante directa de aumentar el capital humano en actividades de I+D es a través de la expansión de los programas de STEM en las universidades, cambiando los requisitos de admisión y/o su localización, aumentando su número, o mejorando la publicidad. Otra forma es a través de la gestión de la política de inmigración, facilitando la recepción/repatriación de talento exterior. Los autores les confieren a estas políticas efectos netos positivos sobre la I+D, que se materializan en el medio y largo plazo y que, de paso, contribuyen a reducir la desigualdad en rentas.

En un sentido más García-Marqueziano del concepto, el trabajo de Bell, Chetty, Jaravel, Petkova y Van Reenen (2019) “Who Becomes an Inventor in America? The Importance of Exposure to Innovation” indaga en cómo se inventan los inventores[v]. Para ello estudian la vida de más de un millón de inventores. Forzado a ser muy sintético, el principal mensaje que se desprende del estudio es que en las sociedades se pierden muchos “Einsteins” por la simple razón de que una parte importante de la población, especialmente entre las mujeres, las minorías étnicas y los hogares de rentas bajas, no ha tenido una suficiente exposición a la innovación y la investigación cuando eran niños. No es la capacidad/habilidad innata el factor que está limitando la creación de inventores, ni tan siquiera la mayor o menor facilidad de acumular capital humano entendido en un sentido general. El inventor precisa estar en contacto con otros inventores desde edades tempranas para inventarse. Se podría decir que al inventor lo inventan otros inventores, y más particularmente otras inventoras en el caso de las niñas. Si las mujeres, las minorías y los niños de familias de bajos ingresos inventaran al mismo ritmo que los hombres blancos procedentes de familias de altos ingresos, que sí han tenido una mayor exposición a la invención desde niños, la tasa de innovación en Estados Unidos se cuadruplicaría.

¿Qué se puede hacer desde el Gobierno para inventar inventores? Bell, Chetty, Jaravel, Petkova y Van Reenen (2019), en su artículo “Do Tax Cuts Produce more Einsteins? The Impacts of Financial Incentives versus Exposure to Innovation on the supply of  inventors” cuestionan la eficacia de las ayudas fiscales y financieras a la I+D para aumentar la innovación a un nivel agregado. Básicamente, la defensa de su argumento se basa en dos hechos: (a) estas ayudas sólo afectan a individuos que, en terminología de García Márquez, ya se han inventado como inventores; y (b) las ayudas no tienen apenas impacto sobre los súper inventores (los ‘inventores estrella’) porque la rentabilidad privada que obtienen de sus innovaciones de muy alto impacto social ya es muy elevada sin esas ayudas. En cambio, las medidas destinadas a aumentar la exposición de los niños a la innovación pueden ser muy eficaces. A veces es suficiente con que el niño perciba como una realidad que los inventores existen y que la carrera de inventor da lugar a personas con cara y ojos.

Para inventar inventores, el estado debería asumir el rol del vecino-de-mis-papás-inventor. La publicidad y anuncios audiovisuales para crear una cultura del innovador/científico y hacer atractiva la carrera científica, los programas de mentorización desde muy temprana edad, la implicación de los maestros en el proyecto de creación de una cultura innovadora (lo que probablemente requeriría un cambio radical en el perfil de los profesores contratados), así como la creación de grupos de excelencia desde edades muy tempranas, con potenciación de las habilidades matemáticas y el pensamiento científico, son algunos ejemplos de la dirección a seguir. Algunas instituciones,  como la Fundación ASTI, ya están implementando estas ideas a través de su proyecto STEM Talent Girl [vi]. Se trataría, en definitiva, de algo tan simple en el concepto como poner en el punto de mira de las aspiraciones de nuestros pequeños[vii] la idea de llegar a ser innovadores:  “que levanten la mano las niñas de la clase que de mayor quieren ser inventoras”.

 

[i] “Hay que inventar inventores” en Gabriel García Márquez. Entre cachacos. Obra periodística 2, 1954-1955. Random House.

[ii] Agradezco a Enrique Moral-Benito el haberme proporcionado esta referencia.

[iii] Agradezco a Jordi García este apunte.

[iv] Mi agradecimiento a Carolina Villegas por incitarme a constatar este hecho en España.

[v] Una versión resumida del trabajo puede encontrarse en este post de VOXEU.

[vi] Mi agradecimiento a Emma Fernández por esta referencia.

[vii] Más evidencia en cuanto a la eficacia de políticas diseñadas para modificar las aspiraciones personales puede encontrarse en este artículo de La Ferarra (2019).

 

Hay 4 comentarios
  • Hola Javier,

    Un artículo interesante, muchas gracias.

    Dos comentarios sobre tu gráfico:

    1. Entiendo que las patentes que consideras se refieren a la patentes registradas en la OEPM. En lo que yo conozco, las empresas grandes en España patentan directamente en la oficina europea. No sé si eso está considerado en tus números.

    2. En 2017 entra en vigor En España la nueva ley de patentes, publicada en 2015. Eso hace que patentar en España sea más difícil pero, a su vez, que sea homologable a una patente en la EPO. Con la ley anterior, uno podía registrar una patente de forma muy barata e, incluso, sin que fuera novedosa.

    https://mnhlicitaciones.com/nueva-ley-de-patentes-en-espana/

    No tengo duda de que el cambio legislativo está detrás del hundimiento de 2017.

    Sobre el comportamiento del gráfico en general: el número de patentes generado por una empresa es un indicador muy grosero de su capacidad innovadora. Está muy influido por su estrategia de patentes. Sospecho que a nivel global hay una tendencia a generar menos patentes pero más rentables, pero no sé hasta qué punto eso se corresponde con la realidad (después de todo, las estrategias de patentes de las empresas son confidenciales).

    • Gracias Eldar,

      los datos corresponden al total de solicitudes de residentes, tanto presentación directa en la oficina española como entradas en la fase nacional del PCT. Gracias por el apunte sobre el cambio de normativa en las patentes, que sin duda afecta a los datos de 2017 y 2018, pero no explicarían la reducción que se observa coincidiendo con el estancamiento en el porcentaje de investigadores. Por supuesto, hay una enorme variedad de matices que no están considerados. Pero en cualquier caso pienso que el gráfico es un buen punto de partida para ilustrar la dificultad creciente de generar ideas trasladables a innovaciones, y cómo las restricciones a la oferta de innovadores seguro que está agravando el problema.

  • En cuanto al gráfico de las patentes, me interesaría cruzarlo con el dinero destinado a la investigación pública. No sólo el presupuestado, sino el ejecutado.

    Otra cosa que señalaría es que no siempre el I+D acaba en una patente, sobre todo porque es muy caro y en ocasiones los beneficios no se ven claramente. Puede que simplemente se saque el producto al mercado y ya, confiando en el resto de actores. Así que sería interesante ver este mismo gráfico de otros países, ya sea de japón o de EEUU para ver si esta situación es común o afecta sólo a España.

  • Solo voy a poner mi granito de arena:

    En España no hay un buen “ecosistema” para las stem y el i+d. Yo ahora mismo me considero un privilegiado por poder trabajar de ello, pero la realidad es la siguiente:

    Las carreras de ingenieria estan desbalanceadas por dificultad (o las carreras tipo Economia son demasiado faciles, segun se mire).

    Aunque los ingenieros encuentran trabajo mas rapido, hay un problema de sobrecualificacion brutal, los salarios son mediocres, y muchos ingenieros trabajan en cosas que no tienen nada que ver con su formacion, como business intelligence (sql está bien si has hecho un FP de DAM) y luego hay pocas empresas grandes en españa que hagan i+d o desarrollo de producto porque lo hacen en sus paises de origen normalmente. Es donde está el valor añadido y no se suele llevar fuera porque es como una especie de technology transfer indeseada.

    Conozco mucho ingeniero industrial trabajando en trabajos de “ade” porque es una carrera que abarca muchos campos pero que no se especializa. Las tecnicas especializadas ya me parecen demasiado generalistas, pero industriales puras es un desproposito de carrera, en Europa ni siquiera existe.

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