Escenario Demográfico: INE 2018 (pre-COVID) versus INE 2020 (post-COVID)

De J. Ignacio Conde-Ruiz (@conderuiz) y Clara I. González (@GlezClarisa)

Hace unos días el INE publicó sus proyecciones de población para el período 2020-2070. Se trata del ejercicio de proyección de largo plazo que realiza cada dos años. Como decíamos cuando analizábamos ejercicios anteriores aquí y aquí y para las anteriores publicadas en 2018 aquí, se trata de un ejercicio de simulación estadística que permite conocer la evolución de la población en el largo plazo bajo determinados supuestos. Dichos supuestos suelen centrarse en hipótesis sobre la fecundidad, la mortalidad y los movimientos migratorios. En este caso el INE ha hecho un esfuerzo específico para introducir el impacto que la COVID-19 puede tener en la evolución demográfica. A este respecto, en estas previsiones se han tenido en cuenta la sobremortalidad observada hasta el mes de julio de 2020, así como la disminución experimentada en los últimos meses en la inmigración y en la emigración.

A continuación, vamos a ver los supuestos en los que se basan dichas proyecciones de largo plazo, su evolución y las diferencias con el anterior ejercicio para 2018-2068. En referencia a la metodología empleada, el INE ha vuelto a realizar una encuesta a demógrafos de toda España para establecer las hipótesis de las variables fundamentales: fecundidad, mortalidad, inmigración y emigración.

Fecundidad. El escenario INE-2020 supone que el número medio de hijos por mujer (o Indicador coyuntural de fecundidad) pasaría de 1,23 en 2019 a 1,43 al final del período de proyección en su escenario central[1]. Respecto a la COVID-19, el INE no supone ningún impacto en los nacimientos dado que, por ahora, no hay evidencias al respecto. Aunque la tendencia en el largo plazo es al alza, es importante señalar que esta sería menor que el escenario anterior (ver gráfico 1a). En cuanto a la edad media a la maternidad, así como en 2018 se suponía un aumento progresivo en esta ocasión se produciría una oscilación a partir de los 32,2 años (ver gráfico 1b), pero se mantendría en esta edad.

Esperanza de vida y mortalidad. En este caso se tiene en cuenta el impacto de la COVID-19, pero únicamente en el año 2020. La mortalidad se ve afectada en este año, que se refleja en una disminución coyuntural de la esperanza de vida al nacimiento. En concreto, la esperanza de vida al nacer en el año 2020 habría caído en algo menos de un año pasando de 80,9 años en 2019 a 80 años en 2020 para hombres, y de 86,2 años a 85,4 en mujeres. A su vez, la esperanza de vida a los 65 habría caído, pasando de 19,5 años en 2019 a 18,7 años en 2020 para hombres y de 23,4 a 22,7 años en mujeres.

Para el año 2021, el INE considera una mortalidad normal y la recuperación de dicha esperanza de vida a los 65 años. En el largo plazo, en el año 2069, hombres y mujeres habrían ganado 4,9 y de 3,8 años respectivamente, alcanzando los 85,8 y 90,0 respectivamente. En los gráficos 2a y 2b mostramos la evolución de la esperanza de vida a los 67 años y se puede ver que los valores obtenidos en esta ocasión están por debajo de las obtenidas en el ejercicio que hicieron en 2018.

Flujos migratorios netos. Esta variable es la que está sujeta a una mayor incertidumbre a la hora de establecer las hipótesis de evolución pues depende de muchos factores que pueden variar con más facilidad. En concreto, depende no solo de la política de inmigración de un país, sino también la situación económica del país de acogida o de los países de origen, etc. Para el año 2020, el INE supone un saldo migratorio neto positivo, pero más reducido que en años anteriores (110 mil personas frente a más de 450 mil personas en 2019) debido a al descenso tanto de la inmigración como la emigración. En el año 2021, el saldo neto sería de magnitud similar y a partir de ahí se produciría un aumento progresivo en años siguientes. Frente a la proyección de 2018, la gran diferencia se muestra, en primer lugar, en los primeros años debido a la situación diferente a la que nos enfrentamos en la actualidad. El concreto el flujo migratorio neto del nuevo escenario es inferior al anterior hasta el año 2028 cuando se igualan y a partir de entonces, como se puede ver en el gráfico 3, el flujo es muy superior en el ejercicio de 2020. Esto hace que el saldo migratorio para las próximas décadas sea superior al proyectado en el ejercicio anterior. En concreto, el nuevo escenario supone que hasta 2067 llegarían a España 11,6 millones de inmigrantes en términos netos, mientras que el anterior asumía un total de 8,4 millones de personas.

Población. El resultado de estos supuestos es que la población en España superaría los 50 millones de habitantes en el año 2052, y ganaría más de 3 millones en 2070 respecto a hoy. Este crecimiento vendría dado por el crecimiento del saldo migratorio neto, dado que el saldo vegetativo (nacimientos menos fallecimientos) sería negativo en todo el período de proyección. Es decir, nuevamente el crecimiento de la población española sería gracias al flujo migratorio neto que es positivo en las próximas décadas. Además, es importante destacar que el saldo vegetativo es incluso más negativo que en el ejercicio anterior (ver gráfico 4), pues como hemos dicho anteriormente los índices de fecundidad son más bajos.

Finalmente, para ver qué implicaciones tienen estos resultados respecto al proceso de envejecimiento, mostramos a continuación la tasa de dependencia a los 67 años (cociente, en tanto por ciento, de la población mayor de 67 y la población de 16 a 66 años). Como se puede observar en el grafico 5, no hay muchas diferencias en este sentido con respecto a la anterior proyección. En concreto, el nuevo escenario de INE nos presenta una proyección demográfica levemente menos envejecida que la anterior donde la tasa de dependencia alcanzaría un pico del 50,3% en 2051, frente a 51,6% en 2052 del ejercicio previo.

En definitiva, las nuevas proyecciones del INE, realizadas tras la aparición de la COVID-19, incorporan las siguiente diferencias con respecto a las realizadas hace dos años: i) una menor tasa de fecundidad; ii) una esperanza de vida (al nacer y a los 67 años) que cae de forma coyuntural en 2020 por los efectos de la COVID-19, pero que mantiene los aumentos estructurales muy similares a los del ejercicio anterior, desacelerándose el crecimiento de forma muy ligera al final del periodo; iii) un flujo migratorio neto menos intenso hasta el año 2028, pero que se vuelve mayor a partir de entonces. Todo ello tiene las siguientes implicaciones. En primer lugar, al igual que en el ejercicio anterior la población va a crecer únicamente gracias al flujo migratorio neto que es positivo en todo el periodo. En segundo lugar, ambos escenarios presentan un intenso proceso de envejecimiento, aunque levemente menos intenso en el nuevo escenario. Dada la importancia de la demografía para entender muchos aspectos del mundo que nos rodea, en un próximo post vamos a comparar este escenario realizado por el INE, con los escenarios demográficos de la AIReF publicado recientemente y el de Eurostat que hizo público hace unos meses.


[1] Aunque el INE también establece unos escenarios alternativos a modo de ejercicio de sensibilidad, en este post nos vamos a centrar en el escenario central y su comparación con el anterior ejercicio de proyección.

Hay 1 comentarios
  • La verdad sea dicha, los demógrafos con los que he tenido ocasión de tratar el asunto no están para nada impresionados con la “metodología INE”. Tampoco está muy claro siquiera qué es una proyección. O más bien, qué uso se le puede dar (i.e., lo que pasaría si se cumpliesen una serie de hipótesis que, a la vez, son muy improbables). Son mucho más interesantes (especialmente, desde el punto de vista metodológico) las de la ONU (véase https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4662414/).

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