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Los efectos de la pobreza

imagen-1En su interesante post del martes Florentino Felgueroso nos hablaba de los últimos datos de pobreza en España, donde se estima que un 22.1% de la población está en riesgo de pobreza. La última Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del Instituto Nacional de Estadística (INE) así lo manifiesta, y es más, parece que este número sube a un 28.8% cuando hablamos de menores de 16 años. Así pues, la pobreza no es meramente un fenómeno que se da en los países en vías de desarrollo, es un fenómeno que nos es muchas veces cercano, aun cuando, evidentemente, ni la magnitud ni la severidad de la pobreza en Europa puede compararse con la pobreza en los países en vías de desarrollo.

Los economistas solemos analizar las causas de la pobreza, o pensar en formas de erradicarla, pero raramente estudiamos sus consecuencias en detalle. Una de las razones por las que no analizamos sus consecuencias es que raramente podemos estimar el efecto causal de la pobreza, ya que casi nunca puede considerarse un fenómeno meramente aleatorio y está correlacionada con características individuales que a su vez tienen relación con las variables que queremos estudiar.

Si nos trasladamos ahora a países en vías de desarrollo, Banerjee y Duflo, en su libro “Poor Economics”, del que pueden obtener más información aquí nos hablan de la complejidad de las decisiones económicas que tienen que tomar los pobres, aquellos que viven con menos de 1$ al día, y de que muchas veces toman decisiones que no son acertadas, por ejemplo, rechazan la ayuda de ONGs y sus gobiernos, no tienen en cuenta el largo plazo al tomar sus decisiones, y no vacunan a sus hijos aun cuando las vacunas son gratis. Estas decisiones muchas veces están influenciadas por creencias sociales y efectos psicológicos, pero dado que la toma de decisiones poco acertadas puede empeorar la situación de pobreza, analizar las causas de estas decisiones es muy interesante.

En este post no voy a hablar del libro “Poor Economics”, aunque recomiendo su lectura, sino que voy a hablar de un artículo de Mani et al (2013), publicado en la prestigiosa revista Science, en la que muestran que la pobreza afecta a la función cognitiva, pudiendo llevar a los individuos que la sufren a tomar decisiones poco acertadas que a la vez pueden empeorar su situación. Lo que los autores argumentan es que sus preocupaciones financieras pueden distraerles, y dado que nuestra capacidad cognitiva es limitada, este tipo de preocupaciones puede dejar menos espacio para tomar el resto de decisiones adecuadamente.

Para la realización de su estudio utilizan dos experimentos, uno en el laboratorio, y otro en una situación real (field experiment). En el primero hicieron pensar a individuos pobres y ricos comprando en un centro comercial de Nueva Jersey en decisiones financieras de las que se toman diariamente. La idea es que este tipo de decisiones constituyen un problema para pobres, pero no para ricos. El impacto cognitivo debería ser entonces distinto para los dos grupos de individuos. El problema de este tipo de experimentos es que en la vida real los individuos pobres pueden adoptar mecanismos que les faciliten la toma de este tipo de decisiones, o los ricos también se enfrentan a problemas económicos de mayor cuantía monetaria que podrían afectar a su capacidad cognitiva.

No voy a entrar en detalles, pero para medir la capacidad cognitiva utilizan dos tareas que los individuos realizan con un ordenador: matrices de Raven, en la que los individuos tienen que encontrar la figura que falta en una serie y una tarea de incompatibilidad espacial en la que se espera que contesten muy rápido y de forma acertada, sin ceder a sus impulsos. En el experimento presentan aleatoriamente a los individuos dos situaciones económicas, una más complicada que la otra y encuentran que cuando la situación es complicada, los individuos más pobres realizan las tareas significativamente peor que los más ricos.

Entonces realizan un experimento con cultivadores de azúcar de caña en India, que reciben su renta después de la cosecha, pero tienen problemas para mantener el mismo nivel de consumo durante todo el año. Como resultado, experimentan ciclos de pobreza, y esto permite a los autores comparar estos individuos antes de la cosecha (cuando son pobres), y después (cuando son “ricos”). Los autores pueden utilizar datos del mismo individuo, y controlan por efectos de calendario, nutrición, cantidad de trabajo e incluso stress, factores que también podrían influenciar el desempeño cognitivo. En este caso utilizan el test de Raven y un test numérico en el que los individuos también tienen que contestar rápido sin ceder al impulso inicial. Como en el experimento anterior, las diferencias en el desempeño en estos tests antes y después de la cosecha también son muy importantes.

Los resultados de estos experimentos indican que la pobreza no sólo implica escasez de recursos económicos, sino escasez de recursos cognitivos, que no tienen que ver con las características individuales de los individuos pobres (educación…), sino con las preocupaciones a las que se enfrentan. Los autores estiman que el hecho de hablar de preocupaciones financieras tiene el mismo efecto que no dormir una noche. Estos resultados tienen importantes implicaciones, que deberían tenerse en cuenta a la hora de diseñar programas y ayudas destinados a los pobres, por ejemplo, disminuir el número de formularios a rellenar, o ayudarles a rellenarlos. En el caso de los cultivadores, implementar programas educativos después de la cosecha puede tener efectos más beneficiosos que antes.