¿Son los Seminarios Virtuales el Futuro?

Para los que estamos en el mundo académico los seminarios son una parte esencial de nuestra investigación. En el ámbito de la economía, es habitual que la facultades y departamentos organicen varios seminarios semanales. En ellos se invita a un investigador de otra institución para que presente uno de sus trabajos recientes ante profesores y estudiantes. Esta actividad cumple varios propósitos. Por un lado, permite que los investigadores recibamos comentarios que enriquecen nuestro trabajo cuando se encuentra en estadios preliminares y así orientar nuestro esfuerzo de cara al largo proceso de publicación. Para la audiencia es una manera de aprender sobre ideas nuevas y organizar en nuestra mente partes de la literatura que de otra manera sería difícil conocer. A la vez, la socialización que se establece tanto en seminarios como en las entrevistas que se llevan a cabo durante estas visitas permite a unos y otros hablar de otros aspectos de su investigación y a veces da lugar a nuevos proyectos de trabajo.

Esta actividad, como muchas otras, se ha visto paralizada por la situación actual. La respuesta de la instituciones, sin embargo, no ha sido idéntica. En la mayor parte de los departamentos los seminarios han sido cancelados o, más exactamente, pospuestos hasta la vuelta a la normalidad. En algunos casos, se ha optado por convertir los seminarios en eventos virtuales (webinars), donde la misma plataforma permite organizar entrevistas con los profesores interesados.

A la vez, han surgido nuevas iniciativas más ambiciosas que podríamos denominar “Seminarios Virtuales Masivos”. Mientras que los seminarios habituales tienen unas decenas de asistentes, estos nuevos seminarios atraen cientos (o incluso miles) de participantes. Están organizados alrededor de un área y a menudo no pertenecen a ningún departamento o universidad (la página de la American Economic Association mantiene una lista aquí). En ellos habitualmente se invita a alguien de reconocida carrera investigadora o lo que llamaríamos “una estrella emergente” y su audiencia incluye participantes de todo el mundo.

La pregunta que surge es si los cambios que la crisis está originando en estos seminarios van a tener efectos permanentes (o si deberían tenerlos) en la manera en que los concebiremos en el futuro. Obviamente, esta pregunta se ha formulado en otros ámbitos como el teletrabajo o nuestros patrones de ocio, consumo o transporte futuros. De la misma manera que no tenemos una respuesta clara sobre qué sucederá en esos casos, no es fácil adivinar cuál va a ser el efecto de estos Seminarios Virtuales Masivos. Sin embargo, en las últimas semanas he tenido la experiencia de participar en la organización de uno de ellos y esto me ha dado la oportunidad de reflexionar sobre el posible alcance de este tipo de experimentos.

Como en otros ámbitos, la respuesta fácil (y algo cínica) sería pensar que no cambiará nada en los seminarios. Volveremos a la situación anterior al COVID-19 y podremos reemprender esta actividad y muchas otras exactamente donde la dejamos. La posición contraria sería pensar que los cambios que estamos observando son permanentes: los seminarios virtuales son el único futuro. Probablemente estaremos en una situación intermedia, donde los seminarios virtuales y físicos convivirán de una manera o de otra y quizás debería ser así.

Los Seminario Virtuales Masivos deberían subsistir, sobre todo si no están asociados a ninguna institución en particular, por varios motivos. Por un lado, permiten que cualquier investigador tenga acceso a seminarios de su área (o de cualquier otra) incluso en aquellas instituciones donde no existe un grupo investigador de tamaño suficiente que justifique una serie de seminarios propia. Solo los grandes departamentos se pueden permitir tener seminarios diarios y, incluso en aquellos casos, a veces no todas las áreas están representadas. Estos se une al hecho de que en países como España donde la inversión en investigación es ridícula (a pesar de las declaraciones que escuchamos últimamente sobre lo importante que es la ciencia para salir de la pandemia) financiar seminarios detrae recursos de otras dimensiones de investigación como la compra de equipos, realización de experimentos o el tratamiento de datos. Por otro lado, investigadores que habitualmente son muy difíciles de convencer para que dediquen varios días de trabajo a viajar a la otra punta del mundo, no tardan en aceptar invitaciones a dar seminarios desde la comodidad de su casa (o de su despacho cuando la situación lo permita). Tampoco debemos olvidar que este cambio tiene importantes repercusiones de todo tipo. Antes de esta crisis había cientos de seminarios diarios sólo en el ámbito de la economía. El efecto medioambiental de estos viajes es gigantesco. Por último, una vez hemos participado en estos seminarios, nos hemos dado cuenta de que la experiencia no es tan mala como podríamos anticipar.

A pesar de las ventajas de estos seminarios no es probable ni deseable que vayamos a un mundo únicamente con Seminarios Virtuales Masivos. Uno de los problemas principales que genera es lo que conocemos como el efecto superestrella (Rosen (1981)) y que sesga la profesión hacia los investigadores más establecidos y quita visibilidad al resto de la profesión. La intuición es sencilla. Si todos podemos atender al seminario de los economistas más brillantes desde nuestro despacho, ¿quién quiere ir a presentaciones de jóvenes investigadores que aún tienen que probar su valía? Ésto tiene importantes repercusiones y ya empiezan a aparecer voces que se preguntan si estos seminarios pueden terminar convirtiéndose en una manera de certificar el trabajo de una élite, como lo podrían ser las revistas top 5.

En la medida en que la investigación avanza a menudo a través de los seminarios, este efecto tiene una repercusión para el resto de la profesión. Por supuesto, uno podría argumentar que se podrían crear seminario virtuales menos masivos para gente “joven” o con menos “exposición”. Y eso, por cierto, está sucediendo. El problema es que su viabilidad depende de fidelizar a una audiencia, que podría ir a otro seminario virtual y aún así se “sacrifica” para dar comentarios a un investigador con un potencial por descubrir. No es fácil en un entorno anónimo como los seminarios virtuales hacer sostenible algo así.

En cambio, en un entorno de departamento o facultad y con seminarios físicos es más probable que este tipo de fidelización se dé. Nuestros hábitos incluyen (o incluían) los seminarios como parte integral de nuestro calendario diario. La capacidad de organizarnos dentro de una institución y asistir de manera rutinaria a los seminario es lo que permite que tengan habitualmente la audiencia que requieren. Además, son los investigadores más jóvenes los que, sin duda, se benefician más de los comentarios que la interacción en un entorno real facilita, dado que es menos probable que la gente se lea sus trabajos. En ese aspecto las plataformas de videoconferencia están aún muy lejos y, a pesar de los protocolos que se están probando, la dinámica es mucho menos natural.

Espero que pronto podamos ver si los cambios en los seminarios son permanentes o no. Eso querrá decir que hemos superado esta situación tan dramática.

Hay 2 comentarios
  • ¿Es lo mismo aplicable a teletrabajo y teleformación, que la interacción en un entorno real las facilite? A título de ejemplo, mi antiguo jefe (en una empresa financiera que está con teletrabajo sobrevenido) dice que para él es horrible, por laborioso e infructuoso, coordinar a sus subalternos. Me dio curiosidad porque soy partidario del teletrabajo y me dio suposiciones de por qué: hay cosas que solo se dan con el trato físico (una palmadita, o ayudar a repartir dossieres…), y aparte, se pierden sinergias: si se hacen videoconferencias grupales aumenta el caos y si de una en una, normalmente del jefe con empleados, no hay comunicación entre ellos. No sé, a mí me fastidia y me da que pensar

  • Ojo amigos, con el tenis paso algo similar con la televisión masiva en abierto y de pago.
    La gente dejo de interesarse por los torneos nacionales para sólo ver a las estrellas por TV.
    Resultado : toda la atención y el dinero a los de arriba.
    Quien querrá asistir a un seminario de un buen profesor desconocido, pudiendo asistir a uno de una estrella. Pues eso, muy pocos y mal pagados por tanto los profesores poco conocidos.

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