El crecimiento económico engrasa las interacciones políticas. Sin crecimiento económico, estamos en un mundo de suma cero, en el que lo que yo gano es lo que tú pierdes. El compromiso en tal mundo es muy difícil, y los conflictos son recurrentes y cada vez más violentos. Esta falta de crecimiento está detrás, en mi opinión, de los crecientes problemas de reparto en la EEUU, en la UE, y de los de nuestro estado de las autonomías.
Como he comentado en alguna otra ocasión, el crecimiento económico es un fenomeno muy reciente, de algo más de los últimos dos siglos. Mientras el crecimiento no se produjo, lo que un pueblo o un grupo ganaba , otro lo perdía. La política posible era la política del robo, el expolio, la conquista, la guerra. El conflicto dominaba, la distribución se resolvía por la fuerza.
El crecimiento económico tuvo efectos balsámicos sobre las interacciones humanas. Un crecimiento del 2% anual durante 100 años, multiplica por siete la renta per capita de un país. Si a base de invertir en el futuro nos podemos hacer ricos, no tenemos que robar. Mejor aún, podemos usar los crecientes ingresos para comprar voluntades, hacer transferencias a los perdedores, y poner en marcha las políticas óptimas. Por ejemplo, es fácil hacer reformas de la financiación autonómica si como resultado, todas las regiones ganan.
El mundo occidental, o al menos buena parte de él (EEUU, RU, Zone Euro) están experimentando las consecuencias de un período de estancamiento que empieza a ser prolongado. Y el resultado es que la política puede parecerse demasiado a la de la edad media, si lo que unos ganan es lo que les quitan a los otros, entonces mejor juntarme con los míos y defender lo mío a muerte.
En el caso de EEUU, el conflicto distribucional es entre los que pagan impuestos y los que reciben gasto social. Reducir la deuda es tratar de distribuir el peso entre unos y otros, y de momento ambos se niegan en redondo a ser los paganos.
En la Unión Europea, se trata igualmente de ver quien va a pagar la factura elevada de un endeudamiento excesivo, pero el reparto es geográfico, no social: el reparto debe incluir a los ciudadanos de la periferia (de momento, Grecia, Portugal e Irlanda), los bancos de la EZ, y los ciudadanos del Norte.
Si no conseguimos poner de nuevo relativamente deprisa a occidente en una senda de crecimiento, nos podemos sorprender de la velocidad con la que el barniz de civilización y de diálogo que damos por hecho desaparece en nuestros países y es reemplazado por tribalismo, nacionalismo, y populismo.