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Sobre la Imposibilidad de Mercados Informacionalmente Eficientes

Hace unas semanas comenzábamos una serie ocasional a la que ahora regreso sobre 20 trabajos particularmente influyentes y publicados en los primeros 100 años de vida de la American Economic Review.

En ese primer post hablé sobre Hayek y el uso del sistema de precios como un mecanismo de agregación de información en la sociedad. Es, pues, natural, que la segunda entrega de esta serie sea sobre el artículo de Sanford Grossman y Joseph Stiglitz, “On the Impossibility of Informationally Efficient Markets,” que en buena medida intenta analizar las ideas de Hayek (o, al menos, la esencia de las mismas) en el contexto de un modelo formal. Esta labor resulta de suma importancia pues, como ya comentaba, Hayek no ofrece ninguna prueba que los precios cumplan la misión que él les atribuía y por tanto su artículo era más sugestivo que otra cosa.

El hablar sobre el trabajo de Grossman y Stiglitz me resulta además importante desde el punto de vista de mi propia evolución profesional. Debió ser en cuarto y quinto de carrera cuando por primera vez me encontré con el mismo. Aún recuerdo vivamente la profunda impresión que me causó su lectura y el como me forzó a empezar a pensar acerca del funcionamiento de una economía de mercado de una manera menos ingenua y más analítica. De hecho, estoy casi seguro que por algún lugar de mi habitación en Madrid, si me pusiera a buscar con ahínco, encontraría la fotocopia del mismo toda llena de anotaciones marginales a mano (lo cual, además, me hace recordar el tiempo en el que los artículos de las revistas había que fotocopiarlos a mano, lo cual era una pesadez increíble, no bajárselos de la red cómodamente como podemos hacer ahora).

El argumento principal de Grossman y Stiglitz es muy sencillo. Si la búsqueda de información, o de manera más precisa en el contexto del modelo, la posibilidad de arbitraje es costosa en términos de recursos, no podemos tener un mercado que transmita toda la información existente de manera eficiente. De lo contrario, nadie tendría incentivos a pagar el coste de adquirir la información pues bastaría mirar el precio de mercado para aprender todo lo que uno tiene que aprender. Por ello, en general, los mercados no pueden ser eficientes desde el punto de vista informacional y vamos a poder encontrar asignaciones de los recursos que sean mejores que las que los mercados generen.

Es fácil, pues, ver la importancia del resultado. En vez de pensar, como afirmaba Hayek, que los mercados pueden transmitir toda la información necesaria, es más razonable pensar que estos lo van a hacer solo de manera imperfecta y que es, en principio, posible pensar en intervenciones públicas que mejoren el bienestar de todos.

Cabría, quizás, la respuesta que Hayek en realidad nunca pensaba que los mercados eran eficientes en el sentido de la microeconomía más convencional y que el resultado de Grossman y Stiglitz no le habría sorprendido en gran medida pues él tenía una visión más compleja del mecanismo de mercado como procesador constante de información dispersa sin necesidad de que, en esta labor, la eficiencia se alcanzase siempre (aunque, a la vez, no creo que Hayek fuera consciente, por ejemplo, de los enormes fallos causados por problemas de expectativas de alto orden sobre las que ya he hablado en alguna otra ocasión y que exceden por mucho la cota superior de ineficiencia que Hayek probablemente asignaba a los precios). Pero este argumento, que he visto articulado en más de una ocasión por parte de muchos defensores de la tradición que emana de Hayek siempre me ha resultado un tanto contradictorio con los postulados de estos mismos autores, que me parece intentan nadar y guardar la ropa al mismo tiempo. Si se admite que el mercado es solo imperfecto, existe la posibilidad, al menos teórica, de crear mecanismos alternativos que funcionen mejor. Es más, estos mecanismos se propusieron en la literatura durante la década de los 60 y 70 del siglo pasado y su funcionamiento en la práctica es una cuestión empírica que uno debe, cuando menos, considerar cuidadosamente.

Este último argumento nos enlaza, sin embargo, con la advertencia recíproca de no intentar leer demasiado en los resultados de Grossman y Stiglitz acerca de sus implicaciones de política económica (tentación en la Stiglitz creo ha caído en más de una ocasión). Si bien es cierto que, como argumentaba anteriormente, en general el mercado no va a conseguir asignaciones eficientes, esto no quiere decir necesariamente que la intervención pública la pueda mejorar, pues esta se verá sometida a sus propios problemas de recopilación de información y de incentivos a las que nos hemos referido a menudo en este blog. Una posición más sensata, en mi opinión, combina el reconocimiento que el sistema de precios funciona razonablemente bien en muchas ocasiones y que por ello es la manera fundamental en la que organizamos nuestra vida económica con una percepción de sus limitaciones y de la necesidad, en ciertos casos, de corregir algunos de sus defectos. El artículo de Grossman y Stiglitz, especialmente en las conjeturas 1-7 que presentan en la introducción, nos permite empezar a pensar acerca los márgenes que tenemos que considerar cuando nos posicionemos acerca de la necesidad o no de intervención en mercados concretos.

Para concluir, y a nivel un tanto más personal, la re-lectura del artículo de Grossman y Stigliz, con la perspectiva del tiempo, es un tanto decepcionante. Lejos de probar sus resultados de una manera general, como nos gustaría, los autores lo único que pueden hacer es probar una serie de resultados básicos en un modelito sencillito, un ejemplo más que otra cosa. Y ello no es por falta de habilidad (Grossman y Stiglitz son, de manera reconocida por cualquiera que los conoce, mentes excepcionales a las que solo se les puede reprochar un ego casi tan grande como sus habilidades) ni por esfuerzo, no tanto de los autores originales como de muchos otros economistas que han trabajado en las últimas décadas en el mismo tema. Cómo los mercados agregan y distribuyen información en presencia de imperfecciones (sean estas costes de adquisición de información como en Grossman y Stiglitz u otras distantas) es un tema que todavía entendemos muy poquito, probablemente por ser una labor ingente. Un excelente y reciente libro sobre lo que sabemos, al menos más centrado en los mercados financieros, se encuentra en un libro de Xavier Vives, Information and Learning in Markets, y cuya lectura recomiendo a aquellos que quieran profundizar más sobre estos temas (advertencia: es un libro técnico).

En la siguiente entrega seguiré con el tema de la información, en concreto, con su aplicación al diseño de sistemas tributarios hablando un poquito sobre dos artículos de Diamond (premio Nobel hace solo unos meses) y Mirrleess (premio Nobel en 1996).