En una serie de dos entradas, José Fernández-Albertos, Lluis Orriols y Alberto Penadés (por partida doble) han respondido a mis dos entradas (primera y segunda) sobre el CIS y la necesidad de que el mismo deje de hacer encuestas.
Con respecto a la entrada primera de Alberto Penadés, poco tengo que añadir. Es ecuánime y equilibrada y, aunque no este de acuerdo en varios de sus argumentos, creo que los lectores ya tienen encima de la mesa todos los datos que necesitan para juzgar por ellos mismos. Encuentro más que objetar con la segunda respuesta y creo que nuestros lectores de NeG merecen una réplica por mi parte.
Como explicaba en mi segunda entrada de manera más clara, mis propuestas eran dos:
1) Sacar al CIS del Ministerio de la Presidencia. Esta propuesta es secundaria, y ya que los autores estén de acuerdo conmigo, no hace falta repetirla, aunque me sorprende un tanto que muchos investigadores en España no insistan más en ello.
2) Que el CIS dejase de (copio de la primera entrada) “preguntar y publicar la intención y la estimación de voto en elecciones generales”.
La respuesta de José Fernández-Albertos, Lluis Orriols y Alberto Penadés fracasa en rebatir mi línea de razonamiento y, lo que es más grave, lo hace con unos argumentos que sufren de problemas fundamentales. Más en concreto, los autores parten de una interpretación retórica creativa de mi argumentación para llegar a un dilema equivocado.
Empecemos con la interpretación retórica creativa. Dicen los autores:
“En todos los países se financian estudios electorales con dinero público.” En todos, todos no sé (me imagino que en Corea del Norte no; lo siento, no me pude aguantar el chiste), pero me imagino que en la mayoría sí. Pero esa NO es la cuestión.
La pregunta que yo planteaba es ¿en cuántos estos estudios electorales se realizan como digo en la segunda línea de mi primera entrada por un “organismo autónomo de carácter administrativo”? O como digo más abajo en esa primera entrada: “multitud de democracias existen sin que sus gobiernos realicen encuesta electoral alguna. Desconozco en qué otros países de nuestro entorno existen encuestas públicas similares a las del CIS (no he podido encontrar una base de datos o literatura al respecto), pero mi observación casual es que estas encuestas parecen no existir ni en los países de habla inglesa (en Estados Unidos sería impensable) ni en muchos otros del norte de Europa.”
José Fernández-Albertos, Lluis Orriols y Alberto Penadés transforman mi oposición a que un gobierno (o un organismo administrativo del mismo) realice encuestas en que yo este opuesto a que el dinero del presupuesto público se dedique a dar becas de investigación a grupos de investigación que realicen encuestas electorales. Como todos los abogados con un litigio perdedor, en vez de responder a los fundamentos de hecho de mi demanda (¿en qué país existen organismos similares al CIS realizando encuestas electorales?) se inventan otros fundamentos de hecho diferentes (¿no se da dinero público en otros países a grupos de investigación que realizan estudios electorales?). Es como si a mi queja de que no me gusta la leche desnatada me respondieran que el zumo de naranja es fantástico para desayunar: cierto, pero irrelevante.
En la entrada, los autores ponen dos ejemplos, el de Alemania y el de Estados Unidos (en un comentario, José Fernández-Albertos pone también el ejemplo del British Election Study).
Miremos estos tres casos. Reconozco que desconozco el caso de Alemania, excepto por la descripción del mismo por los autores: “la publicación de estimaciones, que realizan profesionales independientes, y su divulgación corre a cargo de los periodistas (aunque se haga a partir de datos públicos)”. Esto parece, por tanto, bastante diferente a nuestro CIS. El caso del British Election Study ya quedo claro en los comentarios: es un consorcio de universidades públicas, no un organismo administrativo.
El caso del que si que puedo hablar en más detalle es de la University of Michigan y el apoyo que recibe de la National Science Foundation (NSF) para estos fines. Me imagino que José Fernández-Albertos, Lluis Orriols y Alberto Penadés se refieren al American National Election Studies (ANES), que es una colaboración entre University of Michigan y Stanford University (como una persona que mantiene una cierta vinculación académica con Stanford, me apena que dejen a Palo Alto fuera de todo esto, pero no es más que una anécdota sin la menor importancia).
El ANES es un grupo de investigación de profesores, con una supervisión de otros profesores. Nada que ver con el CIS. Y sí, recibe dinero de la NSF. Como probablemente muchos de los lectores no sepan como funciona la NSF, voy a explicarlo en cierto detalle. Yo he interactuado con la NSF desde los dos lados: llevo muchos años recibiendo dinero de la NSF (ininterrumpidamente desde 2002), soy miembro del University of Pennsylvania Population Studies Center que es financiado en parte por la NSF y el NIH y he participado, también desde 2002, en la evaluación anónima de decenas de proyectos y en diversos paneles de selección (que no puedo divulgar en detalle por una restricción de confidencialidad).
Cuando ANES le pide dinero a la NSF, este tiene que presentar un proyecto (o una explicación de la renovación; los proyectos normalmente se dan por 3 años). El director del programa de la NSF envía este proyecto a unos 10-12 evaluadores anónimos que juzgan la valía del mismo. Con esos juicios, una panel de catedráticos de alto prestigio en Estados Unidos seleccionan los proyectos ganadores, que son aprobados por el director del programa. Los detalles de cada programa son ligeramente diferentes (y además existen ajustes de acción afirmativa que me estoy saltando) pero la estructura básica es la misma.
Esto quiere decir que:
1) Afirmar que “la Universidad de Michigan lleva haciendo esto durante décadas, es como un "apéndice" de la National Science Foundation para estos fines” no solo es falso, sino que transmite al lector una impresión equivocada de la relación existente entre el ANES y la NSF para intentar desviar la atención de la discusión original.
2) El grupo de investigación de ANES consigue el dinero porque ha sido capaz de convencer a sus “academic peers” de que lo que hace esta bien, es útil y es mejor que lo que hacen otros grupos rivales. Los estudios del CIS en ningún momento tienen que pasar estos filtros académicos. Sí, los politólogos y sociólogos constantemente evalúan en España la labor del CIS, pero al final esto no tiene ninguna consecuencia real: lo único que importa es lo que dice Soraya. Y todos sabemos que al PP la investigación le importa poca cosa (después de casi un año ni han retirado al plagiador director del IEF).
3) Los ciudadanos americanos que conocen el ANES (que no son muchos la verdad, pues sus estudios no tienen demasiado impacto en los medios de comunicación) entienden perfectamente que esto no es el gobierno federal realizando encuestas. Es un grupo de investigación de profesores universitarios.
Es decir, que después de muchos párrafos, José Fernández-Albertos, Lluis Orriols y Alberto Penadés no son capaces de ponerme un solo ejemplo de otro país que tenga algo como nuestro CIS realizando encuestas electorales. Lo mismo existen (como digo claramente, no he podido encontrar fuentes que expliquen la situación en cada país), pero intentar emplear el caso de Estados Unidos, el Reino Unido o (parcialmente) de Alemania no es refutación alguna de la pregunta que motivaba mi entrada.
Se podrá argumentar que mis párrafos iniciales en la entrada primera (donde hablaba de las “ventajas comparativas” de los gobiernos) podrían interpretarse como una oposición a la concesión de becas a los estudios electorales. Admito que estos párrafos oscurecen más que ayudan a mi argumento y, si tuviese que re-escribir la entrada ahora, los redactaría de una manera diferente (aunque intentando transmitir las mismas ideas). Solo quería emplearlos para enmarcar la discusión de qué tienen que hacer los gobiernos. Lamentablemente, no predije adecuadamente las consecuencias finales que los lectores pudieran extraer de ellos (eso es lo que tiene escribir: uno deja de ser dueño de sus propios textos). Los gobiernos (o sus órganos como el CIS) no tienen que efectuar estudios electorales, no es su “ventaja comparativa”. Los gobiernos pueden perfectamente dar becas a grupos de investigación (incluidos profesores de universidades públicas, cuya autonomía en los países occidentales los coloca suficientemente lejos del gobierno como para que podamos llamarlos “sociedad civil” de manera amplia; y a fortiori, University of Michigan depende del Estado de Michigan, no del gobierno federal, y Stanford es privada). Pero dado que, inmediatamente en los comentarios (al menos desde el comentario del 10 de noviembre a las 18:24), dije (añado solo los acentos, que en los comentarios no los pongo):
“Si mañana las agencias de financiación de las universidades deciden dar una beca a un consorcio de la Universidad de Cantabria y la Universidad de Zaragoza que efectúe un panel de estudios electorales, no tendría problema alguno.”
Mi postura era muy clara desde el martes por la tarde (mi mañana en Estados Unidos, que es cuando vi los comentarios críticos) e insistir en hablar sobre la financiación de estudios electorales con dinero públicos seis días después es pretender que el loro no este muerto y está solo descansando:
Pero la verdadera desventaja del intento de los autores de cambiar mi pregunta por una que les convenga más a sus argumentos es que les lleva inexorablemente a un dilema equivocado. Ese dilema es pensar que la única alternativa al CIS realizando estas encuestas son las empresas privadas que no ofrecen datos algunos. La experiencia de Estados Unidos o del Reino Unido me sugiere una simple alternativa:
1) Convocar un concurso para dar una beca de investigación pública a un grupo de investigadores que “hereden” las encuestas electorales del CIS. Por supuesto, una de las condiciones de tal beca es que todos los datos sean públicos.
2) De igual manera que en Estados Unidos, que esta beca se vaya renovando si los “peers” académicos consideran que lo que se esta realizando tienen sentido (y con la posible competición de un nuevo grupo que venga de fuera y les “robe” la beca).
3) Si el grupo académico quiere realizar predicciones electorales, es su decisión. Los medios de comunicación valorarán como quieran esas predicciones.
4) El CIS, ya sin encuesta electoral alguna, es transferido fuera del Ministerio de Presidencia.
La investigación en ciencias políticas le iría mucho con esta nueva organización institucional que garantizaría la calidad de las encuestas, el “peer review”, el acceso a las mismas por terceros investigadores y la despolitización total de las encuestas electorales. Y como digo en mi entrada primera, lo mismo además lo mismo los españoles empiezan a pensar que el gobierno no se tiene que dedicar a estas cosas.
Finalmente, dos apuntes breves. Los autores se quejan de que no ofrezco pruebas de que el CIS manipule y que por tanto: “nótese que no se puede decir a la vez que es irrelevante y manipulador”. Uhm, no. Eso no es lo que yo dije. Yo dije que existía un riesgo de manipulación en el futuro (aunque, así entre nosotros, ¿no les parece a los autores un pelín rara la pre-electoral de Cataluña? A mi me parece bastante, casi tanto como descubrir que en este establecimiento se juega). Las decisiones se juzgan ex ante, no ex post. El que el CIS realice encuestas genera un riesgo de manipulación. Que este riesgo no se realice en estos momentos no es justificación alguna. Si decido salir tarde casa para ir al aeropuerto y resulta que tengo suerte y como el embarque se retrasó porque hubo problemas con la puerta (algo que no se supo hasta el último momento) no pierdo el avión, mi decisión fue horrible, aunque a lo largo de la realización de la senda de equilibrio sea irrelevante.
Segundo, los autores parecen implicar que en mi segunda entrada cambie mi objetivo de “todas” las encuestas electorales a solo las estimaciones de voto. Dado que la primera entrada había recibido críticas, pensé que era mejor, en la segunda entrada, centrarme en aquella parte del argumento que me parecía que era más fácil de entender, la estimación de voto (aunque en los comentarios dije: Una postura mas radical seria llevar toda la Preelectoral de Cataluña (de la pagina 1 a la 29) a un consorcio de universidades publicas donde los investigadores estarian sometidos a peer review. Aunque sigo pensando que es la mejor solucion, entiendo las dificultades de la misma y que quizas, por conveniencia, fuera mejor dejarlo en un CIS reformado y fuera de Presidencia). Simplemente estaba intentando ser más conciliador para intentar solventar reticencias iniciales: una cosa que he aprendido con los años es que es mejor empezar convenciendo de los menos para llevar a la gente a lo más. Pero, como dije en el comentario, sigo pensando que el CIS no debería hacer ninguna encuesta electoral. Punto.
En resumen, sí, el CIS debería de dejar de hacer (todas) las encuestas electorales
Hay 11 comentarios
El argumento esencial en el artículo de Fernández-Albertos, Orriols y Penadés es que el CIS proporciona series temporales largas y consistentes. Ese es el meollo de la cuestión.
Podemos preguntarnos luego el CIS es imprescindible para ello o si esas series temporales las puede proporcionar una entidad privada o un equipo de investigación financiado con fondos públicos en convocatorias trianuales de proyectos. Esto último quizá sea posible, como afirmas en el ejemplo de Michigan-Stanford, pero a mí me parece que es una opción algo frágil.
No sé cómo funcionará la NSF en ese ejemplo concreto, pero en España sí me consta que algunos proyectos de investigación de largo plazo, e incluso el pago de cuotas a colaboraciones internacionales, se financian en las convocatorias normales cada tres años, pero tienen más o menos "garantizada" la continuidad. Yo creo que no es una fórmula idónea, pero es lo que se hace. No sé si eso es lo que ocurre con el proyecto ANES, pero algo así tendrán que hacer si quieren mantener la continuidad de las encuestas.
En cualquier caso, de todo el debate creo que tienen que quedar clara una cosa: la necesidad de series largas y consistentes (es decir, que se hagan prácticamente las mismas preguntas en cada encuesta). Es una necesidad puramente científica, como dicen Fernández-Albertos, Orriols y Penadés en el penúltimo párrafo de su entrada. A partir de ahí podemos empezar a discutir cuál es le mejor modelo para garantizar esas series.
Entiendo la utilidad de que se hagan encuestas puesto que la recogida de datos puede ser costosa. Pero cuando se dice que las conclusiones del CIS "están en la media tirando a azul" no veo cual es la utilidad pública de hacer interpretaciones desde un organismo directamente dependiente del gobierno. En un mundo en el que existe kaggle, las iniciativas de open data y programas de análisis de datos al alcance de cualquiera... pues no veo por qué se tiene que gastar el dinero en que unos funcionarios se dediquen a hacer análisis electorales para el disfrute del pueblo.
kindermatik, el valor de una base de datos generada por muestreo de conveniencia es muy bajo. Por ejemplo personas que comentan en redes sociales, que no son una muestra representativa de la población/universo formado por los votantes. Lamentablemente hay sesgos profundos que no pueden ser corregidos a no se que hagas un monton de hipótesis que en general son dificilmente verificables. Eso si, si ya dispones de una escuesta rigurosa, entonces puedes aprender un poco más cruzando sus resultados con informacion que saques de redes sociales u otros medios, pero esta es otra historia. Pero hacer encuestas con muestreo probabilistico tiene un coste. La decision de hacerlo o no es un tema a valorar, pero probablemente pocos organismos privados invertirían en ella.
Sin entrar en el tema de si un organismo como el CIS debería estar integrado en presidencia, que es una decisión administrativa, muchas de las suspicacias que se contemplan son poco claras. Si los cuestionarios son publicos, los encuestadores estan medianamente bien entrenados, el método de muestreo probabilistico también lo es (y se especifican claramente las probabilidades de inclusión de primer y segundo orden), cualquier profesional estadístico puede hacer sus propios cálculos, y analizar la fiabilidad de los resultados, máxime teniendo en cuenta la estabilidad de los procedimientos a lo largo del tiempo que todavía facilita aún más la corrección de sesgos. Así que no veo mayor problema. Las críticas sobre la menor representación de partidos minoritarios tiene bajo fundamento, dado que la intención real de voto es desconocida a priori, no es sensato aplicar un muestreo estratificado para cada partido, y con uno polietapico es normal que la representatividad de partidos pequeños sea menor, lo que afectará la varíanza de las estimaciones sobre ellos, pero no generará sesgos (mejor dicho, si lo hará pero tales sesgos son trivialmente corregibles). Dicho esto, yo creo que tiene más lógica integrar al CIS en el INE, dadas las economías de escala que ambos organismos pueden compartir. Eso sí, puestos a tener intervenciones del poder político, el INE también las ha tenido, de hecho en el INE en ocasiones se han dejado de calcular o se ha retrasado la publicacion de datos problemáticos.
¿Podrías poner algún ejemplo de eso último?
Si, un ejemplo sonado es el cambio de base que se aplicó en el calculo de índices de precios al entrar el Euro, para dificultar la comparación de precios antes y despues del euro (y no se puediera computar bien el efecto redondeo) no se calculó un solapamiento entre la serie de precios con la metodología antigua y la moderna. Al no haber solapamiento no podían compararse. Esto generó un pequeño escándalo y la directora general del INE tuvo que acudir al congreso:
http://elpais.com/diario/2002/02/27/economia/1014764402_850215.html
http://elpais.com/diario/2002/02/27/economia/1014764401_850215.html
Jesus, tu propuesta de transferir la actividad del CIS a un organismo de investigación vía becas suena atractiva, pero no creo que sirviera de mucho. En España la evaluación de la investigación para la asignación de fondos en proyectos nacionales de investigación también tiene un componente político. Hasta hace poco, la ANEP evaluaba los proyectos usando un peer review, el ministerio hacia su evaluación usando sus criterios....(puede ser razonable porque se favorecen temas de interés socio-político, pero también podían influir otros aspectos más difíciles de justificar) y luego había una negociación entre ambos organismos para integrar ambos rankings y asignar fondos. Este sistema recientemente ha sufrido modificaciones (el cambio no es favorable al sistema peer review). Así que me temo que asignarlo a un equipo tampoco ofrece garantías de independencia.
Muchas gracias. No puedo decir más. Entrar a valorar tu entrada sería afirmarme por completo en ella.
Al revés: las que más deberían prohibirse urgentemente son las encuestas electorales privadas. Esas están aún más manipuladas. En realidad, deberían prohibirse TODAS las encuestas electorales, ya que -manipuladas o no (o sea, manipuladas o sí)- ejercen un efecto de feedback poco aceptable democráticamente. Creo que algún país hay que las prohibe, y hace bien.
El ramalazo dictatorial de esta propuesta me deja con la boca abierta. Es una parte integral y fundamental del derecho a la libertad de expresion que yo pueda preguntar a la gente a quien quiere votar y que explique en publico los resultados. Si los ciudadanos son adultos para votar, tambien son adultos para decidir de quien se fian y de quien no se fian. En los paises de larga trayectoria electoral, como Estados Unidos, las encuestas objetivas y fiables, como las de Nate Silver, son casi perfectas y estan al alcance de todos
https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/predicciones-electorales-en-ee-uu
https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/leo-r-y-github
La propuesta es, ademas, contraproducente para la democracia pues solo favorece a las elites politicas y economicas. Durante el periodo de embargo de encuestas electorales, Rajoy, Alierta y Botin siguen tiendo sus encuestas y siguen pudiendo emplearlas para "modular" sus mensajes. Quien no tiene acceso a las mismas son los ciudadanos medios. Con una prohibicion total seguirian existiendo las encuestas electorales para Rajoy, Alierta y Botin (se llama desde Francia y se acabo el problema de la prohibicion).
Que pais, a parte de Corea del Norte y Arabia Saudi, prohibe totalmente las encuestas?
Estas son las diez democracias de mayor calidad del mundo y sus limitaciones a las encuestas:
1. Noruega, prohibida su publicacion un dia antes de las elecciones.
2. Suiza, sin limitacion alguna.
3. Suecia, sin limitacion alguna.
4. Finlandia, sin limitacion alguna.
5. Dinamarca, sin limitacion alguna.
6. Países Bajos, sin limitacion alguna.
7. Nueva Zelanda, sin limitacion alguna.
8. Alemania, sin limitacion alguna.
9. Irlanda, sin limitacion alguna.
10. Bélgica, sin limitacion alguna.
Ya es suficientemente horrible (y profundamente autoritario) el sistema español:
https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/encuestas-electorales-y-libertad-de-expresion
https://nadaesgratis.es/fernandez-villaverde/encuestas-electorales-y-libertad-de-expresion-la-evidencia-empirica
Desde luego, lo que dice usted tiene un "ramalazo dictatorial", pero también tiene su punto de razón. No veo claro, en todo caso, cómo podría organizarse la política para evitar la manipulación de la que usted habla.
Manipular la opinión pública no sería posible en una sociedad de ciudadanos perfectos: instruidos, responsables, analíticos, críticos. Hace falta mucha ingenuidad para creer que vivimos en tal sociedad.
En una sociedad real, el capital se aplica a manipular la opinión pública para influir en el sufragio en un sentido favorable a sus intereses, de la misma manera que se aplica a cualquier otra actividad lucrativa, como la publicidad.
Debemos admitir que el problema no tiene una solución democrática en una sociedad desigual, pues inevitablemente el que posea más recursos poseerá una capacidad superior de manipular a sus conciudadanos. O sea, para salvar la democracia sería preciso adoptar una medida tan poco democrática como la censura. Nos vemos así abocados a la que quizá sea la principal contradicción del sistema.
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