Marginal Revolution habla hoy sobre mi nuevo trabajo sobre competencia de monedas privadas fiduciarias (aquí una copia del trabajo), escrito con Daniel Sanches. Los lectores de este blog conocen como empezó todo: a principios del otoño con mi serie de tres entradas sobre Bitcoin (una, dos y tres). En cuanto tenga tiempo hablaré del trabajo en este foro con más detalle.
Pero ahora quería explicar un tema colateral. Este trabajo, creo, es un buen ejemplo, volviendo a la discusión del otro día de Pedro Rey sobre el carácter académico de la economía, de cómo trabajamos los economistas en la realidad. Hay un fenómeno nuevo (Bitcoin), leemos sobre el mismo, tenemos curiosidad y construimos un modelo para intentar entender cómo funciona este fenómeno. En el proceso buscamos identificar los mecanismos principales, las fortalezas y debilidades de los argumentos y aprender cosas. De los resultados de mi trabajo hay cosas que sospechaba serían ciertas (bajo ciertas condiciones la competencia entre monedas privadas puede funcionar); cosas que no se me habría ocurrido pensar nunca sin haberme sentado a escribir un modelo (la posibilidad de espirales inflacionistas auto-realizadas en dineros privados); y cosas sobre las que ahora pienso distinto que hace unos meses (los efectos de red en el uso de moneda son mucho menos relevantes de lo que habría considerado en el otoño). Sin el uso de un modelo y la disciplina que las matemáticas te imponen no hubiese aprendido ni la mitad de las cosas que he aprendido. Muchas de las conjeturas que creíamos ser ciertas (y sobre las que, si me hubiese limitado al argumento verbal, seguro que habría sido capaz de elocuentemente defender) resultaron no cumplirse y, al revés, muchas cosas que no sabíamos surgieron de las matemáticas sin nosotros buscarlas. Por supuesto el modelo es el modelo y uno tiene que juzgar, con sentido común, qué resultados son robustos y cuáles no, pero para eso está el desarrollo de la literatura. Ya me están llegando muchos comentarios (aunque muchos de los que se leen en Marginal Revolution no son muy buenos) y sugerencias, que empujaran la investigación.
Tanto el otro otro día en los comentarios a la entrada de Pedro como hoy he evitado hablar de “ciencia”. Tal palabra me parece evoca connotaciones confusas, con muchos pensando en el paradigma del físico realizando experimentos en un laboratorio y confundiendo características de esa fructífera labor con propiedades generales del trabajo académico. De hecho, el paradigma del físico no se aplica particularmente bien ni a muchas areas de las ciencias naturales. Inspirado por la tradición alemana, siempre he preferido la palabra Wissenschaft, que implica la idea de estudio sistemático y riguroso de un campo y que podríamos quizás traducir como “disciplina” o como “ciencia” solo si también admitimos expresiones como “ciencias jurídicas” o “ciencias históricas” (aceptación con la que estoy totalmente de acuerdo).